No acababa
todavía de pitar el árbitro el final del partido con la alevosía del que
pretende ahorrar sustos y malos ratos indebidos al titular de la plaza cuando
la legión de plañideras habituales empezó a extender su cenizo manto por la
geografía patria: Ahora ya sí que no, sin Costa no va a haber manera de meterles
mano a estos en la vuelta ¿Y la Liga? Lo de la Liga va a ser una pena, tanto
nadar para morir cuando ya se ve la orilla en lontananza. La legión de plañideras
y otras lloronas augura derrotas en todos y cada uno de los partidos que el
Atleti afrontará de aquí a final de temporada y echa cuentas con una
calculadora científica Casio de si se podrá conservar en el menos malo de los
casos la tercera plaza, que si tenemos que ir a la Champions del año que viene
vía fase previa, nos echa seguro un equipo esloveno de corte defensivo pero
alegre en el despliegue gracias al talento de un mediapunta con el nombre lleno
de consonantes que solo conocen Maldini, Axel Torres y el niño de la del quinto, que va por mal camino en la vida.
Yendo al
meollo del asunto, al del partido me refiero, las plañideras, entre hipidos, apagaron
los televisores cuando vieron al de Lagarto echarse mano al alto muslo y se
fueron a la cama sin tomar postre, para castigarse más. Otros en cambio,
preferimos trasladar el mantra del partido a partido a un entorno más local e
impaciente para vivir el encuentro de ayer minuto a minuto, detalle a detalle.
La lectura pesimista, esa lectura que parece sin motivo haber estado aparejada
a la historia rojiblanca a pesar de ganar mucho más de lo que se perdió y de sonreír
mucho más de lo que sufrió, mostraría que el Atleti no jugó demasiado, que se
limitó a cerrarse de manera ordenada despreciando el balón la mayoría de las
veces. Otras lecturas, las de servidor por ejemplo, resaltan con admiración la
fortaleza mental de un equipo al que un tirón inoportuno y traidor derrumba el
plan diseñado para abordar el castillo ajeno. El pinchazo en el muslo de Diego
tiró por tierra la estrategia del balón largo y el ir a buscar al rival a sus
terrenos y el equipo asumió el golpe con naturalidad, buscando otro camino,
como siempre hizo cuando encontró una senda obstruida. Decidió El Cholo
entonces esperar, ejecutar esa coreografía de líneas juntas que el equipo baila
con tanta perfección y sincronía. Decidió Simeone cambiar de plan, dejar de ir
a presionar a un portero con alma de corista de varietés, alejar un poco más a
Villa de la portería que tan cerca estuvo de perforar cuando el partido recién
nacía y uno está convencido de que si hubiera elegido otro plan, el C o el plan
H, también hubiera acertado, como suele hacer siempre.
Dirían las
plañideras que tras los primeros minutos no se vio al Atleti y de nuevo
estarían erradas. Se vio a un Atleti rocoso, denso, un Atleti que no lo pasó
mal salvo en los cinco minutos posteriores al gol de Marimar aunque estuviera
enfrente el equipo de la pretendida excelencia, el equipo de la delicadeza, de
los entrantes servidos en cucharilla para descubrir mejor las diferentes
texturas, ese equipo que tantas veces aburre y al que dan ganas de pitar pasivo
sin necesidad de ponerse el traje de árbitro de balonmano. Dijo Simeone en la
rueda de prensa de la víspera que el equipo competiría y de nuevo lo hizo, con
sus armas, no con las de otros que pretenden pensar que solo hay un camino para
llegar a Roma o a Lisboa.
Argumentarían
las plañideras que el portero sacó un par de manos estratosféricas y uno
coincide en eso y bendice el día en que Thibaut entró en nuestras vidas con su
acné, su nariz de presidente de república francesa y su flequillo de estudiante
de BUP, a la vez que maldice el día en que Londres le llame a filas de regreso
sin que haya más que resistencia pacífica desde Madrid. Añadirían pañuelo en
mano las plañideras que como el gol de Diego sale uno de un millón y otros
pensamos que qué fortuna la nuestra de que haya salido en tan noble
circunstancia. Es curioso que Diego, al que servidor aún le sigue viendo como
accesorio, fuera el que dejara de lado su inclinación hacia el barroquismo y el
control orientado algo exagerado para plasmar en tamaño zapatazo las enseñanzas
absorbidas en la Bundesliga, competición en la que se venera el tiro a trallón.
Con el
partido todavía caliente las plañideras se llevaban las manos a la cabeza
pensando en las ausencias que habrá en la vuelta, en las cortedades de
plantillas, en los ya te decía yo que estos no iban a aguantar, en los bastante
lejos han llegado con la carita de hambre que traían y otras paparruchas semejantes.
Basándose en tan aberrantes conclusiones asegurarán también comprender el porqué
de jugar al límite del reglamento y otras atrocidades que los tertulianos de
camiseta Zanussi perpetran pero habrá otros, y uno espera que sean muchos, que
disfrutan de lo lindo de la temporada que nos ha tocado vivir. De los matices
que uno encuentra en cada partido, de aquella nueva jugada de pizarra ensayada,
de los planes B, C o H, de los titanes hispanobrasileños que se llevan la mano
a donde el trasero empieza a perder la batalla de la gravedad y de los
guardametas que se ponen más nerviosos en un examen de recuperación que ante un
penalti. Hace tantísimo tiempo que uno
no veía la botella tan llena que le parece que todavía podría albergar un poco
más de ese líquido que nos da la vida…y olvídense de las plañideras, leches…













