Mostrando entradas con la etiqueta Peineta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Peineta. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de marzo de 2012

Por lo demás, todo bien

–….pues lo que te decía Encarni, me acerco al despacho de loterías del Satur para que me mirara si tenía algo en un resguardo de la primitiva que andaba naufragado en los procelosos mares de los bolsillos de una bata estampada…¡Tres y el complementario nada menos!…¡Cuarenta y siete eurazos con veintitrés céntimos que me han alegrado la mañana!...Por lo demás, todo bien…Llevamos una temporada liados arreglando lo de la herencia de mi tío Gundemaro, el que murió la semana pasada de congestión al abrocharse el botón del cuello de una camisa que le venía justa…Que al final no tenía tantas tierras como pensábamos...Algún tiesto venido a más, qué te voy a contar…Lo ha debido dilapidar todo con esa separada con la iba a tomar picatostes al café de la plaza de abastos…Total, que al final casi no tenemos liquidez para pagar la fianza del Óscar…Sí, el mediano, el que se parece tanto a mi suegro…Debe ser cosa de la genética, que ya sabes que mi suegro se echó al monte en el 37…Mira tú que pensábamos sacarle de la prisión provincial con lo que nos quedara en limpio…Pero claro, con todos los miembros de la unidad familiar en el paro, la economía no da para dispendios ni para hidalguías con hijos problemáticos…Total, que de momento se quedará allí, que por lo menos está formándose como perito inmobiliario por correspondencia certificada…Pero ya te digo, por lo demás, todo bien…



¿Optimistas? Pues sí. Puede. La verdad es que sí. Con ese optimismo contenido que la experiencia y los tropezones con tantas piedras te aconsejan a adoptar ¿Ilusionados? No les diría yo que no. La verdad es que la situación deportiva invita a volver a atesorar ilusiones. No a dejarlas desbocadas, no. Nadie ha dicho eso. Pero sí a hacerlo de forma moderada. No podría ser de otra manera tras ver la mejorada imagen del equipo en las últimas citas. Incluso se podría decir que los resultados, esos injustos dictadores, pudieran haber sido mejores a poco que la suerte o la justicia hubieran hecho su labor de manera menos caprichosa ¿Les parece excesivo? Tal vez. Pero permítannos que lo vivamos de esa manera. Déjennos agarrarnos a ello con comedimiento. Sin olvidar lo demás, por supuesto. Eso nunca. Pero de vez en cuando nos merecemos alguna alegría somera.

¿Lo demás? ¿Qué pasa con lo no deportivo? ¡Qué quieren que les diga! Por lo demás, todo bien. Contando con que disfrutamos de unos premiados gestores que se hicieron con el poder del modo y manera que ya ustedes saben y sobre los que la justicia se pronunció en su momento. Contando con los constantes atropellos, el hinchamiento sistemático de comisiones, los negritos y los blanquitos, las operaciones turbias, las diatribas lanzadas desde los púlpitos de emisoras afines, la proliferación de maquetas que nunca cristalizan en nada tangible, la Venta de la Rubia, de la morena y de la pelirroja con mechas. Contando con la riqueza de vocabulario de la que disfrutamos los que hace tiempo hemos incorporado a nuestro léxico palabras y conceptos como cooperador, apropiador, proyecto urbanístico, plusvalías, fondo de inversión, auditoria de deuda, ampliación de capital con freno y marcha atrás, cesión con opción a mirar para otro lado, indebido, necesario, tres alturas más ático, leasing ventajoso y representantes con mando en plaza. Contando con que no podemos formatear los recuerdos en color sepia de un Atleti triunfante y glorioso y vivimos en un presente de clasificaciones europeas conseguidas accediendo por la gatera de la Intertoto o jugando la previa de la más previa fase de las fases. Contando con que se asumió como designio del destino el haber pasado dos años en segunda división, que parece normal y corriente llegar a noviembre con objetivos perdidos y que se contempla con impasibilidad el continuo tránsito de entrenadores, jugadores y recogepelotas. Contando con que la mascota oficial no ejerce su labor en las segundas partes. Contando con que se visita al mismísimo Papa de Roma y, tras repartir bendiciones, jubileos y banderines conmemorativos, se le rebautiza como Benito en un alarde piadoso. Contando con que el equipo juega más veces de las necesarias con pantalón rojo. Contando con lo que pixela el marcador electrónico y contando con que no hay un alma caritativa a la que se le ocurra pasar una bayeta por los asientos del Calderón para que luzcan resultones...


Ya les digo, por lo demás, todo bien...

miércoles, 8 de febrero de 2012

Historia de una piedra

Filomena no es una piedra como las demás. Ella salió de la cantera, que es de donde salen las piedras que no son extraídas a golpe de talonario y comisión. Fue destetada de su madre, una veta de muy buena familia, a base de barreno y pronto empezó a prepararse en academias privadas a donde acuden las piedras para pulirse. No sembró en su camino grandes amistades, “es fría y dura”, decían sus compañeras de clase. “Tiene una personalidad llena de aristas”, opinaba la jefa de estudios del centro, una roca basáltica con mucho mundo. Ella, desde muy joven se había fijado una meta, un objetivo claro: ser una piedra famosa. Ser parte de algo importante. Ser como esos antepasados de los que sus mayores contaban historias en las noches calurosas de verano, esos tatarabuelos que formaron parte de una pirámide o de un acueducto romano. Ser especial y recordada.

Un día, hace ya algunos años, Filomena hojeaba el periódico, que no en vano las piedras no tienen tantos problemas con el papel como con las tijeras a pesar de lo que se diga, cuando vio una noticia que la dejó impactada. Iban a comenzar las obras de un nuevo estadio para el Atlético de Madrid. Sería un estadio de muchas estrellas, de techos retráctiles y pistas de atletismo de quita y pon, el sueño de cualquier piedra. Filomena se esforzó mucho más en su preparación, aspiraba a ser elegida como primera piedra de la construcción del nuevo coliseo rojiblanco. Decía que no a las invitaciones de su prima, la que opositó para piedra pómez, cuando le proponía en un alarde de deformación profesional que si le apetecía catar unos callos. Prácticamente no salía de su habitación. Estudiaba protocolo y buenas maneras, hacía ejercicio diariamente y se ponía cremas correctoras si tras una mala noche aparecía un granito en su cutis de granito, valga la redundancia. Todo lo hacía para ser la mejor de las piedras que pudiera postularse para el puesto. Solo se permitía mínimas treguas en su exigente entrenamiento para visualizar cómo sería la ceremonia en la que ella sería protagonista. Se veía a sí misma protegida por una urna forrada en celofán, notaba el cariño con el que era depositada, sentía los aplausos de la concurrencia, se emocionaba pensando en cómo la banda de música se lanzaría a interpretar Suspiros de España o el Gato Montés, esos pasodobles que ablandan cualquier corazón por muy pétreo que sea, como decía su madre geológica, imaginaba el corte de la cinta por parte de esos dos señores tan amables: el del pelo sospechosamente tupido y el de la nariz curva. Soñaba, en fin. Y vivía sólo pensando en hacer realidad ese sueño.



Han pasado los años. Filomena ya no es una piedra joven. El paso del tiempo se nota en su superficie mucho más redondeada y en una expresión nostálgica que esconde sueños sin realizar. La erosión ha mellado sus bordes y sus ilusiones a partes iguales. Aún así, hace unos meses escuchó con emoción la reactivación del proyecto de la Peineta. Retomó su espartana preparación engañándose a sí misma al pensar que todavía estaba a tiempo de ser elegida como primera piedra titular por delante de todas esas piedras jovencitas que todavía conservan las esquirlas de la mocedad. No hizo caso de los agoreros presagios de sus amigos los cantos rodados que trabajan a la orilla del río: “Yo creo que no se van a mover de aquí Filomena. Van a seguir al lado del Manzanares por muy soterrado que esté”. Ella seguía haciendo oídos sordos. A ella no podía pasarle. A ella no. Ella había dedicado toda su vida a prepararse para tan magno momento. Ella había depositado sus esperanzas en las diferentes fechas de construcción y mudanza. Ella seguía creyendo en excavadoras que trabajan a toda máquina para dejar bien liso el terreno donde ella descansaría para la posteridad.

La semana pasada, una justa sentencia arruinó las pocas esperanzas que atesoraba Filomena. Esa misma noche, Filomena se fragmentó en su cuarto. Todas sus ilusiones se convirtieron en areniscas y su alma se quedó prendida de un mínimo guijarro. Ustedes y yo, que no queremos movernos de nuestro estadio actual y que nunca nos hemos fiado de oscuros planes ni de sospechosas maquetas, nos lo esperábamos y reaccionamos con alborozo ante la noticia. Aún así, debemos reparar en la decepción de otros como Filomena que, incomprensiblemente, han depositado su confianza en quien no la merece. Probablemente, como a esa piedra a la que ya casi hemos cogido cariño, les falte información o les sobre credulidad. Reconozco que casi les miro con compasión. Más tarde o más temprano, todos sufrimos reveses de este tipo y nos acabamos dando cuenta de con quién nos estamos jugando los cuartos. A todos nos ha ocurrido. Y aquellos que digan que nunca les ha pasado, que tiren la primera piedra. 

martes, 20 de diciembre de 2011

Extraños fenómenos (o un poltergeist en rojo y blanco)

En un lugar indeterminado del centro de Madrid. Diciembre de 2025

– Tranquilícese. Yo soy una profesional de esto y poseo una larga experiencia en casos parecidos. Cuénteme todo desde el principio –solicitó la médium intentando enderezar la espalda, cosa nada fácil dado el peso del medallón que llevaba al cuello.

La mujer de mediana edad dudó antes de comenzar, tal vez sin acabar de confiar en aquella vidente que le recordaba a Galindo y a Rafaela Aparicio a partes iguales.

– Como le he dicho, todo empezó desde que nos mudamos aquí. Notábamos que alguien nos observaba, oíamos murmullos y algún silbido cuando mi marido y yo…bueno, ya sabe. Luego fue a peor, nos sentábamos en la cocina y se podían escuchar voces cantando Pippi Langstrum o una versión libre del Moonlight Shadow de Mike Oldfield, voces que no provenían de este mundo. Además en la esquina sur de la casa a veces aparece un ramo de flores. Solo en esa esquina, nunca en otro sitio, pero cuando nos acercamos, desaparece. Ya casi nos habíamos acostumbrado a este tipo de fenómenos cuando la otra noche, nos habíamos quedado dormidos en el sillón viendo el mensaje a la nación de la presidenta Belén Esteban y mi hija pequeña, Carol Anne (¿no se decía "Carolain"?), se acercó al televisor. La niña nos contó que de la pantalla surgió una mano que quería llevársela. Luego se evaporó y mi hija nos despertó alarmada, nos dijo que ya estaban aquí. Esa misma noche desapareció. Creemos que está cerca, a veces podemos incluso sentirla. Pero llevamos tres días en un sinvivir como se puede hacer cargo.

– Mmmmmmmmm –emitió la médium un ruidito de asentimiento poniendo la boquita de piñón.



– A partir de ahí –continúo su relato la madre –, siguieron ocurriendo sucesos inexplicables. Ya es una rutina para nosotros. Venga, se lo mostraré. Aquí en el comedor tenemos diez sillas debido a que somos una familia bastante numerosa. Vea, vea lo que sucede…

Las sillas que estaban dispuestas alrededor de la mesa de imitación de nogal empezaron a moverse solas sincronizadamente. La médium no podía dar crédito a lo que estaba presenciando. Las sillas se distribuían en un 4-3-1-2 que cambiaba a 4-4-1-1 según tuvieran o no la posesión. Todas presionaban en el lateral de la estancia para asfixiar la salida de balón de alacenas y mesas camilla. Bueno, todas no. Una de las sillas no participaba de los movimientos en acordeón y de las basculaciones, lo que llamó poderosamente la atención de la vidente.

– ¡Uy, por esa no se preocupe! –aclaró la madre –, es la silla mediapunta y ella no presiona para el robo, se reserva para la gloria del último pase.

– Creo que Carol Anne (pues no, no es "Carolain", dice la wikipedia que se escribe así, como lo he hecho) está en una dimensión paralela a la nuestra. Alguien se la ha llevado y corre un gran peligro. Solo si estáis unidos conseguiremos sacarla de allí donde está –dijo la médium dispuesta a pasar a la acción de inmediato.



La chaparra vidente se encaminó hacia la habitación de la niña y abrió la puerta del pequeño armario que tanto se asemejaba a una taquilla de vestuario visitante. Del interior del ropero emanaba una luz cegadora y un frío que helaba la piel de los congregados.

– ¡Carol Anne! –gritó a pleno pulmón la médium –. ¡Acércate a la luz!

– No puedo –se oyó la voz de la niña desde no se sabe dónde –. No me dejan salir. Quieren un veinte por ciento del contrato y una participación de los derechos de formación. Además, se quieren embolsar comisiones por encima del valor del traspaso. Me van a hacer dañooooooooo…

– No podemos perder más tiempo. Esté en manos de representantes de ultratumba y de dirigentes golfos de otras épocas que pretenden apropiarse indebidamente de su alma. Debemos sacarla de ahí ahora mismo –fue lo ultimo que dijo la achatada quiromante antes de atar una cuerda a la cintura de la madre y empujarla con demasiada fuerza al fondo del armario.

El armario engulló a la madre con furia mientras se oían estruendosas voces que anunciaban su amor por Radomir Antic o Luís Aragonés y salmodiaban un mantra que finalizaba con “…cabrón, fuera del Calderón”.

– ¡Carol Anne, señora Fresnedoso, vayan hacia la luz! ¡Lo más rápido que puedan! – mientras decía esto se abrió un vórtice en el techo del comedor del que salían rayos y centellas.

Las sillas, tan bien entrenadas ellas, se amontonaron en un rincón con excepción de la silla mediapunta, que pululaba a su ser incontroladamente. De repente, el infernal agujero del techo expulsó a madre e hija con violencia, desatándose el fin del mundo en el pequeño piso de dos habitaciones, un baño y plaza de garaje, todo exterior. La familia entera, la médium y sus ayudantes escaparon sin perder un segundo, viendo como se desmoronaban las paredes de la vivienda de cuya hipoteca solo habían pagado intereses hasta el momento. Se permitieron parar solamente en las zonas comunes ajardinadas cuando la distancia les aseguraba que estaban a salvo. Mientras el bloque se desmoronaba, de lo más profundo del jardín y de la piscina comunitaria comenzaron a brotar sillas blancas, rojas y azules, un banderín de corner y la cabeza de un disfraz de mapache. Retomaron su huída ante semejantes hallazgos no sin antes increpar por el camino al desenvuelto y poco trabajador conserje de la finca, un avejentado Gonzalo Miró, que asistía atónito al hundimiento de la promoción de vivienda semiprotegida.

– ¡Nunca debisteis construir sobre el antiguo Calderón! ¡Nunca debimos ir a la Peineta! ¡Tú y tus compinches habéis matado al Atleti! Nooooooooo……

……………………………………………………………………………………………………………………

En un lugar indeterminado del centro de Madrid. Diciembre de 2011.

La Sra. Fresnedoso se despertó sobresaltada ante tan vívido sueño. Se desperezó rápidamente tras ver lo tarde que se le había hecho y preparó a los niños para ir al estadio. Todos con su camiseta rojiblanca, menos Carolina, que llevaba la camiseta azul oscura de cuando el equipo rinde visita y coincide en la indumentaria con el local. Salieron de casa con paso alegre para sobrellevar de mejor manera el frío atardecer embozados en sus bufandas blancas y rojas. A lo lejos se atisbaba la silueta del viejo estadio y, de improviso y sin ponerse de acuerdo, todos empezaron a cantar el himno del equipo. Bueno, empezaron a cantar repetidamente esa estrofa que habla sobre ir al Manzanares. Sobre ir a nuestra casa. Al Vicente Calderón….