martes, 31 de mayo de 2016

Nadie esperando

Que no fuera Juanfran, deseábamos todos. Que no fuera nadie, claro, pero puestos a elegir que no fueran tampoco ni Fernando ni Gabi. Que ninguno de ellos tuviera que cargar con esa losa, aun sabiendo que ese lastre haría que les quisiéramos más si cabe. Juanfran es uno de ellos, de los que podemos contar apenas con los dedos de una mano. Hubiéramos pagado para que no fuera él. 

No queríamos que fuera Juanfran porque cuando llegó a nuestras vidas no había nadie esperándole. Uno le imagina frustrado al descubrir que la recepción está cerrada tras un largo viaje. Seguramente tuvo que recurrir a la gélida compañía de un timbre al que llamar fuera del horario de atención al futbolista que llega en el mercado de invierno con pocas expectativas. El alicantino fue capaz de superar un pasado para olvidar y Simeone, cambio de acento mediante, supo exorcizar al extremo que llevaba agarrado al alma. El reinventado Juanfrán aprendió a golpes el oficio de defensa. Estudiando los movimientos de cada delantero que le tomaba la espalda, acabó sacándose el título de carrilero con excelentes calificaciones en el turno de noche. Su sacrificio y entrega nos ha enamorado sobre el césped, pero es fuera del rectángulo donde se aprecia su dimensión como persona.


Agradecido, el de Crevillente no pierde ocasión para jurar amor al Atleti, desechando por el camino proposiciones que prometen muchos ceros pero menos calor. Probablemente nunca será el que más camisetas venda ni el que más crónicas inspire, pero siempre estará entre los más queridos. No hubo quien no se alegrara más de lo normal por su penal definitivo ante el PSV. No hubo nadie que no sintiera como una puñalada mortal su fallo en Milán.

Juanfran pidió disculpas sin que hubiera necesidad de ello. Lo hizo mezclando lágrimas, suyas y nuestras, y prometió volver, como hizo en Lisboa para cumplirlo hace unos días. Con todo lo anterior en la mente, comprendimos por qué deseábamos que no fuera Juanfran o a lo mejor nos sentimos aliviados porque hubiera sido él. Es uno de esos hombres que logra que parezca insuficiente todo lo bueno que le ocurre. Un tipo que llegó sin que hubiera nadie esperando para abrirle la puerta y que ha acabado abriendo las suyas de par en par para esperarnos a todos nosotros. 

lunes, 30 de mayo de 2016

Mis héroes

Mis héroes fallan penaltis, pero no por ello dejan de ser mis héroes. Mis héroes se acercan destrozados a pedir perdón cuando nunca exigieron agradecimiento. Mis héroes no poseen superpoderes, sino una infinita capacidad de sufrimiento. Mis héroes conocen las sombras oscuras de la derrota y, aun así, vuelven a intentar llevar la luz a esos rincones. Mis héroes lloran sobre un césped regado previamente con su sudor y con su esfuerzo y tú, roto por dentro, sacas fuerzas de donde no crees que las haya para hacerles saber que hoy y siempre estarás a su lado. Mis héroes son humanos. Mortales. Terrenales y divinos a la vez. No hay héroes como los míos.

Mis héroes son de Fuenlabrada, de Leganés o del barrio de Vallecas. Mis héroes son también de Crevillente y hasta hay alguno que decidió nacer más lejos, tal vez en Uruguay. Mis héroes son héroes más allá de un lanzamiento con más o menos fortuna, de unos primeros minutos en los que la tensión les superó o de no haber liquidado al rival cuando más tocado estaba. Mis héroes alimentan las vitrinas de valores más que de títulos. Mis héroes no se retuercen en el suelo haciendo creer que les falta la respiración tras un balonazo en el brazo. Mis héroes prefieren enseñar las cicatrices antes que los abdominales. Así son mis héroes.

Mis héroes se dejan la vida, la voz y la cartera en un viaje hacia un sueño. Mis héroes no se achantan ante diecinueve horas de carretera. Mis héroes lloran en una esquina de un bar o en la soledad imponente de sus casas. Mis héroes no son capaces de dormir y la dan vueltas una y otra vez a ciertos lances, creyendo que se puede cambiar lo inamovible con el poder de los deseos. Mis héroes tienen un vacío en el estómago difícil de describir. Mis héroes, pese a todo, se reponen y vuelven a lucir la camiseta rojiblanca al día siguiente, más orgullosos que nunca. Mis héroes salen a tomar el aperitivo, bajan al parque con los niños o se reúnen con la familia y los demás les miran con admiración. Mis héroes sangran a borbotones por una herida que tardará en curar, pero siguen viviendo. Mis héroes son ustedes.


Mis héroes visten de negro riguroso. Mis héroes nos han dado todo. Nos hicieron creer. Mis héroes resucitaron muertos que pedían un entierro digno y los hicieron campeones. Mis héroes parecen tocados, nunca hundidos. Mis héroes nos han enseñado que si se cree y se trabaja, se puede. Mis héroes conjugan el verbo fracasar desde la autoexigencia y en caliente. Mis héroes deben saber que no habría mayor derrota que su ausencia. Mis héroes no nos dejarían huérfanos y perdidos en medio de una tempestad. Mis héroes se han ganado el derecho de tomarse el tiempo que quieran para pensar. Mis héroes deben restañar las heridas y volver a tener fe. Mis héroes son de otra pasta. Tener a mis héroes al lado es una inmensa fortuna.


Mis héroes caen y se levantan inmediatamente. Mis héroes volverán. Mis héroes deben saber que lo importante es el camino y no la meta. Mis héroes no son los más guapos aunque lo sean. Mis héroes eran gruñones, tenían las patillas demasiado anchas y no tenían en cuenta las modas a la hora de cambiar la montura de unas gafas a través de las cuales miraba la vida en rojiblanco. Mis héroes tenían bigote y se sumaban al ataque sin ánimo de hacer prisioneros. Mis héroes cayeron en Bruselas, en Lisboa y en Milán pero no los cambiaría por nada del mundo. Creo firmemente en que no elegí a mis héroes, fueron mis héroes los que me eligieron a mí. Mis héroes visten una camiseta a rayas rojas y blancas. Más allá de cualquier resultado, de las victorias más dulces y las más amargas derrotas que pudieran darse, mis héroes son del Atleti. 

jueves, 26 de mayo de 2016

Gracias

Artículo publicado en CTXT: 

http://ctxt.es/es/20160518/Deportes/6220/Emilio-Mu%C3%B1oz-Atleti-Gracias.htm

Gracias. Mejor decirlo al principio. Mejor que la primera palabra escrita sea gracias, que sea lo primero que alguien lea, no fuera a ser que pueda confundirse el objetivo de lo que viene a continuación. Vaya por delante que este ejercicio de agradecimiento quiere uno hacerlo hoy, con la gloria al alcance de la mano pero con la incertidumbre natural de citas tan grandes como la de Milán. Uno lo quiere hacer a unas horas del choque porque cree que es de justicia y porque no quiere que, borracho de triunfo o lamentando lo que pudo haber sido y no fue, algún despistado pudiera pensar que el sentimiento es otro. Lo que a uno le brota del interior es agradecimiento, más cosas también, pero sobre todo agradecimiento.

Gracias de nuevo para comenzar este párrafo. Gracias por los nervios que nos estáis haciendo pasar. Gracias por estos dedos en los que ya no quedan uñas. Gracias por hacer que el orgullo con el que uno pasea por su vida los colores rojo y blanco sea incluso un poco mayor. Gracias por hacernos gozar con lo que algunos califican de fútbol feo. Gracias por conseguir que a nuestros ojos sea arrebatador. Gracias por el fútbol directo y por el de orfebrería forjada al primer toque. Gracias por abrigarnos cuando el frío del invierno y la humedad del río aprietan. Gracias por no defraudar. Gracias por los planes que tuvimos que cancelar para estar a vuestro lado. Gracias por los fines de semana de emoción y los martes y miércoles de pasión. Gracias por el estallido de júbilo tras la tanda de penales que finiquitó Juanfran. Gracias por Barcelona y por Munich. Gracias por la trayectoria en Champions, en Liga y en Copa, aunque ésta última fuera breve. Gracias por los partidos en los que parecéis venir ganados de casa, por los partidos reñidos y hasta por las derrotas. Nunca agachasteis la cabeza ante ellas. Jamás dejasteis de merecer llevar la sagrada camiseta rojiblanca. Gracias por demostrar que un equipo pesa más que toneladas de individualidades dispersas. Gracias por todos estos años manteniendo al Atleti en el sitio que nunca debió dejar, ese sitio que es nuestro por historia y tradición.

Gracias una vez más. Gracias a Jan, por sus paradas imposibles y esa tranquilidad que es capaz de transmitir bajo el fuego enemigo. Gracias a Miguel Ángel, por asumir con impecable elegancia su situación. Gracias a Juanfran, por ser la persona que es y por las autopistas de ida y vuelta que dibuja en la banda derecha. Gracias a Filipe, por volver y hacer que su excelsa zurda nos hiciera olvidar cualquier paréntesis. Gracias a Stefan, por esa sobriedad que tan bien combina con esa cara de villano de película de James Bond. Gracias a Lucas, el hijo de Jean François, por todo el maravilloso presente con aroma de futuro que nos promete cada vez que salta al campo. Gracias Jose María, por jugarse la cara, la cabeza y el honor, si es necesario, para tapar un disparo a bocajarro. Gracias a Jesús, por no fallar cuando se le necesita. Gracias a Diego, por demostrar cada día que tiene metido este veneno muy dentro y por esas arrancadas, plenas de jerarquía, en las que juraríamos que le crece el bigote a medida que avanza metros hacia el campo contrario.


Gracias ante todo. Gracias a Tiago, por sus lecciones del primer tercio de temporada, por su sacrificio en el dolor y por retornar a tiempo. Gracias a Jorge, por ser el más reputado arqueólogo de los últimos pases y ser capaz de mezclar a la perfección la potencia de un panzer alemán con la sutilidad de un artesano latino. Gracias a Matías, por su paciencia y humildad a la hora de aprender. Gracias a Thomas, por llenar encuentros desesperanzados de ilusión y frescura. Gracias a Óliver, por poner el objetivo común por encima de todo en un año complicado. Gracias a Augusto, por parecer que lleva trienios a nuestro lado. Gracias a Saúl, por su despliegue, su potencia y por un gol que recordaremos hasta el día en que nos vayamos al otro barrio. Gracias a Gabriel, por la infinita capacidad de sus pulmones, por los kilómetros recorridos y porque a la hora de representarnos no se puede pedir más a un capitán. Gracias a Yannick, por sus gambeteos y esa sensación de invencibilidad que transmite a campo abierto. Gracias a Luciano, por aquel tanto con la espinilla. Gracias a Ángel, por revolucionar los partidos que exigen un levantamiento y por esos controles orientados de otro planeta. Gracias a Antoine, por su capacidad de convertir en gol cualquier traza de oportunidad y por hacernos dudar de si hay jugadores que corren con el botón de turbo de la consola apretado. Gracias a Fernando, por lo de ahora pero especialmente por lo de aquellos años. Gracias por dejarnos ser testigos de tu renacimiento, por ser uno de nosotros y por conducirte por la vida como te conduces.

Gracias a Germán, por su pizarra, su cronómetro al cuello y su conocimiento del juego, aunque no nos acabe de convencer que abandonase el chándal. Gracias al Profe, por exprimirles y pensar que siempre se puede dar más en cada ejercicio. Gracias al resto del equipo técnico, por facilitar la vida de los que nos hacen soñar sobre el césped. Gracias Diego Pablo, por existir. Gracias por enseñarnos y devolvernos tanto. Gracias por tus palabras y por tus silencios, por enseñarnos a vivir partido a partido. Gracias por demostrarnos que si se cree y se trabaja, se puede. Gracias infinitas.

Gracias a todos en suma por lo que estamos viviendo y por el camino que nos ha traído hasta este punto. Gracias por las noches en las que los niños y niñas del Atleti se han ido a la cama más contentos. Gracias por ayudarnos a soñar más fuerte junto a vosotros. Gracias por regar de sudor los campos del continente. Gracias por permitirnos mirar de igual a igual a los que por presupuesto deberían mirarnos por encima del hombro. Gracias por la simpatía perdida de los otros y por matar bien muerta la leyenda del Pupas. Gracias por esa media sonrisa que se adivina en la cara de Neptuno. Gracias por evidenciar que derrochar coraje y corazón no es solo una estrofa del himno. Gracias por los parques llenos de camisetas del Atleti. Gracias por enseñarnos que nunca hay que dejar de creer. Gracias en nombre de los que fueron, somos y serán. Gracias por ser los protagonistas de una bellísima historia que empezó a escribirse en agosto. Gracias por hacer que, llegados a este punto, nuestro agradecimiento se mantenga más allá de cualquier resultado. Esto solo podría acabar de una manera posible: Gracias.