– Mariano, por más que yo sea tan fan de Carmen Machi, vamos a tener que dejar de comprar Activia. Desde que el niño ha entrado en la adolescencia se le ha cambiado el metabolismo y, aún siendo de naturaleza estreñida como toda mi familia, ahora está casi siempre suelto y se encierra en el baño más que de costumbre –dijo la madre con esa preocupación desconocedora que gastan algunas madres con respecto a sus retoños.
– Será eso....Seguro que sí –añadió el padre sin quitar la vista del autodefinido del dominical.
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Pues parece que podemos dar por finalizada de manera oficial la etapa del onanismo futbolístico en nuestro Atleti. Sí, sí, de momento solo eso. Dejémonos de hablar de exhibiciones, de tiqui tacas y hasta de candidaturas precipitadas a nada. Separemos la paja (precisamente...) del grano y quedémonos con el pájaro que tenemos en la mano (¡vaya!….) que los ciento que vuelan ya llegarán si tienen que hacerlo. El camino que se ha tomado no parece malo, desde luego.
¿Que a qué viene lo del onanismo? Pues básicamente a que, desde tiempos recordados con añoranza, hemos pasado una travesía caracterizada por tácticas basadas en el principio futbolístico de Juan Palomo, eso sí con matices: Nadie lo guisa y yo me lo como. Lo sufrió principalmente Torres. Lo sufrieron Forlán y ese otro del que ya no queremos ni acordarnos, ese que tiene que llevar al psicólogo a un hijo traumatizado por la carencia afectiva que le ha dejado la separación de Indy, su amigo mapache de ropa raída con quien se fotografiaba un día sí y al otro también. Lo sufrimos todos al fin y al cabo. La estrategia era sencilla, patadón arriba y que el bueno haga lo que pueda rodeado de contrarios, muchas veces en clara inferioridad, hasta de cinco contra uno (¡ay, ay, ay!...). Amor propio en estado puro. Un torpe descubrimiento de los amores por más que señores tan graciosos como Woody Allen digan que la masturbación es hacer el amor a la persona a la que más quieres.
Pero las cosas han cambiado, damas y caballeros. El inicio de esta temporada nos ha traído un Atleti que se echa colonia y se pone su mejor camisa para salir a buscar al buen juego como pareja de baile. Por fin hemos comprendido que estas cosas cuando se hacen en compañía tienen más gracia. Quedó atrás ese tiempo de individualismo (recordemos a Banega y su afición por las webcams) y hemos pasado a tener un equipo ligón. Un equipo que pretende sentar sus bases sobre el cariño al balón. El conjunto ha crecido innegablemente, el pretérito acné y el pelo grasiento con el que el triunfo era una casualidad ha dejado paso a una circulación de pelota atractiva y de mirada interesante. Y es que este nuevo corte de pelo nos sienta bien, francamente bien. Parece descuidado pero está milimétricamente medido, con sus laterales profundos y sus centrocampistas participativos y dinámicos a la altura de las patillas.
No por ello, debemos omitir que, cuando de temas amatorios se trata, el equipo anda algo verde dentro de la buena intención general. En estos temas es necesario medir tiempos, dar importancia a los preliminares con los que se inicia cualquier jugada. Nada que la experiencia que traerá el paso de los partidos no pueda solucionar. Contamos con grandes ventajas de antemano. Un galán del área, el amante ideal del remate. Con ese toque que tienen los protagonistas de telenovela para llevarse del brazo al balón al huerto de las redes con sólo una caída de ojos. Tenemos a un brasileño que trata al cuero como se merece, siempre tiene un plan para él y le saca de paseo de banda a banda o por el interior para que éste no se aburra. Tenemos también a un turco, que sin ser una belleza, conquista a la pelota con sonrisa de pillín y contando chistes subidos de tono. Tenemos a un veterano como Perea al que las canas han atenuado los nervios que mostraba en sus anteriores escarceos para jugar el balón. Tenemos un centro del campo que acaricia la pelota en su medida justa y no pretende ir demasiado rápido con ella. Tenemos ganas de que llegue la siguiente cita. Tenemos ganas de más.
Nos faltan algunas cosas también, no crean, que porque andemos empezando la relación no por ello debemos dejar de ver la viga en el ojo propio ni la paja (¡anda que!...) en el ajeno. Algo de constancia a la hora de mantener la chispa a lo largo de todo el partido. Falta también que Reyes comprenda que no debe entorpecer el idilio interrumpiendo la conversación, como ese amigo que te viene a preguntar sobre la hora a la que os vais a marchar cuando ya andas acortando distancias con tu partenaire. Ya les digo, habrá que limar detalles y trabajar cada día para que estas mariposas en el estómago que se empiezan a sentir se instalen y cuajen en algo que podamos recordar con una media sonrisa ¡Qué cosas tiene el corazón! La primera vez que vimos al equipo nos pareció medio feucho y esmirriado, y a medida que pasan los días, nos empieza a hacer tilín.
¿Será que nos estamos enamorando?
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El sexo es hermoso entre dos personas. Entre cinco es fantástico
Woody Allen.
(…y entre once no les cuento…)

