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lunes, 20 de junio de 2011

La (misma) canción del verano

Se nos ha venido encima el verano. Parecía tímido, reacio a dejarse ver, escondido tras alguna que otra tormenta copiosa. Pero al final ha llegado, como siempre. Nos ha vuelto a echar en la espalda su carga de grados centígrados o fahrenheit. Eso sí, como el verano no gusta de que le tilden de aprovechado, también nos trae otras cosas: gazpachos, picaduras de medusas, aftersunes, filetes empanados macerados en tupperwares, bikinis que casi no tapan, sandías puestas a refrescar a las orillas de los ríos, moscas, operaciones retorno, michelines, operaciones salidas, tintos de verano, señores que se cambian de bañador con una toalla a la cintura que no puede evitar que se les vea el trasero, avispas que aterrizan sobre un pimiento frito, cangrejeras de color sepia, sepias de color cangrejera…Y todo nos lo trae con un sonido reconocible, una banda sonora poco original que brota de radiocasettes a pilas o de maleteros de coches con tubo de escape gordo. La canción del verano.

La canción del verano no deja de ser una sucesión de notas musicales que, puestas todas en fila india, provocan de igual manera empacho y movimiento convulso de esqueleto. La canción de verano es de hoja caduca, pierde enseguida su fuerza, como si fuera una gaseosa abierta. La canción del verano empieza a oler cuando llega septiembre y debe ser desechada. Científicos de universidades muy prestigiosas del medio oeste americano han publicado estudios bien documentados en los que afirman que el ser humano tiene una capacidad limitada en lo que a escuchas de la canción del verano se refiere. Una vez que el individuo ha alcanzado ese umbral de hartazgo, ya no puede volverla a oír sin sufrir palpitaciones y descontrol de esfínteres. Como demostración palpable de lo que les cuento, traigo a colación el ejemplo del famoso Waka-Waka ¿Alguno de ustedes no cambiaría de emisora o de terraza si, en un acto de irresponsabilidad sin precedentes, alguien lo deja ahí tirado como si fuera un céntimo de euro? ¿Y qué me dicen de La Mayonesa? ¿Y sobre El Venao? Ya les digo, canciones del verano de años anteriores deben ser destruidas y nunca más revisitadas. Como buena regla, ésta también tiene su excepción, las creaciones de Georgie Dann, ese orfebre del golpe de cadera. Esas no, esas aguantan el paso del tiempo con firmeza. Esas tienen el poder de resetear la mente humana cada vez que son oídas y no solo no provocan hartura, no, si no que obligan a mover un pie rítmicamente por muy sieso que sea uno, extendiéndose más tarde como un virus a todos los miembros de las anatomías patrias.




No crean ustedes que la creación de canciones del verano es patrimonio exclusivo de artistas de camisa floreada y sangre latina, no. La gerencia colchonera nos agasaja cada verano con un lanzamiento nuevo. La base suele ser la misma, repetición de ritmos machacones que auguran la confección de un equipo competitivo, arreglos vocales que garantizan resultados a corto plazo y acordes reusados de otras estrofas que se pretenden vender como originales. A pesar de lo conocido del tema, los hay que todavía arrancan a bailar, sin duda bajo los efectos de una sobredosis de sangría o de una ensalada fresquita de comisiones. Otros ya no bailamos, hemos llegado al nivel límite de escuchas. Da igual que le pongan esos timbales allí o ese lateral derecho allá para que parezca un single nuevo. No cuela. Será porque estamos mayores y cada vez nos cuesta más eso de arrancarnos a danzar. Será, a lo mejor, porque tememos las consecuencias posteriores, ataques de reuma en lo más hondo de nuestro sentimiento atlético.

Como les comentaba antes, se está empezando a grabar el lanzamiento correspondiente de este año, esta vez bajo la producción del señor Quilón, que viene a sustituir al señor Mendes, productor de los últimos trabajos. Dicen que se pretende dotar a la canción de un tono diferente, un tono de cantera que luego se pueda calificar de influencia étnica. De momento, se empiezan a filtrar los resultados de las primeras grabaciones. Unas maquetas en las que participan músicos no muy conocidos que vienen con la misión casi imposible de hacer olvidar a otros que ya no estarán. El elenco de músicos que de momento están confirmados, deja entrever que la canción será de tintes pachangueros. Propia para fiestas de pueblo estepario. Se cuenta con la participación de un lateral, Silvio, que augura ritmos cacofónicos por la banda derecha con la vuelta de Salvio. También aparecerá Gabi en los títulos de crédito, un artista al que conocíamos de otros elepés anteriores y que no acabó de llegar a convencernos. Los arreglos de cuerda serán responsabilidad de Miranda, un señor muy misterioso del que la mayoría no conocemos su aspecto ni si es alto o bajo, blanco o negro. Tampoco sabemos si se le ha contratado para tocar en este disco o en ulteriores. Se especula con la presencia de Adrián, un virtuoso de la gaita con tendencia a la intermitencia en sus solos, lo que puede acarrearle futuros envíos a templar sus instrumentos favoritos por parte del respetable. Además, vuelve un ingeniero de sonido también familiar, Manzano, profesional al que las malas lenguas acusan de aburrido y las buenas de gris. A partir de aquí, conjeturas, promesas e intenciones. Se habla de Osvaldo, tanguero que dejó buen sabor en anteriores actuaciones acariciando el bandoneón. De Borja Valero, percusionista del último pase muy revalorizado y que el año pasado pedía por gala cuatro veces menos de lo que ahora se pide por él. Se habla de un portero. Se habla de mediapuntas. Se habla por hablar.

Total, más de lo mismo. Una canción de la que en octubre estaremos ya cansados. Una canción que no provocará que nos levantemos de la silla de camping para invitar a bailar a la pareja que más a mano tengamos. Una canción en la que no participarán varios de los colaboradores más notables de trabajos anteriores, cosa que muchos fans no acabamos de entender. Cuando la oigamos, pensaremos si no sería mejor que se la encargaran directamente a Georgie Dann, que seguro que lo haría mejor que los actuales responsables de la discográfica. Será una canción diseñada para alcanzar un honroso octavo puesto en las listas de ventas. Será una canción repetida. La misma canción del verano.