miércoles, 13 de abril de 2016

Hoy es uno de esos días

Hoy es uno de esos días en los que a las palabras les cuesta escapar de la garganta. Una de esas fechas en las que los nervios parecen secuestrarlas, hacerlas suyas para demostrar que el veneno rojiblanco que recorre las autopistas sanguíneas de nuestro cuerpo nos atenaza y nos hace más vulnerables. Nada más lejos de la realidad. Somos inmensamente afortunados. Somos invencibles, más allá de cualquier resultado.

Hoy es uno de esos días en los que uno se sorprende a sí mismo silbando el himno del Atleti de manera involuntaria. Cuando va al baño, en la cola del supermercado o mientras espera que el semáforo guiñe a verde. Una de esas fechas en las que notas una electricidad especial en el ambiente. Cada vez que miren el reloj, calcularán inconscientemente las horas, minutos e incluso segundos que restan para que el pitido inicial convierta a hombres en leyendas.


Hoy es uno de esos días sin los que la vida no tendría sentido. Un día que muchos pagarían por vivir como lo vivimos nosotros. Un día de recuerdos, deseos y liturgias dedicado a los que fueron, son y serán. A los que volvieron a ponerse la camisa guardada para las grandes ocasiones. A lo que cancelaron la cita del traumatólogo sin importar precipitarse al fondo de una lista de espera. A los que se dejaron la comida en el plato, incapaces de probar bocado. A los que tampoco cenarán. A los que colgaron de la barandilla de los sueños la pancarta en la que se comprometieron a nunca dejar de creer. Por todos ellos va. Disfruten. Hoy es uno de esos días. ¡Forza Atleti!

viernes, 8 de abril de 2016

A vueltas con La Peineta

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160406/Deportes/5231/La-Peineta-Gil-Marin-Slim-traslado-Vicente-Calderon-La-Colchoner%C3%ADa-La-agon%C3%ADa-del-mediapunta.htm

“Peineta sí o sí”, afirmó hace unas semanas Gil Marín haciéndose a la vez carne y nariz en un acto al que no pudo estafar su asistencia. Anunció el seguro traslado con esa voz adiestrada en decir en la misma frase una cosa y la contraria burlando cualquier polígrafo. Siendo puntillosos se echó de menos, como es costumbre, el acompañamiento a la guitarra de los números. Cuando la gerencia del club toma la palabra, las cifras suelen ocultarse bajo densas capas de palabrería y no salen por no constiparse o por no encontrarse de frente con alguna lumbrera que sepa sumar y restar con suficiente soltura.

Con las matemáticas escondidas a buen recaudo, el debate se traslada interesadamente a la grada. Dudar de la operación le convierte a uno en un mal atlético. En un retrógrado al que la nostalgia impide ver que el crecimiento del club pasa por la mudanza. Diariamente surgen noticias que equiparan el actual templo rojiblanco con una losa que imposibilita alcanzar mayores metas ¡Pobre Calderón!, culpable a fin de cuentas de ser desenchufado progresiva y sistemáticamente de la máquina que le mantiene con vida a pesar del deficiente mantenimiento de sus instalaciones. Al recinto que venció a la aluminosis y lleva soportando décadas el desembalse de orines que provienen de los aseos lo ha derrotado la falta de cobertura para mandar un Whatsapp. Los tiempos avanzan que es una barbaridad, que dijo aquel.


Condenado el viejo estadio por atropello de columnas de opinión en su contra, no echarse en los brazos de La Peineta y las estrellas que traerá en la pechera empieza a rayar la disidencia más recalcitrante. Justo ahora, desconfiar se antoja un lujo necesario. La niebla sobre la operación aconseja una disección pausada centrándose no en el qué, como se pretende, sino en el cómo. Pisos con las burbujas pinchadas, suelos de calificación –incluso moral– opinable, planes con las alturas de pon y quita, deudas encogidas o dadas de sí según convenga, infraestructuras atrapadas en permanente estado de maqueta. Aspectos que obligan a tratar el tema alejándose de lo emocional. Al fondo del bodegón asoma la figura de Slim con el manto de salvador sobre los hombros. Convendría hacer memoria y recordar cómo acabaron las aventuras futbolísticas de los mesías que un día decidieron ponerse una camiseta. Los interesados pueden llamar a Valencia en horario de oficina, sin ir más lejos.

Aun a riesgo de ser tildado de reaccionario, la prudencia debería adornar cualquier opinión sobre el traslado. Tal vez un brillante futuro pase por la Peineta, pero ciertamente debiera preguntarse a la masa social por ello con toda la información sobre el tapete. Conocer y ponderar los riesgos y oportunidades, saber si el cambio acarreará la llegada de nuevas estrellas o la venta de las que hay. La afición del Atleti es suficientemente madura para elegir y no es tan irresponsable como para saltar sin red. Recelar puede ser cosa de retrógrados y carcas, pero de carcas cabales cuando se trata de un movimiento jaleado por los sospechosos habituales. Puestos a pedir, no estaría de más que algún número saliera a la calle a que le diera el fresco. Aunque fuera muy abrigado, para no constiparse. 

jueves, 7 de abril de 2016

El fútbol era esto


Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco:

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/el-futbol-era-esto/

Lo sencillo, en días como los que nos ocupan, sería creer que el fútbol era esto. Caer en la tentación de mandar todo al carajo. Bajar los brazos sin convicción, agachar la cabeza y maldecir entre dientes. Indignarse por la capacidad de las tarjetas de teñirse de rojo o amarillo según la camiseta del número nueve. Aceptar que el camino está trufado de sorteos, casualidades y errores humanos. Correr a la librería más cercana para adquirir el último ejemplar de autoayuda sobre cómo afrontar el recurrente hedor que emana del hecho diferencial de no acabar los partidos con el mismo número de jugadores que ciertos rivales. Asumir que el techo, impuesto a la fuerza, está más cerca de lo que se pensaba. Pensar que el esfuerzo, la presión adelantada y la inspiración no pueden llegar a influir en un resultado fijado de antemano. No rebelarse. No clamar ante la injusticia. Tirar la toalla, en suma.




Lo complicado, pero a la vez lo más maravilloso, es dejar que la ilusión se haga sitio. Ayudar a que crezca, como una flor delicadísima brotando entre el estiércol prescrito a paladas desde los despachos. Entretenerse con las posibles alineaciones y dibujar en la pizarra de la imaginación esquemas tácticos abocados al todo o nada. Volver a sentir los nervios de tantas primeras veces. Saber que el Calderón lucirá endomingado aun siendo miércoles. Visualizar un lleno a reventar de voces y corazones. No apearse de la piel de gallina durante dos horas. Morir o matar. Calcular las opciones. Buscar los puntos débiles. Sostener que es posible siempre que nos dejen. Abrazarse a tus iguales. Notar el orgullo instalado en el pecho. Creer que el fútbol también era esto y que nunca podrán arrebatárnoslo.