miércoles, 11 de enero de 2012

De mudos que hablan por los codos

– Pues no parece tener nada fuera de lo común. Los resultados de las pruebas son perfectamente normales –dijo el médico mientras escribía uno de esos informes que solo galenos, boticarios y algún arqueólogo cuya tesis doctoral versó sobre la piedra de Rosetta pueden descifrar.

– ¿Seguro doctor? No sabe usted en qué estado de azar vivimos desde que se manifestaron los primeros síntomas…Ya ve, él que siempre ha sido muy desenvuelto y muy de chanza…Tendría usted que ver qué chistes cuenta cuando nos reunimos toda la familia, algo subidos de tono, ya me entiende…Pero a pesar de ser chistes verdes, los cuenta con tal gracejo que incluso a mi tía la soltera, la que se estuvo escribiendo tantos años con una capitán de regulares acuartelado en Ceuta que resultó ser casado, con nueve hijos y propietario de un rebaño de ovejas autóctonas del Rif, una vez, de tanta risa como le dio, se le volvió la dentadura postiza del revés y hubo que reanimarla de manera bastante agresiva…Con patadas en el esternón y todo por parte de mi cuñado el de Ponferrada, que no sé yo dónde empezaba la reanimación y dónde el cobrarse la deuda pendiente por haber opinado de él que tenía facha de salteador de caminos desde el mismo día en que se lo echó en la cara.

– Pues insisto. Todo es normal: el escáner cerebral, la tensión de las cuerdas vocales, la resonancia de la garganta y hasta la morfología y tonalidad de la lengua. Es de destacar incluso, el pelazo que tiene el paciente, que no tiene mucho que ver pero causa admiración. Pero no, no existe causa subyacente para su mudez.

– Hombre, doctor…Su diagnóstico me dejaría más tranquila si hablara siempre o no hablara nunca…Pero lo de ahora pasa de castaño a oscuro…Habla solo a veces, aunque sean muchas a veces…Y eso que anunció que no iba a hablar más…Fíjese que hasta le compré un pizarrín para que lo llevara colgado del cuello y así no ver mermada la fluida comunicación que mantenemos a pesar de su elección de acogerse al modo y manera de vida de un mudo…Y de repente, le oí hablar en la radio…Dos días después en la tele, en un programa deportivo de esos modernos en los que los presentadores lo mismo te hablan con desenfado de jugadas de estrategia para los saques de esquina que de lo difícil que es encontrar una mujer de su casa para los futbolistas de medio campo hacia delante…Me fui para él, no crea…Pero Enrique, ¿tú no eras mudo? Me dijo que era ver un micrófono y saber que no podía mantener la jornada continua de mudo…Y es que él siempre ha sido muy así…Es ver una alcachofa o una grabadora de cinta cassette y se pone a largar…Y con esa gracia que él siempre ha tenido…Que si los jugadores juegan donde quieren…Que si se va ese de ahí que parece infeliz por no cobrar vendrá uno igual o mejor que él…De hecho, si me pusiera usted en esa tesitura, le aseguraría que, desde que dijo que no iba a hablar nunca más, larga más que antes cuando esta mudez autoimpuesta no había aterrizado en nuestras vidas…Con decirle que hasta interviene en presentaciones de libros…



– Descartadas las causas físicas, debemos centrarnos en el apartado psicosomático –cortó el neurólogo bruscamente en un acceso de impaciencia–. ¿Stress en el trabajo? ¿Problemas familiares?

– ¡Uy, no! ¡Quite! Problemas familiares no pueden ser…A pesar de las rencillas que le referí antes a usted, somos una familia bastante bien avenida…Si acaso el mediano nos da algún disgustillo que otro…Ya sabe cómo son estos jóvenes…No es fácil lidiar con un adolescente de cuarenta y tres años y medio…Pero no, son cosillas sin importancia…Debe ser cosa de la presión laboral…Ya sabe que mi Enrique trabaja de cara al público ¿Se puede creer que una pandilla de desharrapados sin más oficio ni beneficio que montar alboroto disfrazados de abeja Maya están empeñados en que se vaya de su puesto? Cooperador le llaman…Claro, ¿cómo no va cooperar? Él siempre ha sido muy de ayudar a la gente…Como cuando ayudó a los herederos de Don Remigio, el que vivía en la entreplanta, a vaciar el piso de efectos personales y de muebles con un trapero amigo suyo que se quedó un porcentaje de los derechos de restauración de una cómoda Luis XIV que el vecino heredó de un tío abuelo comunista que tuvo que huir a Toulouse…Siempre cooperando, sí…Claro que si además se saca un pellizquito, mejor que mejor, que el mundo del séptimo arte anda de vacas flacas con tanta descarga directa…A descargar camiones directamente les ponía yo a esos…

– Al grano, señora. Vayamos a lo del trabajo…

– Pues ahora que usted lo menta, pudiera ser lo del trabajo…Es que su jefe es un poco malencarado…Un sieso de manual…Tendría que verle, con esa cara tan poco simétrica y proporcionada, con esa nariz de rumbo nornoroeste…Mi Enrique sufre en silencio pero yo creo que tiene miedo…No sé si será acoso laboral pero basta que diga que quiere a un entrenador pinturero para que el otro busque a un técnico posibilista…No gana para disgustos y por ello se escuda en ametrallar las ondas hertzianas a golpe de declaración, desde su inflexible postura de ser mudo, por supuesto, pero sin rehuir ninguna pregunta.

– Mire, yo no puedo hacer mucho más por ustedes. Tengo la sala de espera llena de pacientes y acumulo demora –puntualizó el especialista para no desairar a la concurrencia–. Yo creo que si habla cuando quiere es que no es mudo, pero…

– ¿Y no cree que para ser mudo habla demasiado?

– Pudiera ser, pudiera ser….

lunes, 9 de enero de 2012

El jersey


– Yo creo que me queda un poquito corto –dijo en voz bajita el yerno mirando cómo el jersey regalado apenas le cubría los codos.

– Pues hijo, es la talla más grande –añadió contrariada su suegra –. Mira que se lo dije a la dependienta, dame uno con las mangas extralargas que mi yerno está muy mal hecho. El año que viene no voy a regalarte nada. Te compras tú lo que veas, aunque sea de ese estilo tan tuyo y luego me decís qué os ha costado. ¡Qué pena, con lo bonito que es!...

Tirso bajó la mirada hacia el jersey sin querer detenerla demasiado. Sin querer comprometer a su retina más tiempo del necesario. Bonito, decía. De todo menos de bonito podría calificarse esa combinación de colores fruto de la errática mente de un diseñador recién diplomado en mal gusto. Se entretuvo pensando en que si los jerseys tuvieran título, como los cuadros, éste se llamaría “Hiroshima diez minutos después”.

– …ni mangas más largas ni tallas americanas. Menos mal que Tirsito no ha heredado la percha de su padre –continuaba la mamá política alzando por enésima vez a su nieto, que acusaba ya el mareo de tanto sube y baja en la montaña rusa de los brazos familiares.




Tras haber sobrevivido a otra navidad llena de celebraciones-trampa, de atragantamientos con uvas, de cuñados malencarados, de sopas de marisco con demasiado pimentón y de gordos repartidos entre mucha gente y toda muy trabajadora, nos sentamos enfrente del televisor el sábado por la noche vistiendo las prendas que Sus Majestades los Reyes de Oriente nos habían otorgado, para hacerlas a nuestro cuerpo, más que nada. Así, una legión de colchoneros a los que la nueva bufanda les provoca sarpullido y deben desabrocharse el primer botón del flamante pantalón de pana en tonos tostados para paliar los excesos propios de las fechas, se preparaban para retomar su vuelta a la rutina y a los lugares comunes tan poco comunes que trae de la mano este equipo nuestro.

Se presentaba el Atleti en Málaga sin haberse probado antes el jersey recién traído en las rebajas invernales. Un jersey llamado Simeone. Un jersey que, a pesar de no haber sido calibrado, parecía prometer abrigo de otros tiempos. No sabíamos si nos quedaría corto, si nos sentaría como un guante o si no nos pegaría con las camisas que tenemos en nuestro fondo de armario. Presentaba la prenda un agujero, el que ha dejado Reyes en una de las mangas. Dada su actitud, no creo que se nos escape el calor por ese orificio, pero su marcha deja dos reflexiones que deberían hacerse: una, lo mal que elegimos como afición a la hora de otorgar amores y fidelidades últimamente; otra, puestos a hacer regalos, rebajas y saldos, nuestra premiada directiva se antoja llena de maestría, será por ese mantra machacón y miserable que propugna que los jugadores juegan donde quieren sin preguntarse el por qué de que ya casi nadie quiera jugar aquí.

Salió el Cholo con Juanfran y Salvio en las mangas para intentar cubrir a base de balones desde la línea de fondo la hipotermia que sufre Falcao desde aquellos primeros partidos con vocación de espejismos que parecen tan lejanos. Salió Tiago de cinco. Salió Gabi como complemento de no se sabe qué, como de costumbre, y salió la defensa más titular posible a la espera de que Silvio confirme o no su condición de niño burbuja. Lo realmente novedoso es con lo que no salió. Ni con Adrián ni con Arda, los que hasta ahora mejor habían abrigado el maltrecho y tiritón torso rojiblanco, lo que deja flotando la sospecha de que los diferentes no están de moda en esta nueva manera de vestir.

– ¿Y a los Obama? ¿No los sacó?

– No, de momento no. Pero nunca se sabe.


Los primeros compases del partido dejaron sensación de destemplados, por conocidos y por prescindibles. Pronto se atisbó que el jersey buscado despreciaría lanas vírgenes o cachemires, sutilezas y tactos suaves. Busca Simeone calentarse a base de tejido áspero, rudo. Busca el resultado por encima del diseño y la elaboración. Busca más echarse a los hombros la piel de la oveja recién esquilada que adquirir el producto en la sección de caballeros de un gran almacén. Busca el compromiso, la intensidad y el picor de la lana salvaje, conceptos estos que ha repetido desde su llegada sin que nadie apostille que se trata de mínimos exigibles, no de señas de identidad.


Para no pecar de pesimista, se vieron algunas cosas. Complementos probablemente. Tal vez asuntos menores dentro del diseño global. Pero se vieron. Una defensa más firme en la que destacó Godín, un Tiago menos superado físicamente y un portero que sigue salvando puntos para mayor gloria del equipo de un barrio elegante de Londres. Nos queda también el haber igualado en la primera prueba de vestuario el bagaje de puntos conseguidos fuera de casa en la presente temporada, lo que habla dramáticamente del anterior ocupante del banquillo. Nos queda poco, la verdad. O mucho si lo comparan ustedes con de dónde veníamos.


Deberemos dar tiempo al tiempo. Rescatar paciencias perezosas para ver cómo el jersey va amoldándose a nuestra anatomía a medida que se va dando de sí tras los lavados de cada fin de semana. Aún así, muchos seguimos pensando que el jersey, sea gris y triste como el que vestíamos o sea duro pero caliente como el que nos ofrece el Cholo, no se basta para tapar un cuerpo mal hecho. Un cuerpo desigual, en el que el talento no sobra. Un cuerpo del que nos dijeron a principios de temporada que era saleroso y lleno de matices y que se ha revelado como escuchimizado y cargado de hombros. Mejor plantilla, nos dijeron ¡Qué cosas hay que oír! Nos pondremos el jersey con el afán de no despreciarlo como regalo destinado a tapar bocas. Al levantarnos de nuestro asiento en el Calderón, notaremos que nos deja los riñones al aire haciendo gala de su cortedad. No por ello debemos dejar de levantarnos. Aunque la falta de tejido prometa lumbalgias futuras. Hay que seguir de pie para hacer saber a los que lo maltratan que este no es el cuerpo que queremos. Y que no hay jersey que pueda tapar eso. 

martes, 3 de enero de 2012

Tiempo de Reyes

Con un nuevo año triunfante,
se ve venir a los Magos.
Esos Reyes algo vagos,
aunque suene redundante.
No parezca malsonante.
Solo una noche completa,
no es sudar la camiseta.
Ser flojo es, y bastante.

Unos Reyes que se vienen
y otro que se quiere ir.
Lo acaba el tío de decir.
Ni aunque quieran lo retienen.
“¡Yo me voy, ya llueva o truene!”,
dice el pensador de Utrera.
“Esto ya no es lo que era”,
con indignación sostiene.

Empezó la temporada,
viendo con preocupación,
que nos dejaba carbón,
o lo que es lo mismo, nada.
Se preguntaba la grada
qué le pasaba al muchacho.
Nunca logró el populacho
dar con respuesta aceptada.

“Si se queda es a sumar”,
dijo el Cholo aterrizado,
pobrecito, equivocado,
de lo que había de encontrar.
De sumar o de restar,
de cualquier operación
nunca supo el muy melón.
No destaca en el pensar.

Y es que nunca fue muy zorro,
el amigo “Ozantonio”.
y ha engordado patrimonio,
pasándonos por el forro.
Ahora opina que es engorro,
quedarse aquí, y lo respalda,
en nostalgia de Giralda.
No lo hubo más ceporro.

Tal vez su no laborar,
se justifique en la pena.
Más yo pienso que es ajena,
la causa de su llorar.
Si me piden aportar,
no diría yo añoranza.
El fin de la adivinanza,
nos hace a otro mirar.



Diría que falta vigor,
que no encuentra la alegría,
desde aquel bendito día,
que marchó su valedor.
Su más firme defensor,
sin él se encuentra muy triste,
sin él, el que calza y viste
ese jersey constrictor.

Sin darle tantos galones,
sin Flores que haya en el banco
parece que fuera manco,
no acaba las conducciones.
Las más de las ocasiones, 
terminan en cuerpo a tierra,
con Reyes solo, a su guerra,
y con varios lamparones.

Su historia con la afición,
de amores y desamores,
de malos y de peores,
con tintes de culebrón,
termina con división.
Los que le hayan alentado,
ahí llevan su negociado,
no me causa turbación.

Se va con la risa puesta.
Se va tras haber fingido,
fiebre y hasta sarpullido,
de manera deshonesta.
Si ustedes hacen encuesta,
los hay que quedan contritos,
y dedican pucheritos
a sus feos por respuesta.

Nos deja en fútil herencia,
su lance más celebrado,
el de esperar al driblado
en absurda reincidencia.
Tuvimos mucha paciencia,
con él, con su pierna izquierda,
y en no mandarle a la mierda, 
si permiten la licencia.

Adios Reyes, corazón.
Los Reyes nos proveerán.
Y a falta de tortas, pan,
nos traerán en el zurrón.
Tu presencia era carbón,
ve y que te aguante Del Nido.
Gracias por haber venido,
y hasta nunca, so….carbón