Jugaba el Atleti
la vuelta de los octavos de final de Copa y lo hacía tras sacar adelante en
pocos días un incómodo partido en Málaga, una ida de eliminatoria en Valencia y
tras jugarse en casa el campeonato de invierno tuteando con descaro y a veces con
despotismo al equipo que guarda entre las rayas azules y granas de su camiseta
(la camiseta de verdad, no ese esperpento con trazas de polo de cítricos con el
que se presentó a jugar) el misterio de la estética en el fútbol. Jugaba tarde para
ser un día entre semana pero seguro que muchos no se enteraron. Jugaban dos
equipos con el espinazo doblado por la historia que sus escudos llevan a las
espaldas y los medios se hacían eco del tema para rellenar páginas o minutos,
dedicándole al evento un recuadro nimio y escuchimizado al lado de los
resultados de la quiniela hípica o del campeonato castellano-leonés de hockey sobre
patines. Se entiende el descuido, o pudiéramos decir desprecio tal vez, porque
los medios andaban todavía epatados por las cuitas, dimes y diretes de lo que
se vivió un día antes en una gala en la que se entrega un premio amañado, previsible
y sobre el que se ha montado una campaña que ríanse ustedes de la electoral
para acceder a la presidencia de cualquier país. Más allá de la inmensa alegría
que el ciudadano medio español sintió en sus carnes al ver como le daban el
premio a un portugués de Madeira bastante peliculero y de que en calles y
plazas el pueblo saliera a celebrarlo de manera espontánea, jugándose incluso
la neumonía bañándose casi en cueros en cualquier fuente, llama la atención lo
que da de sí una gala de esta naturaleza tanto antes como después de su
celebración, llama la atención lo que se puede llegar a analizar sobre solapas
de raso y trajes carmesí, sobre los gestos, mohines o alzamientos de cejas de
cada protagonista y lo poco que importan otras cosas. Conocido es que la Copa es una competición
maltratada desde sus adentros por los prebostes del fútbol patrio, garantes de
la gestión cortoplacista o más bien de tirar como un burro con anteojeras sin
pensar nada más pero a uno estas cosas le hacen reflexionar y le ponen triste y
contento a la vez.
Volviendo a la
dichosa gala, no solo se centra la misma en darle el dorado esférico a un
niñato repeinado, de eso nada. También se elije el mejor once de 2013, el mejor
entrenador y algún que otro galardón con vocación de pedrea balompédica. Ganó
Heynckes el de entrenador y pareció justo por la temporada del Bayern pero
sorprende la ausencia entre los nominados de Simeone, el único entrenador que
ha sido capaz de resucitar a un muerto y hacerlo campeón. En cuanto al once
ideal, aparecen los mismos nombres de los mismos equipos de manera recurrente y
a uno le extraña solo ver a Falcao y a un muy escondido Diego Costa entre los
que han obtenido votos. No aparece entre los nominados ni un pelo del flequillo
de Courtois, ni la tranquilidad de Miranda ni un Filipe Luis al que no se le
pueden comparar demasiados laterales izquierdos del orbe. Tampoco aparece Arda,
y aunque eso pudiera llegar a ser más comprensible, a nosotros, ardaturanistas
de pro, nos deja escamados. Les decía antes que pensar sobre estas cosas deja a
uno triste pero a la vez contento y es cierto, entristece ver un circo montado
para unos pocos, los de siempre, y que se premie la campaña mediática o la
costumbre más que el mérito pero pone contento ser uno de los que conoce y
valora la grandeza de lo que está haciendo este Atleti aunque no se pondere de
manera justa a nivel mayoritario. Cualquier día de estos, el calendario o un
bombo hará cruzar los destinos de un equipo plagado de galardones, de laterales
premiados y de entrenadores reconocidos con este Atleti silencioso pero
inapelable y entonces, más de uno empezará a conocer quién es ese turco
patizambo que enamora al balón con caricias sutiles.
Puso Simeone en
liza al equipo de gala y rotó a Koke, tal vez algo cansado en los últimos
lances, y a Villa, desaparecido en combate como Chuck Norris, para dar entrada
a Raúl García y Sosa. Conocido aunque redescubierto el navarro, el respetable
empezó a fijarse en lo que hacía el nuevo fichaje y en los minutos que estuvo
no dejó muy claro lo que esperar de él. Sosa mostró anatomía tatuada, pecho de palomo
y más errores que aciertos aunque eso no le arrugó. Sacó los balones parados
malamente y con flojedad pero puso un par de centros aprovechables aunque
demasiado lejos de línea de fondo. Habrá que seguir vigilando al argentino para
formarse una opinión sobre él. Entre pormenorizados análisis de los aficionados
sobre Sosa se fue marchando una primera parte en la que tuvo el Valencia algún
detalle y tuvo el Atleti oficio y también algo de relajación, lo que puede
parecer lógico tras la paliza del sábado. Tuvo tiempo Courtois de sacar una
mano a disparo de Bernat que completó más tarde con un par de intervenciones más
que le hicieron valedor del título de hombre de la eliminatoria. A lo largo de
los dos partidos, el equipo ché ha visto al belga enorme, inexpugnable y dio la
sensación de no tirar a puerta o hacerlo desviado por no tener que toparse con
un portero en tal estado de gracia.
El partido, que
pudiera haber fallecido por causas naturales con el cero a cero inicial sin
mayores sobresaltos, quiso regalar dos goles en forma de balón parado. Dos
goles salidos de esa infinita pizarra que el Mono Burgos tiene en la pared de
su despacho, esa que uno imagina llena de fórmulas y de raíces cúbicas que
calculen con dos decimales de exactitud el momento en el que la cabeza del
rematador impactará con el balón puesto al área. Fue primero Godín, tras salida
de Guaita a por uvas, el que marcó. Ya en la recta final volvió a mostrar su
idilio con el gol Raúl García en un remate de esos que solo sabe hacer él con
partes de la cabeza no aptas para el remate en el resto de los mortales y
centrodelanteros.
Poco más pudo
hacer un Valencia de moral frágil ante un equipo con tan sólidas convicciones. Pasa
el Atleti de ronda mostrando poco pero tal vez no habiendo repartido minutos y
esfuerzos de manera más igualitaria. Dice El Cholo que los profes aseguran que
el equipo no se va a caer físicamente pero es de esperar un lógico bajón, habrá
que gestionarlo cuando aparezca como es menester. De manera tranquila. Pausada.
Como se está gestionando todo gracias a un entrenador que no aparece en las
ternas de los mejores cuando lo es y a unos jugadores que a cada partido
agrandan el hueco que se están reservando para acceder a la historia a pesar de
ser invisibles al resto del mundo, al menos a ese mundo que solo vive pendiente
de los de siempre, pendiente de gestos, mohines y alzamientos de cejas,
pendiente de solapas de raso y de trajes carmesí








