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viernes, 2 de septiembre de 2011

La primera llamada


(A pesar de que la actualidad futbolística rojiblanca no nos deja un día de descanso entre anuncios de fichajes con escala en Barajas y destino Turquía o desembarco incontrolado de mediapuntas con llegada y con o sin opción a recompra, permítanme hablar de algo que no pasaba desde el año 2008. Algo que todos los atléticos deberíamos celebrar)

Se adentró en el hall del hotel con una mezcla de ilusión expectante y de miedo a lo desconocido ¿Y si iba demasiado informal para la ocasión? Él se había presentado de la misma manera que cuando eran los de otra categoría los que le llamaban. Seguro que estaría bien, se obligó a pensar. De camino a su habitación le vino a la cabeza que, desde hacía demasiado tiempo, ninguno de los suyos había vuelto a disfrutar de lo que a él ahora le estaba pasando. Se puso el chándal, y se preparó a bajar para reunirse con aquellos a los que a partir de ese día, y probablemente, en el futuro más cercano, llamaría también sus compañeros. Ya en el pasillo de los ascensores, oyó una voz:

– Álvaro, ¿qué tal? Me alegro de verte por aquí. Ya era hora.

– Gracias Fernando. Pues ya ves. Aquí estamos –dijo con la timidez del que se encuentra con uno de sus ídolos de niñez.

– Pues vamos para abajo entonces – dijo su espigado camarada mostrando la misma sonrisa de niño que cuando se dio a conocer, hace ya el suficiente tiempo para que se le considerase un veterano del grupo.

– Oye, tú que sabes que es lo que se cuece aquí ¿Cómo está el ambiente? –preguntó Álvaro con curiosidad.

– Mal, para qué te voy a engañar. A unos les dan habitaciones en un ala de la residencia y a otros en la otra, porque si se cruzan empiezan a pegarse empujones y a agarrarse como luchadores de sumo anoréxicos. Solo hay tregua cuando están los de la tele y cuando el señor marqués nos da audiencia, que desde que es de la nobleza nos obliga a tomar el té a las cinco levantando el meñique y sin sorber. Fuera de eso, no se hablan. Solo se preocupan de sus futuros enfrentamientos directos, porque este año seguro que la liga se decide por la diferencia de goles.

Álvaro no podía creerse lo que le contaba Fernando. Sus sueños infantiles se desarrollaban de una manera muy diferente a la cruda realidad expuesta. El delantero continúo viendo la cara de preocupación del canterano:

– Pero no te asustes. Con los demás muy bien. Hacemos torneos de ping pong, de pocha y de cinquillo entre los no alineados. Antes invitábamos a los otros. Ya sabes. A los de los dos bandos. Pero de un tiempo a esta parte no se puede. Con decirte que uno de los de un grupo le metió un dedo en el ojo a otro del contrario por haberle quitado el cante de las cuarenta en bastos en un tute “subastao”. Y no veas cómo se retorcía de dolor el otro, parecía que estaba a punto de fenecer. Ya verás cómo lo pasas bien con nuestro grupo: están Javi y el otro Fernando, están David y Juanin,  Borja y Santi y Pepe y yo. Ya conocerás a Santi. Te vas a mondar con él. Cuando tenemos ratos muertos, cosa que pasa muy a menudo en las concentraciones, mandamos a Santi a picar a los unos y a los otros. Se dedica a ir de correveidile diciéndole a los unos que si los otros dicen que la novia de uno de ellos de periodista deportiva tiene poco, que solo sabe poner morritos. Luego se va con los otros y les dice que los unos aseveran que tanto movimiento de caderas en los bailes de la novia de uno de ellos es de ser un poquito fresca. Para que luego digan que el ambiente es malo...

“Toc, toc, toc…”

El golpeteo del bastón de un ujier en el forjado interrumpió las conversaciones.
– El señor marqués les recibirá en la salita azul en quince minutos. Se requiere atuendo informal pero resultón.



Álvaro se dirigió con sus nuevos camaradas hacia la salida del salón. Fuera como fuera, notaba como el orgullo por estar allí se hacía hueco en su pecho. Recordó lo duro que había sido llegar y recordó también a aquellos que le hicieron el camino más duro de lo que era. Aquellos que tomaron como costumbre el señalarle cuando algo no iba bien. Aquellos que finalmente han caído a sus pies ante la evidencia de su valía, por mucho que la pusieran en duda en discursos ventajistas plagados de subjuntivos y circunloquios de jersey estrecho.  

jueves, 11 de agosto de 2011

Indignación en retirada por el consumo de vinos de Rueda


Y por fin llegó uno. De fichajes les hablo. Arda Turán, jugador que ya el año pasado se barajó para sustituir al impar Jurado. En condiciones normales, uno, que lleva muchos años viendo un desfile de fichajes inspirado en “La parada de los monstruos” de Tod Browning, podría ojear el periódico y pasar rápido de página en dirección a las páginas polideportivas o a las del fútbol modesto, ése que demuestra muy poca solidaridad con los aficionados de Taipei o de Camboya quejándose de los horarios matinales. En la situación actual del equipo y viendo solamente raspas en el plato de las ilusiones tras los hábiles movimientos veraniegos, no es poco decir que al menos tenemos ganas de catarlo, como a los melones.



Expertos en futbol bizantino y otomano en particular dicen de él que tiene clase por arrobas, que tiene también un carácter un poco difícil y que físicamente no da para correr una media maratón. Rápidamente, empezó a correr como la pólvora el rumor de que sí, de que se había vuelto a fichar a un nuevo mediapunta de manual. Evidentemente, el pueblo se echó a la calle a protestar de manera más o menos organizada y se entremezcló con otros ciudadanos que también se concentraban por causas de menor calado que la llegada del Jurado de Anatolia: los había indignados con los indignados, indignados intrínsecamente, indignados con la calificación de la deuda española que otorga la agencia Standard de Lieja e indignados con eso de que en las rebajas no devuelvan el dinero en metálico cuando el pantalón le tira a uno de sisa. Ante tanta indignación, el indignado rojiblanco atenúo la suya, se dejó llevar por la masa indignada y hasta llegó a olvidar el motivo de su salida a tomar las calles. Posteriormente, y tras regar su indignación y la de varios de sus congéneres con unos blancos de Rueda, empezó a pensar que el fichaje del turco pudiera ser un buen fichaje. Hubo alguno incluso que lo comparó, físicamente y en su juego, con aquel rumano apelado como el Maradona de los Cárpatos que paseó su anatomía por los dos equipos que no pueden jugar en casa en horario monzónico. Llegado a este punto, una sensación de conmoción neutra se apoderó de los anteriormente indignados colchoneros que incluso admitían a regañadientes que tal vez un mediapunta no sea una cosa tan dañina en los tiempos que corren. Finalmente, miraron el reloj, vieron que se les hacía muy tarde y se fueron para casa en transporte público para amortizar el abono que ellos creían pagado religiosamente antes de saber de la existencia de tarifas laicas.

Durante el trayecto, el traqueteo hace que los aficionados reflexionen y saquen a ese entrenador que todos llevamos dentro, aunque sea un entrenador pequeñito, de chándal azul marino con rayas laterales y parecido a Quique Camoiras. Los aficionados andan preocupados por las noticias que hablan de incorporar a dos delanteros a la causa. Tienen grabadas en la retina imágenes de delanteros que se lo guisan y se lo comen sin mucho acompañamiento de su centro del campo. Tienen en mente dibujos plagados de delanteros, algunos de ellos disfrazados de interiores y se acuerdan de que llevamos bastante tiempo con el equipo partido. Se acuerdan de Maniche y su capacidad para partir y trocear al equipo como un mago serrucho en mano. Empiezan a enumerar interiormente los nombres de algunos centrocampistas que se nos han escapado cuando se debería haber hecho un esfuerzo para ficharles: Borja Valero, Cazorla, Silva, etc…y a otros que nos vendrían muy bien como por ejemplo el hijo de Mazinho.

Entonces, los seguidores, ya a punto de llegar a su parada, se convencen de que trayendo ese tipo de jugadores en el medio tal vez no sean necesarios tantos delanteros. Sin darse cuenta empiezan a gesticular exageradamente porque el entrenador que llevan dentro es ahora David Vidal y recolectan las miradas de sus acompañantes de vagón. Pero a ellos no les importa. Lo han visto claro. Se necesitan jugadores así en el centro del campo. Puede que la revelación sea fruto de la indignación inicial que ha dejado paso a un estado de felicidad o puede que sea fruto de un excesivo consumo de los caldos de Rueda. Lo que está claro es que si hubo más de uno y más de dos aficionados que llegaron a la misma conclusión en distintos puntos desperdigados por la red de transporte público, por algo será. 

lunes, 20 de junio de 2011

La (misma) canción del verano

Se nos ha venido encima el verano. Parecía tímido, reacio a dejarse ver, escondido tras alguna que otra tormenta copiosa. Pero al final ha llegado, como siempre. Nos ha vuelto a echar en la espalda su carga de grados centígrados o fahrenheit. Eso sí, como el verano no gusta de que le tilden de aprovechado, también nos trae otras cosas: gazpachos, picaduras de medusas, aftersunes, filetes empanados macerados en tupperwares, bikinis que casi no tapan, sandías puestas a refrescar a las orillas de los ríos, moscas, operaciones retorno, michelines, operaciones salidas, tintos de verano, señores que se cambian de bañador con una toalla a la cintura que no puede evitar que se les vea el trasero, avispas que aterrizan sobre un pimiento frito, cangrejeras de color sepia, sepias de color cangrejera…Y todo nos lo trae con un sonido reconocible, una banda sonora poco original que brota de radiocasettes a pilas o de maleteros de coches con tubo de escape gordo. La canción del verano.

La canción del verano no deja de ser una sucesión de notas musicales que, puestas todas en fila india, provocan de igual manera empacho y movimiento convulso de esqueleto. La canción de verano es de hoja caduca, pierde enseguida su fuerza, como si fuera una gaseosa abierta. La canción del verano empieza a oler cuando llega septiembre y debe ser desechada. Científicos de universidades muy prestigiosas del medio oeste americano han publicado estudios bien documentados en los que afirman que el ser humano tiene una capacidad limitada en lo que a escuchas de la canción del verano se refiere. Una vez que el individuo ha alcanzado ese umbral de hartazgo, ya no puede volverla a oír sin sufrir palpitaciones y descontrol de esfínteres. Como demostración palpable de lo que les cuento, traigo a colación el ejemplo del famoso Waka-Waka ¿Alguno de ustedes no cambiaría de emisora o de terraza si, en un acto de irresponsabilidad sin precedentes, alguien lo deja ahí tirado como si fuera un céntimo de euro? ¿Y qué me dicen de La Mayonesa? ¿Y sobre El Venao? Ya les digo, canciones del verano de años anteriores deben ser destruidas y nunca más revisitadas. Como buena regla, ésta también tiene su excepción, las creaciones de Georgie Dann, ese orfebre del golpe de cadera. Esas no, esas aguantan el paso del tiempo con firmeza. Esas tienen el poder de resetear la mente humana cada vez que son oídas y no solo no provocan hartura, no, si no que obligan a mover un pie rítmicamente por muy sieso que sea uno, extendiéndose más tarde como un virus a todos los miembros de las anatomías patrias.




No crean ustedes que la creación de canciones del verano es patrimonio exclusivo de artistas de camisa floreada y sangre latina, no. La gerencia colchonera nos agasaja cada verano con un lanzamiento nuevo. La base suele ser la misma, repetición de ritmos machacones que auguran la confección de un equipo competitivo, arreglos vocales que garantizan resultados a corto plazo y acordes reusados de otras estrofas que se pretenden vender como originales. A pesar de lo conocido del tema, los hay que todavía arrancan a bailar, sin duda bajo los efectos de una sobredosis de sangría o de una ensalada fresquita de comisiones. Otros ya no bailamos, hemos llegado al nivel límite de escuchas. Da igual que le pongan esos timbales allí o ese lateral derecho allá para que parezca un single nuevo. No cuela. Será porque estamos mayores y cada vez nos cuesta más eso de arrancarnos a danzar. Será, a lo mejor, porque tememos las consecuencias posteriores, ataques de reuma en lo más hondo de nuestro sentimiento atlético.

Como les comentaba antes, se está empezando a grabar el lanzamiento correspondiente de este año, esta vez bajo la producción del señor Quilón, que viene a sustituir al señor Mendes, productor de los últimos trabajos. Dicen que se pretende dotar a la canción de un tono diferente, un tono de cantera que luego se pueda calificar de influencia étnica. De momento, se empiezan a filtrar los resultados de las primeras grabaciones. Unas maquetas en las que participan músicos no muy conocidos que vienen con la misión casi imposible de hacer olvidar a otros que ya no estarán. El elenco de músicos que de momento están confirmados, deja entrever que la canción será de tintes pachangueros. Propia para fiestas de pueblo estepario. Se cuenta con la participación de un lateral, Silvio, que augura ritmos cacofónicos por la banda derecha con la vuelta de Salvio. También aparecerá Gabi en los títulos de crédito, un artista al que conocíamos de otros elepés anteriores y que no acabó de llegar a convencernos. Los arreglos de cuerda serán responsabilidad de Miranda, un señor muy misterioso del que la mayoría no conocemos su aspecto ni si es alto o bajo, blanco o negro. Tampoco sabemos si se le ha contratado para tocar en este disco o en ulteriores. Se especula con la presencia de Adrián, un virtuoso de la gaita con tendencia a la intermitencia en sus solos, lo que puede acarrearle futuros envíos a templar sus instrumentos favoritos por parte del respetable. Además, vuelve un ingeniero de sonido también familiar, Manzano, profesional al que las malas lenguas acusan de aburrido y las buenas de gris. A partir de aquí, conjeturas, promesas e intenciones. Se habla de Osvaldo, tanguero que dejó buen sabor en anteriores actuaciones acariciando el bandoneón. De Borja Valero, percusionista del último pase muy revalorizado y que el año pasado pedía por gala cuatro veces menos de lo que ahora se pide por él. Se habla de un portero. Se habla de mediapuntas. Se habla por hablar.

Total, más de lo mismo. Una canción de la que en octubre estaremos ya cansados. Una canción que no provocará que nos levantemos de la silla de camping para invitar a bailar a la pareja que más a mano tengamos. Una canción en la que no participarán varios de los colaboradores más notables de trabajos anteriores, cosa que muchos fans no acabamos de entender. Cuando la oigamos, pensaremos si no sería mejor que se la encargaran directamente a Georgie Dann, que seguro que lo haría mejor que los actuales responsables de la discográfica. Será una canción diseñada para alcanzar un honroso octavo puesto en las listas de ventas. Será una canción repetida. La misma canción del verano.