– ¿Y cuándo
dice usted que empieza de nuevo esta temporada del Atleti?
No se
extrañen. Pareciera que este parón por selecciones, que como todos pilla a
desmano y deja los fines de semana incompletos y repletos de ocio, fuera
realmente una nueva pretemporada. Tuvo sus partidos de fin de temporada, aunque
fueran solo dos, y tuvo un último encuentro para recordar, de esos que hacen
que la gente tome la calle pintándola de rojo y blanco y hasta deje escapar
lagrimitas ante la nueva conquista.
– ¡Uy!, es
verdad. Si estamos todavía de celebración….
Sí, sí. Las
últimas imágenes que tenemos guardadas en las retinas son de victoria, de
conmemoración y hasta de un poco de incredulidad por cómo se produjo. Ha pasado
tanto tiempo que día a día adquieren gradualmente un tono sepia agradable en
nuestros recuerdos. Parece que fue hace mucho. Parece que fue mucho antes de lo
que fue. Parece que hasta hablamos de Mónaco como hablamos de las pesetas.
– ¿Se
acuerda usted de lo que costaba un café cuando el Atleti ganó la Supercopa al
Chelsea? – inquiere el aficionado mientras remueve el cortado con ganas.
Tal vez nos
pudiéramos poner románticos y hablar de un Atleti y de un partido de otra época
y no nos faltaría razón. Seguramente lo de hablar de esa manera sea por tantas
cosas como han cabido en este caprichoso e innecesario parón (y también un
poco por lo de subida del IVA, no nos engañemos).
– ¡Pero si
han sido solo tres semanas mal contadas! No exagere, que tampoco han pasado
tantas cosas...
¿Usted
cree? Ha sido tan grande este paréntesis que ha cogido maneras de armario
espacioso, un armario Sungaard con acabados en Wengué (como Arsene el del
Arsenal), por ponerles un ejemplo. Dentro de este armario tan aprovechable y
funcional ha cabido principalmente un estado de desamparo general en el país
por la tristeza del jugador que exhibe muslos, morritos y gilipollez a manos
llenas. Ha cabido el examen de selectividad de Óliver Torres; varios goles de
un Falcao en partidos internacionales y varias declaraciones torpes de su señor
padre, al que uno imagina recibiendo a la prensa en el patio de la hacienda con guayabera
abierta y sombrero panamá que apenas puede cubrir el cabello excesivamente
teñido de negro petróleo; un gol con Turquía de Emre, del que todavía no
tenemos opinión formada más allá de la buena predisposición que mostramos por
ser buen amigo de Arda. Ha cabido que la UEFA incluyera a nuestra entidad entre
los sospechosos de impagos y de morosidad; han cabido comunicados desmintiendo
eso de la falta de liquidez, chistes sobre el asunto, que es una de las reglas
de la casa cuando de desmentir desmanes se refiere, y hasta referencias a la
mala idea que tiene Platini para estas cosas. Mala idea que ya se conocía desde
aquella falta que se le coló a Arconada por la sobaquera cuando merendábamos Nocilla
de dos colores. Ha cabido una celebración de los 25 años del escarnio con
excursión guiada a Burgo de Osma. Amén de un programa de actos apretado como el
cinturón del homenajeado, lo más relevante fue la lista de comparecientes.
Entre los asistentes los había conniventes, esperados, justificados y
sorprendentes. De los primeros y los segundos no merece la pena ni hablar, de
los terceros, queda la comprensión ante su presencia y de los cuartos, uno no
acaba de entenderlo, pero espera que existan razones para ello. Fíjense si han
cabido cosas. Y eso que el armario no está ni medio lleno. ¡Qué buena compra
hemos hecho y qué espacioso es!
La afición todavía
comentaba lo espacioso que parecía el estadio cuando el Atleti salió al campo. Enfrente
el Rayo, equipo que ofrece espacios al rival por obra y gracia de un sistema
con defensa de tres pergeñado por Paco Jémez, al que recordábamos como jugador
racial que ha migrado a entrenador de corbata corta. Dejó el Cholo en el
banquillo a Adrián, que anda un poco distraído y sacó a Diego Costa, ese jugador
que cuando se retire hará carrera como actor secundario en películas de
narcotraficantes. Sacó Jémez a su Adrián, al del Rayo, y el muy hijo de su
padre volvió a mostrar que es un jugador monísimo pero que de fútbol anda
escaso tirando a hueco. Volvía Koke a ocupar la posición más adelantada del
centro del campo y el equipo se completaba con el resto de titulares
habituales. Aprovechaba el Atleti lo espaciosa que estaba la noche con
constantes permutaciones de posición de los de arriba, si bien por la presencia
de Costa se vio a Falcao un poco más atrás que de costumbre, fuera de esos
espacios en los que hace pupa de la buena. Andaba el partido en un sí pero un
no cuando el balón llegó a uno de nuestros favoritos, al turco, y la afición en
pleno se llevó las manos a la cabeza…
– Pero, ¿qué
se ha hecho esta criatura en el pelo?
Sí,
queridos. Arda se ha pasado al alisado japonés dejando atrás esos rizos salvajes
como deja atrás a los laterales cuando gambetea en el pico del área. Lo ha
hecho a traición, aprovechando lo espacioso de los días vividos y ha guardado
incluso la plancha del pelo en el armario del que les hablaba, que todavía
queda bastante hueco. Si miran ustedes allí, justo en la balda de abajo, verán también
qué cantidad de mascarillas hidratantes, acondicionadores y champús antagonistas
del tirabuzón atesora el otomano y, claro, la gente anda dolida porque ese pelo
ensortijado que afianzaba su idolatrada imagen ha dejado paso a un aspecto de
cantante de música ligera de esos que firman más galas en Latinoamérica que a este
lado del océano. Aún así, Turan volvió a dejar buenos detalles, más lacios que
en otras ocasiones, pero buenos al fin y al cabo.
Hubo
espacio en la noche para guardar bastantes cosas más: la dedicación de Diego
Costa a los pases de la muerte; la efectividad cara a puerta; la continuidad de
Mario Suárez en sus buenas actuaciones; una defensa solvente y un Koke,
probablemente el mejor del partido, que si sigue creciendo a este ritmo como
futbolista, hará necesario que le pidan una camiseta titular de una talla más. Cupo
en el armario también una segunda parte tranquila; un tercer gol que parecía la
repetición del segundo en el resumen de la tele y la abulia de Tiago, más
pendiente de su jugada favorita, el señalar al contrario que a él se le escapa,
que de hacer algo por alcanzarle. Cupieron asimismo unos diez minutos finales
de verbena con tres goles del Rayo de los de que adornaban las tardes de gol “regañao”
que ustedes y yo vivimos de pequeños y quedó sitio todavía para los gritos que
debió dedicar el Cholo a la tropa ante tan inquietante epílogo.
– Pues sí
que hemos pasado algo de susto, sí…
De vuelta a
casa, abrimos el armario para guardar la bufanda y la camiseta y vimos que
todavía quedaba espacio de sobra. Espacio que debería dedicarse a la mejora. Espacio
que podría ser destinado al mantener la concentración. Queda margen, eso sí,
pero qué quieren que les diga, servidor prefiere ver al armario medio lleno que
medio vacío. ¡Hay que ver qué buena compra hemos hecho y que espacioso es!


