miércoles, 9 de marzo de 2011

Uno de los nuestros

(Permítanme ustedes empezar con un breve recuerdo para Don Adrián Escudero, máximo goleador de la historia de nuestro equipo fallecido esta semana. Historia del Atleti. Descanse en paz)
(Permítanme también ejercer mi derecho a la huelga a la hora de comentar o analizar, aunque el título pudiera sugerirlo, otros temas de actualidad. Temas de partes contratantes y contratadas, de asociados con traje de raya diplomática que se pasan la diplomacia por el forro cuando acuerdan con la parte contraria sin que lo sepa su defendido, de donaciones graciosas a las que no conseguimos encontrar la gracia, de mensajeros que aplican cursiva y capital sobre ciertas noticias a pesar de haber suprimido otras. No lo voy a hacer y creo que ustedes no lo merecen. Huele mal. Como cuando se te olvida sacar la basura después de haber comido sopa de marisco)
Demetrio volvió a mirar en el calendario cuándo caía la semana santa. Incluso su mujer había dado su brazo a torcer tras el enfado inicial por querer ocultarle el verdadero motivo. Al principio disimuló argumentando que cuando llegasen las vacaciones, llevarían demasiado tiempo sin ver a la niña.
–Pero Demetrio, ¿no te acuerdas de que la niña va a venir al cumpleaños de la pequeña de Marta una semana antes? –corrigió su mujer–. Hay veces que no sé dónde tienes la cabeza.
Más tarde tuvo que confesar. Ella de entrada se lo tomó mal. No era capaz de entender que fuera a afrontar su miedo a volar y la impotencia que le daba ir a un sitio donde no le entendieran por una cosa así. Lo de ir más al norte de la isla le pillaba más a desmano pero ahora era más sencillo. Cuántas veces le había dicho ella que se cogieran un fin de semana largo para ir a ver a la niña, pero a la postre se quedaban en casa o como mucho se acercaban a la parcela cuando el calor apretaba. Cierto es que la niña venía casi dos veces al mes, que ganaba un buen dinero para poder permitírselo. Ya casi habían pasado cinco años desde que un día llegó diciendo que le había salido un trabajo fuera de España ¡Cómo pasa el tiempo! Entonces habían ido con ella para ayudarla al traslado y para apoyarla. Ahora ella era una más de ellos, vivía con un novio paliducho con chapas de colores en las mejillas que cuando venía a España se achispaba con el aguardiente que Demetrio reservaba para las ocasiones especiales y suspiraba por los callos con garbanzos de su mujer. ¡Claro que aprovecharía el viaje para pasar tiempo con su hija! Pero esas dos horas largas también serían importantes. Ellas podrían ir a comprar a Harrods, pasear por Hyde Park o tomarse esos hierbajos mojados que toman los aborígenes de la isla a las cinco o’clock mientras él estuviera ausente.
Consultó de nuevo el mapa para ver la combinación de transportes que tenía que coger hasta su destino: Stamford Bridge. No quedaba demasiado lejos de casa de la niña, puede que hasta pudiera ir en un paseo largo si el duro clima británico lo permitía. Porque estaba decidido, iba a ir a verle. Porque pensaba que aunque fuera una tontería suya, él notaría de alguna manera que uno más de los suyos estaba allí para animarle. Porque creía que lo necesitaba. Porque los resultados no estaban siendo del todo buenos. Porque las últimas veces que le había visto en la tele le pareció verle algo triste. Aunque a Demetrio y a muchos como él le pareciera que el rojo le quedaba mejor que el azul ¡Qué cosas! Primero el rojo, luego el azul, solo le quedaba el blanco para completar los colores del Atleti en su periplo fuera de casa. Pero él no lo haría nunca, de blanco no, lo conocía muy bien. Para él había otras cosas más importantes. Para él ya había sido un trago el tener que haber emigrado de la que consideraba su casa, prácticamente empujado por circunstancias y golfos. Él era de los buenos. Él sentía lo mismo que nosotros cuando besamos el escudo. Él es uno de los nuestros. Y claro que no podía compararse a su hija, seguro, pero a Demetrio le encantaba fantasear con que si hubiera tenido un hijo sería como él.
Su Niño, vamos.
PD1: Se inicia aquí la sección de pasatiempos de la Agonía. Si alguno de los lectores todavía no ha caído en a quién tiene planeado Demetrio ir a ver por mi torpeza de expresión, les paso un entrañable recuerdo en el que está presente.

PD2: Si su capacidad de observación se ha visto mermada por los años o por las novelas de bolsillo, miren ustedes al más alto de los que está de pie. El que lleva la chaqueta morada, casi en el centro de la foto. El Niño de Demetrio y de todos los atléticos (pueden ustedes pinchar en la foto para ampliarla).

domingo, 6 de marzo de 2011

El mensaje

(Para una mejor ambientación del lector en la historia, les aconsejo pinchar en este enlace y escuchar mientras leen) 
No podía dar crédito a lo que acababa de escuchar. Se puso los cascos de nuevo (cascos de esos modernos, de los que te tapan un cuarto de la cara), ajustó el ecualizador, activó el dolby surround y cerró la puerta para que su escucha no se viera distorsionada por las voces que daba su madre intentando explicar a su tía Enriqueta cómo podía mandar un mensaje en el nuevo móvil prepago de tecnología china. Sí, sí, no había lugar para ninguna duda. Era lo mismo que había escuchado las anteriores veintisiete veces, pero es que hay cosas que es mejor no darlas por sentadas hasta no estar muy seguro aunque te puedan llamar cansino.
Pongámonos en antecedentes. Floren siempre fue el niño más retraído de su portal. Desde pequeño siempre lució un pelo algo más largo que lo que los designios de la moda dictaba. Lo que nadie intuía es que su señora madre quería disimular a base de greñas unas orejas pertinazmente desabrochadas. Esta particularidad en su look, nacida para tapar, se destapó como el detonante para que optara por la estética heavy, cultivara amistades vestidas de riguroso negro y fuera un clásico de las tardes noches de la Sala Canciller.
Habían pasado los años, casi veinte, pero Floren seguía anclado a sus principios y a su estética. Sus otrora compañeros de fatigas, se casaban, tenían hijos y se compraban los grandes éxitos de Bustamante como parte del proceso evolutivo, como ellos lo llamaban. Él permanecía fiel. Uno de los motivos por los que no había abandonado la senda del metal era que en su fuero interno seguía creyendo que poniendo los discos al revés, el maligno le enviaría un mensaje. Y que sólo él lo escucharía, que sería un elegido. Por ello invertía prácticamente todo el sueldo que percibía como programador freelance en adquirir (cualquiera dice lo contrario con la ley Sinde) todos los discos del género musical que le encandilaba, por ello también, su presupuesto andaba más ajustado que los pantalones elásticos que vestía desde los trece años. Su facilidad con los ordenadores le había llevado a perfeccionar un algoritmo que creó con el spectrum 48K que le trajeron en las navidades del 86 y que actualmente se alojaba en dos servidores que subían, en ocasiones alarmantemente, la temperatura de su habitación. Todas las canciones, discursos, speeches e intervenciones habidas y por haber habían pasado por ese filtro y eran reproducidos al revés, de momento sin resultado…hasta hoy.
Abrió el fichero de nuevo dispuesto a devolver el sonido a su ser. Consultó el historial de la grabación y se extrañó al ver que era el fragmento de un programa deportivo, de uno de esos que saturan de ondas nuestras noches. Se tomó un minuto para respirar hondo y apretó el botón de reproducción con dedos temblorosos:
“Saludos de nuevo, queridos oyentes, continuamos tras esta breve pausa publicitaria con la entrevista que tan amablemente nos está concediendo ésta figura tan representativa de la gerencia del Atlético de Madrid. ¿Cuáles son los planes de futuro para el club a corto plazo?”
Shshhshshshshshshsh…primero electricidad estática, después empezaba el mensaje.

Rendía visita el equipo azulejero al Calderón. El equipo de una localidad que ni metiendo a todos sus ciudadanos censados llenaría su estadio, pero en el que la labor de sus gestores hace que suela quedar clasificado por encima del nuestro, importando poco que tengamos más seguidores que población tiene toda la provincia de Castellón. Acostumbrados a sorpresas en la alineación, el respetable esbozó una sonrisa cuando se anunciaron los nombres porque parecía un equipo de inicio mínimamente lógico e incluso esperado. Aunque tal vez faltara Koke, aunque también tal vez se le deba dosificar para no cargar sus jóvenes hombros con un exceso de responsabilidad. Salía la defensa teóricamente titular. Salía Mario en el medio centro con lo que se garantizaba un mejor trato del balón. Salía Elías en una banda, puede ser que como premio por su gol en Getafe. Y entonces la afición miró al banquillo y vio a Quique. Quique cada día está más ajado, cada vez con más ojeras, más enjuto. Para seguir con el tono de la historia pudiera ser que el técnico hubiera vendido su alma al señor de las tinieblas pero que durante la negociación y con tantas palabras rimbombantes y tanta pléyade de sensaciones en las cláusulas del contrato el funcionario del averno que lleva su expediente se hubiera liado y que fuera nuestro técnico el que se desmejora mientras el retrato que tiene escondido en su desván cada vez luce más lustroso. Parece, en cambio, que el desgaste no hace mella su eterno jersey de pico una talla menos de la debida, a pesar de que por el excesivo uso debería tener rozaduras y pelotillas a la altura del pecho. ¿Será que el jersey sí ha negociado bien la venta de su alma?
La lucha contra el Villareal tenía una batalla principal, la de la posesión (¿Demoníaca? No, la del balón). Una batalla que suponíamos perdida viendo los antecedentes pero que ayer se decantó de nuestro lado. Una batalla en la que la presencia de Mario Suárez sentó como un chorro de agua bendita sobre nuestro medio del campo, tan acostumbrado a convulsiones en forma de zapatazo para que el balón vuele sin un destino claro. Tampoco la defensa estuvo mal, e incluso Filipe, que tantas dudas había dejado en sus anteriores actuaciones, se fue para arriba con fuerza y decisión, dejando claro que esa banda debe pasar a pertenecerle, ahora que Antonio López no está para demasiados exorcismos a estas alturas de su carrera. Muy bien Reyes en un gran gol y como el que mejor se asocia con los de arriba, a pesar de su desesperante tendencia a sobreactuar vomitando conducciones larguísimas y giros de cabeza de 360º cuando algún contrario se cruza en su camino. También al fin los dos de arriba, nuestros ángeles caídos en desgracia últimamente, marcaron. Y a la postre, las almas de los atléticos descansaron aliviadas por ver cómo se aleja el infierno aquel que se nos vendió a base de anuncios hace unos años y que la dinámica negativa en la que se encontraba el equipo estaba empezando a revivir. Y volvimos a casa contentos por el buen partido.
Ya cuando el estadio estaba vacío, se levanto del asiento del palco que había ocupado durante la contienda un individuo con capa larga y perilla y patillas afiladas. Apoyándose en un bastón de mango de plata con la forma de un macho cabrío se dirigió a la salida satisfecho. Aquí había mucho potencial, aquí había muchos que darían lo que fuera porque el equipo de sus amores volviera a ser el que había sido anteriormente. Aunque tuviera que ampliar la capacidad de una de las salas del piso de abajo. Sólo había que saber hacer bien la oferta. Una oferta irrechazable. Una oferta eterna. Se le escapó una carcajada que resonó en todo el estadio.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Los protegidos

Los dos se miraban sin saber muy bien qué narices hacían allí. Ambos recordaban un ruido muy grande, luego, vueltas y más vueltas, después, los recuerdos se perdían en la confusión del momento. Sólo podían recuperar retazos: humo, señoras en el suelo a las que la falda se les había subido a la cabeza mostrando una ropa interior que distaba bastante de ser sugerente, huérfanas dentaduras postizas sin Algasiv, olor a carburante, bocadillos de filete empanado pegados al techo, néctares de frutas tropicales derramados, etc. En fin, el infierno de Dante en versión autocar de línea volcado en la cuneta de una carretera comarcal.
Ahora se encontraban en una habitación desnuda. Sentados en dos incómodas sillas y frente a una mesa simple aunque funcional de fabricación sueca. Todas las paredes estaban forradas salvo una ocupada en su totalidad por un espejo tras el cual se oían voces envidando a grande, a chica y a pares si los llevas. De repente la puerta se abrió y apareció un tipo vestido de negro, con tirantes para sujetar los pantalones de tiro bajo y con unas bolsas debajo de los ojos que denotaban insomnio, una reciente paternidad o un reciente casamiento.
– ¿Saben ustedes por qué están aquí? –inquirió el de los tirantes con una amargura aclaratoria de que eran por insomnio.
– No lo tenemos claro –admitió el de cara chupada erigiéndose así en portavoz de la pareja–. Solo recuerdo un accidente ¿Qué ha pasado?
– ¿Qué hacían ustedes en el autocar? –siguió preguntando el inquisidor eludiendo la pregunta anterior.
– Pues íbamos a echar el día a Cuenca ya que no contamos mucho, que cuando llegan estas fechas uno se anima a salir más. Además aquí mi amigo y compañero, por su condición de expatriado, iba a aprovechar para hacerse una mejor idea de las distintas realidades que componen esta piel de toro y para olvidar la saudade que le embarga cuando llega el carnaval –contestó de nuevo el más locuaz de los dos.
– En el accidente, sin ser mortal, se han producido varias luxaciones, brechas que requieren puntos y ataques de aprensión y ansiedad. Pero, ustedes están ilesos, ¿No les extraña? ¿No les parece raro que ustedes no tengan ni un rasguño? Intenten hacer memoria, ¿Alguna vez se han lesionado aunque sea un tironcito? ¿Alguna vez se han quemado con el aceite que salta cuando se tarda demasiado tiempo en echar las croquetas congeladas a la sartén?
– Pues ahora que lo dice, no caigo. La verdad es que siempre he sido un niño muy sano a pesar de mi aspecto paliducho. Y aquí mi compañero me confesó hace unos días que nunca se ha puesto malo, ni con un vil catarro. Aunque claro, él viene de otros climas más benignos.
– ¿Y pensarán también que es una casualidad que los hayan fichado de Osasuna y de Corinthians? Les llevamos siguiendo desde hace tiempo, jóvenes. Son ustedes el resultado de un proyecto mitad experimento y mitad chiripa ideado por su actual entrenador. Él, mediante artes oscuras transmitidas de manera oral por sus antepasados romanís, quiere reunir un ejército de superjugadores fichados en el mercado de invierno, jugadores que antepongan la gestión de sensaciones apostrofadas al buen juego. Ustedes son los primeros. Pero no estábamos seguros del todo. Este accidente ha sido la prueba definitiva.
– Pero, ¿cómo han podido ustedes provocar un accidente para constatar una teoría absurda? –dijo de nuevo el extremo alicantino con un punto de sobreactuación–. Con nosotros venía gente inocente. Incluso venía con nosotros Domínguez, que como tampoco le dan bola se ha apuntado a última hora.
– Daños colaterales –dijo sin inmutarse el señor de negro–. No todo el mundo puede pertenecer al grupo de Los Protegidos. Además, Domínguez de inocente tiene muy poco. Dice el jefe que es culpable de casi todo.

Afrontaba el Atleti el partido en Getafe sin contar con los protagonistas de esta historia, los protegidos del primo de la intérprete de Sarandonga, en el equipo titular y sin el jugador que se ha convertido en daño colateral de la defensa. Será que lo hace el técnico por darle solidez al elenco, solidez de la que se dio una nueva muestra al encajar un gol nada más sentarnos delante de la tele, todavía con la espuma de la cerveza sin asentar, todavía con el precinto de garantía puesto en la lata de las aceitunas gazpachas. Un gol de esos que sonrojan y hacen que te dé por mirar a los lados para desear que nadie se haya dado cuenta. Un gol de los que nos meten sólo a nosotros.
Noticia ha sido de nuevo la no repetición de la alineación. Los descreídos pensamos que es o porque el técnico no lo tiene claro o porque quiere despistar a los mozalbetes atléticos para que no puedan recitar de carrerilla el equipo tipo, viéndose obligados a aprender la plantilla entera. Profundidad de banquillo lo llama Sánchez Flores. Y sí, parece que el banquillo es profundo, abisal incluso para algunos como Filipe, Mérida o el propio Juanfran que no salen de él. Tras el gol, pasaron los minutos en una suerte de dominio estéril. Con los mismos vicios conocidos: defensa blanda, centro de campo adoleciendo de cualquier capacidad de creación y delanteros desesperantes y desesperados a partes iguales. Mención aparte merece Reyes. A Reyes le puede el agradecimiento al técnico, al que hace responsable directo de su rehabilitación para el fútbol. Suponemos que intenta plasmar las consignas de Quique sobre el campo, pero ese exceso de polisílabos en la charla prepartido y el entendimiento del utrerano hacen que interprete las órdenes muy a su manera, con parecido final en casi todas las jugadas, acabar tumbado boca arriba, muy quieto, como acababa Curro Romero cuando algún toro malintencionado le daba una voltereta.
El partido moría de inanición futbolística cuando en una jugada aislada, Forlán volvía a dar un pase de gol. Las malas lenguas dicen que se dedica a dar las asistencias que a él no le dan como se destapaba en la enésima cortina de humo publicada esta semana, fíjense ustedes. Y allí apareció él. El hombre que vino en invierno. Ése sobre el que nadie tiene claro de qué juega. El más callado de los protagonistas de nuestra historia. Girando el cuello de manera casi antinatural para cabecear a la red. Un giro que a ustedes y a mí nos costaría un ataque de tortícolis, pero que a él no le supone nada. Él es uno de Los Protegidos.