Desde tiempos inmemoriales ha sido Albacete estación de paso camino de otros menesteres y travesías. Un paréntesis obligado por ubicación y hospitalidad que se aliña con bocadillos kilométricos y vinos de la tierra. La localidad manchega ha sido también muy socorrida a la hora de adquirir esos recuerdos vacacionales que se olvidaron en el fragor del chiringuito playero:
– ¡Uy!....y además del de lomo con queso y el de jamón, mira a ver si encuentras unos cuchillos para mi madre, que no le llevamos nada. O unos Miguelitos, que siempre se agradecen…
Amén de por sus megalómanas ventas de carretera, tan propicias para la adquisición del recuerdo fugaz, Albacete se posicionó en el mapa futbolístico hace ya algunos años. De esa añorada época atesoramos los aficionados al fútbol recuerdos de Coco y de Conejo, de corners sacados por Catali que enganchaba Zalazar en singular volea al borde del área, de un billete a la gloria comprado por Molina y Santi, de psicólogos de borceguí y de entrenadores con gafitas de relojero precursores de la presión sobre saque de banda y el palabrerío fútil.
Si además ustedes se tildan de atléticos, esos recuerdos quedan presentes pero empequeñecidos por otro. El de un mozalbete rubiejo y pecoso que nos regaló su primer gol y una victoria cuando andábamos liados en infiernos e intervenciones judiciales. Albacete. Tierra de paso. Tierra de recuerdos. Tierra donde Fernando Torres metió su primer gol con la rojiblanca.
El Atleti volvió a Albacete con la coartada de la Copa, competición a la que, desde el inicio de temporada, se ha marcado como piedra angular del enésimo proyecto junto a la Europa League. Uno, que es muy desconfiado y lleva ya demasiados años oyendo mensajes corporativos, piensa que eso quiere decir que no esperemos demasiado de la Liga, pero ya saben, será que uno es un amargado. Los prebostes del fútbol español condenan a la Copa a un sistema cobarde de doble partido que anega calendarios y desmoraliza al modesto, pero ya sabemos que en el fútbol español, en vez de igualdad y emoción, se busca resumir las temporadas en dos o tres partidos con los mismos contendientes, con circos de tres pistas en las ruedas de prensa y con tertulianos al borde del ictus casi todas las noches.
Éste cobarde sistema copero favoreció anoche a los nuestros inmerecidamente. Y conste que digo favoreció porque esperamos reacción en la vuelta, que a lo mejor ni eso. La existencia de esa injusta segunda oportunidad aconsejó a Manzano dejar en Madrid a varios de sus más destacados peones y a no ponerse traje para el partido, considerando que era partido a ganar en chándal. Salió condescendiente el Atleti, sin querer mancharse la camiseta con contrarios de tan baja alcurnia.
–Fíjate qué pintoresco…El lateral izquierdo se llama Zurdo… ¿cómo va a sorprender desdoblando a su interior si pregona su facultad en la camiseta con semejante redundancia posicional? –murmuraban en los primeros compases del encuentro algunos de los miembros de la pléyade de mediapuntas (..con perdón) que pueblan nuestra plantilla.
Goyo, ese técnico que tan bien nada en los mares embravecidos de la valentía, dispuso solo un punta ante la entidad del adversario y tres mediapuntas (de nuevo perdonen…) por detrás. Los tres mosqueteros del último pase se desplegaban como sigue: Juanfran, jugador de banda derecha jugaba por la izquierda, Pizzi, al que hemos visto detallitos desbordando por la siniestra, en el centro y Salvio, crack de youtube e ídolo de masas en Lusitania, por la derecha. Ante tamaña declaración de intenciones, algunos, de nuevo llevados por la desconfianza, conjeturamos sobre una posible posesión de un espíritu de entrenador con gafitas y verbo fácil sufrida por el señor Manzano, porque en otro caso, no se entiende. Sacó también una defensa de canteranos, lo que gustó más a la parroquia, en donde se revelaron las dos mejores noticias de la noche: Manquillo y Pulido. Ambos cumplieron. Ambos, junto a un Domínguez ayer no muy afortunado y un Koke al que se le vieron cositas en la posición que algunos pedimos para él, dejaron claro que puestos a buscar según qué soluciones, mejor mirar al Cerro del Espino que hacia Sao Paulo o Lisboa.
Poco más les contaré del partido porque no lo merece. Encuentro perfectamente olvidable, uno de tantos que hemos sufrido en este camino hacia ninguna parte. Ningún nuevo recuerdo a añadirse a los que traíamos en la maleta. Una nueva muestra del crecimiento innegable de la sociedad, menor que la presentación de la maqueta de la Peineta, que eso sí que es crecer desmesuradamente, pero crecimiento al fin y al cabo. Un nuevo episodio en el que se escenifica que los resultados y la historia son minucias, que lo importante son los accesos y las zonas comerciales que tendrá el nuevo estadio. Y si a ustedes no les gusta, ¡ajo y agua! Que son ustedes unos amargados que solo viven de sus recuerdos. Aunque los hayan comprado en un bar de carretera. En un bar de Albacete, estación de paso…



