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jueves, 2 de marzo de 2017

A medio vestir

Andábamos tan enredados debatiendo sobre el buen juego o lo esquivo que se mostraba el gol que no supimos prestar atención a ciertas señales. Analizábamos si Gameiro era el primo pálido de Jackson Martínez o si había vida inteligente en el mediocentro. Cambiábamos y volvíamos a cambiar a Koke de posición utilizando el borrador de la pizarra. Discutíamos sobre los kilómetros de recorrido que le quedaban a Gabi o sobre si lo de Saúl era o no para tanto. Hablábamos también de Torres, claro. Demasiado, como siempre. Hablar de Fernando, hasta incluso algunas veces bien, ha llegado a convertirse en un deporte nacional íntimamente arraigado. Así pasaban los días, distraídamente, sin que a nadie se le ocurriera dudar de la defensa. Eso era inamovible. Cuando el Atleti cayera, la defensa seguiría en pie. Era lo único seguro. Quizás por eso ahora nos sentimos un poco a la intemperie. Desabrigados al ver que la defensa ya no es tan inexpugnable.

No hace tanto que la defensa del Atleti se mostraba inquebrantable. Este equipo fue construido a base de seguridad defensiva, sudor e intensidad. Recordamos decenas de partidos, especialmente a domicilio, en los que al adelantarse el Atleti en el marcador el encuentro se acababa. Daba igual la entidad del adversario. No importaba el asedio que pudiera venirse encima. Nada significaba que restaran cinco u ochenta y tres minutos. Un gol de los rojiblancos causaba en el rival un estado de desamparo parecido al que se producía cuando paraba la música y se encendían las luces de la discoteca. Sin la penumbra como aliada, el oscuro paisaje mágico lleno de posibilidades se tornaba en un descorazonador campo de batalla lleno de muertos vivientes. Un tanto rojiblanco devolvía de una bofetada a una realidad en la que hace tiempo que el hielo se había derretido en los vasos de tubo. Hubo más de un árbitro tentado de decretar el final nada más sacar de centro el equipo contrario ¿Qué sentido tenía prolongar la agonía? Todos sabíamos que nada malo iba a ocurrir. La defensa nos guardaba de cualquier mal. Dormíamos a pierna suelta porque la Guardia de la Noche velaba nuestro sueño en la retaguardia.


De un tiempo a esta parte, la defensa muestra debilidades más terrenales. Coger la espalda de los laterales ha dejado de ser un artículo de lujo. Los jóvenes centrales perdieron ese halo de veteranía que les adornaba incluso en el día de su debut y nuestro área ha dejado de ser un terreno vedado para cualquier actividad visitante. Se dan de tanto en tanto goles tras varios rebotes de esos en los que no se sabe si echar de menos una mayor fortuna o la contundencia de un central con bigote que no se andaba por las ramas. Sobre todas las cosas, se echa en falta a Godín, que no es poco.

Se pregunta la afición el porqué de que al uruguayo los ataques rivales le pillen a medio vestir tantas veces en los últimos tiempos. Sorprende ver al faraón despeinado y con la camisa sin abotonar cuando la jugada se presenta de improviso. Despistes que creíamos imposibles suceden. Tal vez la clave se esconda en la falta de rotación. Ahora que cualquier objetivo liguero que no pase por conservar la cuarta plaza ha entrado en el terreno de lo utópico, quizás llegó la hora de dosificar y cuidar al central. Dar la alternativa a los jóvenes, probar otras combinaciones en partidos de menos empaque. Eso sí, cuando las cosas se pongan serias, cuando el fuego se convierta en real, el charrúa siempre tiene que ser de la partida. Un Godín llegando una décima más tarde de lo normal al cruce sigue siendo uno de los mejores centrales del mundo. Diego posee la magia de ciertas estrellas del Hollywood clásico que, como Marilyn o como Mansfield, ganaban muchísimo a medio vestir. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Se buscan valientes

“Se buscan valientes”, es el tema de moda que canta uno que es muy del Atleti, El Langui, para sensibilizar sobre el acoso escolar. Sobre el abuso del matón poderoso hacia el débil y anima a no callarse, a hacer frente, a no rendirse. Valentía requería ayer el partido y el Atleti regó con ella el terreno de juego del Camp Nou. Los primeros treinta minutos del choque se convirtieron en un canto a la osadía del que normalmente no alza la voz. No le quedaba otra al adversario que acularse y capear el temporal, privado del oxígeno que el balón supone para ellos. Gozaron los nuestros de varias oportunidades claras que no llegaron a dinamitar la eliminatoria por el nimio detalle de la falta de gol rojiblanco. Tal vez hubiera que encontrar valientes entre los medios para no dejar de poner el foco en el palco y preguntarse dónde está el gol que pidió Simeone en verano. Se cuenta que anda por la zona oeste de Londres, añorando la ribera del Manzanares.

Se buscaban valientes y el árbitro no fue uno de ellos. Gil Manzano, trencilla que aúna en sus apellidos aromas de oscuridad para la causa rojiblanca, se anunció cobarde mirando para otro lado ante un penalti tonto, pero penalti al fin y al cabo, a Torres en el primer acto. Su actuación medrosa se coronó con un gol legal anulado a Griezmann y un par de expulsiones al equipo local que deberían haberse producido un buen puñado de minutos antes. Como es costumbre en ciertos escenarios, el encargado de impartir justicia guardó silencio connivente. Perdemos horas a lo largo de la temporada en debatir sobre estilos, sobre alineaciones y sobre variantes aun a sabiendas de que hay algo que no varía nunca: el estilo de los que se siempre se alinean al lado del fuerte. El Cholo habló claro finalizado el partido. Anduvo valiente al señalar cómo funcionan las cosas en las competiciones locales e hizo un guiño a la Champions, que anda suelta todavía.


Se buscaban mediocentros de guardia ante lesiones y sanciones y Koke y Saúl despacharon un partido memorable. Se buscaba contundencia y la defensa la tuvo pese a correr más riesgos. Se buscaba un plus en la vanguardia y los de arriba lo intentaron hasta la extenuación. Se buscaban valientes que encajaran los golpes sin parecer acusarlos. Se buscaba osadía para no tirar nunca la toalla. Se buscaba audacia para empequeñecer a uno de los rivales más serios que puede uno encontrarse en el camino. Se buscaba arrojo para creer y seguir haciéndonos creer. Se buscaba decisión para mantener nuestros corazones en un puño hasta el pitido final. Se buscaba templanza para calcular las posibilidades de una empresa casi imposible. Se buscaba valor y al Atleti le sobró. Cuando los acontecimientos suceden así, no queda otra que enorgullecerse y olvidarse de los resultados como se olvidan las traiciones de los amores de una noche.

Se buscan valientes y los hemos encontrado. Visten todos de rojo y blanco.

martes, 7 de febrero de 2017

Elegí volver a creer

Sí, es cierto que será difícil. Podría decirse que casi imposible…

La desventaja en el resultado. La carga de partidos. La entidad del rival. Las dudas sobre el estilo. La supuesta crisis. Lo de Vitoria o lo de la primera parte en el partido de ida. La facilidad con la que últimamente nos llegan. La nostalgia por la intensidad perdida. La ausencia de Gabi, líder espiritual sobre el campo de este grupo. La abulia de Carrasco en los últimos choques. El poco crédito que le queda a Gameiro. Las lesiones de Tiago y Augusto. El peso en las piernas de Koke y Saúl. Las inacostumbradas salidas en falso de Godín. La inseguridad a la hora de lanzar los penaltis de Antoine. La falta de Oblak. El dolor por lo de Lucas. Lo esquivo que se muestra el gol de un tiempo a esta parte. La dificultad de convertir situaciones esquivas en calcetines a los que darles la vuelta.

…pero decirlo sería una muestra de desconfianza imperdonable hacia este grupo que tanto nos ha dado…


La ilusión por despedir al Calderón con un título. La fuerza para sobreponerse. La historia que narra que el Atleti nunca se rindió. Los episodios de buen juego ante el Leganés y la esperanzadora segunda parte del partido de ida. La intensidad a encontrar. El vaticinio de Gabi, seguro de no perderse la final por algo tan nimio como una acumulación de tarjetas. Aquella jugada de Carrasco contra el mismo rival en la que desarboló a la retaguardia enemiga. La solvencia sin estridencias de Moyá. El aroma de cantera de Koke y Saúl. La ratonería de Correa. El mágico compromiso de Griezmann. La tradición de manejarse bien al contragolpe. El recuerdo del cabezazo de Godín que incendió nuestras vidas. Por encima de todo, el estado de forma de Fernando. Su capacidad para quitarnos varios años de encima con solo verle saltar al campo. Sus goles frente a este rival. Su experiencia en partidos grandes. La presencia de Simeone en el banquillo.

…elijan ustedes bando. Yo ya lo hice. Elegí volver a creer…

jueves, 2 de febrero de 2017

La canción que silbó Torres

Cabalgaba el partido por el yermo terreno de la desesperanza cuando Torres hizo acto de presencia sobre el césped. Quien más y quien menos calibraba el tamaño del boquete que el rival pudiera hacer y si la herida afectaría a órganos vitales de aquí al final de la temporada. El Atleti, cautivo durante cuarenta y cinco minutos, no alcanzaba a ver el horizonte tras el muro coronado de alambre de espino que rodeaba el campo de internamiento en el que el adversario le confinó arrebatándole el balón y la moral. El descanso descubrió a las ilusiones rojiblancas asustadas en un rincón. Hacinadas en insalubres barracones que las ocultaban de sus captores. Ellos parecían más altos, más guapos, mucho mejor armados. Parecía no existir más opción que la rendición. Y entonces salió Fernando.

Ciertamente Torres ya no es el de Viena. Tampoco es probable que nos vaya a regalar goles imperiales como aquel del Villamarín ni arrancadas llenas de potencia de las que poblaron de pesadillas los sueños de un buen número de centrales en la última década. A veces se deja el balón atrás. En ocasiones se nota que la cabeza le funciona mucho más ágilmente que las piernas. Tal vez no sea el nueve titular con el que el Atleti pueda afrontar según qué batallas. Todo eso es verdad. También lo es que él nació para este tipo de partidos. Los lleva jugando desde que era un adolescente. Saltó al campo apartando el desánimo de compañeros y grada y entonces ocurrió.


Peleó un par de balones que parecían perdidos. Aguantó una pelota hasta que los centrocampistas se sumaron al ataque. Forzó un córner. Presionó. Se atrevió a mirar a los ojos a los captores. Se plantó ante el potente fuego rival sin miedo y comenzó a silbar bajito una melodía que todos conocíamos. Seguidamente se sumó Gabi. Godín volvió a ganar todos los balones por alto en ambas áreas. Filipe redescubrió la banda izquierda y Griezmann comprendió que no era imposible. Hasta Carrasco, inmerso en otro partido merecedor de patada a una botella de agua, pareció renacer.

Lo que empezó con un silbido se había convertido en un rugido atronador. Miles de voces cantando a coro la canción que Fernando había comenzado. Una canción que habla de no resignarse. De creer. De nunca bajar los brazos. De saber que siempre hay esperanza cuando en la camiseta las rayas son rojiblancas. Una canción nacida de las entrañas. Una canción escrita por el Calderón en noches como la de ayer. Una canción cuya letra, por encima de todo, habla de dignidad. Una canción que explica al Atleti, más allá de cualquier resultado. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

Ser lo que uno no es

En una de las tramas centrales de la segunda temporada de True Detective, que no es ni la mitad de inquietante que la primera pero tampoco tan mala como la crítica denunció, el personaje que interpreta Vince Vaughn, Frank Semyon, trata de convertirse en algo que no es. Pretende dejar atrás su pasado de matón sin escrúpulos, de tipo duro y fiable en trabajos de medio pelo. Frank intenta medrar en la escala social del crimen pasando de sicario a gran hombre de negocios perdiendo en el intento el sueño, la pasta y hasta la vida, valga el spoiler. No es difícil empatizar con un personaje ahogado en unas reglas que imponen otros. Una piraña antiguamente temible que se convierte en bocado apetecible cuando pretende pescar en un mar donde campan a sus anchas los tiburones. Ser lo que uno no es. Esa es la cuestión.

El pasado sábado, esperaba la afición al Atleti que se ha visto en los derbis desde que Simeone se hizo cargo del equipo: cuchillo entre los dientes, corazón bombeando adrenalina aceleradamente, ánimo de no hacer prisioneros. Lucía el Calderón una belleza nostálgica ante uno de sus últimos partidos grandes. Con todo el papel vendido, arropaba la grada elevando la temperatura de gargantas y sentimientos. Todo estaba dispuesto para vivir otra noche llena de magia. Fueron necesarios solamente un puñado de minutos para darse cuenta de que al encuentro le faltaba algo. El Atleti no había saltado al campo. Sobre el césped había dos conjuntos, uno de ellos vestía incluso de rojo y blanco y sus integrantes parecían pertenecer a la plantilla colchonera, pero era otro equipo.

Achinaba el aficionado atlético los ojos, intentando enfocar mejor para descartar una posible suplantación de identidad pero no, Koke y Saúl estaban sobre el campo aunque no parecieran ellos. Se veía también a Savic, pero a un Savic sin la solvencia acostumbrada. Correteaba sobre el tapete Griezmann sin acercarse al balón para aportar algo relevante y solamente Torres se asemejaba al Torres de los últimos partidos, lo que sin duda es una pésima noticia. Ni rastro de las señas de identidad que han llegado a convertirse en denominación de origen Ribera del Manzanares. No hubo presión ni intensidad. No apareció siquiera ese compromiso de luchar cada balón como si fuera la vida en ello. Por el contrario, era el rival el que mordía, el que buscaba la contra con ánimo de hacer sangre, el que vencía en cada balón dividido ante la pasividad del Atleti que no era el Atleti.


Es de imaginar que mientras todo esto ocurría, los guardianes de la estética futbolística disfrutarían una barbaridad. Después de tantos años y tantas líneas escritas denunciando la fealdad del juego de los de Simeone, el desempeño de este Atleti impostado les debió parecer casi poético. Hace tiempo que se atisban señales para la preocupación en el feudo rojiblanco, aunque algunos lo califiquen de jugar mejor. No obstante, al comenzar la segunda mitad compareció un Atleti que por un instante volvió a ser él mismo. Retornando a las esencias, el cuadro del Calderón se intuyó de nuevo reconocible. Fueron solamente quince minutos, tal vez menos, pero llenaron de esperanza y de fútbol supuestamente feo la noche y los corazones.

Tras la derrota, merecida más allá de cualquier otra consideración, se presenta una encrucijada ante la que merece la pena reflexionar ¿Cuál es el camino a seguir? Los resultados parecen aconsejar una vuelta a los orígenes. Ser de nuevo el equipo que nos acompañó en viajes que nunca olvidaremos mientras vivamos. Redescubrir al Atleti canalla. Preservar la virginidad de nuestro marco como primer axioma. Atacar desde la defensa. Entregar el balón si debe ser entregado. Ganar la batalla de cada minuto, como dijo el Mono Burgos. Vivir al filo del partido a partido y no entablar ningún tipo de negociación sobre el esfuerzo. Es probable que los entendidos califiquen esa vuelta al punto de partida como una traición, pero no existe una mayor traición que la que uno se hace a sí mismo fingiendo ser lo que no se es. Intentando taponar con la mano la herida por la que se escapa su vida, Frank Semyon comprende al fin su error. Haber intentado ser lo que uno no es. Como el Atleti en los últimos tiempos. Esa es la cuestión. 

jueves, 29 de septiembre de 2016

De recuerdos y memorias

Más de treinta años tuvieron que pasar para que el Atleti lograra vengarse del Bayern por aquello de Bruselas y en unos meses tres veces ha sido negado el equipo bávaro por los colchoneros. Imagino que los fieles adoradores de la posesión de balón deben estar compungidos ante tamaña atrocidad. Hablando de equipos alemanes, uno recuerda una previa de Champions contra el Schalke, equipo con gran tradición en el cuidado paliativo de jugadores terminales, en la que el Atleti se metió en la fase de grupos de la competición tras arrollar a los teutones. Fue un partido extraordinario. Una rara avis en aquel Atleti de entonces donde lo más extraordinario era que Maniche terminara los partidos sin sacarse un bocadillo de chorizo de Pamplona del dobladillo de la media para apagar el hambre.

Servidor de ustedes ese día incluso participó, no sin algo de vergüenza, de esa suerte propia de graderío conocida como hacer la ola. Nunca volví a caer en esa frivolidad, pese a asistir a encuentros que la merecían más holgadamente. Más allá de esta confesión que pudiera cambiar el altísimo concepto que alguno de los lectores pudiera tener, aun a estas alturas, del que suscribe, lo significativo del hecho es la capacidad que uno tiene para recordar los partidos extraordinarios de hace unos años, seguramente por ser escasos, y la falta de espacio en el disco duro craneal para recordar cada momento excepcional que nos ha dejado el Atleti de Simeone, de tantos que fueron. Hay noches, como la de ayer, en la que uno querría agarrar cada segundo y guardarlo en un cajón con llave para que nunca escapara. Dentro de algunos años los dejaremos salir, todavía frescos, con el ánimo de volverlos a vivir si la agujereada memoria que tendremos lo permite.


Cuando eso ocurra, rememoraremos la mano prodigiosa de Oblak sin la que pudo haber cambiado todo. Tendremos que describir las fantásticas conducciones en diagonal de Carrasco y esos latigazos con los que las finaliza. Volveremos a llenar de adjetivos grandilocuentes las hazañas de Filipe y Juanfran, capaces de anular a las estrellas adversarias y de provocarles dolores de cabeza en cada una de sus incorporaciones al ataque. Admitiremos que, pese a no estar del todo finos frente al marco contrario, Torres y Griezmann se marcaron un partidazo. Recordaremos el despliegue y poderío de dos centrocampistas totales: Koke y Saúl, por los que el Atleti es envidiado en todo el continente. Rendiremos de nuevo homenaje a Savic y Godín, capitanes inexpugnables de la guardia de la noche que custodia el muro defensivo del reino rojiblanco. Por último, evocaremos con emoción la nueva lección magistral de conocimiento del juego que Gabi impartió desde su cátedra en el mediocentro.

Lo grande de este Atleti no estriba tanto en lo que nos hace vivir, que es muchísimo, sino en lo que nos deja guardar para más adelante. Solo es de esperar que la memoria nos aguante, porque las gestas del equipo parecen tener cuerda para rato. Iremos devorando con avidez cada lance, cada imagen que el equipo nos regala para poder contarlo dentro de unos años. Entonces, sacaremos todo otra vez, todavía fresco, para contarlo de nuevo, si es posible a algún nieto vestido de rojo y blanco que se siente sobre nuestras rodillas.

martes, 31 de mayo de 2016

Nadie esperando

Que no fuera Juanfran, deseábamos todos. Que no fuera nadie, claro, pero puestos a elegir que no fueran tampoco ni Fernando ni Gabi. Que ninguno de ellos tuviera que cargar con esa losa, aun sabiendo que ese lastre haría que les quisiéramos más si cabe. Juanfran es uno de ellos, de los que podemos contar apenas con los dedos de una mano. Hubiéramos pagado para que no fuera él. 

No queríamos que fuera Juanfran porque cuando llegó a nuestras vidas no había nadie esperándole. Uno le imagina frustrado al descubrir que la recepción está cerrada tras un largo viaje. Seguramente tuvo que recurrir a la gélida compañía de un timbre al que llamar fuera del horario de atención al futbolista que llega en el mercado de invierno con pocas expectativas. El alicantino fue capaz de superar un pasado para olvidar y Simeone, cambio de acento mediante, supo exorcizar al extremo que llevaba agarrado al alma. El reinventado Juanfrán aprendió a golpes el oficio de defensa. Estudiando los movimientos de cada delantero que le tomaba la espalda, acabó sacándose el título de carrilero con excelentes calificaciones en el turno de noche. Su sacrificio y entrega nos ha enamorado sobre el césped, pero es fuera del rectángulo donde se aprecia su dimensión como persona.


Agradecido, el de Crevillente no pierde ocasión para jurar amor al Atleti, desechando por el camino proposiciones que prometen muchos ceros pero menos calor. Probablemente nunca será el que más camisetas venda ni el que más crónicas inspire, pero siempre estará entre los más queridos. No hubo quien no se alegrara más de lo normal por su penal definitivo ante el PSV. No hubo nadie que no sintiera como una puñalada mortal su fallo en Milán.

Juanfran pidió disculpas sin que hubiera necesidad de ello. Lo hizo mezclando lágrimas, suyas y nuestras, y prometió volver, como hizo en Lisboa para cumplirlo hace unos días. Con todo lo anterior en la mente, comprendimos por qué deseábamos que no fuera Juanfran o a lo mejor nos sentimos aliviados porque hubiera sido él. Es uno de esos hombres que logra que parezca insuficiente todo lo bueno que le ocurre. Un tipo que llegó sin que hubiera nadie esperando para abrirle la puerta y que ha acabado abriendo las suyas de par en par para esperarnos a todos nosotros. 

lunes, 30 de mayo de 2016

Mis héroes

Mis héroes fallan penaltis, pero no por ello dejan de ser mis héroes. Mis héroes se acercan destrozados a pedir perdón cuando nunca exigieron agradecimiento. Mis héroes no poseen superpoderes, sino una infinita capacidad de sufrimiento. Mis héroes conocen las sombras oscuras de la derrota y, aun así, vuelven a intentar llevar la luz a esos rincones. Mis héroes lloran sobre un césped regado previamente con su sudor y con su esfuerzo y tú, roto por dentro, sacas fuerzas de donde no crees que las haya para hacerles saber que hoy y siempre estarás a su lado. Mis héroes son humanos. Mortales. Terrenales y divinos a la vez. No hay héroes como los míos.

Mis héroes son de Fuenlabrada, de Leganés o del barrio de Vallecas. Mis héroes son también de Crevillente y hasta hay alguno que decidió nacer más lejos, tal vez en Uruguay. Mis héroes son héroes más allá de un lanzamiento con más o menos fortuna, de unos primeros minutos en los que la tensión les superó o de no haber liquidado al rival cuando más tocado estaba. Mis héroes alimentan las vitrinas de valores más que de títulos. Mis héroes no se retuercen en el suelo haciendo creer que les falta la respiración tras un balonazo en el brazo. Mis héroes prefieren enseñar las cicatrices antes que los abdominales. Así son mis héroes.

Mis héroes se dejan la vida, la voz y la cartera en un viaje hacia un sueño. Mis héroes no se achantan ante diecinueve horas de carretera. Mis héroes lloran en una esquina de un bar o en la soledad imponente de sus casas. Mis héroes no son capaces de dormir y la dan vueltas una y otra vez a ciertos lances, creyendo que se puede cambiar lo inamovible con el poder de los deseos. Mis héroes tienen un vacío en el estómago difícil de describir. Mis héroes, pese a todo, se reponen y vuelven a lucir la camiseta rojiblanca al día siguiente, más orgullosos que nunca. Mis héroes salen a tomar el aperitivo, bajan al parque con los niños o se reúnen con la familia y los demás les miran con admiración. Mis héroes sangran a borbotones por una herida que tardará en curar, pero siguen viviendo. Mis héroes son ustedes.


Mis héroes visten de negro riguroso. Mis héroes nos han dado todo. Nos hicieron creer. Mis héroes resucitaron muertos que pedían un entierro digno y los hicieron campeones. Mis héroes parecen tocados, nunca hundidos. Mis héroes nos han enseñado que si se cree y se trabaja, se puede. Mis héroes conjugan el verbo fracasar desde la autoexigencia y en caliente. Mis héroes deben saber que no habría mayor derrota que su ausencia. Mis héroes no nos dejarían huérfanos y perdidos en medio de una tempestad. Mis héroes se han ganado el derecho de tomarse el tiempo que quieran para pensar. Mis héroes deben restañar las heridas y volver a tener fe. Mis héroes son de otra pasta. Tener a mis héroes al lado es una inmensa fortuna.


Mis héroes caen y se levantan inmediatamente. Mis héroes volverán. Mis héroes deben saber que lo importante es el camino y no la meta. Mis héroes no son los más guapos aunque lo sean. Mis héroes eran gruñones, tenían las patillas demasiado anchas y no tenían en cuenta las modas a la hora de cambiar la montura de unas gafas a través de las cuales miraba la vida en rojiblanco. Mis héroes tenían bigote y se sumaban al ataque sin ánimo de hacer prisioneros. Mis héroes cayeron en Bruselas, en Lisboa y en Milán pero no los cambiaría por nada del mundo. Creo firmemente en que no elegí a mis héroes, fueron mis héroes los que me eligieron a mí. Mis héroes visten una camiseta a rayas rojas y blancas. Más allá de cualquier resultado, de las victorias más dulces y las más amargas derrotas que pudieran darse, mis héroes son del Atleti. 

jueves, 26 de mayo de 2016

Gracias

Artículo publicado en CTXT: 

http://ctxt.es/es/20160518/Deportes/6220/Emilio-Mu%C3%B1oz-Atleti-Gracias.htm

Gracias. Mejor decirlo al principio. Mejor que la primera palabra escrita sea gracias, que sea lo primero que alguien lea, no fuera a ser que pueda confundirse el objetivo de lo que viene a continuación. Vaya por delante que este ejercicio de agradecimiento quiere uno hacerlo hoy, con la gloria al alcance de la mano pero con la incertidumbre natural de citas tan grandes como la de Milán. Uno lo quiere hacer a unas horas del choque porque cree que es de justicia y porque no quiere que, borracho de triunfo o lamentando lo que pudo haber sido y no fue, algún despistado pudiera pensar que el sentimiento es otro. Lo que a uno le brota del interior es agradecimiento, más cosas también, pero sobre todo agradecimiento.

Gracias de nuevo para comenzar este párrafo. Gracias por los nervios que nos estáis haciendo pasar. Gracias por estos dedos en los que ya no quedan uñas. Gracias por hacer que el orgullo con el que uno pasea por su vida los colores rojo y blanco sea incluso un poco mayor. Gracias por hacernos gozar con lo que algunos califican de fútbol feo. Gracias por conseguir que a nuestros ojos sea arrebatador. Gracias por el fútbol directo y por el de orfebrería forjada al primer toque. Gracias por abrigarnos cuando el frío del invierno y la humedad del río aprietan. Gracias por no defraudar. Gracias por los planes que tuvimos que cancelar para estar a vuestro lado. Gracias por los fines de semana de emoción y los martes y miércoles de pasión. Gracias por el estallido de júbilo tras la tanda de penales que finiquitó Juanfran. Gracias por Barcelona y por Munich. Gracias por la trayectoria en Champions, en Liga y en Copa, aunque ésta última fuera breve. Gracias por los partidos en los que parecéis venir ganados de casa, por los partidos reñidos y hasta por las derrotas. Nunca agachasteis la cabeza ante ellas. Jamás dejasteis de merecer llevar la sagrada camiseta rojiblanca. Gracias por demostrar que un equipo pesa más que toneladas de individualidades dispersas. Gracias por todos estos años manteniendo al Atleti en el sitio que nunca debió dejar, ese sitio que es nuestro por historia y tradición.

Gracias una vez más. Gracias a Jan, por sus paradas imposibles y esa tranquilidad que es capaz de transmitir bajo el fuego enemigo. Gracias a Miguel Ángel, por asumir con impecable elegancia su situación. Gracias a Juanfran, por ser la persona que es y por las autopistas de ida y vuelta que dibuja en la banda derecha. Gracias a Filipe, por volver y hacer que su excelsa zurda nos hiciera olvidar cualquier paréntesis. Gracias a Stefan, por esa sobriedad que tan bien combina con esa cara de villano de película de James Bond. Gracias a Lucas, el hijo de Jean François, por todo el maravilloso presente con aroma de futuro que nos promete cada vez que salta al campo. Gracias Jose María, por jugarse la cara, la cabeza y el honor, si es necesario, para tapar un disparo a bocajarro. Gracias a Jesús, por no fallar cuando se le necesita. Gracias a Diego, por demostrar cada día que tiene metido este veneno muy dentro y por esas arrancadas, plenas de jerarquía, en las que juraríamos que le crece el bigote a medida que avanza metros hacia el campo contrario.


Gracias ante todo. Gracias a Tiago, por sus lecciones del primer tercio de temporada, por su sacrificio en el dolor y por retornar a tiempo. Gracias a Jorge, por ser el más reputado arqueólogo de los últimos pases y ser capaz de mezclar a la perfección la potencia de un panzer alemán con la sutilidad de un artesano latino. Gracias a Matías, por su paciencia y humildad a la hora de aprender. Gracias a Thomas, por llenar encuentros desesperanzados de ilusión y frescura. Gracias a Óliver, por poner el objetivo común por encima de todo en un año complicado. Gracias a Augusto, por parecer que lleva trienios a nuestro lado. Gracias a Saúl, por su despliegue, su potencia y por un gol que recordaremos hasta el día en que nos vayamos al otro barrio. Gracias a Gabriel, por la infinita capacidad de sus pulmones, por los kilómetros recorridos y porque a la hora de representarnos no se puede pedir más a un capitán. Gracias a Yannick, por sus gambeteos y esa sensación de invencibilidad que transmite a campo abierto. Gracias a Luciano, por aquel tanto con la espinilla. Gracias a Ángel, por revolucionar los partidos que exigen un levantamiento y por esos controles orientados de otro planeta. Gracias a Antoine, por su capacidad de convertir en gol cualquier traza de oportunidad y por hacernos dudar de si hay jugadores que corren con el botón de turbo de la consola apretado. Gracias a Fernando, por lo de ahora pero especialmente por lo de aquellos años. Gracias por dejarnos ser testigos de tu renacimiento, por ser uno de nosotros y por conducirte por la vida como te conduces.

Gracias a Germán, por su pizarra, su cronómetro al cuello y su conocimiento del juego, aunque no nos acabe de convencer que abandonase el chándal. Gracias al Profe, por exprimirles y pensar que siempre se puede dar más en cada ejercicio. Gracias al resto del equipo técnico, por facilitar la vida de los que nos hacen soñar sobre el césped. Gracias Diego Pablo, por existir. Gracias por enseñarnos y devolvernos tanto. Gracias por tus palabras y por tus silencios, por enseñarnos a vivir partido a partido. Gracias por demostrarnos que si se cree y se trabaja, se puede. Gracias infinitas.

Gracias a todos en suma por lo que estamos viviendo y por el camino que nos ha traído hasta este punto. Gracias por las noches en las que los niños y niñas del Atleti se han ido a la cama más contentos. Gracias por ayudarnos a soñar más fuerte junto a vosotros. Gracias por regar de sudor los campos del continente. Gracias por permitirnos mirar de igual a igual a los que por presupuesto deberían mirarnos por encima del hombro. Gracias por la simpatía perdida de los otros y por matar bien muerta la leyenda del Pupas. Gracias por esa media sonrisa que se adivina en la cara de Neptuno. Gracias por evidenciar que derrochar coraje y corazón no es solo una estrofa del himno. Gracias por los parques llenos de camisetas del Atleti. Gracias por enseñarnos que nunca hay que dejar de creer. Gracias en nombre de los que fueron, somos y serán. Gracias por ser los protagonistas de una bellísima historia que empezó a escribirse en agosto. Gracias por hacer que, llegados a este punto, nuestro agradecimiento se mantenga más allá de cualquier resultado. Esto solo podría acabar de una manera posible: Gracias.

jueves, 19 de mayo de 2016

Haciendo la maleta

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160518/Deportes/6112/Atletico-de-Madrid-final-Milan-Champions-League-Tiago-Fernando-Torres-La-Colchoner%C3%ADa-La-agon%C3%ADa-del-mediapunta.htm


Una entrada. Un par de paquetes de tabaco, aunque no debiéramos. Una muda limpia. Una bufanda rojiblanca que desafiará los calores que asomarán cuando Mayo expire. Algo de picar para comer cuando no se tenga hambre y solo se pretendan espantar los nervios que conquistarán el estómago. Un libro. La camiseta de las grandes ocasiones. Exactamente la misma que viajó a Zaragoza, Hamburgo y Bucarest. La misma camiseta de Lisboa, o tal vez otra. A lo mejor la del partido en casa contra el Albacete o la que paseamos por la calle horas antes del partido del Nou Camp hace un par de años. Un paquete de kleenex para enjuagarse el llanto de la victoria, que las derrotas en el Atleti no vierten lágrimas. El cargador del móvil, que para la ocasión deberá lucir hinchado de batería de cara a capturar todo lo que la memoria no sea capaz. Las pastilla de la tensión, por si el corazón se resiente. Un cepillo de dientes. Una botella de agua con la que capear la sequedad de boca. Un billete de autobús, tren o avión con destino a Milán, o lo que es lo mismo, con destino a un sueño.


Una vez preparada la maleta que nos acompañará en el viaje más hermoso, añadiremos a nuestro equipaje una imagen. Una reciente y luminosa. No ocupará demasiado espacio pese a ser una estampa que contiene todo lo que hasta este punto nos trajo. La guardaremos con mimo, pese a saber que no habrá travesía o resultado que pueda arrugarla. Seguramente tiraremos de ella en más de una ocasión durante el periplo que nos aguarda. En ella se ve a un renacido Fernando Torres abrazado a Tiago, su sustituto en el campo, instantes antes de que el portugués vuelva a sentirse futbolista tras haber superado la fractura que nos hizo temer por la temporada. Al fondo, se distingue a Simeone, supremo hacedor, en pie. El técnico se funde en una única ovación de reconocimiento y orgullo con todos los aficionados de corazón rojo y blanco. No hay mejor equipaje que esa imagen para afrontar todo lo que está por venir.

jueves, 28 de abril de 2016

Magia

Antes o después, todos nos acabamos dando cuenta de que ya no creemos en la magia. A la vuelta de cualquier recodo del camino uno se detiene y sabe que ya no habrá noches de Reyes como las de la infancia. Nunca volveremos a mirar debajo de la almohada para ver si el Ratón Pérez aceptó el trato dejándonos una moneda de cinco duros. Jamás experimentaremos de nuevo el hormigueo de tantas primeras veces. La magia se nos marchó a jirones a la vez que cambiábamos de talla de pantalón o de zapatos. Ahora nos dedicamos a buscar el truco de la vida sabiendo que no existe. Aun así, hay ocasiones, como la de ayer, en las que aparcamos las miserias de la realidad y nos entregamos a la magia, que existe. A la orilla del Manzanares, para ser más exactos.

Un entrenador, once jugadores, cincuenta y cinco mil almas, cientos de miles y hasta millones de hombres y mujeres se transformaron de nuevo en niños y niñas durante dos horas. Dejaron a un lado preocupaciones, hipotecas y malabarismos para llegar a fin de mes y se sumergieron con los ojos abiertos como platos en el universo de magia que emanaba el Calderón. Notaron que todo era diferente. Nuevo. Volvieron a vivir cada sensación como la primera vez. El encantamiento empapaba corazones que latían expectantes y obligaba a animar hasta desgarrar la voz. Las palmas echaban humo. El pitido inicial no hizo sino reforzar el hechizo.

Durante los primeros minutos, incluso los jugadores y aficionados bávaros parecían aturdidos por la ilusión. No había chisteras ni pañuelos infinitos, pero comparecía un Atleti desatado. Mágico. Sin más preámbulos Saúl agarró un balón sin trampa ni cartón y lo convirtió en uno de los goles más maravillosos que se recuerdan. Rivales hipnotizados yacían en el camino del interior rojiblanco incapaces de llegar a adivinar el truco. Quizás no lo hubiera. Fue pura magia.


Siguió el equipo colchonero a lo suyo mientras el rival asistía desde la mejor localidad al espectáculo. Tras la cortina de todo balón dividido aparecían Koke, Gabi y, sobre todo, un inmenso Augusto para conquistarlo. La defensa ocultaba en un cajón cada ataque enemigo para posteriormente abrirlo y ver que dentro no quedaban migajas de peligro. Oblak, remangado, convertía la pelota en paloma prisionera entre sus guantes. Griezmann y Torres se evaporaban y volvían a hacerse carne en la vanguardia, obligando a los defensores del Bayern a andar con mil ojos. No hubo dobles fondos ni ilusiones ópticas. Fue trabajo y fútbol a partes iguales. Un derroche desplegado ante atónitas miradas llenas de inocencia.

El segundo acto del choque no fue a la zaga del primero. El número de ilusionismo se adaptó a las necesidades del ambiente. Las filas se cerraron y, ante la incredulidad del respetable, pudo constatarse que once hombres pueden levantar una muralla inexpugnable. Buscaban los germanos un resquicio que no existía para estrellarse una y otra vez en la tela que el gran prestidigitador Diego Pablo había tejido en su mente. Hubo tiempo incluso para que Torres, otra vez rejuvenecido, pudiera sellar la mitad del pasaporte a Milán en un remate que sacó del mazo de cartas que ocultaba en la manga del contraataque.


Terminado el encuentro nadie quiso moverse de su asiento. Levantarse y enfilar la salida, ponerse a hacer otras tareas, cualquier mínima perturbación podría romper el hechizo. Fuimos niñas y niños de nuevo por una noche. Creímos otra vez en los Magos de Oriente y en un superhéroe que se apellida Ñíguez. Nos pellizcamos y certificamos que fue real aunque formara parte de un sueño. No busquen el truco en el Atleti porque no lo hay. Es simplemente magia.

viernes, 22 de abril de 2016

Torres para nosotros

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco:

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/torres-para-nosotros/

El murmullo se hizo clamor. El estado de forma de Fernando Torres empieza a concitar unanimidades y el pueblo pide selección. No anda el aficionado desencaminado sopesando méritos y números, más allá de colores. El gol cien resultó tímido pero sus hermanos posteriores se suceden a chorros, con total descaro. No existe actualmente punta, autóctono o importado, que supere las prestaciones del de Fuenlabrada. El nueve de España, aunque duela, presenta un expediente incomparable justo ahora que se adivina en el horizonte la Eurocopa. Torres ha vuelto, principalmente porque nunca se marchó.

Expuesto lo anterior y estando de acuerdo con el fondo de la petición ciudadana, no deseo que el Señor Marqués se acuerde de él ni de pasada ni que le incluya en ninguna lista. No hay necesidad de que Fernando vuelva a someterse al escrutinio partidista que siempre le acompañó cuando vistió la Roja. Sentado pacientemente, el Niño ha visto desfilar ante su puerta los ataúdes deportivos de todos con los que le compararon para minusvalorarle: Negredo, Soldado, Portillo, Llorente… Cuestionarle se convirtió en el pasatiempo de las concentraciones. A la controversia respondía con el gol del primer título, a las dudas interesadas contraponía botas de oro, a los cerdos alimentaba con margaritas, así funciona esta enfermiza relación.


A estas alturas de su carrera al extenso curriculum de Torres solo le quedan espacios para gestas en rojiblanco. Totalmente cubiertos lucen los huecos a nivel de combinados nacionales. El plan se antojaría una estafa de antemano: quedarse sin vacaciones y poner su cabeza en la mirilla de los francotiradores de tinta. Añadirse a una convocatoria, para más inri, que despide olores de alimento caducado  ¿Cuánto no le buscarían en la derrota cuando tanto lo hicieron en la victoria? Que lleguen de Turín o de la mediapunta los salvadores para certificar el previsible naufragio de un modelo prostituido por el noble técnico. No llamen a Fernando para asistir a la extremaunción con ánimo de señalarle.

Admito que mi deseo de que nadie en Las Rozas se acuerde de Torres guarda también un punto egoísta. Lo quiero todo para mí. Quiero, muchos queremos, seguir disfrutando en exclusiva de esas cabalgadas que nos quitan diez años de encima de un plumazo. Quiero, queremos, seguir sorprendiéndonos ante cómo se carga de electricidad el Calderón cuando él lo pisa. Quiero, queremos, verle caer y volver a levantarse más fuerte. Quiero, queremos, seguir sumando testarazos de manual y picadas copiadas de una noche vienesa. Quiero, queremos, asomarnos a su mirada y saber que volvió para lo que está por venir. Puestos a que convoquen a alguien de consenso, cojan el teléfono y llamen a Jesé, ese nini de lo balompédico. Déjennos a Torres para nosotros. A orillas del Manzanares se le valora y se sabe cómo tratarle. Quien quiera verle jugar que se pase por allí. 

jueves, 21 de abril de 2016

Acostumbrarse a los milagros

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160420/Deportes/5515/Atletico-de-Madrid-Liga-candidato-La-Colchoner%C3%ADa-La-agon%C3%ADa-del-mediapunta.htm

Treinta y tres partidos no son nada, como diría el bolero si decidiera dejar los años aparcados. Tres equipos en un punto y un puñado de goles que desharían los posibles empates. Solo quedan cinco jornadas. La mitad de las que el de Hortaleza, que por algo era un sabio, afirmaba como decisivas en cualquier campeonato. La liga, tras casi encamarse en azulgrana, vuelve a posar su mirada en los demás, veleidosa. Esperarían días de transistor si hubiera alguno que hubiera sobrevivido a estos tiempos de redes sociales, podcasts y partidos a deshora. A los dos sospechosos habituales para los que cada año se prepara el baile se les vuelve a unir el Atleti, una vez más sin invitación. Escribió Chesterton que lo más increíble de los milagros es que ocurren. Tenía razón, pero desde el prisma del Manzanares admitiría rectificación. Lo más increíble de los milagros es llegar a acostumbrarse a ellos.

A la temporada de los rojiblancos le restan ocho enfrentamientos en el mejor de los casos. Como hace un par de años, soñar no es un lujo para los de Simeone. Llegados a este punto, diferencias presupuestarias y confianzas menguan como una camiseta de Primark lavada con agua caliente. El Atleti vuelve a mostrarse como la única y principal amenaza al poder establecido. Su milagro es el trabajo. No hay más. Quien se pregunte aun por el secreto escondido en poder codearse con la rancia nobleza continental de lo balompédico, que mire al señor vestido de negro riguroso que se encierra, sin éxito, en la jaula de las áreas técnicas anexas a los banquillos. Su discurso no se mueve: ahora toca conquistar el Nuevo San Mamés. Ya se sacará al locuaz Rummenigge de la alacena, ya se hablará de matemáticas una vez se haya disipado el humo que se expende como genérico remedio para quien quiera engañarse. El camino hacia la gloria solo puede imaginarse partido a partido.


Siete u ocho choques a afrontar con la fe en máximos históricos. El aficionado atlético mira al césped y encuentra un portero con hechuras de póliza de seguros a todo riesgo, laterales con filo de puñal, centrales a los que solo les falta el bigote para poblar las pesadillas del delantero más audaz, centrocampistas que compaginan toque y sudor y atacantes a los que el gol, otrora esquivo, vuelve a sonreír. No es posible imaginar mejor compañía ni mejor actitud para encarar la batalla. Toda la plantilla está preparada. El asalto a los cielos es más un estado de ánimo que una obligación.

Las niñas ya no quieren ser princesas, ahora quieren ser del Atleti y dejarse enamorar por cada desmarque de Fernando. Los niños tildan de frivolidad lo de soñar en convertirse en astronautas o bomberos y aspiran a imitar las arrancadas de Diego desde la cueva. Los más mayores morimos con las diabluras de Antoine, con la jerarquía de Saúl y con Gabriel haciendo de todos los personajes de la obra. Se vienen las fechas que lo decidirán todo y Koke se ha vuelto a poner su mejor traje. Los dados giran en el aire y, lejos de ser superado por la bisoñez, Lucas muestra serenidad de cincuentón imberbe. La magia habita en la varita de Ángel y no hay galgo que cace a Yannick en campo abierto. La meta se adivina en el horizonte y el conjunto rojiblanco se acerca a ella latido a latido, convencido de que si se cree y se trabaja, se puede.   

Apenas quedan unas pocas citas y el equipo que no jugaba a nada, el que aburría y el que recurría a la violencia como modo de vida –todo eso decían, dicen– alcanza en puntos a plantillas que parecieran sembrar de laureles cada comparecencia sobre el pasto ¡Quién lo iba a decir! El milagro sobre el que el Atleti lleva cabalgando los últimos años ya ha ocurrido. Desde este punto hasta el final solo puede hacerse más grande. Que los que vivimos en colchonero nos hayamos acostumbrado solo lo convierte en más extraordinario. 

jueves, 17 de marzo de 2016

En este lado de la vida

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160316/Deportes/4826/Atletico-de-Madrid-Champions-League-eliminatoria-PSV-penaltis-fe-Juanfran-La-Colchoner%C3%ADa.htm

En este lado de la vida se sabe que lo sencillo suele estar hermanado con la vulgaridad e incluso con la injusticia. Las guerras ganadas de antemano no alimentan recuerdos ni los favoritos contemplan los campos de batalla con la voz tomada y el corazón acelerado. El destino, del que se sospecha vestimenta rojiblanca, engalana los corazones con las muescas de noches como la de ayer a la ribera del Manzanares. Noches imperfectas, llenas de escaramuzas, sustos y momentos solo explicables desde las entrañas. Benditas noches.

No fue el mejor partido que se recuerda ni falta que hizo. Fueron ciento veinte minutos intensos con la propina de una tanda ya grabada en la memoria colectiva. En el libro de las grandes citas quedarán las emociones desbordadas, las imágenes de un Calderón que lucía dolorosamente guapo, los inicios titubeantes, los niños hechos hombres, las hombres que siguen siendo lo suficientemente niños para inyectar litros de ilusión, la estampa de un rival más fiero de lo que pintaron y la divina humanidad que se hizo carne en el pinchazo del muslo de un central uruguayo.



Los penaltis, suerte suprema ajena a estadísticas y predicciones, premia al que lleva la determinación prendida en la mirada. “Nunca dejes de creer”, rezaba el visionario mensaje que la grada remitió a sus jugadores. No flaqueó la fe. Incluso los lanzamientos con más suspense fueron empujados a la red por la fuerza de tantas almas creyendo al mismo compás. No puede calificarse de capricho que fuera Juanfran, el hombre que comprendió lo que otros no pueden entender, el último protagonista de la celebración.

En esta orilla de la existencia, se valoran de otra manera las hazañas y las decepciones. Victorias y derrotas se alían, confundiéndose, para dejar paso a lo fundamental. Un año más el Atleti se encuentra situado en la línea de salida de la maravillosa carrera hacia los sueños. Las más de las veces, alcanzar lo soñado pasa por noches en las que es imposible pegar ojo, como la de ayer. 

martes, 1 de marzo de 2016

Creer o no creer

Creer o no creer, esa es la cuestión. Costaba entender, aun sin mirar de reojo la clasificación, los muy diferentes estados de ánimo con el que los contendientes afrontaban el derby del pasado sábado. A un lado, un Atleti sumido en una depresión ficticia causada por tanto cero a cero. Al otro, un rival exultante, montado en la nube del efecto Zidane, nuevo becerro de oro nacido de la unión de un exceso de ruido mediático y de varios goles en fuera de juego. Medios, casas de apuestas y minuciosos analistas balompédicos de calva reluciente volvieron a equivocarse. Ningunearon el poder de creer.

La gran diferencia entre los dos equipos radica en la fe. En el vestuario rojiblanco no hay lugar para la disidencia. El grupo cree a pies juntillas en que Simeone podría abrir el Mar Rojo si se terciara. No extrañaría ver a los jugadores lanzándose por un acantilado con una sonrisa si el técnico lo pidiera. A orillas del Manzanares no cabe más fe que la verdadera: el Cholismo. Unos kilómetros más al norte, la fe anda agotada de tanto trasegar. Una nueva religión a abrazar surge cada cuarto de hora. La consecuencia es un conjunto en el que cada uno cree en sí mismo y a veces ni eso. Ya vendrá el flamante y efímero ídolo de las cuatro y media a sacarles del embrollo.



El partido se lo llevó el Atleti por creer en lo que hacía. Imposible plantear otros caminos hacia el triunfo que no pasen por la presión, la solidaridad, los dientes apretados. Si además Griezmann se reencuentra, la retaguardia agranda su leyenda de inexpugnable y el centro del campo y Torres se mueven como un único ente, la suerte está echada. Enfrente, la dispersa ofensiva local se diluía en guerras personales. La unidad de la plantilla fue descabellada definitivamente por Ronaldo, ese exfutbolista, proporcionando además carnaza y motivos para la matización que llenarán horas y líneas a lo largo de esta semana.


Fe ciega frente a agnosticismo individual. La fórmula para pelear los derbys que El Cholo trajo bajo el brazo sigue siendo perfectamente válida. Lejos quedan aquellos tiempos en los que los de rojo y blanco saltaban al césped vencidos de antemano, fuera cual fuera la dinámica de cada uno. Estos partidos, desde entonces, han mutado en batallas que suelen caer del lado del ejército que más cree en la posibilidad de victoria: el que viste a rayas. Tal vez Guti no anduviese tan desencaminado en el desatino que parió antes del encuentro. Probablemente ningún jugador del Atlético quisiera degradarse a ser titular en el equipo de las mocitas.  

martes, 23 de febrero de 2016

Inconscientes

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco: 

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/inconscientes/

Parece mentira. Andábamos tan tranquilos inmersos en la rutina y ya tenemos al equipo desmontado. Hecho unos zorros como quien dice. El Atleti se desintegra como un objeto sideral al entrar en contacto con la atmósfera mientras nosotros, que somos unos inconscientes, dedicamos la semana a cargar con nuestras diarias miserias. Menos mal que la industria del colorín en la que se ha convertido el periodismo deportivo cartesiano nos lo ha recordado. Gracias. No sé qué haríamos sin vosotros, queridos. Cada vez que el azaroso calendario decide juntar nuestro camino con el del equipo que con su avería en el fax propició una crisis profunda en la relación entre Edurne y su chico, ahí estáis, prestos a sacarnos del pozo de la ignorancia. Gracias de nuevo.

Sabíamos que ahora venían curvas. Que volvía la Champions en medio de unas jornadas de liga de horario traidor y rivales de renombre. Conocíamos de la dificultad de la empresa pero no podíamos llegar a sospechar lo maltrechos que lo afrontaríamos. Qué cabeza la nuestra. Simeone se nos marcha al Chelsea. Griezmann vive sin vivir en sí porque quiere mudarse al norte de la capital. Lo de Torres en los últimos partidos es una casualidad. La defensa ya no defiende lo que defendía, defienden los defendedores de trabalenguas y, para colmo, fuentes fidedignas aseguran que la resurrección capilar de Oblak no es tal, sino un exceso de cardado. No nieguen que el suicidio no ha pasado por sus cabezas ante este panorama ¿Sí? Normal, claro.



Visto lo visto –y lo que te rondaré morena a lo largo de la semana que viene–, no sería de extrañar que el Atleti se presentase a plantar cara en ese estadio que parece una penitenciaría sin entrenador, sin utilleros y con solo cuatro o cinco jugadores del primer equipo en disposición de saltar al campo. Por supuesto, los pocos que pudieran comparecer lo harían sin ganas, solo animados por el hecho de que en algún lance afortunado que protagonizaran les convirtiera en objeto de deseo del rival. Todo el mundo sabe que todos los futbolistas, técnicos y hasta mecánicos de lavadoras con exceso de cal, desde bien pequeños lo que ambicionan es jugar en el equipo de la camiseta descolorida. Como debe de ser.  

Tal vez no nos hayamos dado cuenta antes del avanzado estado de descomposición de nuestra escuadra por esa milonga del partido a partido o por otro camelo parecido. Nosotros siempre tan desenfocados, intentando colarnos en fiestas donde no somos bien recibidos y no teniendo visión. Será por eso que somos incapaces de detectar la campaña de acoso y derribo al que se ve sometido el constructor y ser superior a tiempo parcial que rige los destinos del club Emirates. Lo que decía antes, unos inconscientes.


En cualquier caso, llegados a este último párrafo y habiendo dejado toda la ironía y el sarcasmo de los anteriores aparcados en un paragüero de diseño, yo que ellos no estaría confiado. Por más que vaticinen apocalipsis colchoneros, por más que se llenen líneas anunciando el desguace de nuestro equipo, al césped del próximo derby saltarán once hombres vestidos con camiseta rojiblanca. Sean quien sean, yo que ellos, me andaría con cuidado. Por si acaso. El que avisa no es traidor. 

jueves, 18 de febrero de 2016

Fernando y la duda

Artículo publicado en ctxt.es: http://ctxt.es/es/20160217/Deportes/4294/Fernando-Torres-Atletico-de-Madrid-idolo-La-Colchoner%C3%ADa.htm


Dudar de Fernando Torres debería estar castigado por el código penal. Así, sin tibiezas. La duda, de manera inexplicable, siempre le ha acompañado a lo largo de su carrera. En su caso parece no importar el palmarés. Se soslayan, si hace falta, todos los títulos individuales y colectivos recolectados desde su eclosión, cuando acababa de guardar su infancia en un cajón lleno de sueños por venir. Sus cifras goleadoras se tildan de insuficientes, sus méritos se banalizan, formar parte de equipos que se recordarán se antoja casual cuando se analiza su participación. Vaya donde vaya, haga lo que haga, a su lado siempre parece emerger la duda, afeando un cuadro que a todas luces es bellísimo.

Si el aficionado al fútbol en este país tuviera que elegir dos momentos, dejando las competiciones de clubes a un lado, seguramente elegiría dos goles. Uno en Viena y otro en Johannesburgo. Los protagonistas principales de esos goles, el propio Fernando e Iniesta, son recibidos y despedidos de la mayoría de estadios patrios de manera muy distinta. Raro es el campo del que el manchego no sale ovacionado, más raro todavía es encontrar un recinto del que Torres se marche entre tímidos aplausos. Quizás el seguidor medio se muestra intimidado ante la presencia de esa duda, desdentada y contrahecha, que permanece al lado de nuestro nueve incluso cuando abandona el rectángulo de juego. Tal vez por ello, además de porque recordamos aquel pasado mucho más reciente de lo que parece en el que su presencia era el único motivo para no caer en los brazos de la desesperanza, cuando Fernando comparece en el Calderón el aire se carga de una electricidad especial. Solo con entrever su rubio cabello, sea dentro o fuera del campo, las emociones se disparan. Es nuestro y nosotros somos suyos. Sin fisuras. No hay sombra de esa duda paticorta y desfigurada que tan patente se hace lejos del Manzanares y, si la hubiera, viene de la mano de algún desmemoriado que merecería pagar su sacrilegio siendo galardonado con un pase anual ilimitado al tour de Concha Espina o tortura semejante.



La ausencia de la duda cerca de nuestro estadio tiene una explicación geográfica. La duda fue parida algún kilómetro más al norte. Castellana arriba, para ser más precisos. La duda nació de un rencor, del despecho ante la negativa de Fernando a mudarse de acera. La duda, que tuvo la suerte de estudiar en los mejores colegios –poderoso caballero es su progenitor–, fue creciendo alimentada por el resentimiento de quienes no acostumbran a recibir calabazas. Tanto pábulo se le ha dado, tanto se ha consentido a esa duda cejijunta y con orejas de soplillo que llegó a creerse merecedora del derecho de juntarse al Niño sin besar por donde pisara, que es lo que debería.


Decía León Felipe que en un mundo injusto el que clama por la justicia es tomado por loco. A estas alturas de la película, somos varios miles de locos a los que nos parecería cabal un tratamiento distinto para Fernando. Aun así, conscientes de las pocas posibilidades de la empresa, casi disfrutamos viendo a otros describir y pregonar las supuestas virtudes de esa duda indigna y corcovada. Ninguno de nosotros la ha visto nunca. Cuando miramos a Torres vemos al mejor delantero centro que el balompié de este país conoció. De eso no cabe ninguna duda. 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Los ídolos del Atleti

Artículo publicado en Ctxt.es: http://ctxt.es/es/20160210/Deportes/4141/Fernando-Torres-gol-cien-idolo-aficion-Atletico-de-Madrid-La-Colchonería.htm


Los ídolos, en el Atleti, no lo son porque hayan marcado cien, noventa y nueve o cinco goles a lo largo de sus carreras. Los ídolos del Atleti no cuentan los goles que han metido sino lo que significaron. Los ídolos, en el Atleti, no piensan en cómo van a celebrar esos goles de antemano, simplemente expresan su alegría como les sale de dentro, sea haciendo una especie de salto de la rana en blanco y negro o sea postrándose para besar el césped del Calderón, que es un césped con un aroma inigualable. Los ídolos, en el Atleti, tampoco son los más guapos, aunque a nosotros nos lo parezcan. Los ídolos del Atleti no necesitan señalarse el escudo a la mínima de cambio porque el escudo lo llevan por dentro, justo al lado del corazón, que es rojiblanco, por cierto. Los ídolos del Atleti no acaparan portadas, no marcan tendencia a la hora de elegir peinado y no tienen cuentas en las redes sociales desde las que elevar a suceso cualquier minucia de su rutina diaria. Los ídolos, en el Atleti, si se van no se van del todo y a la más mínima oportunidad lo demuestran. Los ídolos del Atleti no se quitan la camiseta por narcisismo y si lo hacen, siempre hay una buena razón que los justifique, porque a los ídolos, en el Atleti, les duele desprenderse de la camiseta. Los ídolos del Atleti no son cualquier cosa.



Los ídolos, en el Atleti, se cargan a un equipo en derribo sobre sus escuálidos hombros de adolescente. Los ídolos del Atleti le afean a un cuarto árbitro que pise el escudo del equipo de sus amores. Los ídolos, en el Atleti, guían a sus compañeros hacia una remontada con el menisco roto y se retiran en camilla doloridos, pero llenos de orgullo por el trabajo cumplido. Los ídolos del Atleti son humildes, restan importancia a las cosas que realmente no son importantes y se sonrojan cuando se les sienta enfrente alguien que glosa justamente sus hazañas. Los ídolos, en el Atleti, se paran pacientemente para firmar autógrafos a los niños que ahora están en la posición en la que antes estuvieron ellos. Los ídolos del Atleti, son pecosos o tienen bigote. Los ídolos, en el Atleti, no atienden a modas y se dejan las patillas más anchas, casi de hacha, y no cambian de montura de gafas a no ser que se rompan. Los ídolos del Atleti saben que el esfuerzo no se negocia y por ello, cuando les entrevistan tras un partido, están empapados en sudor, despeinados, con el rostro desencajado por el sacrificio. Los ídolos, en el Atleti, no se enfurruñan pese a no ser tratados por los medios como merecerían. Los ídolos del Atleti nunca se fueron. Los ídolos, en el Atleti, consiguen en cuarto de hora sobre el campo que una afición rejuvenezca quince años de golpe a base de encarar a los rivales y de exhibir, nunca perdida, esa potencia atisbada en aquella tarde de Albacete que nos sirvió de única tabla de salvación durante tanto tiempo. Los ídolos del Atleti se quitan la camiseta, con dolor, para acordarse del que les brindó su primera oportunidad. Los ídolos, en el Atleti, se eligen mejor que en cualquier otro sitio. A ser ídolo del Atleti no se llega de casualidad. Nunca un cualquiera pudiera ser ídolo en el Atleti. 


¡Qué gusto ser del Atleti y tener los ídolos que tenemos!

martes, 2 de febrero de 2016

Dos símbolos

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco: http://www.lavidaenrojiblanco.com/dos-simbolos/

Dos símbolos. Sentado uno frente al otro. Dicen las crónicas que había un testigo, pero su presencia, presidida por ese torvo apéndice nasal, siempre está de más. Aquí también sobraba. Los dos se miran a los ojos. Se dicen lo que tienen que decirse, conscientes de que en la iconografía atlética son mucho más que dos hombres que conversan. Hablan directamente, huyendo de los manoseados lugares comunes. Prescinden de formalismos y de convenciones. En momentos así no hacen falta. Afean la estampa, incluso. Son dos hombres nada más: Diego Pablo y Fernando. Fernando y Diego Pablo.

Compartieron vestuario siendo jugadores. Uno volvía del largo viaje de su carrera como futbolista y el otro echaba a volar con todo el futuro por delante. Uno estuvo presente en aquel triunfo que se marcó en nuestras almas, cuando nos hicimos mayores borrachos de doblete y el otro heredó un equipo en derribo. El Niño pecoso intentó tapar las innumerables vías de agua de una nave que naufragaba y se convirtió para todos en el único bote salvavidas al que agarrarnos para no ahogarnos en mediocridad. Años después, el destino y sus voluntades les volvieron a juntar. Ésta vez como entrenador y pupilo.



El nuevo encuentro les retrata a uno consagrado en su papel de apóstol del colchonerismo y al otro como al nunca olvidado hijo pródigo que retorna. El técnico que nos devolvió a esos lugares que habíamos dejado de frecuentar y el delantero que cada vez que celebraba uno de los innumerables títulos encontraba una excusa para acordarse de los que son sus colores. El jugador que lo había ganado todo volvía para ponerse a las órdenes del entrenador con el que volvimos a aspirar a ganar todo. El destino a veces se pone caprichoso.

Dos símbolos. Se sentaron el uno frente al otro y hablaron. Se desnudaron con palabras y ambos reconocieron en el otro interlocutor los mismos tonos en rojo y blanco. Apostaría sin temor a equivocarme a que los dos dejaron a un lado sus intereses más personales para pensar en el bien común. Seguramente se dijeron alguna que otra frase bien afilada. Probablemente hubo momentos de dolor. Es lo que tiene cuando uno se sienta a hablar con alguien mirándole a los ojos. Desde que se conoció la existencia de esa charla entre ellos, andan los medios y las redes pergeñando y figurando. Imaginando lo que fue. Los hay que reclaman conocer en profundidad el contenido de esa conversación. Les confieso que yo no quiero saberlo. Deseo que esas palabras queden siempre entre ellos. Son dos hombres nada más: Diego Pablo y Fernando. Fernando y Diego Pablo.    

jueves, 21 de enero de 2016

¡Virgencita, que me quede como estoy!

Artículo publicado en ctxt.es : http://ctxt.es/es/20160120/Deportes/3751/sancion-FIFA-Atletico-de-Madrid-fichajes-Jackson-Martinez-Fernando-Torres-Borja-Baston-La-Colchoner%C3%ADa.htm


Éramos pocos y parió la FIFA. Resulta que el organismo futbolístico mafioso internacional, muy en su papel de zorra guardando gallinas, nos condena a no poder llevarnos ninguna incorporación a la boca en los próximos dos mercados de fichajes. Ni un Rubén Micael siquiera. Prohibidos incluso los fichajes de parada y fonda. Los fichajes de una noche. Los fichajes olvidables que se hacen para olvidar y los que se formalizan con una copa de más. Los fichajes que sirven para calentar la cama de una pensión del centro. Los fichajes fugaces que se rompen al amanecer, cuando las ganas de desayunar desenmascaran tantas mentiras. Malos tiempos para los representantes que ofrecen amores y mediapuntas de barra en barra y para los pregoneros de operaciones imposibles. Lo mismo los Manoletes y otras hierbas se meten a analistas del cuore o del bajo vientre, tablas tienen.

Saltaron las alarmas cuando se conoció el castigo y solo el paso de las horas nos hizo sustituir el agobio inicial por una sonrisa casi socarrona. Pensando en un escenario continuista, sin incorporaciones, –si Gil levantara la cabeza, se volvía al hoyo ante tal atrocidad yerma de comisiones–, no parece merecer el asunto mayor drama. Equipo hay y alternativas también. La juventud de la plantilla, salvo contadas excepciones, augura que esa fase de estabilidad podría incluso venirle bien a un equipo todavía en fase de conocimiento carnal. Mejor acoplamiento, más logrados automatismos y el mayor poso que otorga la experiencia acumulada en batallas de altos vuelos. Pese a todo, seguía revoloteando alrededor nuestro una especie de inquietud que se resistía a evaporarse. Tras intentar espantarla a manotazos sin éxito y analizando irritados el porqué de su persistencia, a todos se nos fue un poco la mirada a la delantera. A la del equipo, se entiende.

De nuevo el asunto del nueve. Imaginaba la parroquia un futuro a medio plazo con Jackson poniendo a prueba las paciencias como hasta ahora y se helaba la sonrisa por momentos. Existían dudas, además, de la posición administrativa en la que quedaba Torres. Dado que su condición es la de cedido, el voluminoso fantasma de Cerci tomaba cuerpo. Más cuerpo si cabe. Tampoco este panorama se antoja capaz de arrojarnos en brazos de la depresión balompédica más profunda. Antes de dejarse caer a orillas del Manzanares, este Jackson era un ariete de rompe y rasga en la desembocadura del Duero. Uno vio algún que otro partido del colombiano en el Oporto –justo antes de que el equipo luso se convirtiera en el segundo equipo de la prensa deportiva madrileña– y certifica que es un gran delantero. Jackson lo tenía todo: remate, desmarque, juego de espaldas y caída a bandas para crear desequilibrio. Su llegada fue una apuesta personal de El Cholo, que de esto algo sabe. El técnico le sigue mimando –demasiado en opinión de algunos– porque cree en lo que sus ojos vieron. Jackson puede que no llegue a ser Michael, pero tampoco es Marlon, el hermano que no sabía bailar de los Jackson Five. Esperemos que despierte, que ya es hora.



Diferentes deben ser las expectativas y las exigencias con Torres. Fernando, que con Simeone y la afición forman la actual santísima trinidad rojiblanca, debe ser a estas alturas de su carrera ponderado como un recurso, no como una única solución. El de Fuenlabrada aporta trabajo, goles para recordar en ocasiones especiales y, sobre todo, ascendente esté donde esté: en el banquillo, en la grada o sobre el campo. Torres es mucho más que un jugador. Es el mismo chaval hecho hombre que en su momento cargó sobre sus adolescentes hombros la ruinosa casa que ahora luce espléndida. Vino como guinda, nunca como base de la tarta. Quien le pida ser más de lo que puede ser ahora y en este Atleti tan diferente está siendo injusto. Mucho. Aun así, uno piensa que Fernando, sin estar del todo bien, ha tenido un mejor desempeño que Jackson con menos oportunidades, todo sea dicho.

Si llegados a este punto del artículo andan todavía ustedes soliviantados por esa inquietud que no para de posarse tan molestamente sobre sus miembros –con perdón– y están a punto de dejarse llevar por la desesperación, les invito a fijarse en el delantero del Éibar: Borja Bastón. Sí, es él y es del Atleti. De pensamiento y de obra, aunque lleve unos años de Erasmus por esos estadios de Dios. En La Coruña, Zaragoza y ahora en la localidad guipuzcoana, pueden dar fe de su reencuentro con el gol, otrora puesto en peligro por una rodilla inoportuna. Retornará en verano, ya preparado para quedarse. Doctorado en arqueología goleadora, esa licenciatura otorgada a los que hallan en equipos pequeños goles semienterrados en escasas oportunidades. Ojalá sea un delantero para estar en la plantilla muchos años.  


Una vez reposada la sanción, permítanme insistir en que nadie se suicide. No dejaremos de molestar tan fácilmente. Sí convendría analizar las causas de la misma y buscar responsables. Más allá de recursos, posibles medidas cautelares y los minutos de gloria que Xu Xin tuvo en el trofeo Carranza, de nuevo las leyes son un molesto trámite a eludir en los despachos del Calderón. Apuesto a que se pasará de puntillas sobre esto, como es costumbre. En lo deportivo, miren al equipo y siéntanse relativamente tranquilos. Despachen la inquietud a golpe de ráfaga de flis –adoro esa onomatopéyica manera de llamar a los insecticidas– y siéntanse afortunados de que el bloque se mantenga en ejercicios venideros. Tal vez la imposibilidad de fichar mitigue las pulsiones de ventas veraniegas sin luz ni taquígrafos. “¡Virgencita, que me quede como estoy!”, está empezando a ser tendencia. También será tendencia Marlon Jackson ahora que el artículo acaba y pueden ir a Youtube para ver lo mal que bailaba el jodío.