Mostrando entradas con la etiqueta Augusto Fernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Augusto Fernández. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de febrero de 2017

Elegí volver a creer

Sí, es cierto que será difícil. Podría decirse que casi imposible…

La desventaja en el resultado. La carga de partidos. La entidad del rival. Las dudas sobre el estilo. La supuesta crisis. Lo de Vitoria o lo de la primera parte en el partido de ida. La facilidad con la que últimamente nos llegan. La nostalgia por la intensidad perdida. La ausencia de Gabi, líder espiritual sobre el campo de este grupo. La abulia de Carrasco en los últimos choques. El poco crédito que le queda a Gameiro. Las lesiones de Tiago y Augusto. El peso en las piernas de Koke y Saúl. Las inacostumbradas salidas en falso de Godín. La inseguridad a la hora de lanzar los penaltis de Antoine. La falta de Oblak. El dolor por lo de Lucas. Lo esquivo que se muestra el gol de un tiempo a esta parte. La dificultad de convertir situaciones esquivas en calcetines a los que darles la vuelta.

…pero decirlo sería una muestra de desconfianza imperdonable hacia este grupo que tanto nos ha dado…


La ilusión por despedir al Calderón con un título. La fuerza para sobreponerse. La historia que narra que el Atleti nunca se rindió. Los episodios de buen juego ante el Leganés y la esperanzadora segunda parte del partido de ida. La intensidad a encontrar. El vaticinio de Gabi, seguro de no perderse la final por algo tan nimio como una acumulación de tarjetas. Aquella jugada de Carrasco contra el mismo rival en la que desarboló a la retaguardia enemiga. La solvencia sin estridencias de Moyá. El aroma de cantera de Koke y Saúl. La ratonería de Correa. El mágico compromiso de Griezmann. La tradición de manejarse bien al contragolpe. El recuerdo del cabezazo de Godín que incendió nuestras vidas. Por encima de todo, el estado de forma de Fernando. Su capacidad para quitarnos varios años de encima con solo verle saltar al campo. Sus goles frente a este rival. Su experiencia en partidos grandes. La presencia de Simeone en el banquillo.

…elijan ustedes bando. Yo ya lo hice. Elegí volver a creer…

jueves, 28 de abril de 2016

Magia

Antes o después, todos nos acabamos dando cuenta de que ya no creemos en la magia. A la vuelta de cualquier recodo del camino uno se detiene y sabe que ya no habrá noches de Reyes como las de la infancia. Nunca volveremos a mirar debajo de la almohada para ver si el Ratón Pérez aceptó el trato dejándonos una moneda de cinco duros. Jamás experimentaremos de nuevo el hormigueo de tantas primeras veces. La magia se nos marchó a jirones a la vez que cambiábamos de talla de pantalón o de zapatos. Ahora nos dedicamos a buscar el truco de la vida sabiendo que no existe. Aun así, hay ocasiones, como la de ayer, en las que aparcamos las miserias de la realidad y nos entregamos a la magia, que existe. A la orilla del Manzanares, para ser más exactos.

Un entrenador, once jugadores, cincuenta y cinco mil almas, cientos de miles y hasta millones de hombres y mujeres se transformaron de nuevo en niños y niñas durante dos horas. Dejaron a un lado preocupaciones, hipotecas y malabarismos para llegar a fin de mes y se sumergieron con los ojos abiertos como platos en el universo de magia que emanaba el Calderón. Notaron que todo era diferente. Nuevo. Volvieron a vivir cada sensación como la primera vez. El encantamiento empapaba corazones que latían expectantes y obligaba a animar hasta desgarrar la voz. Las palmas echaban humo. El pitido inicial no hizo sino reforzar el hechizo.

Durante los primeros minutos, incluso los jugadores y aficionados bávaros parecían aturdidos por la ilusión. No había chisteras ni pañuelos infinitos, pero comparecía un Atleti desatado. Mágico. Sin más preámbulos Saúl agarró un balón sin trampa ni cartón y lo convirtió en uno de los goles más maravillosos que se recuerdan. Rivales hipnotizados yacían en el camino del interior rojiblanco incapaces de llegar a adivinar el truco. Quizás no lo hubiera. Fue pura magia.


Siguió el equipo colchonero a lo suyo mientras el rival asistía desde la mejor localidad al espectáculo. Tras la cortina de todo balón dividido aparecían Koke, Gabi y, sobre todo, un inmenso Augusto para conquistarlo. La defensa ocultaba en un cajón cada ataque enemigo para posteriormente abrirlo y ver que dentro no quedaban migajas de peligro. Oblak, remangado, convertía la pelota en paloma prisionera entre sus guantes. Griezmann y Torres se evaporaban y volvían a hacerse carne en la vanguardia, obligando a los defensores del Bayern a andar con mil ojos. No hubo dobles fondos ni ilusiones ópticas. Fue trabajo y fútbol a partes iguales. Un derroche desplegado ante atónitas miradas llenas de inocencia.

El segundo acto del choque no fue a la zaga del primero. El número de ilusionismo se adaptó a las necesidades del ambiente. Las filas se cerraron y, ante la incredulidad del respetable, pudo constatarse que once hombres pueden levantar una muralla inexpugnable. Buscaban los germanos un resquicio que no existía para estrellarse una y otra vez en la tela que el gran prestidigitador Diego Pablo había tejido en su mente. Hubo tiempo incluso para que Torres, otra vez rejuvenecido, pudiera sellar la mitad del pasaporte a Milán en un remate que sacó del mazo de cartas que ocultaba en la manga del contraataque.


Terminado el encuentro nadie quiso moverse de su asiento. Levantarse y enfilar la salida, ponerse a hacer otras tareas, cualquier mínima perturbación podría romper el hechizo. Fuimos niñas y niños de nuevo por una noche. Creímos otra vez en los Magos de Oriente y en un superhéroe que se apellida Ñíguez. Nos pellizcamos y certificamos que fue real aunque formara parte de un sueño. No busquen el truco en el Atleti porque no lo hay. Es simplemente magia.

jueves, 10 de marzo de 2016

Disidentes

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160309/Deportes/4695/Simeone-Cholo-Atleti-La-Colchoner%C3%ADa.htm

Transitaba servidor de ustedes la otra tarde por las redes sociales, esas nuevas metrópolis en permanente huelga de recogida de basuras, cuando me topé con un lobby pretendidamente atlético que criticaba a Simeone descarnadamente. Le acusaban de defensivo, básicamente. Argumentaban que las alineaciones del técnico tendían a la superpoblación de mediocentros. Le imputaban el delito de maniatar la creatividad, de cortar las alas a la imaginación. Todo ello después del derby, del partido de Mestalla y del encuentro en casa con la Real, que no fue tampoco moco de pavo. Ahí queda eso.

Esta nueva liga de la justicia estética con la me cruce de manera casual defendía un dibujo menos encorsetado, un modelo en el que se amontonaran los delanteros y los mediapuntas  -¡oh, cielos!- desordenadamente. Consideraban los gurús del grupo disidente que el talento estaba siendo maltratado por el Cholo. Entre sus reivindicaciones, exigían la inmediata alineación, todos a la vez y por decreto, de Griezmann, Vietto, Correa, Carrasco y Óliver. No llegaban a pronunciarse sobre Torres, pero sospecho que le harían un hueco en su alienada formación, no fuera ésta a tildarse de reservona por algún purista epicúreo ante la ausencia de un nueve más cartesiano. Opinaban, además, que hacer trabajar en la presión y en la fase defensiva del juego a los anteriormente citados era de una vulgaridad infamante, algo cercano al delito artístico, como quien dice. Sostenían a una sola voz que los futbolistas de pellizco, agotados y sudorosos por dedicarse a tareas tan farragosas, perdían frescura a la hora de crear y eso les llevaba a aburrirse como ostras. Se entiende, claro.



Los dardos de estos revolucionarios seguidores se dirigían seguidamente hacia Saúl, Koke y Gabi, triunvirato de mediocentros carentes de inspiración que, siempre según ellos, hipotecaban la innovación balompédica y ejercían de saboteadores de la circulación del cuero. También recibían lo suyo Kranevitter y Augusto, aun siendo nuevos, y solo Tiago se libraba de sus invectivas, probablemente porque queda poco decoroso meterse con los que están malitos. Todavía pensando que los comentarios, a cuál más surrealista, que provenían de aquella célula de talibanes del buen gusto eran una burda broma, reparé en un ciudadano que con cierta sorna les pedía interpretación sobre el cambio de nuestro entrenador que definió la ambición del equipo en Valencia. El de Torres por Kranevitter cuando el choque discurría todavía por las sendas del empate. Lo calificaron de farsa. Defendían que eso no era más que la excepción que confirmaba la regla, una sustitución tramposa y tribunera.

Me marché a la cama desasosegado, lógicamente, y a la mañana siguiente quise volver a sumergirme en sus océanos de esquizofrenia, principalmente para constatar que lo del día anterior no había sido un sueño. Allí seguían. A esas horas, todavía sin desayunar, glosaban las bonanzas del Atleti de Aguirre y rememoraban lo mucho que se divertían con aquellos partidos rotos y descontrolados. Cualquier día de estos, su desfachatez llegará al punto de pedir la vuelta de Maniche. Ese sí que era un mediocentro creativo, aunque por cuestiones de volumen pareciera que eran dos. 

jueves, 7 de enero de 2016

Galgos o podencos

Artículo publicado en ctxt.es http://ctxt.es/es/20160106/Deportes/3608/Atletico-de-Madrid-candidato-Liga-mercado-de-invierno-falta-de-gol-Real-Madrid-Bar%C3%A7a-La-Colchoner%C3%ADa.htm

Sentados en sus irreales poltronas, los conejos no tienen tiempo ni ánimo siquiera para discutir si el Atleti es un galgo o un podenco. Andan muy atareados retozando en sus propias miserias –no conocen otras, todo sea dicho–. No contribuyen tampoco a poner nombre a la amenaza la cohorte de corifeos acostumbrados, siempre dispuestos a ordeñar hasta el esperpento la ubre seca de lo que ellos llaman información. Mientras tanto, la polvareda se ha acercado tan peligrosamente como hace un par de años, cuando se pudo de moda aquella canción del “ya caerán”. No cayó entonces y pinta tiene de que va a ser que no ahora tampoco. No se trata solamente de un deseo ni de un sobrevenido poder adivinatorio que se me haya revelado entre turrones. Se trata de un ejercicio de observación y análisis pausado que paso a argumentar en el siguiente párrafo, que éste anda ya muy lleno.  

Mirando la clasificación uno repara en dos cosas. La primera es que ésta no va a ser una liga de record de puntos salvo segunda vuelta para el recuerdo de alguno de los aspirantes. En este escenario de mayor igualdad, en el que robar al descuido puntos a los grandes ha dejado de ser una utopía, mayores son las posibilidades del equipo de Simeone. Mucho más complicado sería para los rojiblancos aguantar el envite en una competición como aquellas programadas para dirimirse a doble partido en los clásicos, dada la imposibilidad de arañar resultado alguno por parte de los otros dieciocho equipos, chuchos sin raza todos, cuando los conejos asoman por los calendarios. La segunda es que el Atleti está en lo más alto, partido menos, partido más, se sobreentiende, a pesar de los pesares.

Los pesares se llaman falta endémica de gol y, puestos a afinar mucho, ciertas fases de los partidos sazonadas con un juego que podríamos calificar de anodino. Aduce el Cholo –palabra de Dios– que la falta de gol en sí no es tan preocupante cuando se crean ocasiones. Estando de acuerdo en el diagnóstico, uno cree entrever nostalgia en la mirada del técnico. Nostalgia de aquel Falcao, ahogado ahora nadando entre billetes, que tornaba en redes cualquier balón que tocara. Nostalgia de ese Diego Costa indómito que perforaba porterías potencia pura mediante, aunque fuera trastabillado tras chocar con tres adversarios que yacían caídos a su estela. Nostalgia incluso, quién lo iba a decir, por aquel Mandzukic aguerrido y tosco, adalid del simplismo aplicado al hecho diferencial del goleador. Justo esta temporada, cuando más delanteros se arremolinan alrededor de Simeone en cada entrenamiento, cuando mayor es el abanico de posibilidades, van los goleadores y se ponen a fumar, lo mismo que la abuela.

El gol en el Atleti desde mediados de la pasada campaña tiene acento francés. Solo Griezmann ha respondido a las expectativas numéricas y solo ello hace que se le perdonen esos episodios de ausencia durante los partidos que harían las delicias de cualquier neurólogo balompédico. Seguidamente las miradas se dirigen a los dos delanteros más puros que hay en la plantilla: Jackson y Torres. La prevista batalla por la titularidad entre ellos se ha tornado en un duelo de diversas ansiedades que debieran ser ponderadas de manera diferente. El colombiano anda a la búsqueda de su sitio, tanto en el campo como de cara al gol, pero su cruzada deja en ocasiones tufo a indolencia. Fernando, mientras tanto, pelea y lucha, se embolica por el camino y trasiega peleado con un gol redondo. Nunca fue el de Fuenlabrada un delantero de cifras, pese a poder presumir de ellas, y ahora no debería centrarse en las matemáticas. El uno por el otro dejan la casa del delantero centro por barrer y eso ha hecho que el técnico haya probado con resultado desigual con Vietto haciendo de nueve impostado en varios encuentros. Ni a esa llamada acudieron los goles. Completan el bodegón Correa, Carrasco y los centrocampistas que quieran sumarse a la fiesta goleadora sabiendo que toda ayuda es buena aunque la responsabilidad de marcar no recaiga en sus hombros. La cifra goleadora se antoja algo enclenque, cierto, pero suficiente si se apoya en la proverbial capacidad defensiva, joya de la corona marca de la casa admirada allende los mares.



Puestos a señalar como pesar al juego desplegado por nuestro equipo, permítanme antes declararme en rebeldía de nuevo ante cualquier debate centrado en lo puramente estético que se pueda echar uno a la cara. El problema de juego, si es que lo hubiera, nace de una puntual falta de verticalidad o de episodios de desconexión con la delantera –otra vez el gol, traidoramente esquivo–, nunca de militar en posiciones alejadas del preciosismo tiquitaquero –los dioses nos libren de semejante lacra–. Si de pulcritud en las maneras para con el balón hablamos, es menester acordarse de Tiago. La sombra de la ausencia del portugués es alargada. Su falta ha retrasado a Gabi, cumplidor en el posicionamiento y en la brega, deficitario en la salida del cuero. Tampoco Saúl ha acabado de convencer a la hora de suplir al luso: más desorden táctico y pérdidas comprometedoras han alejado al canterano del círculo central, tal vez para definitivamente quedar unido al puesto de interior. Además, Koke, dueño y señor de la patente del último pase en los últimos tiempos, se ve obligado a un mayor despliegue físico que acusa en fase de ataque y a Óliver parece deprimirle la cercanía de la cal de la banda y estar pendiente de cerrar el carril que le toca. No todo son noticias regulares. El vacío de Tiago ha rescatado a Thomas de lo más profundo de un banquillo con perspectivas de cesión. El ghanés ha estallado en el medio campo y en nuestros corazones como una bomba de hidrógeno. Su despliegue físico, su fe y su llegada al gol nos han enamorado como a adolescentes y hemos vuelto a creer en cosas en las que se deja de creer cuando uno firma una hipoteca. Aun así, hablamos de otro interior, no –todavía– de un cinco de los de toda la vida.

El mercado de invierno, otrora zoco persa del que salíamos escaldados baratija tras baratija, nos trae como añadido dos apuestas casi seguras. Kranevitter, el cinco más cinco que Argentina ha fabricado en varios años y Augusto Fernández, otro todocampista metido a mediocentro, también de la patria del tango pero con nombre y planta de cantante de rancheras. La suma de ambos junto con la maduración y asentamiento de los mimbres que ya hay en la plantilla, debería ser suficiente para suplir, que nunca olvidar, al añorado Tiago. La competencia y la presencia de tantas alternativas juegan a nuestro favor, solamente el tiempo necesario para ensamblar las flamantes piezas y asumir los nuevos roles de cada uno pesan en nuestra contra. La polvareda ya está cerca y los conejos siguen discutiendo de sus cosas.

Sin querer parecer demasiado optimista, lo lógico es que todo vaya a mejor. Delanteros que encuentren la confianza perdida con goles, aunque sean con la espinilla y en semifallo, aunque haya dudas de si hay que atribuírselos a ellos porque antes rebotaron en el trasero de un central lleno de tatuajes y flequillo a lo Brian Ferry. Un centro del campo cómodo tanto en la brega como en el manejo del tiralíneas que sirva, además, de coartada firme desde la que despejar cualquier sospecha de cansancio por la carga de partidos. Una defensa y un portero que se ciñan al guion que llevan bordando desde el inicio del rodaje. Llega el momento de utilizar el tan cacareado fondo de armario y llega con el equipo en una posición envidiable, impensable hace tan solo un lustro.


Los conejos y sus rapsodas oficiales, incapaces de ver lo que se les viene encima, debatirán hasta el mismo momento de recibir la primera dentellada si este Atleti es una amenaza. Si los pesares a solventar por los de rojo y blanco son suficiente motivo para seguir adorando tranquilamente su propio ombligo ¿Son galgos o son podencos? Tal vez, ni cuando ya sea demasiado tarde repararan los roedores en lo que se les viene encima. Ojalá.