jueves, 28 de enero de 2016

Chinitas en el zapato

Artículo publicado en ctxt.es: http://ctxt.es/es/20160127/Deportes/3928/Atletico-de-Madrid-Cerezo-horarios-Liga-Tebas-Real-Madrid-La-Colchoner%C3%ADa.htm


Nadie dijo que fuera a ser fácil. Sabíamos que iba a ser difícil caminar con los zapatos llenos de chinitas. Ya tenemos experiencia en estas lides. Desde hace unos años –gracias, Cholo– volvemos a estar en primera línea de combate. Nuestra fuerza no reside en disponer del más moderno y caro armamento. Somos temibles como grupo por la fe que nuestros guerreros desbordan en el campo de batalla. El hasta no hace mucho desordenado ejército que a la primera salva de artillería se batía en retirada, se ha convertido en un rival molesto. Desafiantes, nuestros soldados miran a los ojos de los contrarios y éstos dudan. Ven avanzar a los rivales vestidos de rojiblanco y recuerdan historias y leyendas que hablan de aquel David que derribó al gigante con su honda, de aquel gol de Miranda que conquistó territorio enemigo o del cabezazo de Godín que abrió de nuevo las puertas del cielo. Todos esos episodios significaron lo mismo, la caída inesperada de Goliath, aunque las últimas fueran hace muchos menos años.

Desde entonces, las confrontaciones futbolísticas patrias no se quedan en un aburrido y manoseado cara a cara. La variable colchonera se hizo hueco en la ecuación para quedarse. Molestando, como decíamos antes. No a todos gusta que la fiesta haya pasado a tener otro invitado. El predecible bipartidismo y todo su aparato mediático ponen de manifiesto su contrariedad desde cualquier foro. Mal juego, violencia inusitada, sacar partido a ese otro fútbol del que tan amante era una de nuestras referencias, el Sabio de Hortaleza, todo ello se usa como arma arrojadiza para desacreditar al incómodo pasajero que tuvo la desfachatez de salir, en más de una ocasión ya, besando a la chica al final de la película saltándose todos los guiones.

Asumimos que no habrá nadie recibiéndonos con flores a nuestra llegada. Sabemos que será difícil encontrar objetividad y soportamos, no consumiendo, el ninguneo constante y bien orquestado. Vivimos independientemente. Respiramos por nosotros mismos y nos las ingeniamos para encontrar oasis recónditos donde no se nos maltrata. Conocemos también las reglas: las tradicionales ayudas arbitrales disfrazadas de errores humanos a nosotros no nos llegan o lo hacen en forma de migajas. Ok. Sabíamos a lo que veníamos, esto no es Bambi, como decía Torrente mientras apatrullaba la ciudad.




La última chinita en el zapato nos la pone el señor Tebas en forma de horarios. El impar chofer con poderes de la liga de fútbol profesional, muy aficionado por otra parte a hacerse fotos junto a sus churumbeles vistiendo camiseta paliducha bwin, programa los partidos del Atleti pegaditos a jornadas de Champions, no vayan a constiparse. Su habitual delicadeza a la hora de encajar las piezas de los partidos de Hernández y Fernández en el loco puzzle de los horarios semanales, se torna aspereza cuando se trata de darnos cita a nosotros. Tres partidos en seis días, sin listas de espera, no se quejen. Un genio, el tío. Es tal su disposición de agradar que programa el derby en horario sabatino madrugador, casi recién aterrizados los nuestros de Eindhoven, aduciendo intereses comerciales. El rival, bien descansado, gracias. Luego, si quieren, debatimos sobre campañas.  

Lo más sorprendente, dentro de todo este universo de huevos Kinder con olor a alcantarilla, es que en la LFP el Atleti ostenta una vicepresidencia en la figura de Clemente Villaverde y un puesto como vocal, asignado al club. Silencio sepulcral. Nadie protesta. Ni un comunicado ni una declaración institucional. Como mucho, de postre nos servirán un canutazo de esos que Cerezo, a modo de digestivo, se administra a la salida de un asador derrochando gracejo. Torpedeados desde dentro una vez más, nos miramos en el espejo y vemos la misma cara indignada que llevamos paseando por la vida desde que supimos –y ya sospechábamos– lo de poner el cazo prescritamente. Apuesto a que solo Simeone y los jugadores comentarán el tema. Se rasgarán las vestiduras blancas aquellos que afearon a nuestro técnico vaticinar lo de la liga peligrosamente preparada. Lo tenía claro.


Nadie dijo que fuera a ser fácil. Los aficionados del Atleti llevamos ya un tiempo cómodos con el traje de moscas cojoneras. Nos sienta como un guante, a decir verdad. No esperamos regalos, no es el estilo. Habrá que sobreponerse a todas las chinitas que nos impidan avanzar a buen ritmo o al menos al ritmo al que los demás avanzan en su camino trufado de comodidades. Eso nos hará valorar más lo conseguido y lo que haya de llegar. Mientras tanto, el club seguirá agazapado. Connivente. Pasivo ante cualquier atropello. Demostrando una vez más que David, en el Atleti, corretea sobre el césped, se sienta en el banquillo o alienta desde la grada. Goliath, si existiera, solo es excusa y coartada para los del palco. Ese palco que desde hace tantos años nos llena el calzado de chinitas. 

jueves, 21 de enero de 2016

¡Virgencita, que me quede como estoy!

Artículo publicado en ctxt.es : http://ctxt.es/es/20160120/Deportes/3751/sancion-FIFA-Atletico-de-Madrid-fichajes-Jackson-Martinez-Fernando-Torres-Borja-Baston-La-Colchoner%C3%ADa.htm


Éramos pocos y parió la FIFA. Resulta que el organismo futbolístico mafioso internacional, muy en su papel de zorra guardando gallinas, nos condena a no poder llevarnos ninguna incorporación a la boca en los próximos dos mercados de fichajes. Ni un Rubén Micael siquiera. Prohibidos incluso los fichajes de parada y fonda. Los fichajes de una noche. Los fichajes olvidables que se hacen para olvidar y los que se formalizan con una copa de más. Los fichajes que sirven para calentar la cama de una pensión del centro. Los fichajes fugaces que se rompen al amanecer, cuando las ganas de desayunar desenmascaran tantas mentiras. Malos tiempos para los representantes que ofrecen amores y mediapuntas de barra en barra y para los pregoneros de operaciones imposibles. Lo mismo los Manoletes y otras hierbas se meten a analistas del cuore o del bajo vientre, tablas tienen.

Saltaron las alarmas cuando se conoció el castigo y solo el paso de las horas nos hizo sustituir el agobio inicial por una sonrisa casi socarrona. Pensando en un escenario continuista, sin incorporaciones, –si Gil levantara la cabeza, se volvía al hoyo ante tal atrocidad yerma de comisiones–, no parece merecer el asunto mayor drama. Equipo hay y alternativas también. La juventud de la plantilla, salvo contadas excepciones, augura que esa fase de estabilidad podría incluso venirle bien a un equipo todavía en fase de conocimiento carnal. Mejor acoplamiento, más logrados automatismos y el mayor poso que otorga la experiencia acumulada en batallas de altos vuelos. Pese a todo, seguía revoloteando alrededor nuestro una especie de inquietud que se resistía a evaporarse. Tras intentar espantarla a manotazos sin éxito y analizando irritados el porqué de su persistencia, a todos se nos fue un poco la mirada a la delantera. A la del equipo, se entiende.

De nuevo el asunto del nueve. Imaginaba la parroquia un futuro a medio plazo con Jackson poniendo a prueba las paciencias como hasta ahora y se helaba la sonrisa por momentos. Existían dudas, además, de la posición administrativa en la que quedaba Torres. Dado que su condición es la de cedido, el voluminoso fantasma de Cerci tomaba cuerpo. Más cuerpo si cabe. Tampoco este panorama se antoja capaz de arrojarnos en brazos de la depresión balompédica más profunda. Antes de dejarse caer a orillas del Manzanares, este Jackson era un ariete de rompe y rasga en la desembocadura del Duero. Uno vio algún que otro partido del colombiano en el Oporto –justo antes de que el equipo luso se convirtiera en el segundo equipo de la prensa deportiva madrileña– y certifica que es un gran delantero. Jackson lo tenía todo: remate, desmarque, juego de espaldas y caída a bandas para crear desequilibrio. Su llegada fue una apuesta personal de El Cholo, que de esto algo sabe. El técnico le sigue mimando –demasiado en opinión de algunos– porque cree en lo que sus ojos vieron. Jackson puede que no llegue a ser Michael, pero tampoco es Marlon, el hermano que no sabía bailar de los Jackson Five. Esperemos que despierte, que ya es hora.



Diferentes deben ser las expectativas y las exigencias con Torres. Fernando, que con Simeone y la afición forman la actual santísima trinidad rojiblanca, debe ser a estas alturas de su carrera ponderado como un recurso, no como una única solución. El de Fuenlabrada aporta trabajo, goles para recordar en ocasiones especiales y, sobre todo, ascendente esté donde esté: en el banquillo, en la grada o sobre el campo. Torres es mucho más que un jugador. Es el mismo chaval hecho hombre que en su momento cargó sobre sus adolescentes hombros la ruinosa casa que ahora luce espléndida. Vino como guinda, nunca como base de la tarta. Quien le pida ser más de lo que puede ser ahora y en este Atleti tan diferente está siendo injusto. Mucho. Aun así, uno piensa que Fernando, sin estar del todo bien, ha tenido un mejor desempeño que Jackson con menos oportunidades, todo sea dicho.

Si llegados a este punto del artículo andan todavía ustedes soliviantados por esa inquietud que no para de posarse tan molestamente sobre sus miembros –con perdón– y están a punto de dejarse llevar por la desesperación, les invito a fijarse en el delantero del Éibar: Borja Bastón. Sí, es él y es del Atleti. De pensamiento y de obra, aunque lleve unos años de Erasmus por esos estadios de Dios. En La Coruña, Zaragoza y ahora en la localidad guipuzcoana, pueden dar fe de su reencuentro con el gol, otrora puesto en peligro por una rodilla inoportuna. Retornará en verano, ya preparado para quedarse. Doctorado en arqueología goleadora, esa licenciatura otorgada a los que hallan en equipos pequeños goles semienterrados en escasas oportunidades. Ojalá sea un delantero para estar en la plantilla muchos años.  


Una vez reposada la sanción, permítanme insistir en que nadie se suicide. No dejaremos de molestar tan fácilmente. Sí convendría analizar las causas de la misma y buscar responsables. Más allá de recursos, posibles medidas cautelares y los minutos de gloria que Xu Xin tuvo en el trofeo Carranza, de nuevo las leyes son un molesto trámite a eludir en los despachos del Calderón. Apuesto a que se pasará de puntillas sobre esto, como es costumbre. En lo deportivo, miren al equipo y siéntanse relativamente tranquilos. Despachen la inquietud a golpe de ráfaga de flis –adoro esa onomatopéyica manera de llamar a los insecticidas– y siéntanse afortunados de que el bloque se mantenga en ejercicios venideros. Tal vez la imposibilidad de fichar mitigue las pulsiones de ventas veraniegas sin luz ni taquígrafos. “¡Virgencita, que me quede como estoy!”, está empezando a ser tendencia. También será tendencia Marlon Jackson ahora que el artículo acaba y pueden ir a Youtube para ver lo mal que bailaba el jodío. 

jueves, 14 de enero de 2016

Las pérdidas olvidadas

Artículo publicado en ctxt.es http://ctxt.es/es/20160113/Deportes/3666/Oblak-portero-Atletico-de-Madrid-Courtois-Moya-La-Colchoner%C3%ADa.htm


Existen pérdidas de las que creemos que nunca vamos a recuperarnos, aunque todos sepamos que eso es falso. Al ser humano le encanta rebozarse con la desdicha del momento. Pensar que nada será igual; gimotear desconsoladamente por lo que no volverá; recordar un pasado grabado en el recuerdo con una paleta de colores mucho más vivos que los que tuvo en la realidad. Cualquier tiempo pasado fue mejor, dicen algunos entre achaques y nostalgias mientras la vida les contradice a cada minuto con un nuevo amor, un viaje a un sitio por descubrir o un portero esloveno de sobriedad proverbial.

Fueron muchos los que lloraron como irreparable la pérdida de Courtois. El agujero que el belga dejó se antojaba casi imposible de rellenar a pesar de que la suya fuera la crónica de una salida anunciada. Daba un poco igual que Tibu, para los amigos, que éramos todos, nunca llegara a ser nuestro realmente. Cada verano se marchaba para luego volver con la misma sonrisa bonachona puesta. Le perdíamos solo por lo que duraba un paréntesis estival y sus regresos acabaron por convertirse en una rutina irreal destinada a ser vivida eternamente. De repente, a la vuelta de unas vacaciones ya no volvió. No retornó, además, para ponerse a las órdenes de la madrastra de Setúbal, lo que dejó una mayor sensación de desolación bajo los palos del Calderón. Fue entonces cuando la pérdida, fea y descarnada, se nos metió a todos dentro dejando un paraje yermo de esperanza, una apocalíptica visión de un futuro de cantadas y salidas a por uvas en balones colgados al área.  

La gran mayoría de nosotros no había oído hablar de Oblak cuando ya estaba a punto de aterrizar en Madrid. "Viene del Benfica". "Ha destacado en la liga portuguesa". "Es muy joven". "Se trata del desembolso más importante por un portero en la historia patria". Los titulares se llenaban de lugares comunes que invitaban a la desconfianza. Olía a negociete. A Pizzi, a Elías, a Dani o a Rubén Micael. Jugadores que vivían sin vivir en sí, y a veces incluso más lejos y de alquiler. El cierre de los flecos de la operación obligó a que se incorporara a los entrenamientos un poco más tarde. Apenas unos días, los suficientes para que Moyá, recién llegado a la causa también, le comiera la tostada y dejara enamorados – ¿cómo no enamorarse de Moyá en cualquiera de los sentidos?– a cuerpo técnico y gran parte de la afición. La primera vez que vimos al esloveno en serio fue en Atenas. El choque y su actuación nos dejaron fríos, helados incluso. Un balón resbaladizo que encontró un hueco improbable bajo la axila nos volvió a hacer sentir la pérdida. Tocarla de nuevo. Abrumarnos por su enormidad. La alargadísima sombra de Courtois volvía a crecer exponencialmente.



El siguiente capítulo de la historia se escribe en el partido de vuelta de una eliminatoria de octavos de final de Champions. Moyá, titular no solo en liga sino también en Europa desde lo de Atenas, se rompe. Hasta la fecha, las dudas sobre las actuaciones del balear, que las ha habido, no han sido suficientes para apartarlo de la titularidad. Sale Oblak al campo tras calentar frugalmente su corpachón de boxeador y la afición le abraza. Olvida en ese mismo instante la pérdida que recorría la grada libremente. El estadio alienta al esloveno sin reservas e incluso improvisa sobre la marcha un cántico en su honor con toques de rumba que haría temblar a cualquier arreglista musical. Jan responde durante el partido y, sobre todo, en la tanda de penaltis que cambiará su vida.

Desde entonces, los partidos se han llenado de exquisita colocación y de grandes paradas. No hay resquicio para que ninguna duda se cuele en la confianza que el aficionado rojiblanco tiene en su portero. Aupado en una defensa numantina, Oblak se ha convertido en el último y más fiable guardián del muro. Ya no hay balones por alto que provoquen tembleques. No existe ninguna falta cercana al área ante la que mostrar nerviosismo. El esloveno combina reflejos felinos con una sensación de aplastante seguridad cada vez que el balón osa rondar sus dominios. Los mano a mano con delanteros rivales han pasado a convertirse en sus días en la oficina. No cambia el rictus tras desbaratar cualquier acercamiento enemigo y hasta parece que su pelo, que se antojaba en retirada, ha renacido. Nada hay que temer en los próximos años –salvo tejemaneje de los del palco, siempre tan proclives a ventas a traición apoyadas en el interesado mantra de jugadores que juegan donde quieren–, hay portero para más de una década.

No somos capaces de precisar cuándo nos dimos cuenta de que habíamos olvidado a Courtois en el buen sentido. Siempre estará en nuestros corazones y le desearemos lo mejor allá donde esté, pero ya no volveremos a sentir esa pérdida enorme y negra que su marcha nos dejó. Han pasado los días, los meses y los partidos del Atleti y ya casi nadie añora tiempos pasados en la portería. La seguridad de Oblak ha impregnado nuestras vidas y nuestros recuerdos. La sensación de pérdida se ha evaporado totalmente. Uno cree que empezó a difuminarse aquella noche de Champions en la que la grada adoptó al esloveno sin papeleos. La pérdida quedó olvidada definitivamente en el punto de penalti más cercano a una de las dos porterías del Calderón.