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jueves, 27 de septiembre de 2012

Crónica de oídas del Betis-Atleti


Fue ayer. Ayer mismo. No había habido señales previas de la gravedad de la situación. Ni una tos de esas que sale del pecho, ni un cambio de color. Nada. Hace solo tres días parecía lozano y sanote. Mostraba con desenvoltura imágenes del Celta-Getafe o del Athletic-Málaga sin presagiar lo malito que estaba. Cumpliendo con su obligación hasta el último momento. La verdad es que podría haber avisado, haber dicho algo para que nos hubiera permitido despedirnos de él. Se fue de la manera en la que vivió, silenciosamente. Sin poner un pero a si le colocaban al lado del DVD o de si el trapo que de vez en cuando le aliviaba del polvo era demasiado áspero. Fue ayer. Ayer mismo. Justo a las nueve menos cinco. Casi sin dar tiempo para la reacción ni para llamar a urgencias. A esa hora justo, el grandísimo cabrón del decodificador decidió dejar de funcionar…

Imaginarán ustedes las escenas de pánico que se vivieron en mi santa casa: movimiento de aparadores con fuerzas sacadas de insospechados lugares; expediciones a las partes traseras de los muebles machete en mano para intentar abrir camino entre la selva de cables; desenchufar todo y volverlo a enchufar; conectar el euroconector al ventilador y colocar la salida de la antena en la tostadora para ver si el destino sonreía. Nada. La oscuridad y el silencio por respuesta. Como testigo mudo, el bocadillo preparado con esmero y premeditación. Los días como los de ayer no son días para reducciones al Pedro Ximénez ni para lechos tibios de brotes tiernos, son días de bocadillo rápido pero contundente. Días para no despegar la vista de la pantalla y para comer con las manos. Ya si eso me pone usted mañana el rodaballo, que no anda uno en noches como estas para arabescos con la paleta del pescado.

El partido había comenzado ya en el Villamarín cuando servidor andaba ya en la fase de pegar puñetazos al aparato y la verdad es que el decodificador acusaba el castigo con estoicismo. Solo dio muestras de debilidad cuando un botón, uno de esos que nunca en la vida se había llegado a pulsar, saltó de la consola principal ejecutando en su caída un doble mortal con tirabuzón muy celebrado por el bocadillo, ya frío, y por el perro, que recogió el gimnástico botón del suelo al instante con el ánimo de otorgarle una medalla de mordiscos. Superada esta fase de negación, los siguientes movimientos se centraron en intentar ver el partido por internet. Esta fase de asimilación de la pérdida duró solo cinco minutos, los suficientes para comprender que con una retransmisión en la que los protagonistas se mostraban parados cinco segundos de cada cuatro poco se podría solucionar por muy aderezada que estuviera la congelación de imagen con unos excelentes comentarios en ruso con acento de Siberia, de Siberia del sur, para ser más precisos. A estas alturas de la película, uno se había perdido las alineaciones, los sistemas, ignoraba si el dominio era alterno y si el campo mostraba unas condiciones óptimas para la práctica del fútbol, pero aún así, inasequible al desaliento, revolví cajones, rastreé armarios empotrados y encontré al único compañero posible para compartir la pena de ayer: el transistor.

Oír un partido de fútbol por la radio en estos tiempos es difícil. Pudiera ser porque ya hemos perdido la capacidad de imaginar que teníamos antaño, cuando se oía eso de “baja el balón con el pecho a lo Rocío Jurado” o “patadón al cielo, cuidado con los ovnis”, pero pudiera ser más bien porque las emisoras radiofónicas han optado por dejar de radiar, qué bonita palabra, los partidos y dedicarse a crear empleo entre colectivos de exjugadores, exárbitros y hasta exmaridos con la característica común de ser humoristas frustrados. No pidan ustedes saber si el balón anda rondando un área o la zona medular, no pidan ustedes saber si los rivales presionan con denuedo o esperan agazapados, no pidan enterarse de lo que ocurre. Lo que les van a dar es un curso acelerado de baja comedia perpetrado por los más graciosos del vestuario y de las facultades de Ciencias de la Información que en el mundo han sido.

Entre chiste y chiste, el Betis metió un gol y debió ser también de chiste. Como pueden comprender, servidor reía a carcajadas ante el tanto verdiblanco, ante las ocurrencias de los contertulios y ante la inquietante mirada de ese maltratado decodificador al que anteriormente había ganado a los puntos en desigual combate. Mientras tanto, descansaba el bocadillo sin tocar encima de una servilleta de papel. Solo. Frío y huérfano. Había perdido el bocadillo la esperanza de acabar la noche calentito en un estómago cuando se oyó que Falcao aprovechó un pase que fue casi remate de Raúl García tras servicio de Arda, al que ayer imaginábamos de nuevo rizado. Tras el gol, las risas dejaron oír que el Atleti achuchaba, que el portero del Betis se erigía en figura y que era cuestión de tiempo el desnivelar la contienda. Animado por estas señales y dejándome empapar del clima humor reinante, ataqué el bocadillo casi helado, pero no tanto como el cuerpo que dejó el nuevo gol bético, una vez más de chiste. Hubo quien habló de la responsabilidad de Asenjo en los goles, hubo quien habló de la baja de un Courtois que encajó igualmente un gol acorde con los comentarios del gabinete humorístico habitual el domingo pasado, pero no hubo nadie que se acordara de Joel, que a la postre es el único que es de los nuestros desde chico.



Volvieron los equipos del descanso y anuncios de casas de apuestas (¿dónde quedaron esos spots del Restaurante Atrapallada y lo buena que hacen la lubina?) impidieron escuchar el penalti a Falcao y la expulsión que dejaba camino franco al Atleti. Se oyó que Diego Costa entraba en el campo tras el gol y marcó en el primer balón que tocó. Se descosió el Betis y se descompuso la grada tras polémica mano de Filipe y polémica mano con expulsión de un delantero verdiblanco con nombre de sopa y pasaron los minutos sin que pasara demasiado más allá de las chanzas de los comentaristas y los calambres en los empastes ante cada bocado del gélido bocadillo. Hubo tiempo aún para oír que un Raúl García recuperado brillantemente para la causa remachaba a placer otra nueva genialidad traída de Turquía y no hubo tiempo para más porque si lo hubiera habido, hubiera conllevado claro riesgo de ingreso por ataque de risa ante las mamarrachadas que se vertían en los estudios con pecera y micrófonos.

Hasta aquí esta crónica de oídas. Esta crónica ciega, como esas paellas con todo pelado que no acaban de tener la misma gracia que las otras. Una crónica desde la oscuridad que trae un resplandeciente segundo puesto. Una crónica de otros tiempos, de cuando no existía el payperview ni las plataformas digitales, de cuando se escuchaban los partidos por la radio y a la vez se veían en las salas de proyección de las cabezas. De cuando el balón, más amante que nunca besaba las mallas. De cuando los entrenadores del Atleti eran muy parecidos a éste que tenemos ahora. De cuando la radio deportiva era deportiva y no de variedades. De cuando el Atleti ganaba casi siempre y estaba en lo alto de la clasificación, como ahora. Fue ayer. Ayer mismo.

jueves, 7 de junio de 2012

Lo de casa, lo de fuera y el jamón de recebo


Ciriaco es de esos que siempre minusvalora lo que tiene en casa. De esos que posa la mirada más tiempo del que el decoro aconseja en las mujeres de sus vecinos a pesar de que su señora muestra una belleza y lozanía apreciable. Ciriaco acostumbra a arrepentirse de su elección de los platos del menú del día justo en el mismo momento en el que el camarero sirve el primero a sus compañeros de mesa. Suele pensar que el destino le prueba poniendo en su camino carnes poco jugosas cuando el pescado que reposa en el plato de enfrente está fresco. Malgasta su vida mirando hacia un lado con envidia insana y acomplejada mientras se hunde en el convencimiento de que la suerte sonríe enseñando más dentadura a los demás. No caben objetividades, lo de otros siempre es mejor.

Cualquier día de estos, Ciriaco verá como su mujer, harta de desaires, se echará un novio jovencito con cuerpo cincelado en gimnasios de barrio y paseará muy atortolada por delante de la casa consistorial agarrada de un brazo del volumen de un jamón de recebo. Cualquier día de estos, el especialista del aparato digestivo al que consulta Ciriaco, expondrá a nuestro protagonista que tiene una úlcera del tamaño del túnel de Viella no por su dieta, sino por lo mal que le sienta todo lo que come mientras lo compara con las pretendidas viandas que degustan otros. Entonces se acabarán carnes y pescados, serán tiempos de calditos insípidos y desgrasados. Tal vez entonces, Ciriaco sea capaz de valorar lo que tuvo en casa, o tal vez no, vayan ustedes a saber.  



Recurrentemente, Caminero se da una vueltecita por las Ramblas antes de pedir audiencia a las altas instancias deportivas de ese club empeñado provincianamente en ser algo más que un club. Uno se imagina a Jose Luis llegando a las oficinas blaugranas con un ejemplar de La Farola al pecho, pidiendo limosna en forma de cesión graciosa, aumentando la reciente leyenda atlética de responsable nodriza para que jugadores de otras casas pasen la edad del pavo con nosotros. Más allá de planificaciones y métodos de trabajo, esos grandes desconocidos a orillas del Calderón, la clave del lustre de la cantera supramesetaria la dio el recién huido entrenador de la mediterránea casa, ese de sensual claridad capilar y contumaz estrechez de corbata: “La diferencia entre otras canteras y la nuestra es que aquí los ponemos”. Ahí se resume todo. Sencillo, ¿no?  

Nuestro director deportivo, y por ende la sociedad anónima deportiva, pone ojitos a los polluelos de otros nidos mientras reparte finiquitos entre los cachorros de nuestra camada. Ahora que Pantic se aleja del filial y ya casi no nos alcanza la vista para verle la espalda, el equipo de este año se desmonta con esas maneras tan poco elegantes que son norma de la casa. Noguera, Regalón, el fornido portero y muchos otros se despiden dejando un sabor a no se sabe qué. Evidentemente, hay que huir de una visión nacionalista de la cantera. Evidentemente, no todos valen para el primer equipo. Aún así, uno se pregunta si este Tello que provoca suspiros es mejor a su edad que un Keko harto de ganar en todas las categorías inferiores del fútbol patrio al que no se le dieron apenas oportunidades ¿Dicen ustedes que no había tercer delantero esta temporada? ¿Hubiera valido Borja o incluso Ibrahima para ese papel? ¿Compensa mandar a Joel a hacer recados mientras se vitamina al belga de la triste figura?

La noria sigue girando y parece que da menos vértigo mirar a los lados que hacia uno mismo. Cantera y cantera, se dijo alegremente hace no demasiado con la boquita de piñón. Recurrentemente, Caminero, ese Ciriaco con barba de tres días y chaqueta de sport de marca, seguirá paseando su verbo fluido por oficinas ajenas. Deseando con avaricia lo que tiene el de enfrente y ninguneando lo de casa. Cualquier día de estos, veremos a uno de los canteranos desechados paseando atortolado del brazo de un equipo con el brazo como un jamón de recebo. Tal vez provocará úlceras tan grandes como el túnel de Viella por no haber sido capaces de valorar lo que se tiene en casa, o tal vez no, vayan ustedes a saber. 

viernes, 30 de diciembre de 2011

Alguien tiene que hacerlo

Miren que no me gusta ser portador de malas noticias. Miren que me duele como al que más venir a contar que los Reyes son los padres. Miren que siento ser yo el que les diga que ese cuñado tan antipático les levantó treinta euros haciéndoles trampas en el cinquillo postcena de Nochebuena. Lo siento, de verdad. Me gustaría no ser un pájaro de mal agüero. Me gustaría hacer borrón y cuenta nueva sin mirar alrededor, sin detectar cómo la miseria se amontona en las orillas por las que discurre el cauce de nuestro equipo. Me encantaría sentir los efectos de la anestesia y gritar eso de “Ole, ole, ole…Cholo Simeone” pensando que se acabaron los problemas. Pagaría por ser capaz de mirar a los puestos Champions o de Europa League en vez de sentir en la nuca el gélido aliento de los puestos de descenso. Me seduciría la idea de dejar de leer artículos tan pesimistas. Dormiría infinitamente mejor si pensara que a partir de hoy, los jugadores saldrán a ganar en todos los campos y a correr como nunca antes han corrido. “¿De verdad era tan fácil? ¿Por qué no habrán traído al Cholo antes?”, se preguntan algunos que concluyen sin haber visto llaga donde meter el dedo.

Conste que pienso que el cambio de Manzano era absolutamente necesario y de que Simeone, a pesar de su condición de incógnita por despejar, aúna varias cualidades que le dotan de notables ventajas de antemano. Además, sabe transmitir el mensaje. Sabe decir lo que se quiere oír, conoce las teclas a tocar. Siempre lo ha sabido hacer. Igual cuando jugaba que ahora que sienta sus posaderas en sillas de oficina. Entiendo cierto grado de ilusión que trae el argentino debajo del brazo y a la que muchos necesitan agarrarse de manera desesperada en el recurrente ejercicio de supervivencia anual. Comprendo esa búsqueda de una identidad perdida, de ese orgullo que tenemos casi olvidado en algún bolsillo de un pantalón que hace tiempo no nos ponemos. Lo comprendo casi todo, en serio.



No comprendo, en cambio, la falta de memoria. No comprendo que los árboles recién plantados con el nuevo técnico impidan ver el pútrido bosque que se extiende en la periferia. No asumo nuevas ventas en invierno. No puedo compartir ese afán de reforzar a un rival, directo aunque nos pese, regalándole a un jugador que seguramente merezca salir pero no a cualquier precio y destino. No alcanzo a ver qué pasa con esa cantera que iba a ser piedra angular. No puedo dar consuelo a Koke, ni a Pulido, ni a Joel. No soy capaz de mirar a los ojos a los alevines tras su brillante victoria de ayer y asegurarles que tendrán un hueco en el equipo cuando se hagan unos hombres. No sabré explicar el por qué de que les cierre el paso en el futuro plantel un mozalbete portugués representado por un fondo de inversión. No tengo ni pajolera idea si para ir a la Peineta tendremos que sacarnos el abono transportes B1. No estoy convencido de que Fran Mérida no valga para el equipo. No sé si el contrato de Indy es sólo para las primeras partes, porque si se quedara después del descanso, habría que pagarle horas extras al precio estipulado en el convenio de mascotas de peluche. No sé qué parte de la anatomía de Falcao nos pertenece realmente ni si Pizzi se convertirá en calabaza a las doce de la noche del día 31, una vez acabe el plazo para su opción de compra. Echo en falta más voces críticas, aunque los batacazos recurrentes hayan hecho aflorar alguna que otra que hasta ahora guardaba un silencio investido de complicidad. No sabemos, sobre todo, por qué ellos siguen ahí. No salen ni por acción de la justicia, ni de hacienda, ni de la audiencia de Gran hermano. Y no hay manera de entenderlo. Bueno, ahora que lo pienso, sí. Eso es de las pocas cosas que comprendemos perfectamente. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Fresca tarde de excusas y meriendas-cenas

“Pues sí que es mala suerte que a su hijo le haya sobrevenido un ataque de varicela galopante y tengamos que cerrar la tienda antes”

“O sea que no se va a quedar a la auditoría porque tiene una filtración en la general bajante y tiene dos palmos de agua en el cuarto de la plancha”

“Usted verá, Minglanilla, váyase si lo cree oportuno pero este pedido tiene que salir hoy por muy inquietante que sea que a su suegra haya habido que ingresarla por envenenamiento al morderse su propia lengua”


Estos horarios tan europeos hicieron que la tarde se llenara de excusas a lo largo de nuestra geografía. Tuvieron los atléticos que lanzarlas indiscriminadamente para llegar a casa a tiempo de ver a su equipo en Glasgow. La ocasión merecía la pena, por el rival, por el campo y por la historia que lleva prendida de la solapa este enfrentamiento desde aquella épica batalla del 74. Amén de las excusas, todos procuraron organizarse con celeridad. A los niños se les dio de merendar antes que de costumbre, a los perros se les brindó un paseo apocopado en el que casi no les dio tiempo más que a culminar los ciclos excretores de sus sistemas digestivos, a los manjares que se agolpan en las neveras se les comunicó que no saldrían porque esa noche tocaba comer de lata o llamar a la pizzería. Finalmente, los hinchas se sentaron delante de la tele, todavía con la corbata al cuello o las medias buenas puestas. Hasta hubo tiempo de ponerse un bolecito con patatas fritas, con cortezas o con aceitunas mancilladas por pepinillos sátiros. Por los pelos, pero llegaron a tiempo…

Manzano nos dio más excusas para torcer el morro con la alineación. Salían del equipo Domínguez y Assunçao, dos de los más destacados en esa otra batalla carnicera (o eso se siguen empeñando en decir los palmeros del ser superior) que se libró el fin de semana pasado y volvían a hacer dúo dos de las parejas que nos alteran más: Mario y Gabi y Godín y Miranda. Empezó el partido movidito: con Salvio demostrando que debe tener gol pero que no se acuerda de dónde lo ha dejado, con Courtois sacando dos balones a bocajarro que nos hubieran atragantado los aperitivos, con los mediocentros poniendo excusas peregrinas para no destacar ni en defensa ni en ataque. Parecía un partido de esos tan de ida y vuelta que suelen acabar para nosotros en vuelta con las orejas gachas cuando los dos por los que debe pasar todo empezaron a mirarse, se hicieron señas secretas que sólo los bajitos y culibajos conocen y se adueñaron del partido, hecho éste no muy difícil por la calidad del adversario. A Arda y Diego me refiero. Llevan estos dos algunos partidos a un más que aceptable nivel. Ambos dos, demuestran ganas y compromiso, algo raro de encontrar en bastantes de los que antes se ciñeron la rojiblanca viniendo con el cartel de artistas. A pesar del desafortunado cambio que el párroco Don Gregorio recetó al carioca en el combate sangriento del sábado, Diego sigue mostrando ganas y parece que no afronta tan acelerado los partidos. Aún así, todavía tenemos ganas de verle compartiendo mediocentro con Assunçao, los dos solitos, para ver cómo funciona el equipo. Arda es caso aparte. Desde su llegada se ha convertido en uno de nuestros ojitos derechos, siempre deja detalles de hechicero del balón y ayer abrió el camino del gol con la inestimable ayuda de un defensa que se agachó ante su disparo como antes lo hicieron otros jugadores precursores de la protometrosexualidad jugando contra la Yugoeslavia de Stojkovic en el mundial del 90.



Vayamos ahora con los dúos de los que les hablaba antes. Aprobado raspón para los centrales, que no consiguieron más nota por su tendencia a acularse, al patadón espinillero y por no dar sensación de tranquilidad a pesar de tener enfrente delanteros limitados. Les ayudó mucho Perea, ayer notable, demostrando que la cacería que se ha organizado con él como pieza protagonista no le afecta. En cuanto a los mediocentros, Gabi estuvo más entonado, sobre todo en las fases de ataque, Mario volvió a fallar. Vaya por delante que Mario gustó la temporada pasada en la mayoría de sus actuaciones. También a favor suyo juegan el hecho de ser de la casa y la personalidad que hay que tener para lucir ese peinado que homenajea al anidamiento de la grulla parda, pero está dejando pasar demasiadas oportunidades. Impreciso en el pase, lento en la transición y descolocado posicionalmente en defensa, se empiezan a acabar las excusas para mantenerle en el equipo con tal asiduidad. Ya se sabe que cada entrenador tiene sus filias y fobias y Suárez se cuenta entre los antojitos de Goyo, pero se echa de menos un mejor reparto de las oportunidades con Koke por ejemplo, al que se sospecha casi hastiado como lo estará Joel, como lo estará Pulido y como lo estarán muchos más que sumar a los Ibrahima, Keko, Cedric, Borja, etc., ante la cobardía de los últimos técnicos y su tendencia a ningunear la cantera (probablemente jaleados por una directiva que sabe que los canteranos, de comisiones, andan justos).

En definitiva, partido aseado ante un rival justito. Victoria fuera, lo que es noticia, y en un campo con mucha más historia que espectadores ayer. Un campo que fue regado hace años con el sudor y la sangre de unos melenudos atléticos que hicieron historia y en el que estos rojiblancos del futuro ganaron como no debía ser de otra manera. Hay ocasiones y rivales ante los que no valen excusas…Y siendo el Atleti, esas ocasiones y esos rivales deberían ser casi todos.

“Claro, no te comes las verduras porque te has puesto de panchitos y de aceitunas violadas como el tenazas…Siempre la excusa del fútbol”

jueves, 10 de noviembre de 2011

Canteras, dificultades y comisiones

Virgilio es un pequeño gran jugador de los que habitan en la cantera del Club Atlético de Madrid Sociedad Anónima Deportiva. Él no sabe de apropiaciones indebidas ni de cooperaciones necesarias, él solo sabe de gambetear por la banda derecha y de dejarse literalmente la piel del trasero y del alto muslo en los campos de tierra o de césped artificial en los que disputa sus partidos el Cadete E rojiblanco.

Desde ya hace algunos años, acude a entrenar con disposición tres veces por semana para alimentar el sueño que tiene desde que casi no levantaba un palmo del suelo. Ha ido escalando peldaño a peldaño una escarpada montaña de sueños en la que sus compañeros también son sus competidores por ganarse el puesto, seguir formándose en la cantera colchonera y, quién sabe, a lo mejor algún día llegar al primer equipo y sentir cómo debe ser eso tan especial de que un estadio entregado coree tu nombre.



A medida que se va haciendo mayor, también repara en la dificultad añadida que tienen los chavales de la cantera para llegar al fin que les relataba más arriba. Sigue manteniendo intacta la ilusión, por supuesto, pero ya no le parece tan pesado eso de tener que estudiar para sacar buenas notas, que nunca se sabe. Virgilio no acaba de entender cómo se pudo vender a De Gea, cómo es que Joel ha visto cerrado su paso por un portero muy bueno pero que se encuentra aquí de paso. Tampoco llega a comprender qué pasó con Keko y su no renovación a pesar de ser una de las promesas más firmes de la cantera española. Le cuesta asumir el rol de Koke en el equipo, cada vez más secundario a pesar de que nunca defraudó las expectativas depositadas y se pregunta por qué hubo algunos que dudaron y siguen dudando de Domínguez. Se pregunta muchas cosas, tal vez demasiadas. Tal vez solo sea un adolescente lleno de dudas como los demás.

Lo que no sabe Virgilio es que nosotros tenemos las mismas dudas que él a pesar de que ya casi no nos acordamos de cuando éramos adolescentes. Tenemos también la duda de si Virgilio tendría más oportunidades si en vez de ser de Madrid fuera de Cascais o si en vez de que fuera su padre el que le acerca a los entrenamientos se buscara un representante de traje impecable y moral relajada. Uno mira a esos campos de entrenamiento donde habita el fútbol puro y le parece encomiable la entrega de los chavales sabiendo lo difícil que lo tienen. Uno piensa que no lo deberían tener tanto. Cuidando a los Virgilios de hoy tendremos un equipo identificado e identificable mañana. Claro que a lo mejor no queremos gente que se deje el trasero al lanzarse a la hierba para tapar un disparo rival, a lo mejor lo que queremos es jugadores que dejen unos euros limpios a base de comisiones. Vayan ustedes a saber.