El
despertador de Casiano suena pronto, tan pronto como cantaría un gallo si
hubiera algún gallo cerca del feo bloque de pisos en el que vive desde que se
casó. Todas las mañanas sale de casa hacia el trabajo, ese bien tan preciado en
estos días, y recorre el trayecto abstraído, pensando en sus cosas. Nada más
llegar al sitio donde desarrolla su actividad se pone el mono de faena y
comienza a realizar mecánicamente las tareas que él mismo se impone. Le da
igual eso de ser el único que desde hace mucho tiempo aparece por la obra. Él,
cumplidor como es, prepara la mezcla, la extiende sobre el muro que está
levantando y apila ladrillos con la máxima precisión aun sabiendo que no habrá
capataces ni aparejadores que revisen lo que hace, que nadie se pasará a ver
cómo va una obra a la que los tiempos y las circunstancias están dejando morir
de inanición. Cierto es que de cada seis meses más o menos aparece por allí una
cuadrilla de obreros de diseño. Obreros con el mono inmaculado y con la
manicura recién hecha que no se paran siquiera a saludar a Casiano. Justo esos
días aparecen también muchos periodistas que tiran fotos a los peones
repeinados mientras cogen un ladrillo y lo llevan de un lado a otro enseñando
una sonrisa que acompañará a las noticias sobre lo adelantado que va todo. Casiano sabe que ni esas representaciones ni los acontecimientos de la
semana pasada cambiarán el hecho de seguir trabajando en soledad, de no tener siquiera un compañero al que comentar el frío que hace o si ha dormido
mal, pero continúa con sus quehaceres pese a todo. Manda a Casiano para allá,
dijo el arquitecto sabedor de la fama de responsable que se ha ganado nuestro
protagonista en la constructora. Allí sigue él. Solo él. No abandonará su
puesto pese a parecerle extrañísimo que solo un obrero esté trabajando en un
estadio con vanas aspiraciones de olímpico. Él seguirá yendo pase lo que pase y
apenas se permitirá acercarse a media mañana a un bar de Canillejas para tomar
una relaxing cup de café con leche, que es cosa typical de Madrid…
Jugaba el
Atleti contra el Almería en horario de relaxing café, copa y puro y la gente se
acercó al Calderón happy y contenta, con ganas de ver fútbol. Había ganas de
disfrutar one more time del equipo tras el siempre inoportuno parón de national
teams y la gente comentaba de camino al estadio que visto lo visto seguirá
siendo nuestra home por muchos years, sobre la de time que ha debido pasar
desde que three jugadores del Atleti jugaran de titulares con la Red. Realizó
El Cholo some cambios con respecto al equipo de costumbre y dejó en el
banquillo a Mario, Arda y Miranda. Salieron por ellos el renacido Tiago, el
musculoso y llegador Raúl García y el debutante Giménez, que mostró criterio
during the match a la hora de sacar el balón y dudas a la hora de ir al corte,
incluido el de pelo. La no presencia de Arda otorga al Atleti un talante more
industrial, more de maquinaria pesada. Una escuadra que apuesta por el heavy metal
sobre cualquier otro posible estilo. Lidera a la voz Diego Costa, esa pesadilla
para cualquier central de estos times, se apunta al bajo Villa y a la percusión
de la moral del adversario Gabi.
Resistió
poco el Almería, la verdad, y no es cuestión de minusvalorar el trabajo of the
rival cuando enfrente se planta esa cadena de montaje futbolística en la que se
ha convertido el Atleti. Primero Villa tras mostrar dotes adivinatorias sobre para
dónde iba a salir un rechace and then Costa de penalti pusieron a los nuestros
en advantage. Antes del descanso acortó el contrario tras jugada atropellada y
de blandura defensiva pero fue un espejismo, palabra que servidor no sabe cómo
se dice in english y por eso no la traduce y mucho menos la pronuncia.
After the
break, siguió el Atleti a lo suyo. With esa actitud machacona, with esa hambre,
with esa máxima de no hacer prisioneros. Avisó Koke haciendo temblar the
larguero y, más tarde, sentenció Tiago tras asistencia de Simeone con la
pizarra. Quedó tiempo para poco más, si acaso para ahorrar esfuerzos de cara al
compromiso Champions y para que Raúl García y Koke consiguieran el cuarto al
alimón antes de que el rival maquillara el resultado o como se dice en la
lengua de Shakespeare, making up the result.
Sigue el
Atleti a lo suyo y lo hace encaramado on the top de la clasificación. Cuatro de
cuatro. Sigue el Atleti ahí y, lo más importante es que llega al objetivo siguiendo
distintas ways, todas ellas válidas. Cuidando más o menos la estética la cosa
funciona y cada match que pasa la afición se contagia de optimismo sin atisbar
límites. ¡Que pase el siguiente!, o el next, que se diría, reclama el personal
mientras degusta un relaxing café con leche, que es cosa typical de Madrid…

