viernes, 22 de abril de 2016

Torres para nosotros

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco:

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/torres-para-nosotros/

El murmullo se hizo clamor. El estado de forma de Fernando Torres empieza a concitar unanimidades y el pueblo pide selección. No anda el aficionado desencaminado sopesando méritos y números, más allá de colores. El gol cien resultó tímido pero sus hermanos posteriores se suceden a chorros, con total descaro. No existe actualmente punta, autóctono o importado, que supere las prestaciones del de Fuenlabrada. El nueve de España, aunque duela, presenta un expediente incomparable justo ahora que se adivina en el horizonte la Eurocopa. Torres ha vuelto, principalmente porque nunca se marchó.

Expuesto lo anterior y estando de acuerdo con el fondo de la petición ciudadana, no deseo que el Señor Marqués se acuerde de él ni de pasada ni que le incluya en ninguna lista. No hay necesidad de que Fernando vuelva a someterse al escrutinio partidista que siempre le acompañó cuando vistió la Roja. Sentado pacientemente, el Niño ha visto desfilar ante su puerta los ataúdes deportivos de todos con los que le compararon para minusvalorarle: Negredo, Soldado, Portillo, Llorente… Cuestionarle se convirtió en el pasatiempo de las concentraciones. A la controversia respondía con el gol del primer título, a las dudas interesadas contraponía botas de oro, a los cerdos alimentaba con margaritas, así funciona esta enfermiza relación.


A estas alturas de su carrera al extenso curriculum de Torres solo le quedan espacios para gestas en rojiblanco. Totalmente cubiertos lucen los huecos a nivel de combinados nacionales. El plan se antojaría una estafa de antemano: quedarse sin vacaciones y poner su cabeza en la mirilla de los francotiradores de tinta. Añadirse a una convocatoria, para más inri, que despide olores de alimento caducado  ¿Cuánto no le buscarían en la derrota cuando tanto lo hicieron en la victoria? Que lleguen de Turín o de la mediapunta los salvadores para certificar el previsible naufragio de un modelo prostituido por el noble técnico. No llamen a Fernando para asistir a la extremaunción con ánimo de señalarle.

Admito que mi deseo de que nadie en Las Rozas se acuerde de Torres guarda también un punto egoísta. Lo quiero todo para mí. Quiero, muchos queremos, seguir disfrutando en exclusiva de esas cabalgadas que nos quitan diez años de encima de un plumazo. Quiero, queremos, seguir sorprendiéndonos ante cómo se carga de electricidad el Calderón cuando él lo pisa. Quiero, queremos, verle caer y volver a levantarse más fuerte. Quiero, queremos, seguir sumando testarazos de manual y picadas copiadas de una noche vienesa. Quiero, queremos, asomarnos a su mirada y saber que volvió para lo que está por venir. Puestos a que convoquen a alguien de consenso, cojan el teléfono y llamen a Jesé, ese nini de lo balompédico. Déjennos a Torres para nosotros. A orillas del Manzanares se le valora y se sabe cómo tratarle. Quien quiera verle jugar que se pase por allí. 

jueves, 21 de abril de 2016

Acostumbrarse a los milagros

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160420/Deportes/5515/Atletico-de-Madrid-Liga-candidato-La-Colchoner%C3%ADa-La-agon%C3%ADa-del-mediapunta.htm

Treinta y tres partidos no son nada, como diría el bolero si decidiera dejar los años aparcados. Tres equipos en un punto y un puñado de goles que desharían los posibles empates. Solo quedan cinco jornadas. La mitad de las que el de Hortaleza, que por algo era un sabio, afirmaba como decisivas en cualquier campeonato. La liga, tras casi encamarse en azulgrana, vuelve a posar su mirada en los demás, veleidosa. Esperarían días de transistor si hubiera alguno que hubiera sobrevivido a estos tiempos de redes sociales, podcasts y partidos a deshora. A los dos sospechosos habituales para los que cada año se prepara el baile se les vuelve a unir el Atleti, una vez más sin invitación. Escribió Chesterton que lo más increíble de los milagros es que ocurren. Tenía razón, pero desde el prisma del Manzanares admitiría rectificación. Lo más increíble de los milagros es llegar a acostumbrarse a ellos.

A la temporada de los rojiblancos le restan ocho enfrentamientos en el mejor de los casos. Como hace un par de años, soñar no es un lujo para los de Simeone. Llegados a este punto, diferencias presupuestarias y confianzas menguan como una camiseta de Primark lavada con agua caliente. El Atleti vuelve a mostrarse como la única y principal amenaza al poder establecido. Su milagro es el trabajo. No hay más. Quien se pregunte aun por el secreto escondido en poder codearse con la rancia nobleza continental de lo balompédico, que mire al señor vestido de negro riguroso que se encierra, sin éxito, en la jaula de las áreas técnicas anexas a los banquillos. Su discurso no se mueve: ahora toca conquistar el Nuevo San Mamés. Ya se sacará al locuaz Rummenigge de la alacena, ya se hablará de matemáticas una vez se haya disipado el humo que se expende como genérico remedio para quien quiera engañarse. El camino hacia la gloria solo puede imaginarse partido a partido.


Siete u ocho choques a afrontar con la fe en máximos históricos. El aficionado atlético mira al césped y encuentra un portero con hechuras de póliza de seguros a todo riesgo, laterales con filo de puñal, centrales a los que solo les falta el bigote para poblar las pesadillas del delantero más audaz, centrocampistas que compaginan toque y sudor y atacantes a los que el gol, otrora esquivo, vuelve a sonreír. No es posible imaginar mejor compañía ni mejor actitud para encarar la batalla. Toda la plantilla está preparada. El asalto a los cielos es más un estado de ánimo que una obligación.

Las niñas ya no quieren ser princesas, ahora quieren ser del Atleti y dejarse enamorar por cada desmarque de Fernando. Los niños tildan de frivolidad lo de soñar en convertirse en astronautas o bomberos y aspiran a imitar las arrancadas de Diego desde la cueva. Los más mayores morimos con las diabluras de Antoine, con la jerarquía de Saúl y con Gabriel haciendo de todos los personajes de la obra. Se vienen las fechas que lo decidirán todo y Koke se ha vuelto a poner su mejor traje. Los dados giran en el aire y, lejos de ser superado por la bisoñez, Lucas muestra serenidad de cincuentón imberbe. La magia habita en la varita de Ángel y no hay galgo que cace a Yannick en campo abierto. La meta se adivina en el horizonte y el conjunto rojiblanco se acerca a ella latido a latido, convencido de que si se cree y se trabaja, se puede.   

Apenas quedan unas pocas citas y el equipo que no jugaba a nada, el que aburría y el que recurría a la violencia como modo de vida –todo eso decían, dicen– alcanza en puntos a plantillas que parecieran sembrar de laureles cada comparecencia sobre el pasto ¡Quién lo iba a decir! El milagro sobre el que el Atleti lleva cabalgando los últimos años ya ha ocurrido. Desde este punto hasta el final solo puede hacerse más grande. Que los que vivimos en colchonero nos hayamos acostumbrado solo lo convierte en más extraordinario. 

viernes, 15 de abril de 2016

Sin adjetivos

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160413/Deportes/5436/Atletico-de-Madrid-epica-aficion-Champions-League-FC-Barcelona-La-Colchoner%C3%ADa-La-agon%C3%ADa-del-mediapunta.htm

Andaba uno, tras el partido, intentando ralentizar los pulsos que seguían a punto de nieve. La cuestión era encontrar una pizca de serenidad para irse a la cama con ciertas garantías. Dado que la empresa se antojaba complicada, cuando no imposible, servidor de ustedes tuvo la necesidad de sentarse frente a un papel en blanco. Escribir. Contar, dentro de mis posibilidades, lo vivido a lo largo de otra noche ya guardada en la memoria, en la estantería de los recuerdos que perdurarán. Las palabras brotaban fluidamente pero, mediado ya el primer párrafo, me di cuenta de que no encontraba ningún adjetivo que pudiera explicar lo que había ocurrido en el Calderón.

Busqué en los cajones en los que suelo guardar los adjetivos y encontré todo tipo de palabras: verbos, sustantivos y artículos se apelotonaban allí, más no fui capaz de encontrar ningún adjetivo. Me dirigí a la cocina, no fuera ser que hubiera puesto los adjetivos, sin darme cuenta, en el jarrón en el que confino a las monedas de uno y dos céntimos. Nada. Ni rastro. Volví al salón turbado ¿De qué manera puede uno describir la belleza del estadio, la comunión entre jugadores y afición, el orgullo que destila cada uno de los seguidores atléticos cuando ve cómo defienden la camiseta los integrantes del grupo creado y dirigido por Simeone sin servirse de adjetivos? 

Reflexionaba sobre la levedad de un texto desadjetivado cuando desde la mesa del comedor llamaron mi atención. Eran dos adjetivos de uso infrecuente. Se presentaron educadamente como portavoces de todos los adjetivos usados y por usar que pueblan los textos de juntaletras de toda condición. Ante mi sorpresa, expresaron su disconformidad por las condiciones laborales de sus compañeros cuando tienen que trabajar en un texto que glosa los méritos del Atleti. Continuaron su alegato exponiendo que los adjetivos que acompañan las aventuras de este Atleti de nuestros amores se sentían insuficientes nada más posarse sobre cualquier papel o procesador de textos. Reivindicaban una revisión salarial y la concesión de un complemento de peligrosidad revisable, dada la posibilidad, nada desdeñable, de tener un accidente por redundancia a la vuelta de cualquier artículo. Se acogieron a su derecho de huelga sin ocultar su malestar por el abuso al que les sometíamos los que narramos las hazañas del equipo rojiblanco: demasiados épicos, muchos heroicos, un montón de grandiosos y gloriosos salpican las páginas que del Atleti estamos escribiendo.


Todavía impactado, les di la razón, no podía ser de otra manera. A modo de disculpa argumenté que los hitos a los que nos está llevando el equipo colchonero tienen aparejados esos riesgos. Es cierto que los que intentamos poner palabras a las proezas de los pupilos del Cholo nos excedemos con los adjetivos, que los repetimos hasta la saciedad y que notamos, nada más usarlos, que se quedan cortísimos ante tanta gesta. Presa del arrepentimiento, aun tuve la osadía de rogarles que, solo por esta vez y como servicios mínimos adjetivales, me dejaran utilizar alguno como legendario, como fabuloso o como maravilloso. Estaba convencido de que no habría manera de poder transmitir lo de anoche de otra forma. No sería posible reproducir las sensaciones. No existiría otro medio para ilustrar la piel de gallina que no se había marchado, la ronquera heredada tras los gritos de celebración, los innumerables abrazos recibidos, sin adornar esas vivencias con adjetivos. Se negaron firmemente y se despidieron, no sin antes advertir que los paros se prolongarían indefinidamente hasta que articulistas, blogueros y toda clase de plumillas, fuéramos capaces de crear oraciones y frases que pudieran glosar cada una de las epopeyas rojiblancas sin que los adjetivos que las poblaran se sintieran tan insuficientes y tan manoseados.

Les vi alejarse y a pesar del desánimo, terminé este artículo sin adjetivos que ahora ustedes tienen entre manos de forma precipitada, con el sueño apretando firmemente. Una vez lo di por concluido, comprendí el enfado de los representantes sindicales de los adjetivos y acepté que tenían toda la razón. Aquellos que estamos intentando dibujar con palabras el viaje del Atleti por las distintas competiciones estamos condenados a quedarnos cortísimos. Como cualquiera de los adjetivos que utilicemos.