– Pues no parece tener nada fuera de lo común. Los resultados de las pruebas son perfectamente normales –dijo el médico mientras escribía uno de esos informes que solo galenos, boticarios y algún arqueólogo cuya tesis doctoral versó sobre la piedra de Rosetta pueden descifrar.
– ¿Seguro doctor? No sabe usted en qué estado de azar vivimos desde que se manifestaron los primeros síntomas…Ya ve, él que siempre ha sido muy desenvuelto y muy de chanza…Tendría usted que ver qué chistes cuenta cuando nos reunimos toda la familia, algo subidos de tono, ya me entiende…Pero a pesar de ser chistes verdes, los cuenta con tal gracejo que incluso a mi tía la soltera, la que se estuvo escribiendo tantos años con una capitán de regulares acuartelado en Ceuta que resultó ser casado, con nueve hijos y propietario de un rebaño de ovejas autóctonas del Rif, una vez, de tanta risa como le dio, se le volvió la dentadura postiza del revés y hubo que reanimarla de manera bastante agresiva…Con patadas en el esternón y todo por parte de mi cuñado el de Ponferrada, que no sé yo dónde empezaba la reanimación y dónde el cobrarse la deuda pendiente por haber opinado de él que tenía facha de salteador de caminos desde el mismo día en que se lo echó en la cara.
– Pues insisto. Todo es normal: el escáner cerebral, la tensión de las cuerdas vocales, la resonancia de la garganta y hasta la morfología y tonalidad de la lengua. Es de destacar incluso, el pelazo que tiene el paciente, que no tiene mucho que ver pero causa admiración. Pero no, no existe causa subyacente para su mudez.
– Hombre, doctor…Su diagnóstico me dejaría más tranquila si hablara siempre o no hablara nunca…Pero lo de ahora pasa de castaño a oscuro…Habla solo a veces, aunque sean muchas a veces…Y eso que anunció que no iba a hablar más…Fíjese que hasta le compré un pizarrín para que lo llevara colgado del cuello y así no ver mermada la fluida comunicación que mantenemos a pesar de su elección de acogerse al modo y manera de vida de un mudo…Y de repente, le oí hablar en la radio…Dos días después en la tele, en un programa deportivo de esos modernos en los que los presentadores lo mismo te hablan con desenfado de jugadas de estrategia para los saques de esquina que de lo difícil que es encontrar una mujer de su casa para los futbolistas de medio campo hacia delante…Me fui para él, no crea…Pero Enrique, ¿tú no eras mudo? Me dijo que era ver un micrófono y saber que no podía mantener la jornada continua de mudo…Y es que él siempre ha sido muy así…Es ver una alcachofa o una grabadora de cinta cassette y se pone a largar…Y con esa gracia que él siempre ha tenido…Que si los jugadores juegan donde quieren…Que si se va ese de ahí que parece infeliz por no cobrar vendrá uno igual o mejor que él…De hecho, si me pusiera usted en esa tesitura, le aseguraría que, desde que dijo que no iba a hablar nunca más, larga más que antes cuando esta mudez autoimpuesta no había aterrizado en nuestras vidas…Con decirle que hasta interviene en presentaciones de libros…
– Descartadas las causas físicas, debemos centrarnos en el apartado psicosomático –cortó el neurólogo bruscamente en un acceso de impaciencia–. ¿Stress en el trabajo? ¿Problemas familiares?
– ¡Uy, no! ¡Quite! Problemas familiares no pueden ser…A pesar de las rencillas que le referí antes a usted, somos una familia bastante bien avenida…Si acaso el mediano nos da algún disgustillo que otro…Ya sabe cómo son estos jóvenes…No es fácil lidiar con un adolescente de cuarenta y tres años y medio…Pero no, son cosillas sin importancia…Debe ser cosa de la presión laboral…Ya sabe que mi Enrique trabaja de cara al público ¿Se puede creer que una pandilla de desharrapados sin más oficio ni beneficio que montar alboroto disfrazados de abeja Maya están empeñados en que se vaya de su puesto? Cooperador le llaman…Claro, ¿cómo no va cooperar? Él siempre ha sido muy de ayudar a la gente…Como cuando ayudó a los herederos de Don Remigio, el que vivía en la entreplanta, a vaciar el piso de efectos personales y de muebles con un trapero amigo suyo que se quedó un porcentaje de los derechos de restauración de una cómoda Luis XIV que el vecino heredó de un tío abuelo comunista que tuvo que huir a Toulouse…Siempre cooperando, sí…Claro que si además se saca un pellizquito, mejor que mejor, que el mundo del séptimo arte anda de vacas flacas con tanta descarga directa…A descargar camiones directamente les ponía yo a esos…
– Al grano, señora. Vayamos a lo del trabajo…
– Pues ahora que usted lo menta, pudiera ser lo del trabajo…Es que su jefe es un poco malencarado…Un sieso de manual…Tendría que verle, con esa cara tan poco simétrica y proporcionada, con esa nariz de rumbo nornoroeste…Mi Enrique sufre en silencio pero yo creo que tiene miedo…No sé si será acoso laboral pero basta que diga que quiere a un entrenador pinturero para que el otro busque a un técnico posibilista…No gana para disgustos y por ello se escuda en ametrallar las ondas hertzianas a golpe de declaración, desde su inflexible postura de ser mudo, por supuesto, pero sin rehuir ninguna pregunta.
– Mire, yo no puedo hacer mucho más por ustedes. Tengo la sala de espera llena de pacientes y acumulo demora –puntualizó el especialista para no desairar a la concurrencia–. Yo creo que si habla cuando quiere es que no es mudo, pero…
– ¿Y no cree que para ser mudo habla demasiado?
– Pudiera ser, pudiera ser….



