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jueves, 16 de junio de 2016

Cicatrices

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160615/Deportes/6646/cicatrices-Atletico-de-Madrid-decepcion-levantarse.htm

De repente un día, al levantarnos, nos dimos cuenta de que la herida había dejado de sangrar. La carne maltrecha había sido capaz de sanar, a pesar de que en su momento pensamos que nunca lo haría. El tejido no llegó a infectarse pese a la injusta insalubridad del mordisco que el rival nos propinó. Donde antes había una lesión fresca y viva, quedaba ahora una cicatriz a la que nos acabaremos acostumbrando, como a todas las demás.

Los espejos guardan en su interior miles de cicatrices en las que diariamente no nos fijamos. Hay ciertos días en los que uno vuelve a descubrirlas como si fueran totalmente nuevas o tal vez antiquísimas. Las hay, incluso, que nos son devueltas cuando nos miramos pese a no ser nuestras propiamente. Son las de nuestros mayores, como la de Bruselas. La mía de esa final está en el costado derecho y recorre las dos últimas costillas antes de llegar al abdomen. Tiene un aspecto irregular, como si hubiera sido mal cosida. Juraría que puede leerse en ella un nombre impronunciable. Algo así como Schwarzenbeck, letra más, letra menos.

A lo largo del cuerpo encuentran cobijo muchas otras cicatrices que causaron dolor, pero en una medida menor. Tenemos marcas de arbitrajes parciales, tenemos un gol legal anulado a Perea en una rodilla y hasta un recuerdo de la intervención judicial que probablemente apareciera cuando la guardia civil entró en la zona noble del Calderón con el ímpetu que sus ocupantes merecían sobre una ceja. Hay un par de ellas a las que tenemos especial cariño. Una se manifestó tras un descenso anunciado en Oviedo y tiene la misma forma que aquellas lágrimas de Hasselbaink. La otra es más parecida a una quemadura producida por el sol de una tarde de Getafe en la que la ilusión se tornó impotencia. Nos gusta revisarlas de vez en cuando para saber de dónde venimos y dónde estamos.


La mayor de todas las que teníamos hasta hace unos días venía de Lisboa. Se encuentra al lado del corazón. Parece la cicatriz resultante de una herida hecha cuando nadie lo esperaba. Una herida en el descuento. Nunca pensamos que pudiera haber ninguna que doliese tanto como esa. Nos equivocamos. La nueva cicatriz, la que ha dejado de sangrar hace unos minutos, como quien dice, superó con creces el dolor de la anterior. El desgarro fue más profundo, más lacerante. Recorre en paralelo el camino del esternón y finaliza su trazo casi en el estómago, allí donde nos dejó el nudo inexplicable con el que volvimos de Milán.

Cada mañana, todos nos enfrentamos con nuestra imagen reflejada. En muchas ocasiones, las prisas nos impiden volver a mirar nuestras cicatrices, pero a veces, como hoy, uno encuentra un momento para estudiarlas de nuevo. Allí están todas. Mirándonos como testigos mudos. Fueron dibujadas en nuestra piel con infinito dolor. De vez en cuando, nos hacen sentir un cosquilleo atenuado por el tiempo, un recuerdo del daño pasado. Al mirarlas, volvemos a pensar en que no fueron capaces de matarnos, por increíble que pareciera. Hemos sido capaces de acostumbrarnos a ellas y, mientras tanto, ocupamos la mente en pensar en un nuevo goleador, en descifrar las palabras de Simeone tras la final o en pasar el verano de la mejor manera posible, siempre con la abstinencia rojiblanca acechando. Caeremos y nos levantaremos, prometimos. Ya estamos de nuevo en pie. 

lunes, 28 de mayo de 2012

Breves bocados de actualidad atlética



Llegó Pantic al Madrileño (uno es mayor y gusta de seguir utilizando tradicionales apelativos) alegrando caras y llenando de recuerdos las imaginaciones. Su llegada se unía a otras de algunos más con pasado rojiblanco atando todas con el lacito de la atletización de lo desatletizado. Como si fuera un trabalenguas fácil de desentrañar, ¡ea! Llegó y a pesar de su posible bisoñez consiguió convertir un inicio titubeante en una posibilidad de soñar con el ascenso a través del cuidado de la estrategia. Se va ahora con premura, demasiado pronto, sintiéndose tal vez como sus pupilos de este año, con pocas posibilidades de coger el ascensor que lleva al ático de los mayores. Pudiera ser comprensible que necesite probarse en empresas de mayor calado y con más perspectivas de visibilidad, pero queda un regusto de interrupción, de fugacidad no esperada. Que le vaya bien allá donde vaya y que vuelva más adelante. Hay un ramo descansando en un corner del Calderón que no perdonaría que no lo hiciera.

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Da gusto ver cómo el Atleti llega a un aeropuerto de allende los mares y es recibido entre la algarabía de muchos. Da gusto ver estadios con muy buena entrada para presenciar lo que no deja de ser un bolo con la misma trascendencia que la carrera musical de Jesulín de Ubrique. Da gusto ver a niños de tez morena con la camiseta del Atleti acercarse a sus ídolos con timidez. Da pena pensar que si el equipo repitiera gira el año que viene, ni los del aeropuerto, ni los de los estadios ni los púberes podrían reconocer a los que portan la zamarra rojiblanca.



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Se marcha Perea como llegó. De puntillas y dando las gracias, sin hacer ruido ni pegar portazo al salir. Se marcha con un record de partidos para extranjeros ya adoptados y nos deja con la sensación de que fueron muchos más sus aciertos que sus tan cacareados fallos. Se marcha tras despedida pequeña pero por una puerta muy grande, por un portón de dos hojas que hay que abrir en contadas ocasiones para despedir agradecidos a profesionales como él o para introducir un elefante africano en el patio de vecinos. Ojalá volvamos a encontrarnos. Ojalá que la federación internacional de atletismo homologue alguno de los varios records del mundo de velocidad que debe poseer sin aducir que en el Cerro del Espino corre un viento que anula las marcas realizadas.

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Se marcha también Antonio López y su marcha parece más comprensible que la de Luis Amaranto. El cuerpo y, en igual medida, el alma, no han dejado a Antonio rendir como siempre ha hecho en los últimos tiempos. Se va un capitán con canas, lo que siempre imprime respeto, y nos deja huérfanos de jugadores con solera. Deja una empresa en constante rotación, una empresa de ERE afilado y una mayoría simple de candidatos a heredar el brazalete que sólo se afeitan un par de veces por semana. ¡Qué difícil es cumplir trienios en el Atleti!


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Finalmente Juanfran acudirá a la Eurocopa. Con justicia, sin debate alrededor. El extremo ansioso y acelerado que conocimos en los postreros (y oscuros) días del sanchezflorismo de vía estrecha, ha migrado a lateral templado en la defensa e incisivo en el ataque y obtiene de esta forma justo premio a su notable temporada. Ya solamente se le pide un cambio de estilismo capilar para ser considerado miembro de pleno derecho del imaginario atlético. La convocatoria deja la alegría de la llamada del alicantino, la indiscutible presencia de Torres como lo que es, un puntal y deja también un sabor algo amargo por la llamada interruptus de Adrián. De poco valió su debut con gol, penalty forzado y repertorio de fintas y caídas a banda siempre buscando hacer daño. No es el señor marques del dorado nabo amigo de dar demasiadas alegrías a los de rojo y blanco y finalmente tomó una decisión redundante, esperada. De la terna de Soldado, Negredo y Adrián se queda con el segundo. Uno, piensa que Adrián aporta diferencia y que los otros dos aportan principalmente lo mismo: su procedencia y más prensa que talento. Demasiado delantero centro ve uno en la convocatoria, máxime cuando solo ve a uno de ellos con la talla suficiente para según que batallas. Les doy una pista, el bueno es el de las pecas.


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A pesar del calor que ya se ha instalado entre nosotros, el futuro da frío. Cada vez que llegan los veranos, el gazpacho en el menú del día y las imágenes de familiares en bañador que nos perseguirán como pesadillas recurrentes, se nos pone el cuerpo raro. Hay veces que tiritamos incluso mientras faenamos bajo el justiciero sol de la capital. Y todo por no saber qué quedará tras el desmontaje acostumbrado. Tras la infinidad de rumores y los magros hechos. Nos queda también mal cuerpo por no habernos podido despedir de casi todos los que se irán y por no conocer ni de oídas a los que vendrán. La rueda sigue girando. El carrusel del mercadeo se activa llenando de igual manera columnas semanales y bolsillos. Capel, Emre, turcos de nombre impronunciable e incluso innombrables mediapuntas de pelo fosco y supuesta excelencia en el penúltimo pase con los que se pretende tropezar de nuevo, a pesar de que la comparación con una piedra sea siempre excesiva dada la blandura de la criatura. No se relajen, mañana podría aparecer a doble espacio y con negrita que vuelve Maniche con ganas de ponerse a plan para rebajar carrillera. Que Dios nos coja confesados.

lunes, 7 de mayo de 2012

Ultima sesión del ciclo ordinario


Nueva entrega actualizada del acta del diario de sesiones del representativo senado atlético que se nos presentó en las entradas Extracto del diario de sesiones y Diario de sesiones

Acta de la última sesión ordinaria de la temporada 2011-2012 celebrada por el Senado Atlético representativo y autóctono del Bar Casa Maxi.

19:02 horas: Se inicia la sesión del senado atlético dos horas antes del comienzo del partido como rezan las buenas costumbres, sin detenerse a analizar si en días lluviosos como el que ocupa se debiera mostrar más relajamiento en los horarios. Preside la misma el actual arrendatario del local, Don Maximiliano Autillos, y modera y pontifica Don Santos Tenderete en su condición de parroquiano más veterano al ocupar el mismo taburete en el local desde hace veintitrés años sin importar las diferentes denominaciones que ha atesorado el mismo.

Asistentes:

Don Maximiliano Autillos
Don Santos Tenderete
Doña Adelaida Minucias
Don Epifanio López de Pantorrillas y Rocamora
Don Arístides Ventolera 

Asiste como invitada Doña Georghina Lucalescu, empleada doméstica en la señorial mansión de Don Epifanio López de Pantorrillas y Rocamora, no por su condición de encomiable creadora de un cocido madrileño que firmaría una vecina de la calle Mesón de Paredes, sino por su naturaleza de nacida en Bucarest, destino éste muy en boga en cuanto al turismo atlético se refiere.

Orden del día:


  • Doña Georghina Lucalescu abre la sesión haciendo una presentación titulada “Tesoros de Bucarest” en formato diapositiva panorámica. En ella desgrana las bellezas de la capital rumana haciendo especial hincapié en dónde comer, dónde pacer y dónde comprar souvenires conmemorativos. Al llegar al apartado de ruegos y preguntas, la concurrencia decide obviar las cuestiones de Don Santos Tenderete sobre boites recomendables donde mover el esqueleto si se tercia. Consta en acta la protesta de susodicho senador ante la no respuesta de la ponente y ante la imposibilidad de constatar si en Bucarest podrá asistir a algún tipo de espectáculo arrevistado de esos que tanto le gustan.


  • Los miembros del senado entregan un comunicado conjunto de repulsa por los recortes que se están produciendo en su sede social como consecuencia de la crisis hostelera. El presidente acusa recibo del escrito sin entrar a dirimir si las tapas que acompañan las consumiciones de los parroquianos han sufrido tanta merma como aseguran sus señorías. Queda pendiente de revisión un informe pericial presentado por la señora Minucias en el que expone sus dudas sobre la procedencia de los tropezones de carne que se encuentran diseminados en la masa de croquetas, habida cuenta del empeoramiento sistemático que se produce en su alergia a los gatos cada vez que consume una de ellas. Asimismo, los asistentes juran y perjuran que el otrora glorioso clarete de tierras de Aranda de Duero que se servía por copas, ha pasado de ser clarete a ser transparente. Se acuerda crear una comisión de investigación para ahondar en la problemática del posible bautizo al que Don Maximiliano Autillos somete a los caldos de la uva de manera poco sacramental.


  • En lo tocante a la situación del equipo y dados los últimos resultados obtenidos, sus señorías abogan por la rotación salvaje en el encuentro a celebrarse en breves instantes de cara a sembrar frescura en tierras de la Sra. Lucalescu, no sin antes lamentarse de que se tenga que recurrir a estas economías de fondo físico por tener ya poco en juego más que la acostumbrada pedrea liguera. Se acuerda por mayoría la definición del partido de hoy como encuentro de transición contando con el único voto en contra del Sr. López de Pantorrillas y Rocamora al que los partidos contra el malacitano y ahora califal equipo emocionan bastante al recordar sus veraneos en Estepona cuando era mozo.


Sin más particulares que tratar, la sesión se levanta, como de costumbre, un cuarto de hora antes del inicio del partido pero, de manera sorprendente, se vuelve a acostar la muy perezosaal ver la concurrencia de qué manera jarrea en la vía pública. Los integrantes del senado deciden seguir el encuentro a través de la pequeña pantalla sin moverse del hemiciclo aduciendo problemas reumáticos, catarros mal curados y hasta la no desdeñable posibilidad de que se les rice el pelo tras varias sesiones de alisado japonés, todo por la que está cayendo. En el último momento Don Arístides Ventolera abandona el local con destino al estadio saliendo a la intemperie casi a pecho descubierto tras asegurar que prefiere una pulmonía a tener que aguantar los comentarios de las cadenas que ofrecen partidos en abierto lo que se secunda por todos los asistentes de palabra pero no de obra, que llueve mucho.

Animada por los presentes, con la venia del Sr. López de Pantorrillas y Rocamora y con la reticencia del Sr. Autillos, la Sra. Lucalescu obtiene permiso para invadir la cocina del local de cara ejecutar uno de sus tan glosados platos, las manitas de cerdo al estilo de los Cárpatos, sobre las que se dictará sentencia al final de esta sesión.



Disposiciones finales:


  • Este senado valora muy positivamente la reacción del equipo tras el descanso pero lamenta profundamente haberse tenido que chupar una primera parte de esas que son marca de la casa, ésas más vulgarmente conocidas como “para mear y no echar gota”, a pesar de que la comparación no le parece afortunada al Sr. Ventolera, que a la vuelta del campo se ha instalado con ánimo de mitigar la tiritera al lado de la estufa del local arrebujado en una manta zamorana plagada de ácaros que el Sr. Autillos ha tenido a bien rescatar del almacén de stock alimentario.


  • Sus señorías acuerdan unánimemente hacer mención especial en el partido de hoy el desempeño de Koke, responsable de que escampara el temporal en lo futbolístico y hasta en lo climatológico, pero sin cebarse en analizar que la recuperación del equipo se pudiera atribuir a la no presencia sobre el tapete de Mario Suárez, jugador que es incluso comparado en su blandura con la consistencia del pan envuelto en papel de aluminio un par de días.


  • La cámara decide también otorgar sonora ovación con saludos y cariñoso agradecimiento por los servicios prestados a Don Luis Amaranto Perea y Don Antonio López, no sin antes reflexionar sobre lo fácilmente que la gerencia se desprende de los jugadores veteranos sin atender a cuestiones emotivas y sobre lo efímeras que son las capitanías en nuestro equipo, aspectos que deberían ser cuidados de cara a taponar la hemorragia de identidad que asola la entidad desde que la inefable familia se hiciera con sus riendas al despiste y sin soltar un duro. 


  • A petición de la Sra. Minucias, consta en acta que la cámara conviene en que es mejor afrontar la cita de Bucarest tras victoria por cosas modernas como las dinámicas de grupo y la reafirmación de la psique colectiva, pero que por muchas modernidades con las que se adorne, no hay manera mejor de describir la manera de encarar ciertos eventos que con la frase de Don Luis Aragonés, Sabio de Hortaleza y merecedor de al menos un ducado o señorío a juicio de los asistentes: “Ganar, ganar y ganar”.


  • Dado el carácter supersticioso de los miembros de este senado, nadie querría calificar la temporada antes de la celebración del partido en la ciudad natal de la Sra. Lucalescu, más Don Santos Tenderete, con ese gracejo que le caracteriza, la resume como desastrosa independientemente de lo que acaezca. Desastrosa, pero contenta en caso de victoria y desastrosa, pero jodida en caso de lo que no se quiere ni mencionar.


  • Como último tema del día, y de cara a no dejar que el verano adobe rencores que se enconen para la próxima temporada, los miembros del senado deciden retirar el comunicado de repulsa sobre la merma en las calidades de las viandas ofertadas por el Sr. Autillos, lo que sirve para que éste desfrunza un poco el ceño con el que ha presidido los actos durante toda la noche y se anime a invitar a una ronda de clarete sin cristianar. Asimismo, las señoras y señores senadores con la excepción del Sr. Ventoleras, al que todavía castañetean los dientes profusamente para dedicarse a otros menesteres, degustan las manitas preparadas por la Sra. Lucalescu con emoción y hasta se escapa alguna que otra lagrimita atribuible a textura y ligazón de la salsa con base de tomate que las acompaña.


Sin más temas que tratar, con el paladar rememorando los matices del milagro culinario presenciado y con el alma en paz por haber limado las asperezas con el señor presidente y anfitrión de las sesiones, se levanta la sesión hasta que la próxima temporada asome la patita.


Como siempre suele pasar cuando el último partido de temporada en el Calderón yace de cuerpo presente, los miembros del senado se reúnen en la puerta del bar sin demasiadas ganas de marcharse. No quieren separarse de los suyos sabiendo que por delante se desplegará un verano largo sin fútbol de los de rojo y blanco. Sí, hay Eurocopa y hasta olimpiadas, pero no es lo mismo. No, no lo es  ni de lejos. Esas otras citas te ocupan y te emocionan  en su justa medida, sí, pero hay un algo que tienen los partidos de los nuestros que no tienen otros sucedáneos. Hablan de naderías para demorar la despedida: que si qué callado tenía Epifanio lo de cómo cocinaba la rumana, que si el clarete de la última ronda parecía que tampoco iba a ir al limbo, ya saben ustedes, de sus cosas. En otras circunstancias, se despedirían hasta el próximo Villa de Madrid, pero hasta esa posibilidad de emplazamiento temporal nos han arrebatado. Finalmente, la fría y húmeda noche aconseja una retirada digna y cada cual se dirige a donde pertenece. Bueno, cada cual no. Santos Tenderete no enfila el camino del Puente de Toledo para ir a casa, se acerca a un Calderón apagado y silencioso y da una vuelta alrededor del coliseo rojiblanco pasando la mano de vez en cuando por sus paredes como intentando buscar consuelo a la distancia que el fin de la temporada va a abrir entre ellos. Queda triste, como cada año, pero esta vez tiene dos cosas que le reconfortan algo, una final a tres días vista y el sabor que perdura de una salsa para manitas hecha con una base de tomate…

viernes, 6 de abril de 2012

Hay tipos...

La cuenta atrás del temporizador adosado a la maraña de cables del artefacto descontaba segundos inexorablemente al plazo que quedaba para que se produjera la explosión. Todos los que quedaban dentro de la zona acordonada se movían trabajosamente dentro de esos trajes de buzo en tierra que se suelen poner los del gremio. Bueno, no todos. Crescencio era el que más cerca estaba de la bomba y ni su atuendo ni sus actos mostraban el más mínimo nerviosismo. Él encontraba aparatoso eso de ponerse corazas para trabajar y por ello esperaba junto al paquete sospechoso con su mejor chándal de los domingos. Se permitió incluso liarse un cigarrillo sin boquilla y dejar que varias briznas de tabaco cayeran sobre el detonador. El resto de sus compañeros nadaban en sudores fríos mientras él demostraba el aplomo que tendríamos ustedes y yo al ir a comprar el pan y permitirnos el lujo de decir que ésa barra no es la que queremos, que nos gusta más ésa otra que está menos cocida. Cuando ya tan solo quedaban treinta segundos para la detonación y el resto de actores de la trama se habían distanciado del lugar de los hechos, Crescencio rebuscó en el bolsillo del pantalón y sacó el cortaúñas que siempre llevaba encima. Se agachó junto a la bomba y estudió con despreocupación las posibilidades ¿Qué cable cortar? ¿El rojo? Sí, el rojo siempre solía ser el que funcionaba en las películas. A lo mejor esta vez era el azul, el verde o el amarillo, vayan ustedes a saber. Justo cuando la pantalla indicaba que solo quedaban cinco segundos de margen, nuestro protagonista se acercó teatralmente a uno de los cables y cortó. No se crean que pensó demasiado en las consecuencias de un posible error. Era lo que tenía ser artificiero y daltónico….



Hay tipos que van por la vida sin mostrar el más mínimo síntoma de preocupación ante ciertos retos. Individuos que suturan una aorta con pulso firme mientras disertan en el quirófano sobre si la mejor manera de tomar los callos es con garbanzos o no. Hay tipos que provocan interjecciones de admiración en los que les ven actuar con tanta seguridad y con tanta sangre fría. A lo mejor alguno de ustedes caería en el error de pensar que más que fría su sangre es de horchata, pero no sería más que un mecanismo de defensa que los que nos atacamos en según qué circunstancias tenemos hacia esos tipos que se mueven por alambres suspendidos con la gracia del que va por la calle de las tiendas deteniéndose a casi cada paso para mirar los escaparates.

Hay tipos que con un primer toque de balón se quitan de en medio a un defensa pegajoso aunque algo torpe y ese detalle hace olvidar una primera parte imprecisa y anunciadora de sufrimientos futuros. Hay tipos que amagan con disparar donde casi todos lo hubieran hecho y continúan conduciendo con el balón cosido a la bota, lo que nos hace no acordarnos de la firmeza defensiva mostrada ante un equipo que no fue demasiado salvo en un rebote tras saque de banda. Hay tipos que recortan hacia fuera a porteros que salen algo alocadamente y parece que van a perder la oportunidad que se les presentan lo que eclipsa un mejor comienzo de segunda parte con dominio y llegadas. Hay tipos que vuelven sobre sus pasos y meten la punta de la bota una décima de segundo antes de que el cancerbero meta las manos en la ecuación de la jugada, lo que parece obviar el buen partido de algunos de sus compañeros como Courtois, Diego, Tiago, Perea o Mario. Hay tipos que, cuando todos estábamos chutando imaginariamente desde nuestros sillones, esperan un segundo para ver qué pasa y eso nos vale para casi no acordarnos de esos siete u ocho minutos en los que a punto estuvimos de ponernos la pastilla del corazón debajo de la lengua. Hay tipos que, en esa espera que les contaba, tienen tiempo todavía de dejar pasar a un defensa que se acerca a velocidad de embestida de toro cuatreño, lo que casi deja en anécdota la volea de Falcao que cerraba el pase a semifinales. Hay tipos que rematan justo en ese momento en el que lo tienen que hacer, ni antes ni después. Probablemente noventa y nueve de cada cien futbolistas profesionales, todos los amateurs y la gran mayoría de los empleados de Correos lo hubieran hecho en cualquiera de los episodios del lance que les intento narrar y no en el momento que lo hizo él. Hay tipos que provocan interjecciones de admiración en los que les ven actuar con tanta seguridad y con tanta sangre fría…y Adrián es uno de ellos. 

lunes, 26 de marzo de 2012

Lo que toda la vida se ha llamado quedársele a uno cara de tonto..

– ¡HAY QUE SER FLOJITO! ¡HE VISTO ABUELAS EN LA GIMNASIA DE MANTENIMIENTO DEL TURNO DE MAÑANA CON MÁS REDAÑOS QUE TÚ! ¡FLOJO! ¡TIERNO! ¡NENAZA!

Quien así habla no es ni mucho menos un veterano sargento de artillería dirigiéndose a un recluta recién venido de un pueblo recóndito de la estepa hispánica. Quien así habla es un hombre fibroso y atezado que desempeña el papel de entrenador personal de Leocadio, director de Recursos Humanos de una empresa muy principal, un alegre cuarentón que dista mucho de ser mileurista y que lidia día a día con más de tres mil empleados.

– ¡Uy, Curry no! Eso no es para ti. Con esos brazos de estibador que tienes y esas anchuras de caderas que la naturaleza te ha otorgado en clara venganza por algún desaire anterior, necesitas algo menos audaz. Algo que disimule ese porte de percherón de tiro que gastas.

Quien así habla se dirige con la seguridad que otorga su condición de personal shopper de la vizcondesa viuda del Lobanillo. Una de esas señoras elegantes que tiene en nómina a un chofer con gorra y toma el té todos los días acompañándolo de unos picatostes fritos en aceite de oliva virgen traído de su finquita en Badajoz.

Curioso, ¿no? De un tiempo a esta parte han proliferado profesiones y actividades que se basan en cantarle las verdades a quien pueda pagarlas. Entrenadores personales, personal shoppers, coachs que asesoran sobre lo mal que hace todo la parte contratante previo pago de una morterada a la hora. Pagar porque a uno le insulten y hagan foco en sus limitaciones. Comprar sinceridad con su IVA correspondiente. Sorprendentemente, los paganinis terminan contentos y satisfechos con su ración de egolatría socavada y piensan en la utilidad del dinero empleado. Vuelven a su casa felices pero con un gesto de nostalgia en el rictus que algunos identificarían sin temor a equivocarse con lo que toda la vida se ha llamado quedársele a uno cara de tonto…

– Vamos a tomar un arrocito con bogavante para compartir –decidió Inocencio mirando al camarero cuando vio cómo el dietista personal que compartía mesa y mantel con él y su acompañante ponía los ojos en blanco, sin duda escandalizado por el nuevo abuso de hidratos de carbono que se iba a regalar su patrón –. No, mejor, un par de ensaladas de planta forrajera sin aliñar –rectificó inmediatamente buscando la aprobación del nutricionista que normalmente comparaba sus hechuras con las de una ternera retinta.



Jugaba el Atleti en Zaragoza en horario de churros con chocolate, que no de vermú, cosas de unos horarios asiáticos más asiáticos que nunca por obra y gracia del cambio de hora padecido. Se enfrentaban dos equipos que tienen en nómina a sus propios gerentes golfos personales. Los unos y los otros padecen la gestión de unos mandatarios que buscan su beneficio personal muy por encima del beneficio del club que les paga. La diferencia entre ambos equipos y sus situaciones está marcado por el muy diferente trato que los medios dedican a ambos administradores: los unos son señalados sin pudor mientras que a los otros se les trata con pleitesía cortesana; a unos se les dedican programas monográficos en los que se da voz a la oposición mientras que en el caso de los otros se silencian los atropellos dejando por el camino un aroma de sospecha sobre los que se oponen a su choricero régimen. A la vez que todo esto ocurre, los que pagan, es decir abonados, socios y simpatizantes de ambos clubes, ven cómo su dinero sirve para comprar medianías y propagar medias verdades y salen insatisfechos, con un gesto de nostalgia en el rictus que algunos identificarían sin temor a equivocarse con lo que toda la vida se ha llamado quedársele a uno cara de tonto…

Salió el Atleti legañoso y sin desperezar al campo. Algunos pensaron si no creerían que la primera parte se trataba de un calentamiento dado el cambio horario y la pesadez que en el estómago seguían produciendo las magdalenas algo aceitosas tomadas en el desayuno. Salió el Atleti algo reservón, de esa manera a la que Simeone nos ha acostumbrado durante su mandato, a no perder en los primeros minutos y a intentar ganar cuando ya parece algo tarde. Puso en liza el Cholo a Koke en el mediocentro, algo que muchos esperaban vistas las prestaciones de otros mediocentros que llevan la irrelevancia por bandera, y lo puso al lado de Assunçao, jugador honrado pero que se contagió de la irrelevancia propia de la posición en el partido de ayer. No estuvo mal Koke un poco más atrás, aunque tal vez cabría decir que mejora sus prestaciones cuanto más centrado está sobre el tapete. Intentó poner pausa cuando el balón tenía a bien caer cerca de él haciendo escala técnica en su viaje por aire de la defensa al ataque con velocidad de patadón, pero se le acabó la gasolina rápido. Después de la novedosa pareja de mediocentros, tengo reservado un hueco para hablar de Arda, inicio y fin de todo el poco fútbol de los nuestros en el partido de ayer. De sus botas salió la única pero doble oportunidad del equipo en todo el encuentro. De sus botas se prende el mísero balance de juego en la mayoría de los partidos que salen con esta pinta. Me guardo también unas líneas para Perea, impecable en defensa pero desaparecido en el combate del ataque, como era de esperar por otra parte. Hasta aquí, y solo hasta aquí, lo poco positivo del partido, y eso que ando hoy bastante benevolente.

En la parte negativa debemos poner hoy a los delanteros, exhaustos durante la segunda parte y supersticiosos a la hora de tocar ambos madera en la susodicha doble y única oportunidad. Debemos añadir también a Godín por un inocente y burdo penalti que borró del recuerdo solventes actuaciones anteriores y esas arrancadas desde la defensa en las que parece emular a un Beckenbauer cargado de hombros. Entra dentro de esta categoría por los pelos Filipe, por no saber culminar con buenos centros al área jugadas de mérito como hizo ayer. Entran aquí también Mérida y Diego por estar faltos de forma y entra Domínguez por convertir en timidez el desparpajo con el que irrumpió en el equipo hace un par de años ¿Qué dónde meto a Salvio? La duda ofende, damas y caballeros. A esta parte negativa la podríamos denominar el grupo Salvio, para que se hagan ustedes una idea de dónde colocar a nuestro puñal de banda, ese que apuñala sin remedio a nuestra paciencia en cada actuación.

Pasado el efecto burbujeante de la llegada del Cholo, la situación se ha estabilizado y queda lo que hay, poco más. Una plantilla corta, sin fondo de armario y que no combina con casi ningún color. Un plantel del que se pueden sacar pocos levantamientos de pesa más por mucho que el entrenador personal lo intente a base de motivación y buenas palabras. Los resultados, erigidos en nutricionistas que escupen realidades a la cara, han diseñado una dieta aburrida de aquí a final de temporada. Nos queda buscar la satisfacción culinaria que se pueda sacar del periplo europeo pero cualquier aspiración en liga se aleja como un plato de panceta churruscada del menú de los que tienen colesterol. Lejos quedan las cuentas para ir a Champions y resta solo la esperanza de entrar en la Europa League por la gatera, como suele ser costumbre de la casa. Algunos empiezan a ejercitar los músculos de los brazos para señalar a Simeone como responsable del desaguisado siguiendo el guión previsto pero la sensación que queda es que al Cholo se le podría acusar tal vez de falta de ambición en momentos puntuales pero no de haber aconsejado la adquisición de un vestido que se descose a poco que se usa con regularidad. Mientras tanto, a muchos de nosotros se nos queda un gesto de nostalgia en el rictus que algunos identificarían sin temor a equivocarse con lo que toda la vida se ha llamado quedársele a uno cara de tonto…

jueves, 22 de marzo de 2012

Envidias varias

–…y ahora, tras haber aprobado por minoría simple los presupuestos para el ejercicio 2012 y después de que por casi unanimidad se haya decidido que no procede la contratación inmediata del sobrino de Don Hilario como ascensorista de la finca mientras no se acometan las obras para incluir el susodicho aparato elevador, previstas para dentro de cinco años, doy la palabra a Doña Heriberta Balconadas, dueña mancomunada del 5º izquierda con cuota de propiedad del cero coma veintisiete periodo…

– Gracias, señor Administrador. Señor presidente  –dijo Heriberta mirando respetuosamente –. Señores copropietarios y señores alquilados de renta antigua: No es mi intención monopolizar el capítulo de ruegos, preguntas y achaques como en anteriores juntas del periodo ordinario. Sé que muchos de ustedes me acusan maliciosamente de tiquismiquis y hasta de amargada, ciertamente sin base ninguna, pero el tema que les traigo hoy impacta en la convivencia que nos traemos entre manos de un modo a mi juicio mucho más relevante que otros asuntos que motivaron anteriores ponencias por mi parte, léase el insomnio colectivo que podría producirse como consecuencia de la instalación de la antena parabólica colectiva, valga la redundancia, o el grado de rozamiento necesario en el gres porcelánico para ser fregado con jabones neutros y no resbalar. El tema que hoy les vengo a exponer es el a todas luces insoportable sonido que el nieto de Don Eutimio, que en gloria esté, y su recién estrenada esposa, esa que se pone los pendientes en la nariz, emiten en sus muy frecuentes encuentros íntimos. Bien saben todos ustedes que nunca me quejé de ruidos emitidos por los habitantes del piso de Don Eutimio a pesar de mi fino oído y de que nos separen una escalera y cuatro plantas, pero es que lo de estos mozalbetes clama al cielo. Con decirles que no necesito el vaso pegado a la pared con el que normalmente realizo labores de constatación y auditoría de lo que en la finca sucede para alcanzar a oír cómo las risitas iniciales se tornan en expresiones de arrumaco y más tarde en chillidos baritónicos que hacen muy difícil cualquier ejercicio de concentración para los que los escuchamos. No sirve de nada hacer oídos sordos, propiamente dichos, a tal pléyade de expresiones de frenesí y de concupiscencia. Es por ello, que propongo….

Llegados a este punto de las reuniones de la escalera, la gran mayoría de los asistentes salen del local comunitario con la excusa de echar un pitillo, de sacar al perro a pasear o de ver cómo va la Susi con los deberes de Álgebra. Ésta vez no fue diferente pero algo sí cambió: todas sus señorías calcularon con exactitud el tiempo que suelen durar las ponencias de Doña Heriberta para estar presentes a la hora de la votación que inexorablemente se plantea tras sus peroratas. Nos saltaremos ese capítulo, el de la votación, para viajar en el tiempo hacia el momento en el que el Administrador da lectura a los resultados del escrutinio…

– …por lo cual, esta comunidad no solo no toma ninguna acción disciplinaria contra la pareja del primero derecha sino que, por aclamación, les nombra presidente y presidenta de la comunidad hasta nueva orden ¡Vivan los presidentes!

“¡Vivan!”, contestó el grueso de la vecindad mientras todos se acercaban a los sonrojados y recién nombrados mandatarios para expresar sus mejores deseos con caras de envidia sana. Tras el cierre del acto institucional, y ya sin el administrador levantando acta, se alzó en hombros a la activa pareja por parte del grupo más jaranero del bloque para que saludaran a sus convecinos en un paseo victorioso por las zonas comunes de la finca, incluidos trasteros. No se recordaba una celebración como esa, las damas lanzaban pétalos de rosa desde las ventanas que daban al patio de luces mientras que los caballeros animaban el trayecto con sentidos gritos de “¡toreros, toreros!”. Las celebraciones por la coronación se alargaron durante toda la noche y más de un propietario fue sorprendido por el amanecer intentando emular a la pareja regente con mayor o menor acierto. Solamente Doña Heriberta, buscaba dentro de sí en qué se había equivocado mientras buscaba una nueva causa en la que volcar sus inquietudes y protestas de cara a la próxima reunión comunitaria.



Venía el Bilbao a medirse con los nuestros en un partido crucial. Venía el Bilbao, un equipo al que en ciertos aspectos se le mira con algo de envidia. Envidia al constatar que sigue habiendo entidades que cuidan y respetan una identidad. Envidia al ver un equipo con varios internacionales que no se plantean abandonar el club y que, si son renovados, no lo son bajando cláusulas de rescisión, sino subiéndolas hasta límites prohibitivos. Envidia al saber que hay instituciones que planifican la temporada en base a un proyecto deportivo definido sin poner el timón en manos de entrenadores de inutilidad probada. Envidia da pensar que los aficionados de ese equipo pueden elegir a sus mandatarios basándose en criterios deportivos y de gestión. Ésa, justo ésa, es la mayor de las envidias que se sienten. Ahí acaba todo. No guarda uno más envidias al conjunto vasco. Ni por historia, ni por títulos, ni por grandeza, ni por afición, aunque a veces nos cueste entendernos entre nosotros mismos. ¡La envidia, queridos lectores! Deporte nacional y seña de identidad del carácter hispánico.

Como uno es envidioso por naturaleza y seguramente ustedes ya hayan leído en la prensa los dimes y diretes acaecidos en el partido, no les voy a hablar demasiado de ello. Si no me corroyera la envidia les podría hablar de unos primeros diez minutos inspirados que dieron paso a un resto de primera parte deprimente; de unos Koke y Adrián algo perdidos al principio pero crecidos tras el descanso; de una pareja de centrales solventes, de unos mediocentros que siguen cumpliendo con lo mínimo, que suele ser poco; de un rival cansado y algo mermado; de un Juanfran que ayer estuvo algo más impreciso y hasta frívolo en defensa pero incisivo en ataque; de un lateral izquierdo que cuajó ayer un partido completo; de un inicio de segunda parte que nos devolvió a un Atleti indómito; de un espigado portero belga que no tuvo trabajo hasta los últimos diez minutos del partido; de un defensa colombiano al que se recordará con cariño realizando continuadas demostraciones de profesionalidad y discreción, juegue lo que juegue, acierte o falle; de un delantero centro compatriota del anterior protagonista que caza goles y gusta más cuando limita sus intervenciones a la zona de influencia del área pequeña sin ofuscarse con bajar al centro del campo; de unos valientes aficionados que se dieron cita en el feudo rojiblanco sin temer a fenómenos atmosféricos de diferente cariz; de un entrenador que celebra los goles con pasión de adolescente y de un resultado que nos permite seguir pensando de manera positiva. Ya les digo, no diré nada sobre todo eso. Y todo porque soy un envidioso, ¡hala!

Hoy les quiero hablar de un jugador turco. Sí, sí, tal vez ustedes le vean por la calle y ni se fijen en él. Probablemente si le vieran en la cola de la pescadería repararían en que las camisas le quedan largas de mangas por tener los brazos algo más cortos que la media. A lo mejor piensan ustedes que tiene pinta de pícaro vendedor ambulante o de repartidor de periódicos gratuitos. Sí, pudiera ser. Incluso si lo vieran dentro de un campo de fútbol pensarían que no parece un jugador de esos a los que últimamente estamos acostumbrados, esos de ceja depilada y peinado relamido. Si le vieran calentar les llamaría la atención de él que es tal vez demasiado bajito y hasta culibajo para ser deportista de élite. Seguramente pensarían ustedes que ese jugador desempeña en el equipo el puesto de suplente del suplente o el más eufemístico rol de  “jugador que da profundidad a la plantilla”, circunloquio que sustituye al más gráfico término “el que da sombra al botijo”. Todo eso pensarían ustedes sobre él. Todo lo que pensaran se esfumaría cuando le vieran manejarse con el balón en los pies sobre el rectángulo de juego. Cierto es que no es el más rápido, ni el más alto, ni tampoco es que sea guapo de calendario, pero es el más listo de los que saltan al campo en la mayoría de los partidos (o sea, como Reyes, pero al revés).

Ayer, capitaneó el juego ofensivo de los nuestros con su catálogo de fintas, quiebros y quites pintureros. No solo sumaba en ataque, se sumaba a las porfías defensivas con ese saber que tiene él para meter el culo en el momento justo y llevarse el balón o con ese tackling marca de la casa con el que arrebata el balón limpiamente a laterales de correr dislocado. Ayer, el equipo empezó y terminó en él. Pendiente de lo que salía de sus botas y de su cabeza coronada de indomables rizos. Él se movió por todo el campo, bien para percutir contra la defensa contraria o para inventar pases que parecen siempre faltos de fuerza. Si creyésemos en la reencarnación diríamos que él fue ratón “colorao” en otra vida y por ello nos levantamos del asiento para ovacionarle como merecía cuando Simeone le sustituyó. Y es que, queridos lectores, el partido de Arda Turán de ayer es para provocar envidias, o al menos a mí me las provoca por su desparpajo y conocimiento del juego. Tal vez piensen ustedes que estoy exagerando una pizca y que se nota mucho que el otomano es uno de mis ojitos derechos. Pudiera ser, es lo que tiene ser envidioso, siempre lleva aparejado algo de exageración.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Fresca tarde de excusas y meriendas-cenas

“Pues sí que es mala suerte que a su hijo le haya sobrevenido un ataque de varicela galopante y tengamos que cerrar la tienda antes”

“O sea que no se va a quedar a la auditoría porque tiene una filtración en la general bajante y tiene dos palmos de agua en el cuarto de la plancha”

“Usted verá, Minglanilla, váyase si lo cree oportuno pero este pedido tiene que salir hoy por muy inquietante que sea que a su suegra haya habido que ingresarla por envenenamiento al morderse su propia lengua”


Estos horarios tan europeos hicieron que la tarde se llenara de excusas a lo largo de nuestra geografía. Tuvieron los atléticos que lanzarlas indiscriminadamente para llegar a casa a tiempo de ver a su equipo en Glasgow. La ocasión merecía la pena, por el rival, por el campo y por la historia que lleva prendida de la solapa este enfrentamiento desde aquella épica batalla del 74. Amén de las excusas, todos procuraron organizarse con celeridad. A los niños se les dio de merendar antes que de costumbre, a los perros se les brindó un paseo apocopado en el que casi no les dio tiempo más que a culminar los ciclos excretores de sus sistemas digestivos, a los manjares que se agolpan en las neveras se les comunicó que no saldrían porque esa noche tocaba comer de lata o llamar a la pizzería. Finalmente, los hinchas se sentaron delante de la tele, todavía con la corbata al cuello o las medias buenas puestas. Hasta hubo tiempo de ponerse un bolecito con patatas fritas, con cortezas o con aceitunas mancilladas por pepinillos sátiros. Por los pelos, pero llegaron a tiempo…

Manzano nos dio más excusas para torcer el morro con la alineación. Salían del equipo Domínguez y Assunçao, dos de los más destacados en esa otra batalla carnicera (o eso se siguen empeñando en decir los palmeros del ser superior) que se libró el fin de semana pasado y volvían a hacer dúo dos de las parejas que nos alteran más: Mario y Gabi y Godín y Miranda. Empezó el partido movidito: con Salvio demostrando que debe tener gol pero que no se acuerda de dónde lo ha dejado, con Courtois sacando dos balones a bocajarro que nos hubieran atragantado los aperitivos, con los mediocentros poniendo excusas peregrinas para no destacar ni en defensa ni en ataque. Parecía un partido de esos tan de ida y vuelta que suelen acabar para nosotros en vuelta con las orejas gachas cuando los dos por los que debe pasar todo empezaron a mirarse, se hicieron señas secretas que sólo los bajitos y culibajos conocen y se adueñaron del partido, hecho éste no muy difícil por la calidad del adversario. A Arda y Diego me refiero. Llevan estos dos algunos partidos a un más que aceptable nivel. Ambos dos, demuestran ganas y compromiso, algo raro de encontrar en bastantes de los que antes se ciñeron la rojiblanca viniendo con el cartel de artistas. A pesar del desafortunado cambio que el párroco Don Gregorio recetó al carioca en el combate sangriento del sábado, Diego sigue mostrando ganas y parece que no afronta tan acelerado los partidos. Aún así, todavía tenemos ganas de verle compartiendo mediocentro con Assunçao, los dos solitos, para ver cómo funciona el equipo. Arda es caso aparte. Desde su llegada se ha convertido en uno de nuestros ojitos derechos, siempre deja detalles de hechicero del balón y ayer abrió el camino del gol con la inestimable ayuda de un defensa que se agachó ante su disparo como antes lo hicieron otros jugadores precursores de la protometrosexualidad jugando contra la Yugoeslavia de Stojkovic en el mundial del 90.



Vayamos ahora con los dúos de los que les hablaba antes. Aprobado raspón para los centrales, que no consiguieron más nota por su tendencia a acularse, al patadón espinillero y por no dar sensación de tranquilidad a pesar de tener enfrente delanteros limitados. Les ayudó mucho Perea, ayer notable, demostrando que la cacería que se ha organizado con él como pieza protagonista no le afecta. En cuanto a los mediocentros, Gabi estuvo más entonado, sobre todo en las fases de ataque, Mario volvió a fallar. Vaya por delante que Mario gustó la temporada pasada en la mayoría de sus actuaciones. También a favor suyo juegan el hecho de ser de la casa y la personalidad que hay que tener para lucir ese peinado que homenajea al anidamiento de la grulla parda, pero está dejando pasar demasiadas oportunidades. Impreciso en el pase, lento en la transición y descolocado posicionalmente en defensa, se empiezan a acabar las excusas para mantenerle en el equipo con tal asiduidad. Ya se sabe que cada entrenador tiene sus filias y fobias y Suárez se cuenta entre los antojitos de Goyo, pero se echa de menos un mejor reparto de las oportunidades con Koke por ejemplo, al que se sospecha casi hastiado como lo estará Joel, como lo estará Pulido y como lo estarán muchos más que sumar a los Ibrahima, Keko, Cedric, Borja, etc., ante la cobardía de los últimos técnicos y su tendencia a ningunear la cantera (probablemente jaleados por una directiva que sabe que los canteranos, de comisiones, andan justos).

En definitiva, partido aseado ante un rival justito. Victoria fuera, lo que es noticia, y en un campo con mucha más historia que espectadores ayer. Un campo que fue regado hace años con el sudor y la sangre de unos melenudos atléticos que hicieron historia y en el que estos rojiblancos del futuro ganaron como no debía ser de otra manera. Hay ocasiones y rivales ante los que no valen excusas…Y siendo el Atleti, esas ocasiones y esos rivales deberían ser casi todos.

“Claro, no te comes las verduras porque te has puesto de panchitos y de aceitunas violadas como el tenazas…Siempre la excusa del fútbol”

martes, 29 de noviembre de 2011

Romance de una entrada (no tan dura como se pretende)

Indignada y muy convulsa,
anda la Central Lechera,
como siempre torticera,
al pregonar su repulsa.
El motivo del quebranto,
el sufrir de esta manera,
no es por la deuda extranjera.
Es la entrada de Amaranto.

Cometió mortal pecado,
Luis Amaranto Perea.
Media España ya cojea.
¡Dañó a Apolo reencarnado!
La otra mitad, con pereza,
asiste a la infiel berrea.
No queda en entrada fea,
es símbolo de dureza.

Cualquier de los analistas,
empieza pidiendo roja.
Sin red ninguna se arroja,
algún otro oportunista,
¡Presidio y larga condena,
Madeira a la pata coja!
Padecen de tal congoja,
que hasta se saltan la cena.

También hay para el trencilla
que semejante atentado,
castigara, el muy taimado,
con tarjeta, ¡y amarilla!
Contertulios con perilla
piden sea ejecutado,
aunque sean reputados
agremiados y plumillas.




Me recuerda aqueste lance,
al vivido no hace tanto,
antes de lo de Amaranto,
con Messi pasó el percance.
Lo de Tomas, nuestro checo,
que migró de ser un santo,
a dar contra el diente canto,
por no ser llevado hasta Meco.

¿Podrá hacer más bicicletas?
Se pregunta el populacho.
¿Volverá a tomar gazpacho?,
Dicen los huelebraguetas.
¿Se podrá recuperar?
Preguntan cual metralletas,
¿tendríase que operar,
aunque sea de las tetas?

En fin, fue solo una entrada,
¿que llega tarde? Pues sí.
Si me preguntan a mí,
no veo tal barrabasada.
Al menos le dio de lado.
Además que la patada,
no se da con pie plantado.
Aún menos la canallada.

Saquemos un corolario,
más que la falta en sí,
lo que duele un potosí,
es quien fue destinatario.
A la hora de la falta,
tiene toque presidiario,
si das a la clase alta.
Esto no es igualitario.

Si a Perea se ha apoyado,
cuando errores cometió.
Se lo dice este gachó,
también nos tiene a su lado.
Diría más. Les insisto.
Que Perea no ha fallado.
Lo diré, visto lo visto.
Yo diría que ha acertado.

Pues nada más, me despido.
No gasten más verborrea,  
todo lo que les rodea,
no merece desmentido.
No entremos hoy en más cuitas.
aunque sea la más fea,
yo si bailo, es con Perea,
¡baile usted con las mocitas! 

domingo, 27 de noviembre de 2011

La mochila

Vamos los colchoneros por la vida con una mochila siempre a la espalda. Una pesada carga que llevamos a los hombros desde hace demasiado tiempo y que castiga nuestras vértebras lumbares y cervicales. El tamaño de la mochila y su peso es directamente proporcional a los años que llevamos siguiendo a nuestro equipo, siendo éstos pesos menos llevaderos si el veneno rojiblanco se metió en nuestro torrente sanguíneo hace ya décadas ¿Qué llevamos en esa mochila? Allí guardamos piedras, unas más pesadas y otras no tanto, pero con todas debemos cargar. Hay piedras muy difíciles de arrastrar, piedras destinadas a cimentar apropiaciones indebidas, cooperaciones necesarias, veinticuatro años de proyectos donde lo deportivo es secundario, gerencias ostentadas por representantes, vueltas rápidas alrededor de la M-30 y traslados figurados a la Peineta, por ponerles varios ejemplos. Las otras piedras, aunque de menor volumen, también son molestas, encontrándose entre ellas entrenadores de perfil bajo o de entreplanta, ventas incomprensibles, compras sonrojantes, el bigotito de Cléber Santana, la caída de culo del Pato Sosa y la reconversión industrial en fábrica de jugadores para otras marcas, blancas o no. Así pasamos los días, siempre con nuestra mochila al hombro, siempre con el esfuerzo de acarrear ese lastre dibujado en nuestras caras.

Solo en algunas ocasiones, cuatro o cinco veces al año a lo sumo, nos permitimos dejar la mochila a un lado. Siempre cerca, eso sí. Colocada cuidadosamente en un taburete o en el suelo al lado nuestro, pero nunca demasiado lejos para poder tocarla con la punta del zapato y saber que sigue ahí. Nos permitimos ese lujo sólo durante noventa minutos, con su correspondiente descanso y su descuento si lo hubiera. Durante ese tiempo, intentamos dejar a un lado la pesada carga y nos empapamos de esa ligereza fingida y antinatural. Llegamos a pensar incluso, envalentonados por dejar la mochila a un lado, que podremos mirar de igual a igual a aquellos a los que desde hace tiempo no miramos a los ojos. Queremos creer que veremos algo que nos hará olvidar momentáneamente la acostumbrada carga. Entonces, aparcamos la razón y nos lanzamos de cabeza a una piscina rebosante de ilusiones que brotan del corazón, nos zambullimos en una realidad irreal en la que no llevamos peso. Durante esos minúsculos lapsos de tiempo, nos traen sin cuidado los sistemas y hasta casi los nombres. Nos dan igual los partidos broncos, limpios, bien jugados, obtusos, escalenos o de poder a poder. Sólo buscamos asideros para agarrar allí a nuestro maltrecho orgullo. No nos acordamos de derechos televisivos conniventes que ahondan diferencias ni de la presión en banda. Solamente nos sentamos a sentir sin analizar demasiado.



Ayer era un día de esos. Un día en el que la mochila descansaba a nuestro lado, siempre presente, pero temporalmente aparcada. Durante un tiempo, nos llegamos a olvidar de ella casi del todo. Lo hicieron posible Assunçao, Perea, Domínguez, Adrián, Arda…, lo hicieron posible todos durante casi una hora. Dando la cara, soportando dignamente el peso del escudo, algo que debería presuponerse en todas las ocasiones pero que no siempre se cumple por obra y gracia de esa carga miserable. Lo hicieron a pesar de los mensajes que se recibían desde el banquillo, ayer muy por debajo de los jugadores, empeñado e insistente en recordarnos la inferioridad que la mochila nos otorga. Nos duró poco. A algunos tal vez les valga, menos concientes de la rémora que encorva nuestras figuras. A otros no nos vale, a lo mejor porque recordamos tiempos pretéritos en los que íbamos por la vida livianos, con la espalda recta y el pecho henchido de orgullo.

Terminó el partido y, los que no se la habían echado al hombro en los primeros minutos de la segunda parte, se cargaron la mochila a la espalda. Todos se encaminaron a casa con paso cansado e irregular, probablemente por encontrar la carga aún más pesada que en el camino de ida. Se echaron en la cama buscando la posición más cómoda posible pero siempre cargando con ese lastre. Pasarán el domingo de mejor o peor manera y volverán el lunes a su rutina tirando de su rutinaria mochila. Se pondrán maquinalmente a ejecutar sus labores diarias sin casi notar que el peso ha aumentado. Seguirán viviendo. Pasarán las semanas y la mochila cada vez pesará algo más, siempre creciendo, nunca menguando. Nos permitiremos cada vez menos lujos en forma de aparcar la mochila a un ladito porque no tendremos ni ganas de quitárnosla para que no se vean las marcas del moreno de las vacaciones. Ni siquiera en esos partidos que acabaremos dejando de ver. A no ser que no sólo una minoría sea capaz de rebelarse contra ese peso castrante. Ese es el camino. Ningún otro es posible a estas alturas para solucionar la escoliosis que sufrimos. 

lunes, 31 de octubre de 2011

Sobre pruebas a pasar, por si acasos y minutos musicales

–…y este es mi padre. Papá este es el chico del que te he hablado, Jesús José –dijo solícita la tardía adolescente omitiendo el menos formal Chuche por el que era conocido su noviete, que para la ocasión había aplacado su rebelde peinado a base de laca y nervios.

– Ah…hola –acertó a despegar los labios el cabeza de familia ante la mirada asesina de su señora esposa.

– Encantado, señor –se adelantó al artista anteriormente conocido como Chuche para estrechar la mano de su suegro mientras inconscientemente doblaba la bisagra lumbar en señal de respeto.

– Sí, sí…–añadió con desgana Don Genaro–, ¿y cómo has conocido a mi hija?

– Somos compañeros de clase en Estadística dos, la única troncal que compartimos. Yo he elegido la opción de las humanidades, no como Lorena que es de la rama tecnológica.

– Sé perfectamente qué rama estudia mi hija, chaval –dijo secamente el padre de la criatura–. ¿Humanidades? O sea, que eres hippie, librepensador o ambas cosas a la vez.

– ¡Papáaaaa!

– Lorena, cariño, a ver si en mi casa no voy a poder decir lo que me salga de las narices –se defendió Don Genaro contenidamente. Sin utilizar otras partes de su anatomía que se ajustaban más a la situación. Partes pares, para más señas.

La madre se materializó en la salita dando fin al momento de tensión por obra y gracia de unos taquitos de queso semicurado y una punta de lomo embuchado.

– Genaro, ayúdame con las bebidas, anda, no seas tan gruñón ­–conminó la anfitriona aliñando la frase con otra de esas miradas capaces de fundir aleaciones pobres en titanio.

– Voy….Jesús José, ¿qué te traigo para beber? –preguntó zanjando otras cuestiones.

– Una cerveza, si no es mucha molestia –respondió un poco demasiado rápido el opositor a ser aceptado ante las miradas alarmadas de madre e hija.

– Mejor te voy a traer un trinaranjus, que me parece que no tienes edad para beber –terció Don Genaro adoptando la misma mirada torva y la misma media sonrisa de quien se sabe ganador del asalto tras haber hecho caer en su trampa al contrincante.



Manzano se enfrentaba ayer a una prueba con el mismo grado de tensión de a la que se enfrentó nuestro amigo Chuche. Eso sí, sin esos aliados femeninos de los que dispuso nuestro galán de patio de instituto. Manzano se presentaba sin tener ninguno. Una afición que ya le ha tarareado la tonada recurrente para que se vaya, una directiva que asume con naturalidad la rápida combustión del primer cortafuegos que han dispuesto para esta temporada, unos jugadores que, dicen, no creen en su discurso monocorde ni en sus rotaciones esquizoides. Goyo llegó a primera hora de la tarde con varias cajas de cartón de esas que utilizan los americanos cuando dejan un empleo, ésas que siempre terminan coronadas por una foto de familia con perro de cara bonachona. Lo hizo por si acaso. Lo hizo por si volvía a salir el mismo equipo que en las últimas jornadas. Giró la llave de paso del agua de su despacho, apagó las regletas de seis enchufes y bajó el termostato de la calefacción al mínimo. Dispuso también al lado del banquillo una bolsa con una botella de agua fresca, una bolsa de patatas de cuya fecha de apertura no quiso acordarse y unos briks de zumo de marca blanca, lo que casi todos aprovisionamos cuando de irse de viaje se trata. Todo por si acaso. Dejó a Reyes en la grada que es algo que también le pedía el cuerpo antes de marcharse y se preparó para el chaparrón.

Entró el Atleti a empellones en el partido. Sin pasar apuros pero sin un dominio creador de ocasiones sostenido. Parece ésa una característica del equipo. El equipo posee una continua discontinuidad, tal vez por depender en exceso de Arda y Diego, jugadores de innegable clase y de evidente intermitencia. Seguíamos a base de impulsos cuando Arda puso un balón en el área medio blandito que Adrián cabeceó con saña a la red. Adrián, la llave ayer.



Adrián llegó al equipo casi pidiendo perdón por no tener gol y no haber dejado comisiones  en su incorporación, aspecto mucho más grave el segundo para la gerencia regente. Adrián fue el más destacado de los rojiblancos en esas travesías veraniegas por las previas europeas pero se vio tapado cuando empezó lo mollar por un delantero estrella y por un planteamiento rácano de un entrenador no dispuesto a dar cancha a dos delanteros. Aún así, cada vez que ha salido ha demostrado que es uno de los que más claro lee los partidos de todos los llegados. Cuando el equipo se obceca por el centro, ofrece desahogo en banda. Cuando las líneas contrarias se cierran, busca el espacio con inteligencia, tal y como hizo en el tercer gol, reculando hasta el punto de penalti para ejecutar una buena jugada de Filipe (al fin). Si hubiera sido Adrián el que fuera a conocer a los padres de su novia, éstos de entrada hubieran podido alegar que parece excesivamente calladito y algo raro, pero hubiera llevado un ramo de flores para la suegra y una botella de vino resultón para el suegro, un hueso para el perro y un habano para el abuelo de su amada. Su manera de ser es esa, ofrece lo que se necesita en cada momento. En los partidos, también. Goyo hasta ahora no lo había visto del todo, probablemente por reservón y timorato. Esperemos que a partir de ahora no lo olvide. Si es que tiene más tiempo para no olvidar.

Entre medias, se consiguió un gol de estrategia al que no sabemos si achacarle brillantez en el movimiento o excesiva contemplación por parte de la defensa maña. Conocimos a Micael, ese cromo del que no conocíamos la cara que nos salió al comprar un delantero centro mediante leasing chanchullero. Aplaudimos a Perea por ser como es, uno de los nuestros a pesar de sus fallos. No nos acabaron de convencer de nuevo ni Gabi ni Mario Suárez. Así pasábamos la tarde sacando conclusiones más o menos acertadas cuando nos dimos cuenta de que teníamos hambre. Cosas del cambio de hora, seguro. Con tres a cero en el marcador y el partido resuelto se fue del campo una buena parte de la parroquia que había comido a la una y media y a los que el estómago estaba avisando con sonido de lavadora centrifugando. Anticiparon la salida con la promesa de un pincho de tortilla con cebolla en cualquier bar de los aledaños antes de coger el metro. No se perdieron mucho. O sí.

Se perdieron un obsequio de la defensa atlética que el Zaragoza convirtió en gol, pero sobre todo, se perdieron unos minutos de despropósito musical. Una parte de la grada, convertida para la ocasión en orquesta pachanguera, atacó un repertorio de temas manifiestamente cuestionable. Tras un prometedor inicio acordándose del Sabio de Hortaleza, tema muy aplaudido como el que siguió, una melodiosa invitación a Manzano para que coja la puerta, empezó a decaer el concierto. La elección del siguiente tema fue la guinda amarga, la bulliciosa coral empezó a acordarse con calidez del ínclito Sánchez Flores entre la división de opiniones del resto del respetable, dado que muchos nos acordamos de él, sí, pero también de la señora madre que lo parió folclóricamente. Finalmente, los bises nos trajeron un encendido recordatorio al verdadero culpable de todo lo malo que pasa en el club, tema este que recabó más aplausos e incluso algún mechero encendido. Parecía que el concierto se alargaría hasta el pitido final cuando una jugada brillante y pinturera de Adrián y Arda devolvió la atención al césped hasta el final del encuentro.

Gregorio abrió el despacho que creía nunca más abriría. Dejó la caja sobre el escritorio. Rescató la foto de la familia con perro bonachón y la dejó en su sitio, a la izquierda de la pantalla del ordenador. Giró el termostato a 21 grados y se sentó en el sillón de oficina aliviado. Finalmente, se había ganado al menos un partido más de continuidad. Gracias a una victoria de la que no se deben sacar demasiadas conclusiones. Una victoria engañosa tal vez, ante un adversario que no creyó demasiado en sí mismo. Falta saber si lo hecho ayer se mostraría suficiente ante rivales de más enjundia. Mientras tanto, la afición no deja de pensar si lo de ayer habrá sido un espejismo. No debería ponerlo fácil el seguidor atlético tras un inicio esperanzador que ha estado a punto de acabar en la cuneta de las ilusiones perdidas de tantas temporadas. Nos tendrán que ganar como Chuche a su futuro suegro. Lo de ayer es poco y también Manzano lo sabe. Por eso no deshizo la caja con sus pertenencias. Por si acaso.