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viernes, 31 de diciembre de 2021

¿Cómo estamos (capítulo 1)?

Llegados a estas alturas de la temporada, envueltos en turrones, test de antígenos y cuarentenas menguantes, bien merecen las circunstancias un repaso sobre la actualidad rojiblanca, que ya va siendo hora de desempolvar la pluma. 

-Pero, Don Emilio, si todavía no ha llegado el fin de la primera vuelta. ¿No queda esto escasamente simétrico y precipitado?

-Mire oiga, si quieren simetría y templanza, vayan ustedes a buscar a Jurgen Klopp, que es un señor cabal de esos que ya no quedan, siempre que gane, claro. Si pierde, se amohina y expulsa espumarajos por su teutona boca. ¡Qué hombre, Jurgen Klopp! ¡Siempre en chándal y siempre elegante! 

Hasta el momento, la temporada del Atleti debe ponderarse teniendo en cuenta dos variables de contexto principales. Por un lado, la sensación de que el destino en forma de nueva anormalidad nos privó de disfrutar debidamente del título del año pasado. Podría decirse que una parte de la afición atlética anda con las ansiedades por la nubes y se reencuentra con el equipo con la necesidad imperiosa de recuperar un tiempo que se considera perdido. Afronta entonces el impaciente seguidor los partidos con la actitud con la que sale de noche un padre de familia numerosa. No acaban de cumplirse los primeros minutos del choque y el aficionado/padre con licencia para salir de farra exige ir venciendo por tres goles de ventaja, que los camareros le rellenen el vaso con solo levantar una ceja y tener ya anotados en la agenda los teléfonos de varias mozas con edad de no haberse citado para la tercera dosis. Ignoran los trasnochadores aficionados que la liga se ha igualado, quizás por lo bajo, y que ya no se gana a los equipos al trote cochinero. Decía lo de quizás por lo bajo teniendo en cuenta el desempeño de los equipos españoles cuando salen de viaje a Europa y no hay forma de quitarse la sensación de que los rivales mantienen pulsada una combinación de teclas que les otorga hipervelocidad, disparo de fuego y morritos de protagonistas de comedia romántica. Uno, que anda mayor y resabiado, cree que es bueno que la liga esté disputada y que ganar en Pamplona o en Granada cueste sangre y sudores. También opina quien suscribe que no es malo que la clasificación ande apretada y que a la competición le sienta bien que haya varios equipos con opciones, aunque ya habrá tiempo para que los anfitriones de la sala del VAR pongan las cosas en su sitio interpretando, por ejemplo, que las manos de Piqué o Carvajal son menos manos que las de Lodi, tal vez porque el brasileño gaste manos de pelotari que seguramente tengan explicación en su conocido antepasado Koldo Renanlodietxea, originario de Rentería, cuyo hijo se marchó para Brasil en busca de fortuna, mestizaje libre y terreno virgen para correr como un carrilero largo. 

El otro aspecto a tener en cuenta es que parte de la hinchada ha llegado a interiorizar que la plantilla del Atleti para este año es la mejor de su historia porque lo llevan repitiendo meses contertulios que saben de incidencias acumuladas, de coladas y fajanas y de plantillas redondas. Los insignes tertulianos sostienen, mientras hacen tiempo entre los entrantes y la piedra caliente sobre la que someterán medio quilate de lomo alto de ternera del Guadarrama, que al Atleti hay que exigirle ganar siempre y jugar como la naranja mecánica, que tan mecánica no sería cuando el zumo de los títulos se mostró tan seco. No analizan en cambio, tal vez por no querer o por ser de mala educación un análisis de sobremesa entre regüeldos, que el equipo anda desequilibrado: cojo de laterales, escaso de centrales y superpoblado de mediapuntas (¡Ay!). Más allá de las oportunidades que ofrecía el mercado, el equipo necesitaba un tresillo, como decía aquel, y se trajo de vuelta a un francés que dividió a la afición, distraída en decidir si merecía ser pitado o directamente nos cagábamos en sus antepasados con la boca entornada. Todos los apasionados debates accesorios impiden descubrir que los tertulianos pretenden jugar con la ventaja y la barriga llena: perdiendo el equipo de sus amores, que suele ser el de siempre, es lógico porque el equipo de Simeone es mejor libra por libra. Si ganan, qué malo es el entrenador argentino con los mimbres que tenía y qué mérito tan enorme el de los suyos, jugando además en un estadio situado sobre un cementerio de cáscaras de pipas con sal. 



-¡Lo que nos faltaba, otro talibán en la defensa de Simeone! ¡Aburre usted, Don Emilio! ¡Aburre lo mismito que el Cholo! 

-Por no mandarle a freír monas, debo mandarle a usted a Manchester, a que se le turben los sentidos con el disfrute que el City de Pep proporciona. Dicen los más creyentes que no es difícil adivinar en la grada a un buen número de espectadores con los ojos en blanco mientras juntan los muslos. ¡Es el mayor éxtasis posible para los amantes del truquitaka y de los jerseys de pico!

Con estas premisas, uno considera que la temporada del Atleti ni es la que esperábamos ni tampoco merece un suicidio colectivo. A estas alturas, el equipo colecciona partidos y resultados más raros que un perro verde. Encuentros y marcadores desazonadores, que nos pillan con el pie cambiado las más de las veces. Muchos choques nos dejan una sensación parecida a la de reencontrarse con antiguos compañeros de colegio a los que no reconoces en esos señores calvos y barrigones que te hablan de cuando compartiais litronas juntos mientras piden un filete de pollo a la plancha sin sal. Lo más preocupante, dietas insulsas aparte, quizás sean ciertas señales de fragilidad y de falta de carácter que el conjunto muestra. Llegados a este punto merecen dudas la confección del elenco y las modificaciones en el sistema que ha habido que afrontar con el paso de las jornadas. Con la mitad del curso casi superado, uno no recuerda partidos absolutamente redondos, pero sí episodios muy meritorios de juego como contra el Barcelona, el Villarreal o la reacción contra el Liverpool en nuestro feudo hasta la expulsión del marido de Erika Choperena. También se recuerdan esperpentos infumables, especialmente concentrados en algunas primeras partes, muchas de ellas europeas, para más señas. En la parte positiva, destaca la capacidad de reacción del equipo para sobreponerse y dar la vuelta a los partidos y a los arbitrajes, algunos desquiciantes tirando a joputescos del inicio de temporada. En el plano negativo, preocupa enormemente el desempeño defensivo por encima de cualquier aspecto, pero también se echa de menos cierta falta de oficio, o más bien, se echa de menos a tipos como Gabi, Raúl García o Godín, tipos de los que alzan la voz, te agarran de la pechera y hasta te abofetean de manera didáctica si fuera necesario. Ante esta carencia, que el año pasado, quizás por ser un curso extraño de narices, no se convirtió en capital, deambula el equipo por los partidos inseguro, sea cual sea el marcador, y tiene uno la sensación de que el área propia se ha convertido en una reserva protegida de balones sueltos para ser cazados por cualquier delantero que pase por allí aunque sea a domiciliar el recibo del IBI. El abajo firmante, que ya peinaría canas si tuviera algo que peinar, cree firmemente que la mutación en flan de la defensa e incluso la impotencia de Oblak se encuentran alojadas en la sesera más que en la pizarra. No obstante, debo emplazarles a una segunda entrega de este análisis precipitado, poco simétrico y hasta aburrido. 

-¡Y ahora el tío lo deja aquí y se marcha, amenazando además con otro episodio! A mí esto de los segundos platos me suena a camelo. 

-No vuelvan si así lo consideran, que es cierto que los amores a doble partido no suelen funcionar. Salvo que se llame usted Carlo, claro. Eso sí que es volver sin la frente marchita. 

Permanezcan atentos. 


martes, 25 de mayo de 2021

Escribir sobre el Atleti

 

Uno deja de escribir sobre el Atleti con el escaso convencimiento con el que deja de fumar o de andar con buenísimas malas compañías. Sé de lo que les hablo: he dejado de fumar infinidad de veces. Casi una cada día. Una vez alejado de la nicotina, tu vida discurre en una constante búsqueda de la excusa precisa para volver. Puede ser en la boda de un primo lejano, ante la certeza de que llegados a este punto deberíamos divorciarnos o tras un gol del Osasuna en su primera llegada a puerta. El caso es que vuelves. Con más o menos remordimientos, pero vuelves. Tal vez prefieras engañar al mono con un puro, como hizo Savic, sabiendo que eso ya es volver.

Uno deja de escribir sobre el Atleti y se siente falsamente libre. Aparca la esclavitud semanal de sacarle punta a un partido que en ocasiones nace desmochado. Sobreviene, además, la pereza de saltar a la arena para debatir con los que creen que Diego Pablo es culpable de casi todo, incluso del hambre en el mundo. Anda uno mayor para batirse en duelo al amanecer en twitter y aguantar que algunos (uno quiere pensar que son bots de esos que se encuentran a un taxista marroquí o catalán que te invitan a la carrera) sentencien que a Simeone se le ha acabado el ciclo. Padre, perdónalos porque no saben quiénes son Ibagaza y Álvaro Novo.

Uno deja de escribir sobre el Atleti porque es torpe y le cuesta encontrar las palabras adecuadas para describir la presión que hemos tenido entre el pecho y el estómago los dos últimos meses. Porque no es capaz de explicar lo que se siente cuando el balón se estrelló en el palo en Elche ni la razón por la que el mismo desmarque de Llorente repetido hasta la saciedad se haya convertido en un arma de destrucción masiva contra centrales izquierdos. Las musas te esquivan sabiéndote desesperado y te falta el cuajo que tuvo Carrasco para detener el tiempo y levantar la mirada para ver a Luis Suárez con ganas de entrar en la historia.  

Uno deja de escribir sobre el Atleti porque la vida le atropella. Siente que todo va deprisa, incluso en este año de mierda que nos ha obligado a parar para seguir corriendo. Aun así, no entiende que las prisas justifiquen que haya quienes piensen que Saúl y Koke están ya muy vistos o que Angelito debería dejar de intentar lo imposible en cada control orientado. Se nos está quedando el patio lleno de consumidores de comida basura. De Chiringuitos y cortijos. De tertulianos y participantes de Mastechef con plaza de aparcamiento reservada. De seres, en suma, que no conocen lo que es marearse por el calor cuando el sol del Calderón rompía la línea de presión del marcador del fondo sur.

Llegados a este punto tras mencionar el sol del Calderón, el artículo bien merece una pausa para la hidratación. Si van a quejarse de que jugamos con ventaja, que sea con razón.


Uno deja de escribir sobre el Atleti y, por encima de todo, nota que algo se ha dejado por el camino. Ya no podrá rescatar al primer Joao de la temporada, un Joao que ojalá pueda volver tras dejar atrás los trotes desganados. No podrá maldecir la sanción de Trippier. No debatirá sobre la bonanza del sistema de tres centrales ni sobre si lo de Herrera es parsimonia o templanza. Es tarde para decidir si Kondogbia y Torreira sirven o no. Pasó el tiempo de repasar las notas del Extraño caso del Dr. Lemar y Mr. Hyde. No procede ahora hablar de la espantada de Diego Costa, del que uno esperaba más y quizás mucho menos. Queda demasiado en el tintero.

Uno deja de escribir sobre el Atleti sospechando que no habrá casi nadie al otro lado con ganas de oír lo sobradamente repetido. Que antes de Simeone éramos mucho pero éramos menos. Que hemos acortado los tiempos entre un campeonato de liga y el siguiente de forma increíble. Antes, de uno a otro pasábamos del biberón a una litrona de Mahou con la que pretendíamos olvidar el nombre de a la que prometimos amor eterno. Que luchar con Goliath y Goliath y sus aparatos de propaganda es un milagro recurrente al que nos hemos acostumbrado, quizás injustamente. Que suceda lo que suceda, en la banda está el hombre de negro para hacernos sentir orgullosos cada día de lo que vemos sobre el campo, primeras partes tiradas incluidas.  

Uno deja de escribir sobre el Atleti creyendo, quizás equivocadamente que el equipo campeón de este año no es tan bueno gramo por gramo como el del 96 o el del 14, lo que tiene muchísimo más mérito. Hace tiempo que descubrimos que la lógica y la razón, al igual que los árbitros dialogantes, no existen. Finaliza el plantel la temporada con un saco de goles perpetrados por el delantero gordo, viejo y acabado, por el mediocentro reconvertido ahora en estilete ofensivo que no servía en la orilla turbia de la vida, y por el belga al que China se le quedó grandísima. Mención aparte merece está lo de Correa, un tipo que siempre escapa a la razón. En el otro lado del campo están Jan y su guardaespaldas Stefan. La presencia de ambos probablemente explique todo lo ocurrido sin olvidarnos de los demás, pero lo de ellos bien merece llenarse los pulmones de humo.  

Uno deja de escribir sobre el Atleti sabiéndose en deuda con lo ocurrido en un año que siempre recordaremos. Viejos, pero nunca derrotados, aburriremos a nuestros nietos recordando el Panda de Filomena, los contactos no tan estrechos, el mucho VAR y poco bar de este año de locura. Contaremos que hubo una primera vuelta de ensueño y una segunda que se hizo larga. Hablaremos sobre la presión brutal que los nuestros tuvieron que soportar. Sobre el mal perder de los de siempre. Sobre los estadios vacíos y los terceros anfiteatros llenos antes de tiempo. Sobre una camiseta rojiblanca bajo un equipo de protección en la UCI. Sobre Suárez llorando sobre el césped y cómo las rayas de los colchones nos permitieron viajar estando confinados. Sobre la vida y el Atleti, que es lo mismo y sobre el puntín de Correa, que fue todo saliendo de la nada.

Uno deja de escribir sobre el Atleti durante cuatro años pero siempre vuelve, aunque sea solo una vez más. Y lo hace después de que el equipo escriba una nueva página para guardar en la memoria. Sepan en todo caso que uno, escriba o no, es del Atleti aunque gane.

martes, 20 de diciembre de 2016

En la despedida de Domínguez

Cuando hace unos días anunció Domínguez con una mirada en la que se podría nadar que su espalda había dicho basta muchos nos sentimos culpables.

Para encontrar la raíz de su dolor quizás haya que remontarse varios años atrás. A un tiempo en el que el Atleti era una sombra que deambulaba por las competiciones como alma en pena. Adictos a cualquier tipo de esperanza, fue verle entrar con asiduidad en las alineaciones y allí nos subimos. A su espalda. Lo hicimos por su condición de canterano y por una determinación al ir al corte que recordaba al semblante de los que esperaban a que abrieran las puertas de los grandes almacenes en el primer día de rebajas. He venido a llevarme el balón, te pongas como te pongas, parecía decir Domínguez cada vez que se medía a un delantero. Sin circunloquios. Sin excusas. Dejando que el corazón supliera su falta de estatura y sus carencias técnicas.

A medida que el calendario avanzaba, más iban encaramándose a su espalda. Álvaro se convirtió en compañero ideal, yerno perfecto y titular indiscutible en un equipo lleno de discusiones. Con el tiempo llegaron los títulos, las llamadas, aunque quedas, de los seleccionadores y, lo más importante, empezó a adivinarse el Atleti parecido a aquel que nuestros mayores nos contaron del que ahora disfrutamos. Domínguez seguía llevando a un gran número de aficionados a cuestas pese a tener mucho menos nombre y cuota de responsabilidad que otros. De repente, un día quisimos creer la enésima mentira y el central se marchó, como tantos otros antes que él.


También ahí tuvimos culpa. Nos apeamos de su espalda como si nada, como si nos hubiéramos pasado de estación por ir distraídos. El brillo de lo que Simeone estaba consiguiendo nos hizo olvidar un poco a Domínguez pese a que él nunca nos olvidó. Le habíamos dejado como recuerdo un dolor de espalda permanente y ese veneno que las rayas rojiblancas inoculan sin piedad en sus víctimas. De repente, reparamos en que el tiempo ha ido pasando y, al volver a reencontrarnos con Álvaro, vimos reflejado en su cara el dolor que le lleva mordiendo demasiados años. El dolor que le produjo llevarnos a la espalda cuando aún era un chaval.

Por una vez el club estuvo a la altura e invitó a Domínguez a la cena de Navidad del equipo, a la que asistió como uno más, lo que siempre ha sido, y le encomendó realizar el saque de honor del pasado partido ante Las Palmas. De esta manera pudo recibir el calor de una afición que le ovacionó con cariño y también con algo de remordimiento. Por lo del olvido y, sobre todo, por lo de la espalda. Espero que sepa perdonarnos con la misma grandeza con la que defendió la rojiblanca ¡Buena suerte, central!

jueves, 1 de diciembre de 2016

Ha vuelto el Atleti

Sudor, contrataque y balón parado. La Santísima Trinidad de la religión cholista condujo a la victoria en Pamplona, retirando en gran parte la marea de dudas que los nuevos bocetos habían dejado. Ha vuelto el Atleti, pensó más de uno cuando al descanso reflexionaba sobre lo visto. Bastaron unos minutos para caer en la cuenta de que el añorado modelo se había hecho carne en la capital navarra pese al intercambio de golpes inicial, pese al necio penalti que Oblak supo descifrar con mano firme. Avisaron los de Simeone previamente como era costumbre: explotando al máximo los fallos del rival y recuperando la confianza en la estrategia. Llegó un gol de córner por fin y tuvo que ser Godín el que rompiera el maleficio de la pizarra. Un minuto más tarde, con el rival todavía valorando la herida dejada por la primera picadura, Gameiro finiquitó el choque definitivamente con un remate cruzado tras contragolpe fulgurante ¡Cómo se echaban de menos estos partidos que fallecían de inanición tras el primer gol del Atleti!

Es de justicia reconocer que gran parte de la culpa por la vuelta a los orígenes la tiene la presencia de Tiago sobre el campo. No falla. Cuando un rato antes de que los partidos del Atleti comiencen se confirma que sale Tiago de titular, las agencias de calificación de la deuda rojiblanca guardan todas las incertidumbres en un congelador no-frost de última generación. La inclusión del portugués asegura equilibrio, criterio a la hora de sacar el balón y, por encima de todo, mando en plaza. No extraña que el Cholo haya querido olvidarse de carnés de identidad y condicionantes estéticos. Contaban que cuando las fiestas del pueblo de al lado coincidían con los días en los que Matías, el pastor de espaldas tan recias como los montes en los que pasaba meses con el ganado, volvía a casa, los mozos iban con otro ánimo y hasta se atrevían a sacar a bailar a las chicas locales sin temor a ser lanzados al pilón. Ante cualquier escaramuza, Matías andaba al quite evitando que la sangre llegara al río. Lo mismo que Tiago, vamos. Miles de ataques rivales con pretensiones han muerto a sus pies por obra y gracia de su proverbial colocación. Miles de ataques rojiblancos de los que levantan del asiento tuvieron el prólogo de un primer pase suyo en vertical de esos que derrumban primeras líneas de presión. Con él sobre el césped el equipo se vuelve hermético, sí, pero también infinitamente más reconocible.


No es menos justo hablar también de Koke, no fuera a ser que algún despistado pudiera pensarle señalado por el párrafo anterior. La largamente perseguida y aplaudida adaptación del vallecano al mediocentro dotaba al equipo de un perfil más dado a plantear los partidos en una batalla a campo abierto en la que normalmente la pegada final decidía el rumbo. Siendo la apuesta válida en muchas citas, no dejaba de vivirse como una contradicción para un ejército que se mueve con comodidad en la guerra de guerrillas. Probablemente no fuera Koke el responsable de que el equipo se mostrase más vulnerable, pero ciertamente el resultado perdía empaque. Con él en el puesto de interior que le pertenece desde hace casi un lustro, se aprovechan de igual manera sus cualidades sin desguarnecer la fortaleza. Si en las impensables cotas alcanzadas no hace mucho Koke se movía en terrenos del ocho, ¿por qué cambiar? Su paso atrás no deja de ser un recurso a valorar, pero no tiene por qué ser el nuevo dogma.

Retornó el Atleti, el de siempre, cuando más necesario parecía. El partido del Reyno de Navarra comparte ADN con tantos otros encuentros en los que el conjunto colchonero consiguió la victoria desde el juego directo y la defensa sin fisuras. Choques que agonizan sin esperanza hasta el pitido final cuando los de rojo y blanco se ponen por delante. Es de imaginar a los próximos rivales contrariados, pensando en las mayores posibilidades de arrancar algo positivo con aquel otro Atleti menos áspero que se ha mostrado en el primer tramo de la competición. Sabemos que ese Atleti existe. Sabemos que es un lugar al que podemos volver e incluso disfrutar la estancia, pero este otro Atleti de Pamplona es el hogar. Nuestra casa. Ha vuelto el Atleti. 

jueves, 26 de mayo de 2016

Gracias

Artículo publicado en CTXT: 

http://ctxt.es/es/20160518/Deportes/6220/Emilio-Mu%C3%B1oz-Atleti-Gracias.htm

Gracias. Mejor decirlo al principio. Mejor que la primera palabra escrita sea gracias, que sea lo primero que alguien lea, no fuera a ser que pueda confundirse el objetivo de lo que viene a continuación. Vaya por delante que este ejercicio de agradecimiento quiere uno hacerlo hoy, con la gloria al alcance de la mano pero con la incertidumbre natural de citas tan grandes como la de Milán. Uno lo quiere hacer a unas horas del choque porque cree que es de justicia y porque no quiere que, borracho de triunfo o lamentando lo que pudo haber sido y no fue, algún despistado pudiera pensar que el sentimiento es otro. Lo que a uno le brota del interior es agradecimiento, más cosas también, pero sobre todo agradecimiento.

Gracias de nuevo para comenzar este párrafo. Gracias por los nervios que nos estáis haciendo pasar. Gracias por estos dedos en los que ya no quedan uñas. Gracias por hacer que el orgullo con el que uno pasea por su vida los colores rojo y blanco sea incluso un poco mayor. Gracias por hacernos gozar con lo que algunos califican de fútbol feo. Gracias por conseguir que a nuestros ojos sea arrebatador. Gracias por el fútbol directo y por el de orfebrería forjada al primer toque. Gracias por abrigarnos cuando el frío del invierno y la humedad del río aprietan. Gracias por no defraudar. Gracias por los planes que tuvimos que cancelar para estar a vuestro lado. Gracias por los fines de semana de emoción y los martes y miércoles de pasión. Gracias por el estallido de júbilo tras la tanda de penales que finiquitó Juanfran. Gracias por Barcelona y por Munich. Gracias por la trayectoria en Champions, en Liga y en Copa, aunque ésta última fuera breve. Gracias por los partidos en los que parecéis venir ganados de casa, por los partidos reñidos y hasta por las derrotas. Nunca agachasteis la cabeza ante ellas. Jamás dejasteis de merecer llevar la sagrada camiseta rojiblanca. Gracias por demostrar que un equipo pesa más que toneladas de individualidades dispersas. Gracias por todos estos años manteniendo al Atleti en el sitio que nunca debió dejar, ese sitio que es nuestro por historia y tradición.

Gracias una vez más. Gracias a Jan, por sus paradas imposibles y esa tranquilidad que es capaz de transmitir bajo el fuego enemigo. Gracias a Miguel Ángel, por asumir con impecable elegancia su situación. Gracias a Juanfran, por ser la persona que es y por las autopistas de ida y vuelta que dibuja en la banda derecha. Gracias a Filipe, por volver y hacer que su excelsa zurda nos hiciera olvidar cualquier paréntesis. Gracias a Stefan, por esa sobriedad que tan bien combina con esa cara de villano de película de James Bond. Gracias a Lucas, el hijo de Jean François, por todo el maravilloso presente con aroma de futuro que nos promete cada vez que salta al campo. Gracias Jose María, por jugarse la cara, la cabeza y el honor, si es necesario, para tapar un disparo a bocajarro. Gracias a Jesús, por no fallar cuando se le necesita. Gracias a Diego, por demostrar cada día que tiene metido este veneno muy dentro y por esas arrancadas, plenas de jerarquía, en las que juraríamos que le crece el bigote a medida que avanza metros hacia el campo contrario.


Gracias ante todo. Gracias a Tiago, por sus lecciones del primer tercio de temporada, por su sacrificio en el dolor y por retornar a tiempo. Gracias a Jorge, por ser el más reputado arqueólogo de los últimos pases y ser capaz de mezclar a la perfección la potencia de un panzer alemán con la sutilidad de un artesano latino. Gracias a Matías, por su paciencia y humildad a la hora de aprender. Gracias a Thomas, por llenar encuentros desesperanzados de ilusión y frescura. Gracias a Óliver, por poner el objetivo común por encima de todo en un año complicado. Gracias a Augusto, por parecer que lleva trienios a nuestro lado. Gracias a Saúl, por su despliegue, su potencia y por un gol que recordaremos hasta el día en que nos vayamos al otro barrio. Gracias a Gabriel, por la infinita capacidad de sus pulmones, por los kilómetros recorridos y porque a la hora de representarnos no se puede pedir más a un capitán. Gracias a Yannick, por sus gambeteos y esa sensación de invencibilidad que transmite a campo abierto. Gracias a Luciano, por aquel tanto con la espinilla. Gracias a Ángel, por revolucionar los partidos que exigen un levantamiento y por esos controles orientados de otro planeta. Gracias a Antoine, por su capacidad de convertir en gol cualquier traza de oportunidad y por hacernos dudar de si hay jugadores que corren con el botón de turbo de la consola apretado. Gracias a Fernando, por lo de ahora pero especialmente por lo de aquellos años. Gracias por dejarnos ser testigos de tu renacimiento, por ser uno de nosotros y por conducirte por la vida como te conduces.

Gracias a Germán, por su pizarra, su cronómetro al cuello y su conocimiento del juego, aunque no nos acabe de convencer que abandonase el chándal. Gracias al Profe, por exprimirles y pensar que siempre se puede dar más en cada ejercicio. Gracias al resto del equipo técnico, por facilitar la vida de los que nos hacen soñar sobre el césped. Gracias Diego Pablo, por existir. Gracias por enseñarnos y devolvernos tanto. Gracias por tus palabras y por tus silencios, por enseñarnos a vivir partido a partido. Gracias por demostrarnos que si se cree y se trabaja, se puede. Gracias infinitas.

Gracias a todos en suma por lo que estamos viviendo y por el camino que nos ha traído hasta este punto. Gracias por las noches en las que los niños y niñas del Atleti se han ido a la cama más contentos. Gracias por ayudarnos a soñar más fuerte junto a vosotros. Gracias por regar de sudor los campos del continente. Gracias por permitirnos mirar de igual a igual a los que por presupuesto deberían mirarnos por encima del hombro. Gracias por la simpatía perdida de los otros y por matar bien muerta la leyenda del Pupas. Gracias por esa media sonrisa que se adivina en la cara de Neptuno. Gracias por evidenciar que derrochar coraje y corazón no es solo una estrofa del himno. Gracias por los parques llenos de camisetas del Atleti. Gracias por enseñarnos que nunca hay que dejar de creer. Gracias en nombre de los que fueron, somos y serán. Gracias por ser los protagonistas de una bellísima historia que empezó a escribirse en agosto. Gracias por hacer que, llegados a este punto, nuestro agradecimiento se mantenga más allá de cualquier resultado. Esto solo podría acabar de una manera posible: Gracias.

jueves, 31 de marzo de 2016

Pronóstico reservado

Artículo publicado en CTXT:


“Pronóstico reservado”, musitó el galeno leyendo la tablilla que había descolgado de la barra a los pies de la cama del enfermo. También es mala pata, justo ahora que se nos viene la temporada encima, pensaron los más pesimistas. El paciente, vestido con un pijama rojiblanco, presentaba todos los síntomas del típico cuadro de estar en cuadro, valga la redundancia y el mal juego de palabras. Su dolencia provenía principalmente de la retaguardia. De la línea más fuerte precisamente, la que ha sido salvavidas al que agarrarse cuando el gol y la inspiración se acatarraban. Ingresó el paciente hace unos días, tras sucesivos pinchazos en los charrúas muslos de la pareja de centrales titulares. Empeoraba el panorama la anormalmente larga baja de Savic en los últimos choques. Por si todo esto fuera poco, los partidos de selecciones agravaron la crisis añadiendo dos nuevos quebraderos de cabeza: la espalda de Lucas y el tobillo de Saúl. Familiares y aficionados llegaron a temerse lo peor y preguntaban a los doctores antes de dejarse llevar por el desánimo. “Partido a partido”, recetaban los médicos antes de que algún administrador de extremaunciones apareciera en escena.

Pasaron los días con el enfermo en observación. Evolucionando más lentamente de lo que las ansias e impaciencias de sus allegados esperarían. Pese a todo, las nubes que a principio de semana parecían negrísimas apenas descargaron agua. Lo de Saúl y Lucas no era tan fiero como se pintaba y Savic recuperaba el alta coincidiendo con el fin de la operación retorno. Mientras tanto Godín, santo y seña de la defensa, capitán de la guardia de la noche que defiende el muro inexpugnable, trabajaba a destajo con la mirada puesta en el Camp Nou. El herido grave pasaba a leve en tan solo unas horas. No fue cosa de los antibióticos ni de ningún secreto revitalizante, simplemente hubo que esperar y no dejarse apresar por alarmismos ni informaciones desinformadas.



En cualquier caso, si la evolución del doliente finalmente no fuera la apropiada, convendría recordar un episodio de pánico parecido. Sucedió hace casi un par de años. Se jugaba el Atleti a dos partidos la matrícula de honor en una temporada que ya era de sobresaliente. El paciente mostraba también mal color a pocos días vista de las citas. Por entonces, las afecciones se concentraban en la vanguardia. Agoreros de aquí y allá se encomendaron a placentas de yegua y otras hechicerías. El campo del próximo rival en Champions quedó regado con las lágrimas dolientes de Diego Costa y de Arda Turan, el turco que prefirió ser animador desde el banquillo. Con un gol en contra y las filas maltrechas resurgió uno de los más grandes Atletis que se recuerdan, cabezazo de Godín mediante. Haría bien el rival y la parte más ceniza de la grada en no fiarse del diagnóstico y dejar a un lado ese pronóstico reservado. Quizás también convendría que apartaran las vendas con cuidado para tomarle la temperatura al enfermo. En momentos como los que se vienen, no hay mejor cura ante cualquier dolencia que la determinación de los de Simeone. Lo más prudente, en suma, debería ser mirar a los ojos del supuesto paciente y desconfiar. Desahuciar antes de tiempo a alguien con la mirada del color de las rayas de los colchones puede tornarse en suicidio. 

martes, 2 de febrero de 2016

Dos símbolos

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco: http://www.lavidaenrojiblanco.com/dos-simbolos/

Dos símbolos. Sentado uno frente al otro. Dicen las crónicas que había un testigo, pero su presencia, presidida por ese torvo apéndice nasal, siempre está de más. Aquí también sobraba. Los dos se miran a los ojos. Se dicen lo que tienen que decirse, conscientes de que en la iconografía atlética son mucho más que dos hombres que conversan. Hablan directamente, huyendo de los manoseados lugares comunes. Prescinden de formalismos y de convenciones. En momentos así no hacen falta. Afean la estampa, incluso. Son dos hombres nada más: Diego Pablo y Fernando. Fernando y Diego Pablo.

Compartieron vestuario siendo jugadores. Uno volvía del largo viaje de su carrera como futbolista y el otro echaba a volar con todo el futuro por delante. Uno estuvo presente en aquel triunfo que se marcó en nuestras almas, cuando nos hicimos mayores borrachos de doblete y el otro heredó un equipo en derribo. El Niño pecoso intentó tapar las innumerables vías de agua de una nave que naufragaba y se convirtió para todos en el único bote salvavidas al que agarrarnos para no ahogarnos en mediocridad. Años después, el destino y sus voluntades les volvieron a juntar. Ésta vez como entrenador y pupilo.



El nuevo encuentro les retrata a uno consagrado en su papel de apóstol del colchonerismo y al otro como al nunca olvidado hijo pródigo que retorna. El técnico que nos devolvió a esos lugares que habíamos dejado de frecuentar y el delantero que cada vez que celebraba uno de los innumerables títulos encontraba una excusa para acordarse de los que son sus colores. El jugador que lo había ganado todo volvía para ponerse a las órdenes del entrenador con el que volvimos a aspirar a ganar todo. El destino a veces se pone caprichoso.

Dos símbolos. Se sentaron el uno frente al otro y hablaron. Se desnudaron con palabras y ambos reconocieron en el otro interlocutor los mismos tonos en rojo y blanco. Apostaría sin temor a equivocarme a que los dos dejaron a un lado sus intereses más personales para pensar en el bien común. Seguramente se dijeron alguna que otra frase bien afilada. Probablemente hubo momentos de dolor. Es lo que tiene cuando uno se sienta a hablar con alguien mirándole a los ojos. Desde que se conoció la existencia de esa charla entre ellos, andan los medios y las redes pergeñando y figurando. Imaginando lo que fue. Los hay que reclaman conocer en profundidad el contenido de esa conversación. Les confieso que yo no quiero saberlo. Deseo que esas palabras queden siempre entre ellos. Son dos hombres nada más: Diego Pablo y Fernando. Fernando y Diego Pablo.