(Mi única referencia atlética en esta historieta será para Fran Emérita Augusta, jugador que llegó este verano en loor de multitudes por atesorar calidad y por ser atlético desde pequeño. Me pregunto cómo es que se nos escapa la temporada y casi no tenemos noticias de él ¿no era para tanto? ¿será otra fobia de esas que asolan a nuestro enjuto entrenador?...)
Tulio Marco Cícero llegó como cada mañana a su espartano despacho antes de la hora nona ¡Si su madre pudiera ver hasta dónde había conseguido llegar después de salir de Leptis Magna con una mano delante y otra detrás! Su buen hacer como gestor de recursos humanos en la flota del imperio le habían llevado hasta su actual destino después de pasar como marcador de ritmo de palada en una trirreme y encargado de látigo de primera categoría en varias galeras que hacían la ruta regular de Bizancio a Cartago. Su asistente entró en la sala para recordarle que ya estaba esperando su cita de primera hora:
– Les digo que pasen entonces –soltó como quien no quiere la cosa su ayudante mientras se acercaba a la puerta.
– ¿Les? ¿Cómo que les? ¿Pero la cita no era con el representante de los esclavos del circo?
– Mejor se lo explican ellos señor procónsul –dijo encogiendo los hombros el funcionario imperial para volver a continuación con dos hombretones vestidos a la manera hispánica, algo más ruda que la que se suele ver en el foro (romano, no en Madrid claro, que algún tiempo debe pasar hasta que se funde).
– ¡Señor procónsul, cuánto honor! –dijo el más alto de ellos mientras le estrechaba el brazo con la fuerza de un ursus–. Permítame explicar la presencia de dos de nosotros en esta primera toma de contacto. Como bien sabrá usted Hispania no es una nación con una sola realidad, se trata más bien de una nación de naciones. Es por ello que nuestros compañeros esclavos gladiadores nos han elegido para que les representemos desde nuestras condiciones respectivas de descendiente de celta, aquí mi compañero, e íbero, un servidor, para de esta forma representar la idiosincrasia de cada una de las realidades presentes en ésta, nuestra piel de urus. Si no es molestia, llevaré la voz cantante en la negociación yo, que los íberos somos más abiertos y desenvueltos en estos menesteres, siendo nuestros hermanos celtas más retraídos y campechanos.
– Bien,…me parece bien. ¿Y qué se les ofrece?
– Así me gusta, al grano ¡Estamos condenados a entendernos Don Tulio! Pues bien, como usted sin duda sabrá, desde los tiempos de Dioceclano los gladiadores, esclavos o libres, venimos reclamando una revisión del convenio de artistas de circo romano. Queremos expresar nuestra voluntad firme de alcanzar un acuerdo con la patronal imperial pero tenemos algunos puntos que consideramos irrenunciables, pero sobre los que podemos negociar en aras de sentar las bases de futuros marcos laborales, que no están las cosas para poner a nadie entre la gladius y la pared.
– Sí…claro, continúe, continúe –balbució estupefacto el gobernador local.
– Como le decía, nuestra posición es inamovible en temas como el de un reparto justo de los derechos teatrales, que en la actualidad benefician a las escuadras más poderosas de gladiadores, un porcentaje de las apuestas y la obligatoriedad de la alineación de al menos cinco gladiadores seleccionables en cada convocatoria. Además proponemos un sistema de recompensa y retribución más justo que el actual dedo arriba o dedo abajo basado en baremos que se calcularán en función de los trienios como gladiador colegiado y las evaluaciones del desempeño realizadas. No crea que es tampoco baladí el tema de las concentraciones antes de los espectáculos…
La comisión negociadora desgranaba una a una sus reivindicaciones mientras Tulio pensaba en cuánta razón tenía su madre. Ella le había dicho que pidiera cualquier destino menos Hispania, aunque fuera la Galia dónde decían que había una aldea que resistía al invasor con no sé qué leches de poción o brebaje. Pero no, su mujer se había empeñado en Hispania por el clima y la vitae qualitam, por tonterías de esas que leía en papiros destinados a la mujer moderna del siglo I d.c. ¡Madre mía, qué crucis!
– ….ver a usted tomando ese rancho. Es por ello que exigimos tomar al menos dos veces por semana ese nuevo plato, tan de moda en la capital del imperio, que consta de una base de masa de pan horneada, queso de búfala y lo que la imaginación de cada uno pida agregar en lo alto (nótese la ausencia de tomate en este nuevo plato para evitar innecesarios anacronismos, aunque ya se sabe que la diferencia está en la masa). Por último, pero no por ello menos importante, queremos institucionalizar el derecho a una semana de vacaciones coincidentes con el solsticio de invierno. Ya sé que tal vez usted pensará que estamos pidiendo por pedir, pero ha de saber, Don Tulio, que en Galilea la fiesta cada vez gana más adeptos. No me extrañaría que esa tradición acabara calando en todo el Mare Nostrum. Fíjese que hasta un joven emprendedor ha abierto una fábrica en Saxum (Jijona) y está teniendo un moderado éxito distribuyendo un dulce de miel y almendras que oferta en dos variedades, una dura y otra blanda.
– ¡Ah! Ya ha terminado. Bueno, he tomado buena nota de sus reivindicaciones y se las pasaré al tribuno para que decida. En breve tendrán noticias nuestras –dijo aliviado el procónsul mientras les acompañaba a la puerta.
Tulio Marco Cícero se dejó caer en el triclinium agotado pero emocionado al comprender que había sido testigo de un nuevo paso en la imparable carrera del progreso humano: el alumbramiento de una figura histórica, el liberado sindical (celta en este caso). En estas estaba cuando su asistente anunció la siguiente visita:
– Señor procónsul, tengo en la antesala a la comisión de animadoras del circo, que como usted sabe se muestran preocupadas por la creciente siniestrabilidad laboral que padecen. Dicen que más de una vez han salido a mover los pompones en los tiempos muertos sin que el león o la pantera hubieran sido enchiquerados y, claro, andan revueltas.
– ¡Qué remedio! Hazlas pasar –se resignó el gobernador al que ya no le llegaba la toga al cuerpo ante el panorama que se le avecinaba.
– Y recuerde que antes del almuerzo debe también recibir a la plataforma cívica de enanos del circo, que llevan pidiendo cita varios meses ante el crecimiento de varios palmos de estatura que han experimentado desde que se les ha trasladado a estos lares.
– ¡Hispania disparis est! (o como se diga España es diferente oigan, que uno es de ciencias puras)

