jueves, 19 de septiembre de 2013

Las señoras enfadadas

Si ustedes tienen a bien darse un garbeo por San Petersburgo, cosa que les recomiendo, la imagen que les quedará de la ciudad más allá de la afrancesada monumentalidad, del Hermitage, del tráfico infernal o de las aspirantes a modelo de piernas infinitas que se cuelgan del brazo de señores con cuello de toro cinqueño será la de las señoras enfadadas. No existe salón de museo, taquilla de atracción turística o puesto de cobro del metro en el que no se haya habilitado una silla sobre la que descansa las posaderas una señora con gesto avinagrado. Ellas están ahí para afearle a usted cualquier actitud que se le ocurra adoptar: que si no se pueden tirar fotos, que si no queden atrás del grupo, que si no se adelanten al grupo, que qué es eso de tener ganas de hacer pis, sigan, sigan, dicen maldiciendo en cirílico. Casi no hay que proporcionar motivo para recibir una bronca de esas damas de falda desgastada, de esas herederas de la más rancia tradición soviética del ceño fruncido que hasta se permiten el lujo de propinar un pescozón a un viajante de embutidos de Vitoria que solicita amablemente si podría tirarle una foto con la parienta delante de un icono. ¿Que qué tiene que ver esto con el partido de ayer? Pues más allá de la procedencia del rival, no mucho la verdad, pero ahí lo dejo por lo que pueda pasar.


Saltaron los equipos al campo y una vez alineados para el besamanos comenzó a atronar por la megafonía el himno de la Champions. Quien más y quien menos sintió en la boca del estómago ese cosquilleo peculiar de las grandes ocasiones y lo atribuyó no tanto a la grandeza del rival o de la competición si no a la musiquilla esa que se te mete por el espinazo. Fueron muchos los que, sin duda llevados por la emoción del momento, proclamaron que el himno de la Champions es al fútbol lo que Paquito Chocolatero a las fiestas de pueblo, afirmación que desde la gerencia de este blog se eleva a rango de teorema.

Puso Simeone en liza al equipo de gala habitual y puso a Adrián, el añorado, para suplir a Diego Costa. Dispuso el entrenador del Zenit a su equipo en el campo con planteamiento rácano de inicio, lo que unido a la equipación de los rusos planteó dudas sobre si era el Zenit de San Petersburgo o el Poli Ejido. No quería el rival ir a buscar nada y el Atleti lo buscaba atenazado o más bien precavido, que ya se sabe que en cumpleaños de cuñados y torneos cortos como este los traspiés se pagan caros. Llegaba el Atleti poco y si lo hacía era aprovechando los balones parados, en los que Koke está empezando a opositar para cátedra. Fruto de uno de ellos se adelantó el Atleti tras remate de Miranda en el primer palo. Un remate que nos recordó a aquel otro de hace unos meses que tan felices nos hizo.



Tras el descanso, se puso el partido arisco, enfadado como las taquilleras del metro de San Petersburgo. Los rusos adelantaron líneas y ni las paradas de Courtois ni el larguero pudieron evitar el empate de Hulk, jugador con pinta de cantante de bachatas con pasión por los anabolizantes. Enfadada pintaba la cosa y daba la sensación de que aquel equipo timorato de los primeros cuarenta y cinco minutos podría llegar a atreverse a echar un jarro de agua gélida sobre las ilusiones rojiblancas. Sacaba el Zenit su cara de señora enfadada y se mostraba el Atleti tímido, temeroso de decir que quería ir al servicio a pesar de tener ya las rodillas juntas para evitar desalojar la vejiga.

Tuvo que ser él. El que no entiende de enfados ni de caracteres avinagrados. Ese que se parece a ese amigo que todos tenemos al que nuestra mujer le tiene algo de manía por ser gracioso y hacernos olvidar las obligaciones propias de un consorte. El turco de la barba. El adalid y mesías del ardaturanismo. El que peleó un balón que deseaba entrar en la portería pero se resistió a ello. El que metió un gol de rebote que los más fieles a la causa califican como un milagro con aroma otomano. Fue él el que con el gol devolvió la tranquilidad a la parroquia, la condición de inofensivo al equipo ruso y hasta le sacó a regañadientes una sonrisa forzada a todas las señoras enfadadas que pueblan las atracciones turísticas de San Petersburgo.

Quiso Baptistao sumarse a la fiesta con un tanto de jugador que lleva más dentro de lo que hasta la fecha ha enseñado y se llevó el Atleti los puntos en su partido menos inspirado desde que ha comenzado la temporada. A pesar de las bajas, de lo que pesan ciertas competiciones y su himno y de los partidos que se ponen con cara de señora enfadada se sobrepuso este Atleti de fuertes convicciones. Desde ayer, dicen las guías turísticas de San Petersburgo que hay salas de museos en los que alguna señora de falda desgastada se permite el lujo de esbozar una sonrisita de vez en cuando, que es algo que más allá de la procedencia del rival del partido de ayer no tiene mucho que ver, pero ahí lo dejo por lo que pueda pasar.  

lunes, 16 de septiembre de 2013

Relaxing crónica del Atleti-Almería (o de cómo la Agonía se pasa al bilingüismo de andar por casa...)

El despertador de Casiano suena pronto, tan pronto como cantaría un gallo si hubiera algún gallo cerca del feo bloque de pisos en el que vive desde que se casó. Todas las mañanas sale de casa hacia el trabajo, ese bien tan preciado en estos días, y recorre el trayecto abstraído, pensando en sus cosas. Nada más llegar al sitio donde desarrolla su actividad se pone el mono de faena y comienza a realizar mecánicamente las tareas que él mismo se impone. Le da igual eso de ser el único que desde hace mucho tiempo aparece por la obra. Él, cumplidor como es, prepara la mezcla, la extiende sobre el muro que está levantando y apila ladrillos con la máxima precisión aun sabiendo que no habrá capataces ni aparejadores que revisen lo que hace, que nadie se pasará a ver cómo va una obra a la que los tiempos y las circunstancias están dejando morir de inanición. Cierto es que de cada seis meses más o menos aparece por allí una cuadrilla de obreros de diseño. Obreros con el mono inmaculado y con la manicura recién hecha que no se paran siquiera a saludar a Casiano. Justo esos días aparecen también muchos periodistas que tiran fotos a los peones repeinados mientras cogen un ladrillo y lo llevan de un lado a otro enseñando una sonrisa que acompañará a las noticias sobre lo adelantado que va todo. Casiano sabe que ni esas representaciones ni los acontecimientos de la semana pasada cambiarán el hecho de seguir trabajando en soledad, de no tener siquiera un compañero al que comentar el frío que hace o si ha dormido mal, pero continúa con sus quehaceres pese a todo. Manda a Casiano para allá, dijo el arquitecto sabedor de la fama de responsable que se ha ganado nuestro protagonista en la constructora. Allí sigue él. Solo él. No abandonará su puesto pese a parecerle extrañísimo que solo un obrero esté trabajando en un estadio con vanas aspiraciones de olímpico. Él seguirá yendo pase lo que pase y apenas se permitirá acercarse a media mañana a un bar de Canillejas para tomar una relaxing cup de café con leche, que es cosa typical de Madrid…


Jugaba el Atleti contra el Almería en horario de relaxing café, copa y puro y la gente se acercó al Calderón happy y contenta, con ganas de ver fútbol. Había ganas de disfrutar one more time del equipo tras el siempre inoportuno parón de national teams y la gente comentaba de camino al estadio que visto lo visto seguirá siendo nuestra home por muchos years, sobre la de time que ha debido pasar desde que three jugadores del Atleti jugaran de titulares con la Red. Realizó El Cholo some cambios con respecto al equipo de costumbre y dejó en el banquillo a Mario, Arda y Miranda. Salieron por ellos el renacido Tiago, el musculoso y llegador Raúl García y el debutante Giménez, que mostró criterio during the match a la hora de sacar el balón y dudas a la hora de ir al corte, incluido el de pelo. La no presencia de Arda otorga al Atleti un talante more industrial, more de maquinaria pesada. Una escuadra que apuesta por el heavy metal sobre cualquier otro posible estilo. Lidera a la voz Diego Costa, esa pesadilla para cualquier central de estos times, se apunta al bajo Villa y a la percusión de la moral del adversario Gabi.  



Resistió poco el Almería, la verdad, y no es cuestión de minusvalorar el trabajo of the rival cuando enfrente se planta esa cadena de montaje futbolística en la que se ha convertido el Atleti. Primero Villa tras mostrar dotes adivinatorias sobre para dónde iba a salir un rechace and then Costa de penalti pusieron a los nuestros en advantage. Antes del descanso acortó el contrario tras jugada atropellada y de blandura defensiva pero fue un espejismo, palabra que servidor no sabe cómo se dice in english y por eso no la traduce y mucho menos la pronuncia.

After the break, siguió el Atleti a lo suyo. With esa actitud machacona, with esa hambre, with esa máxima de no hacer prisioneros. Avisó Koke haciendo temblar the larguero y, más tarde, sentenció Tiago tras asistencia de Simeone con la pizarra. Quedó tiempo para poco más, si acaso para ahorrar esfuerzos de cara al compromiso Champions y para que Raúl García y Koke consiguieran el cuarto al alimón antes de que el rival maquillara el resultado o como se dice en la lengua de Shakespeare, making up the result.


Sigue el Atleti a lo suyo y lo hace encaramado on the top de la clasificación. Cuatro de cuatro. Sigue el Atleti ahí y, lo más importante es que llega al objetivo siguiendo distintas ways, todas ellas válidas. Cuidando más o menos la estética la cosa funciona y cada match que pasa la afición se contagia de optimismo sin atisbar límites. ¡Que pase el siguiente!, o el next, que se diría, reclama el personal mientras degusta un relaxing café con leche, que es cosa typical de Madrid…

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Con cara de nuevos...

Andaban los dos con cara de nuevos, que es lo que toca en estos casos. Con cara de despistados, con cara de turistas de los que pasean por el Madrid de los Austrias con un plano mal doblado en la mano y asomando una cartera regordeta de las que atraen a carteristas originarias de los Cárpatos como moscas a la miel. Con cara de dónde está el baño, que me llevo aguantando desde que llegué a Barajas. Pues al fondo a la derecha, como en todos los edificios de bien. ¡Ah!, dicen ellos empezando a asimilar este tipo de cosas, esa desconfianza hacia los baños que se ubican al fondo a la izquierda y hacia las casas en las que hay que pasar por el salón para ir a los dormitorios.



Andaban los dos con su cara de perdidos y les tumbaron en una camilla, les llenaron el pecho de electrodos y les sondearon las rodillas pegándoles con un martillo de relojero. Pululaban alrededor suyo las enfermeras, varios auxiliares y un medico al que les habían presentado nada más llegar a la clínica. Villalón creían recordar que se llamaba ese galeno con cara de no repartir más que pronósticos reservados. Llegados a este punto, fueron introducidos en una sala donde esperaba una señora bajita con manos de pianista venida a menos. Les esperaba jeringuilla en mano para cubrir el expediente del análisis de sangre “¡Hala, a mirar para otro lado, que luego os mareáis y me cae bronca!”, añadió la extractora con desenvoltura. “Primero tú, el rubio…¿Tú te llamas?...¡Ah!, sí, si lo pone en las etiquetas. Alder…AlDarthVader, ¿no? Y tú te llamas, Guilavo…Willowi, ¡eso!”




Andaban los dos con su cara de nuevos, con su cara de burros en un garaje, con su cara de desubicados y aguantaban estoicamente el picotazo como lo aguantamos todos, intentando ocultar que a pesar de la de veces que a uno le han pinchado sigue dando grima y reparo a partes iguales. Mientras la ATS rellenaba varios tubitos, repararon en que la repisa de enfrente albergaba muchos otros tubos llenos de sangre. Alrededor de treinta habría. Las muestras de los análisis al resto del plantel. No eran de color rojo encendido como la que a ellos les acababan de extraer. Sorprendentemente, muchos presentaban algunas vetas blancas que se mezclaban con el rojo en perfecta armonía. Los había con más líneas blancas sobre el mar rojo en el que nadaban pero destacaba uno sobre todas las demás. Uno en el que la sangre presentaba rayas rojas y blancas del mismo grosor, rayas rojas y blancas que recorrían el torrente sanguíneo de alguien tras ser bombeadas por un corazón que también imaginaban rojo y blanco. Con su cara de nuevos y con mucha curiosidad miraron la etiqueta adherida al tubo. Diego Pablo Simeone leyeron.