viernes, 9 de diciembre de 2011

Recuerdos de Albacete

Desde tiempos inmemoriales ha sido Albacete estación de paso camino de otros menesteres y travesías. Un paréntesis obligado por ubicación y hospitalidad que se aliña con bocadillos kilométricos y vinos de la tierra. La localidad manchega ha sido también muy socorrida a la hora de adquirir esos recuerdos vacacionales que se olvidaron en el fragor del chiringuito playero:

 – ¡Uy!....y además del de lomo con queso y el de jamón, mira a ver si encuentras unos cuchillos para mi madre, que no le llevamos nada. O unos Miguelitos, que siempre se agradecen…

Amén de por sus megalómanas ventas de carretera, tan propicias para la adquisición del recuerdo fugaz, Albacete se posicionó en el mapa futbolístico hace ya algunos años. De esa añorada época atesoramos los aficionados al fútbol recuerdos de Coco y de Conejo, de corners sacados por Catali que enganchaba Zalazar en singular volea al borde del área, de un billete a la gloria comprado por Molina y Santi, de psicólogos de borceguí y de entrenadores con gafitas de relojero precursores de la presión sobre saque de banda y el palabrerío fútil.

Si además ustedes se tildan de atléticos, esos recuerdos quedan presentes pero empequeñecidos por otro. El de un mozalbete rubiejo y pecoso que nos regaló su primer gol y una victoria cuando andábamos liados en infiernos e intervenciones judiciales. Albacete. Tierra de paso. Tierra de recuerdos. Tierra donde Fernando Torres metió su primer gol con la rojiblanca.


El Atleti volvió a Albacete con la coartada de la Copa, competición a la que, desde el inicio de temporada, se ha marcado como piedra angular del enésimo proyecto junto a la Europa League. Uno, que es muy desconfiado y lleva ya demasiados años oyendo mensajes corporativos, piensa que eso quiere decir que no esperemos demasiado de la Liga, pero ya saben, será que uno es un amargado. Los prebostes del fútbol español condenan a la Copa a un sistema cobarde de doble partido que anega calendarios y desmoraliza al modesto, pero ya sabemos que en el fútbol español, en vez de igualdad y emoción, se busca resumir las temporadas en dos o tres partidos con los mismos contendientes, con circos de tres pistas en las ruedas de prensa y con tertulianos al borde del ictus casi todas las noches.

Éste cobarde sistema copero favoreció anoche a los nuestros inmerecidamente. Y conste que digo favoreció porque esperamos reacción en la vuelta, que a lo mejor ni eso. La existencia de esa injusta segunda oportunidad aconsejó a Manzano dejar en Madrid a varios de sus más destacados peones y a no ponerse traje para el partido, considerando que era partido a ganar en chándal. Salió condescendiente el Atleti, sin querer mancharse la camiseta con contrarios de tan baja alcurnia.

–Fíjate qué pintoresco…El lateral izquierdo se llama Zurdo… ¿cómo va a sorprender desdoblando a su interior si pregona su facultad en la camiseta con semejante redundancia posicional? –murmuraban en los primeros compases del encuentro algunos de los miembros de la pléyade de mediapuntas (..con perdón) que pueblan nuestra plantilla.



Goyo, ese técnico que tan bien nada en los mares embravecidos de la valentía, dispuso solo un punta ante la entidad del adversario y tres mediapuntas (de nuevo perdonen…) por detrás. Los tres mosqueteros del último pase se desplegaban como sigue: Juanfran, jugador de banda derecha jugaba por la izquierda, Pizzi, al que hemos visto detallitos desbordando por la siniestra, en el centro y Salvio, crack de youtube e ídolo de masas en Lusitania, por la derecha. Ante tamaña declaración de intenciones, algunos, de nuevo llevados por la desconfianza, conjeturamos sobre una posible posesión de un espíritu de entrenador con gafitas y verbo fácil sufrida por el señor Manzano, porque en otro caso, no se entiende. Sacó también una defensa de canteranos, lo que gustó más a la parroquia, en donde se revelaron las dos mejores noticias de la noche: Manquillo y Pulido. Ambos cumplieron. Ambos, junto a un Domínguez ayer no muy afortunado y un Koke al que se le vieron cositas en la posición que algunos pedimos para él, dejaron claro que puestos a buscar según qué soluciones, mejor mirar al Cerro del Espino que hacia Sao Paulo o Lisboa.

Poco más les contaré del partido porque no lo merece. Encuentro perfectamente olvidable, uno de tantos que hemos sufrido en este camino hacia ninguna parte. Ningún nuevo recuerdo a añadirse a los que traíamos en la maleta. Una nueva muestra del crecimiento innegable de la sociedad, menor que la presentación de la maqueta de la Peineta, que eso sí que es crecer desmesuradamente, pero crecimiento al fin y al cabo. Un nuevo episodio en el que se escenifica que los resultados y la historia son minucias, que lo importante son los accesos y las zonas comerciales que tendrá el nuevo estadio. Y si a ustedes no les gusta, ¡ajo y agua! Que son ustedes unos amargados que solo viven de sus recuerdos. Aunque los hayan comprado en un bar de carretera. En un bar de Albacete, estación de paso…

lunes, 5 de diciembre de 2011

La falsa comodidad del ex

En momentos de transición, de escasez o de relajación moral, el ser humano, tan dado a tropezar varias veces con la misma piedra, se vuelve a encontrar en el camino con un ex o una ex. En esos momentos de debilidad, y normalmente con las bebidas espirituosas como cómplices callados, el ser humano vuelve por donde solía sabiendo que es un garrafal error, sabiendo que la versión actual con la que se ha encontrado no es más que una actualización aumentada y empeorada, no corregida. Entonces, los individuos intentan buscar justificaciones peregrinas y poco creíbles para explicar lo inexplicable:

– Ha cambiado mucho. Y no solo en que ahora está totalmente calvo y pesa treinta kilos más. Le veo más asentado. En la semana que llevamos dándonos otra oportunidad, solo ha salido los días impares y los pares cuyo nombre contiene la letra s...

– O sea, que ha salido todos los días…

– Hija, ¡qué negativa te veo! Cualquiera diría que no me apoyas…

¿Qué se busca en un ex? Una falsa sensación de comodidad. Una irreal sensación de conocimiento que tiende a olvidar lo malo, aunque fuera inadmisible. La pereza que da descubrir lo nuevo potencia el conformismo, concediendo más importancia a la certeza de que si presionas debidamente ese lunar cerca de la rabadilla caerá rendido o rendida a tus pies que ponerse a buscar puntos de incierta victoria en otras geografías anatómicas.

– ¿Has vuelto con ella? Pero si te puso los cuernos con medio pueblo…

– Bueno, tampoco el pueblo es Nueva York, ¿no?



Volvía el Atleti al horario matinal. Volvía la afición al campo con demasiado sueño o con demasiado poco. Volvía Asia a paralizarse ante el evento. Volvía Movilla al Calderón, un antiguo amor de ruptura traumática con el actual ocupante del banquillo. Volvía al once titular Reyes, actual protagonista de la historia de desamor con el anteriormente citado (con Movilla no, con Manzano…). Volvía Koke a disponer de minutos, pero pocos que lo nuevo siempre da pereza y es mucho mejor el olor de pies conocido que el aroma a limpito por descubrir. Volvían muchas cosas. Casi todas conocidas, rutinarias y prescindibles.

Han pasado bastantes partidos desde el anterior episodio matinal y la involución es clara. Cuando rindió visita Osasuna faltó gol pero se mostró la intención de jugar el balón, de no rifar pelotazos. Ayer con la visita del Rayo, se puso de manifiesto que volvemos a ser un equipo de saque y volea, tal vez empujados por la euforia nacional tenística reinante. Donde antes hubo jugadas de combinación ahora encontramos melonazos a las cabezas para buscar supuestas prolongaciones. Donde hubo esperanza ahora hay certeza de miseria. Manzano ha conseguido en un cuarto de liga ensamblar el equipo para no jugar a nada, hito éste que antecesores suyos conquistaron tras menos viajes. Volvemos a lo conocido, a fiar la victoria al talento aislado con el agravante de que el talento merma año tras año. Volvemos a quedarnos con hambre ante victorias que no llenan. Victorias que, como la de ayer, atesoran un exceso de maquillaje que no debe impedir ver los defectos conocidos.

Hemos vuelto por donde solíamos: a las sobreactuadas caídas boca arriba de un Reyes aclamado incomprensiblemente, a los mediocentros irrelevantes, a la defensa temblorosa e infartante, a fiar nuestra pírrica fortuna a tres o cuatro jugadores con algo de calidad y de vergüenza torera, a asumir el intercambio de golpes con naturalidad, a la falsa comodidad del erróneo guión tantas veces representado. Nada nuevo bajo el sol, o la luna, si el partido es nocturno.

Era algo de esperar, la verdad. Dejar la puerta abierta a un antiguo amor como Manzano conllevaba asumir este riesgo. El de volver a confiar en un entrenador cobarde y mediocre. A su vuelta nos intentaron convencer de que la ruptura con él no fue mala, que el desamor llegó solo por dos goles en los últimos minutos de un defensa paraguayo del Zaragoza. Pero no, la ruptura llegó porque tenía que llegar. Porque el equipo no jugaba nada y no ganaba fuera ni por equivocación. Algo que ya conocíamos, algo que no nos gustaba y que nos sigue sin gustar. Se ha vuelto con él porque muchos otros nos dieron calabazas. Se ha buscado esa falsa comodidad del ex. Otro ex más que acompañe con silencio cómplice a los que maltratan la institución. Por favor, no dejemos que alguien nos lo intente justificar porque es injustificable. Lo malo, aunque conocido, sigue siendo igual de malo. Aquí o en Nueva York.


– Nos hemos dado cuenta de que estamos hechos el uno para el otro. Se va a venir a vivir conmigo cuando encuentre piso de alquiler esa prima suya tan desvalida que ahora duerme en su sillón ¡Es que hasta para eso es generoso mi Honorio! No creas que habría muchos que acogerían a una prima tan lejana que viene a la capital a abrirse camino como bailarina de variedades…Si hasta le da friegas en los riñones cuando llega agotada por los ensayos en el teatro…¡cuanto vale!


jueves, 1 de diciembre de 2011

Fresca tarde de excusas y meriendas-cenas

“Pues sí que es mala suerte que a su hijo le haya sobrevenido un ataque de varicela galopante y tengamos que cerrar la tienda antes”

“O sea que no se va a quedar a la auditoría porque tiene una filtración en la general bajante y tiene dos palmos de agua en el cuarto de la plancha”

“Usted verá, Minglanilla, váyase si lo cree oportuno pero este pedido tiene que salir hoy por muy inquietante que sea que a su suegra haya habido que ingresarla por envenenamiento al morderse su propia lengua”


Estos horarios tan europeos hicieron que la tarde se llenara de excusas a lo largo de nuestra geografía. Tuvieron los atléticos que lanzarlas indiscriminadamente para llegar a casa a tiempo de ver a su equipo en Glasgow. La ocasión merecía la pena, por el rival, por el campo y por la historia que lleva prendida de la solapa este enfrentamiento desde aquella épica batalla del 74. Amén de las excusas, todos procuraron organizarse con celeridad. A los niños se les dio de merendar antes que de costumbre, a los perros se les brindó un paseo apocopado en el que casi no les dio tiempo más que a culminar los ciclos excretores de sus sistemas digestivos, a los manjares que se agolpan en las neveras se les comunicó que no saldrían porque esa noche tocaba comer de lata o llamar a la pizzería. Finalmente, los hinchas se sentaron delante de la tele, todavía con la corbata al cuello o las medias buenas puestas. Hasta hubo tiempo de ponerse un bolecito con patatas fritas, con cortezas o con aceitunas mancilladas por pepinillos sátiros. Por los pelos, pero llegaron a tiempo…

Manzano nos dio más excusas para torcer el morro con la alineación. Salían del equipo Domínguez y Assunçao, dos de los más destacados en esa otra batalla carnicera (o eso se siguen empeñando en decir los palmeros del ser superior) que se libró el fin de semana pasado y volvían a hacer dúo dos de las parejas que nos alteran más: Mario y Gabi y Godín y Miranda. Empezó el partido movidito: con Salvio demostrando que debe tener gol pero que no se acuerda de dónde lo ha dejado, con Courtois sacando dos balones a bocajarro que nos hubieran atragantado los aperitivos, con los mediocentros poniendo excusas peregrinas para no destacar ni en defensa ni en ataque. Parecía un partido de esos tan de ida y vuelta que suelen acabar para nosotros en vuelta con las orejas gachas cuando los dos por los que debe pasar todo empezaron a mirarse, se hicieron señas secretas que sólo los bajitos y culibajos conocen y se adueñaron del partido, hecho éste no muy difícil por la calidad del adversario. A Arda y Diego me refiero. Llevan estos dos algunos partidos a un más que aceptable nivel. Ambos dos, demuestran ganas y compromiso, algo raro de encontrar en bastantes de los que antes se ciñeron la rojiblanca viniendo con el cartel de artistas. A pesar del desafortunado cambio que el párroco Don Gregorio recetó al carioca en el combate sangriento del sábado, Diego sigue mostrando ganas y parece que no afronta tan acelerado los partidos. Aún así, todavía tenemos ganas de verle compartiendo mediocentro con Assunçao, los dos solitos, para ver cómo funciona el equipo. Arda es caso aparte. Desde su llegada se ha convertido en uno de nuestros ojitos derechos, siempre deja detalles de hechicero del balón y ayer abrió el camino del gol con la inestimable ayuda de un defensa que se agachó ante su disparo como antes lo hicieron otros jugadores precursores de la protometrosexualidad jugando contra la Yugoeslavia de Stojkovic en el mundial del 90.



Vayamos ahora con los dúos de los que les hablaba antes. Aprobado raspón para los centrales, que no consiguieron más nota por su tendencia a acularse, al patadón espinillero y por no dar sensación de tranquilidad a pesar de tener enfrente delanteros limitados. Les ayudó mucho Perea, ayer notable, demostrando que la cacería que se ha organizado con él como pieza protagonista no le afecta. En cuanto a los mediocentros, Gabi estuvo más entonado, sobre todo en las fases de ataque, Mario volvió a fallar. Vaya por delante que Mario gustó la temporada pasada en la mayoría de sus actuaciones. También a favor suyo juegan el hecho de ser de la casa y la personalidad que hay que tener para lucir ese peinado que homenajea al anidamiento de la grulla parda, pero está dejando pasar demasiadas oportunidades. Impreciso en el pase, lento en la transición y descolocado posicionalmente en defensa, se empiezan a acabar las excusas para mantenerle en el equipo con tal asiduidad. Ya se sabe que cada entrenador tiene sus filias y fobias y Suárez se cuenta entre los antojitos de Goyo, pero se echa de menos un mejor reparto de las oportunidades con Koke por ejemplo, al que se sospecha casi hastiado como lo estará Joel, como lo estará Pulido y como lo estarán muchos más que sumar a los Ibrahima, Keko, Cedric, Borja, etc., ante la cobardía de los últimos técnicos y su tendencia a ningunear la cantera (probablemente jaleados por una directiva que sabe que los canteranos, de comisiones, andan justos).

En definitiva, partido aseado ante un rival justito. Victoria fuera, lo que es noticia, y en un campo con mucha más historia que espectadores ayer. Un campo que fue regado hace años con el sudor y la sangre de unos melenudos atléticos que hicieron historia y en el que estos rojiblancos del futuro ganaron como no debía ser de otra manera. Hay ocasiones y rivales ante los que no valen excusas…Y siendo el Atleti, esas ocasiones y esos rivales deberían ser casi todos.

“Claro, no te comes las verduras porque te has puesto de panchitos y de aceitunas violadas como el tenazas…Siempre la excusa del fútbol”