lunes, 20 de abril de 2026

Actores protagonistas

 


Los que conocen cómo se mueve la industria de Hollywood saben que hay actores que no acaban de sentirse cómodos cuando el papel que les toca interpretar es el de protagonista. Se trata de actores respetados y reconocidos. Todos sus compañeros hablan del enorme talento que poseen y en muchas ocasiones les roban la película a los cabezas de cartel. Eso sí, en todo California y estados aledaños saben que a Steve Buscemi o a John Turturro no debes darle el protagonismo en una superproducción. Da igual que les recordemos a ellos, probablemente más a que ningún otro integrante del reparto en Reservoir Dogs o en el Gran Lebowski, en donde coincidían los dos por cierto, la cuestión es que no les queda bien el traje de estrella principal. Por lo que sea.

Estaba Madrid preciosa el sábado, salpicada de camisetas rojiblancas que uno se encontraba en cuanto pisaba la calle. Supongo que la ciudad, de esa forma, nos regalaba un paisaje cercano y amable a los que no encontramos manera de poder ir a Sevilla. Aun así, el ambiente era raro: se acercaba uno a comprar un fluorescente para cambiar el que lleva tiempo temblando en la cocina y Vicente, el ferretero, te hablaba del Arsenal y no de la Real. Te contaba que ya le había dicho a su suegra que mañana no contara con él, que había quedado con Neptuno. Llegabas a casa con tu fluorescente bajo el brazo y veías un anuncio de Telemadrid anticipando la programación que daría cobertura a la celebración del día siguiente. Daba la sensación de que era una final en la que no estaba el Atleti, si no otro equipo. Alguno de esos que siempre se creen con el derecho de ganar y uno torcía el morro por tener la memoria llena de Timisoaras y Groningens y no acababa de gustarle el ambiente que se respiraba. Entonces, se podía reparar en que el paisaje no era cercano ni amable, era un ambiente empapado de un puntito de soberbia fea.  



Salió el Atleti al césped de la Cartuja como si no hubiera salido, quizás también pensando en el Arsenal o en la cara con la que les iba a recibir Ayuso, que siempre es una incógnita. La realidad nos abofeteó duramente a los doce segundos y tuvo el Atleti que ponerse el traje de protagonista deprisa y corriendo. Era este un traje de actor principal de verdad, de los que deben bordar una escena y no pueden permitirse que el dobladillo de los pantalones asome descosido. Un atuendo muy diferente al que nos habían o nos habíamos puesto nosotros mismos los días anteriores al choque. Enseguida quedó claro que el traje nos quedaba mal en los lados, donde Molina, Ruggeri y Giuliano naufragaban en un mar de nervios e imprecisiones y solo Lookman y Koke, siempre Koke, parecían enterarse de qué iba la cuestión. Empató el Atleti tras varios intentos del nigeriano y, de nuevo, el Atleti creyó que contemporizando y sin un vestuario adecuado para el rodaje llegaría a la orilla deseada porque así lo decían las casas de apuestas y Vicente, el ferretero.

Hubo que ponerse el traje de nuevo, tras el descanso, al vernos en desventaja por la salida torpe y destemplada de Musso. Durante 35 minutos, el que suscribe pensaba en lo mal que se nos da eso de ser favoritos. La experiencia nos dice que nuestro guía Simeone, es un notable preparador de eliminatorias en las que somos los tapados, los invitados inesperados, los que dejan a Lamine con cara de niño enfurruñado y pasan de ronda ante la sorpresa, y quizás indignación, de Maldini y otros expertos en parabólicas. Puede que sea una cuestión de carácter, pues estoy convencido de que este equipo tiene libra por libra mucho más talento que aquellos de no hace tanto llegaron a finales, pero no hay un Gabi, o un Godín o un Raúl García que peguen cuatro gritos de los que sacuden nervios e impaciencias. Lo intentaba el Atleti sin hacer pupa hasta que Julián se sacó una genialidad que nos permitía creer de nuevo. Entonces, aunque solo fuera en un periodo de apenas 10 minutos, el Atleti se puso el traje de protagonista y pareció que la película iba a terminar en éxito rotundo. El momento, la fotografía y el guion se alinearon, pero la pelota no quiso o no supo entrar para dejar finiquitado el lance. De ahí hasta el final, se puso de manifiesto que este traje nos tira de sisa, que nos gusta mucho más encarar estos partidos en chándal de táctel y zapatillas. Los zapatos de cordones nos aprietan cuando los entendidos o nosotros mismos nos los otorgamos como favoritos, sea en una final o en el campo del Levante o del Alavés. La maldición del tenéis que ganar, podría llamarse.

A la noche sevillana solo le quedó entonces ponerse caprichosa con los lanzamientos desde el punto de penalty. En ese momento, el Atleti, ya sin traje de protagonista, con ojeras y sin rastro de favoritismo, temblaba como mi fluorescente de la cocina.