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jueves, 16 de junio de 2016

Cicatrices

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160615/Deportes/6646/cicatrices-Atletico-de-Madrid-decepcion-levantarse.htm

De repente un día, al levantarnos, nos dimos cuenta de que la herida había dejado de sangrar. La carne maltrecha había sido capaz de sanar, a pesar de que en su momento pensamos que nunca lo haría. El tejido no llegó a infectarse pese a la injusta insalubridad del mordisco que el rival nos propinó. Donde antes había una lesión fresca y viva, quedaba ahora una cicatriz a la que nos acabaremos acostumbrando, como a todas las demás.

Los espejos guardan en su interior miles de cicatrices en las que diariamente no nos fijamos. Hay ciertos días en los que uno vuelve a descubrirlas como si fueran totalmente nuevas o tal vez antiquísimas. Las hay, incluso, que nos son devueltas cuando nos miramos pese a no ser nuestras propiamente. Son las de nuestros mayores, como la de Bruselas. La mía de esa final está en el costado derecho y recorre las dos últimas costillas antes de llegar al abdomen. Tiene un aspecto irregular, como si hubiera sido mal cosida. Juraría que puede leerse en ella un nombre impronunciable. Algo así como Schwarzenbeck, letra más, letra menos.

A lo largo del cuerpo encuentran cobijo muchas otras cicatrices que causaron dolor, pero en una medida menor. Tenemos marcas de arbitrajes parciales, tenemos un gol legal anulado a Perea en una rodilla y hasta un recuerdo de la intervención judicial que probablemente apareciera cuando la guardia civil entró en la zona noble del Calderón con el ímpetu que sus ocupantes merecían sobre una ceja. Hay un par de ellas a las que tenemos especial cariño. Una se manifestó tras un descenso anunciado en Oviedo y tiene la misma forma que aquellas lágrimas de Hasselbaink. La otra es más parecida a una quemadura producida por el sol de una tarde de Getafe en la que la ilusión se tornó impotencia. Nos gusta revisarlas de vez en cuando para saber de dónde venimos y dónde estamos.


La mayor de todas las que teníamos hasta hace unos días venía de Lisboa. Se encuentra al lado del corazón. Parece la cicatriz resultante de una herida hecha cuando nadie lo esperaba. Una herida en el descuento. Nunca pensamos que pudiera haber ninguna que doliese tanto como esa. Nos equivocamos. La nueva cicatriz, la que ha dejado de sangrar hace unos minutos, como quien dice, superó con creces el dolor de la anterior. El desgarro fue más profundo, más lacerante. Recorre en paralelo el camino del esternón y finaliza su trazo casi en el estómago, allí donde nos dejó el nudo inexplicable con el que volvimos de Milán.

Cada mañana, todos nos enfrentamos con nuestra imagen reflejada. En muchas ocasiones, las prisas nos impiden volver a mirar nuestras cicatrices, pero a veces, como hoy, uno encuentra un momento para estudiarlas de nuevo. Allí están todas. Mirándonos como testigos mudos. Fueron dibujadas en nuestra piel con infinito dolor. De vez en cuando, nos hacen sentir un cosquilleo atenuado por el tiempo, un recuerdo del daño pasado. Al mirarlas, volvemos a pensar en que no fueron capaces de matarnos, por increíble que pareciera. Hemos sido capaces de acostumbrarnos a ellas y, mientras tanto, ocupamos la mente en pensar en un nuevo goleador, en descifrar las palabras de Simeone tras la final o en pasar el verano de la mejor manera posible, siempre con la abstinencia rojiblanca acechando. Caeremos y nos levantaremos, prometimos. Ya estamos de nuevo en pie. 

jueves, 26 de mayo de 2016

Gracias

Artículo publicado en CTXT: 

http://ctxt.es/es/20160518/Deportes/6220/Emilio-Mu%C3%B1oz-Atleti-Gracias.htm

Gracias. Mejor decirlo al principio. Mejor que la primera palabra escrita sea gracias, que sea lo primero que alguien lea, no fuera a ser que pueda confundirse el objetivo de lo que viene a continuación. Vaya por delante que este ejercicio de agradecimiento quiere uno hacerlo hoy, con la gloria al alcance de la mano pero con la incertidumbre natural de citas tan grandes como la de Milán. Uno lo quiere hacer a unas horas del choque porque cree que es de justicia y porque no quiere que, borracho de triunfo o lamentando lo que pudo haber sido y no fue, algún despistado pudiera pensar que el sentimiento es otro. Lo que a uno le brota del interior es agradecimiento, más cosas también, pero sobre todo agradecimiento.

Gracias de nuevo para comenzar este párrafo. Gracias por los nervios que nos estáis haciendo pasar. Gracias por estos dedos en los que ya no quedan uñas. Gracias por hacer que el orgullo con el que uno pasea por su vida los colores rojo y blanco sea incluso un poco mayor. Gracias por hacernos gozar con lo que algunos califican de fútbol feo. Gracias por conseguir que a nuestros ojos sea arrebatador. Gracias por el fútbol directo y por el de orfebrería forjada al primer toque. Gracias por abrigarnos cuando el frío del invierno y la humedad del río aprietan. Gracias por no defraudar. Gracias por los planes que tuvimos que cancelar para estar a vuestro lado. Gracias por los fines de semana de emoción y los martes y miércoles de pasión. Gracias por el estallido de júbilo tras la tanda de penales que finiquitó Juanfran. Gracias por Barcelona y por Munich. Gracias por la trayectoria en Champions, en Liga y en Copa, aunque ésta última fuera breve. Gracias por los partidos en los que parecéis venir ganados de casa, por los partidos reñidos y hasta por las derrotas. Nunca agachasteis la cabeza ante ellas. Jamás dejasteis de merecer llevar la sagrada camiseta rojiblanca. Gracias por demostrar que un equipo pesa más que toneladas de individualidades dispersas. Gracias por todos estos años manteniendo al Atleti en el sitio que nunca debió dejar, ese sitio que es nuestro por historia y tradición.

Gracias una vez más. Gracias a Jan, por sus paradas imposibles y esa tranquilidad que es capaz de transmitir bajo el fuego enemigo. Gracias a Miguel Ángel, por asumir con impecable elegancia su situación. Gracias a Juanfran, por ser la persona que es y por las autopistas de ida y vuelta que dibuja en la banda derecha. Gracias a Filipe, por volver y hacer que su excelsa zurda nos hiciera olvidar cualquier paréntesis. Gracias a Stefan, por esa sobriedad que tan bien combina con esa cara de villano de película de James Bond. Gracias a Lucas, el hijo de Jean François, por todo el maravilloso presente con aroma de futuro que nos promete cada vez que salta al campo. Gracias Jose María, por jugarse la cara, la cabeza y el honor, si es necesario, para tapar un disparo a bocajarro. Gracias a Jesús, por no fallar cuando se le necesita. Gracias a Diego, por demostrar cada día que tiene metido este veneno muy dentro y por esas arrancadas, plenas de jerarquía, en las que juraríamos que le crece el bigote a medida que avanza metros hacia el campo contrario.


Gracias ante todo. Gracias a Tiago, por sus lecciones del primer tercio de temporada, por su sacrificio en el dolor y por retornar a tiempo. Gracias a Jorge, por ser el más reputado arqueólogo de los últimos pases y ser capaz de mezclar a la perfección la potencia de un panzer alemán con la sutilidad de un artesano latino. Gracias a Matías, por su paciencia y humildad a la hora de aprender. Gracias a Thomas, por llenar encuentros desesperanzados de ilusión y frescura. Gracias a Óliver, por poner el objetivo común por encima de todo en un año complicado. Gracias a Augusto, por parecer que lleva trienios a nuestro lado. Gracias a Saúl, por su despliegue, su potencia y por un gol que recordaremos hasta el día en que nos vayamos al otro barrio. Gracias a Gabriel, por la infinita capacidad de sus pulmones, por los kilómetros recorridos y porque a la hora de representarnos no se puede pedir más a un capitán. Gracias a Yannick, por sus gambeteos y esa sensación de invencibilidad que transmite a campo abierto. Gracias a Luciano, por aquel tanto con la espinilla. Gracias a Ángel, por revolucionar los partidos que exigen un levantamiento y por esos controles orientados de otro planeta. Gracias a Antoine, por su capacidad de convertir en gol cualquier traza de oportunidad y por hacernos dudar de si hay jugadores que corren con el botón de turbo de la consola apretado. Gracias a Fernando, por lo de ahora pero especialmente por lo de aquellos años. Gracias por dejarnos ser testigos de tu renacimiento, por ser uno de nosotros y por conducirte por la vida como te conduces.

Gracias a Germán, por su pizarra, su cronómetro al cuello y su conocimiento del juego, aunque no nos acabe de convencer que abandonase el chándal. Gracias al Profe, por exprimirles y pensar que siempre se puede dar más en cada ejercicio. Gracias al resto del equipo técnico, por facilitar la vida de los que nos hacen soñar sobre el césped. Gracias Diego Pablo, por existir. Gracias por enseñarnos y devolvernos tanto. Gracias por tus palabras y por tus silencios, por enseñarnos a vivir partido a partido. Gracias por demostrarnos que si se cree y se trabaja, se puede. Gracias infinitas.

Gracias a todos en suma por lo que estamos viviendo y por el camino que nos ha traído hasta este punto. Gracias por las noches en las que los niños y niñas del Atleti se han ido a la cama más contentos. Gracias por ayudarnos a soñar más fuerte junto a vosotros. Gracias por regar de sudor los campos del continente. Gracias por permitirnos mirar de igual a igual a los que por presupuesto deberían mirarnos por encima del hombro. Gracias por la simpatía perdida de los otros y por matar bien muerta la leyenda del Pupas. Gracias por esa media sonrisa que se adivina en la cara de Neptuno. Gracias por evidenciar que derrochar coraje y corazón no es solo una estrofa del himno. Gracias por los parques llenos de camisetas del Atleti. Gracias por enseñarnos que nunca hay que dejar de creer. Gracias en nombre de los que fueron, somos y serán. Gracias por ser los protagonistas de una bellísima historia que empezó a escribirse en agosto. Gracias por hacer que, llegados a este punto, nuestro agradecimiento se mantenga más allá de cualquier resultado. Esto solo podría acabar de una manera posible: Gracias.

jueves, 19 de mayo de 2016

Haciendo la maleta

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160518/Deportes/6112/Atletico-de-Madrid-final-Milan-Champions-League-Tiago-Fernando-Torres-La-Colchoner%C3%ADa-La-agon%C3%ADa-del-mediapunta.htm


Una entrada. Un par de paquetes de tabaco, aunque no debiéramos. Una muda limpia. Una bufanda rojiblanca que desafiará los calores que asomarán cuando Mayo expire. Algo de picar para comer cuando no se tenga hambre y solo se pretendan espantar los nervios que conquistarán el estómago. Un libro. La camiseta de las grandes ocasiones. Exactamente la misma que viajó a Zaragoza, Hamburgo y Bucarest. La misma camiseta de Lisboa, o tal vez otra. A lo mejor la del partido en casa contra el Albacete o la que paseamos por la calle horas antes del partido del Nou Camp hace un par de años. Un paquete de kleenex para enjuagarse el llanto de la victoria, que las derrotas en el Atleti no vierten lágrimas. El cargador del móvil, que para la ocasión deberá lucir hinchado de batería de cara a capturar todo lo que la memoria no sea capaz. Las pastilla de la tensión, por si el corazón se resiente. Un cepillo de dientes. Una botella de agua con la que capear la sequedad de boca. Un billete de autobús, tren o avión con destino a Milán, o lo que es lo mismo, con destino a un sueño.


Una vez preparada la maleta que nos acompañará en el viaje más hermoso, añadiremos a nuestro equipaje una imagen. Una reciente y luminosa. No ocupará demasiado espacio pese a ser una estampa que contiene todo lo que hasta este punto nos trajo. La guardaremos con mimo, pese a saber que no habrá travesía o resultado que pueda arrugarla. Seguramente tiraremos de ella en más de una ocasión durante el periplo que nos aguarda. En ella se ve a un renacido Fernando Torres abrazado a Tiago, su sustituto en el campo, instantes antes de que el portugués vuelva a sentirse futbolista tras haber superado la fractura que nos hizo temer por la temporada. Al fondo, se distingue a Simeone, supremo hacedor, en pie. El técnico se funde en una única ovación de reconocimiento y orgullo con todos los aficionados de corazón rojo y blanco. No hay mejor equipaje que esa imagen para afrontar todo lo que está por venir.

viernes, 6 de mayo de 2016

Geografía caprichosa

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco:

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/geografia-caprichosa/

Aunque pudiera parecer lo contrario, la geografía es muy caprichosa. Cuando estudiábamos para convertirnos en los hombres y mujeres de provecho que no hemos llegado a ser, Europa contaba apenas con treinta países, isla arriba, isla abajo. Tras diversos apareamientos y divorcios de toda condición, el viejo continente actual cobija cuarenta y nueve países. Cuarenta y nueve territorios con sus nacionalidades, sus capitales y sus gobiernos, aunque sean en funciones. Lo de los caprichos de la geografía no lo decía tanto por la capacidad de multiplicación estatal, por muy asombrosa que sea, lo de la veleidad geográfica parte del hecho, también sorprendente, de la expatriación selectiva de grupos de individuos cuando conviene. Ayer por la noche, sin ir más lejos, pitido final mediante de un encuentro con la emoción de un tercer y cuarto puesto del trofeo Carranza, los aficionados del Atleti nos convertimos en ciudadanos de otro país europeo como por arte de magia. De uno muy lejano. Quizá de Azerbaiyán, que además es tierra de fuego, como decía nuestra camiseta en pasados episodios.



Los atléticos nos hemos levantado esta mañana con el pasaporte retirado y los ojos algo más rasgados. Frente a nosotros se perfilan veintitrés días hasta la final de Milán. Veintitrés días de invisibilidad y de extrañeza. De oír y leer atrocidades despojadas de cualquier asomo de imparcialidad. Tal vez los que las perpetren no alcancen a saber que el expatriado, por muy azerbaiyano que sea en estos días, no olvida el castellano y es capaz de hablarlo y entenderlo con cierta soltura. Personajes de renombre, opinadores e incluso intelectuales a tiempo parcial, ya glosan precipitadamente la gesta por venir y agotarán las existencias de adjetivos para referirse al rival del Atleti en la final. Eso sí, para no parecer xenófobos para con los azerbaiyanos del sur de Madrid, repartirán las migajas que sobren en sus banquetes de pleitesía a los necesitados extranjeros, que nunca se sabe.  

Lejos de antojarse complicados, los días por venir refuerzan la identidad rojiblanca y retratan a cada pájaro con claridad. Nunca estuvieron, no se les espera por tanto. Las jornadas venideras servirán para unir más las filas, para soñar más fuerte con la posibilidad de hacer historia pero también con la de acallar bocas. Más que nunca, debería recomendarse no consumir en estas próximas fechas. Aíslense del ensordecedor ruido mediático de la maquinaria puesta al servicio de la causa. No entren al trapo, no debatan sobre violencia, estética futbolística y límites del reglamento con quien no entiende, no intenten razonar. Métanse en una burbuja. Asuman su condición de refugiados en su propia casa. Siéntanse orgullosos de ser azerbaiyanos y salgan a la calle con la nueva nacionalidad y la camiseta rojiblanca a la vista. Conviertan Carabanchel, San Blas o Chamberí en barrios de Bakú. Transformen cada rincón del país en el que habita un colchonero en un trocito de esa Europa lejana y preasiática a la que nos condenan. Si esto fuera medianamente serio, Google maps se adaptaría a los caprichos de la geografía para afirmar que el Manzanares nace en una montaña del Caúcaso y la fuente de Neptuno se erige a su orilla dando de beber triunfos a sus nuevos ciudadanos. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Elogio de la belleza

Pese a lo que se había dicho durante la semana era imposible desconfiar. El estadio estaba de un bonito que dolía y con ese ambiente no hay lugar para dudas ni miedos. Cierto es que el Milán traía prendida de su camiseta, aunque fuera de la suplente en tonos sidra El Gaitero, toda la historia que lleva a sus espaldas. No menos cierto es que el Atleti tiene también bastante historia en las suyas, y más presente también, no nos engañemos. Salieron los jugadores al terreno de juego y se quedaron atónitos ante cómo se había arreglado el Calderón. Estaba nuestro estadio guapo de verdad, maquillado para la ocasión para potenciar sus puntos fuertes y minimizar el descuido al que la gerencia le condena. Parecía el Calderón recién inaugurado y lo notaba la afición añadiéndole un toque festivo y cercano. Estuvo la afición también guapa, como siempre suele estar pero quizás un poco más. Les contaba que el Calderón estaba arrebatador y seductor, que estaba que daban ganas de ponerle un piso exterior con dos baños completos y presentarle a tus padres si se tercia y uno volvía a pensar en qué demonios se nos habrá perdido a nosotros en un campo a las afueras de las afueras, pero ese pensamiento junto con todos los pensamientos amargos que pudieran asaltar al aficionado ayer se diluyeron ante la belleza del campo, de la afición y de los siempre bellos colores rojo y blanco que inundaban la noche. Así no hay lugar para la desconfianza, toma, claro…

Decretó el colegiado delgaducho y despeinado el inicio del encuentro y se fue el Atleti para arriba. A matar por si alguien osara pensar que pudiera morir. Adelantó las líneas y asfixió con las presiones y casi todavía estábamos admirando lo precioso que estaba todo cuando Gabi le cedió el balón a Koke tras cortar el primero de los innumerables balones que corta en esta y tantas noches. Resurrección puso el balón en el área templadito pero quizás algo largo, en esos terrenos donde no llegan los delanteros chaparros o cuellicortos. Apareció Costa cuando parecía imposible y se marcó un remate con reminiscencias de capoeira que terminó en culazo, como suelen terminar todos los remates imposibles y bellísimos de Diego Costa y Abbiati, deslumbrado por la belleza del remate y del centro, por la guapura que Gabi otorga a la presión en banda y por la exquisita divinidad del ambiente a orillas del Manzanares, solo pudo acostarse como es norma de la casa ante cualquier remate que no vaya a dirigido a su barriga.

Tras el gol se mostró el Atleti exuberante. Desatado. Poseído por la belleza que flotaba en el ambiente. Parecía haber muchísimos Diegos Costa sobre el terreno, Gabi y Koke parecían también multiplicados y faltaban metros en la banda para que la corriera Juanfran una y otra vez. Cuentan algunos aficionados de esos que no miran al juego sino a otras cosas mientras se desarrolla la acción que en esos minutos Courtois jugaba a los chinos con el árbitro de área que el azar y la UEFA le había deparado para poder entretenerse. Parecieron los nuestros verlo tan bonito, tan fácil por momentos que se relajaron y dieron un pasito atrás. Un pasito corto de los que no lleva a ningún sitio, pero un pasito que sirvió para darle aire al rival.




Los argumentos ofensivos del rival se resumen en la bipolaridad de Balotelli, en el habilidoso Taarabt, que se pasó la noche desaparecido y abrumado por la ausencia de Insúa y por Kaká, ese jugador que precisamente ayer quiso reencontrar la tilde perdida de su apellido en dos remates de cabeza que inquietaron pero nunca hicieron dudar ni minar la confianza. En esos minutos de transición, de nudo del argumento planteado con la ventaja rojiblanca, murió el Milán si en algún momento llegó a estar vivo del todo en la eliminatoria. Reaccionó el Atleti y fue como suele ser en los partidos grandes. Como lo fue en el derby pasado y en alguna que otra final de las que tenemos plasmadas en la retina. Con intensidad y con el turco.

Escribió ayer el evangelio ardaturanista una nueva página más allá de sus diabluras y de lo que presiona, que es mucho. Creó Turan un nuevo prodigio en forma de disparo rebotado que cogió trayectoria tan traidora que pensábase que fuera estudiada. Los niños que estudien este hecho en el futuro dentro del catecismo de alabanza al turco lo conocerán por la parábola de Arda. ¡Aleluya y a la caseta!

Nunca creyó el Milán achampanado en nada tras el descanso, y si lo hizo fue por poco tiempo, de nuevo arrollado por la ola de belleza en la que estaba subido el Atleti. Pudo marcar un Gabi desatado y finalmente marcó Raúl García de cabeza en su habitual cita con el gol. Pudo haberlo hecho antes tras haber esbozado una chilena de las que quitan el sambenito de llegador para otorgar el título de delantero con todas las letras y se desató una fiesta solo interrumpida por el epílogo que Diego Costa escribió para hacerse conocer más si cabe en Europa entera, si es que hubiera quedado alguien en Europa que no conociera las andanzas del de Lagarto a estas alturas.   


Nunca hubo motivo para desconfiar ni para mostrar temor. La historia sola gana muchos menos partidos que los árbitros con entradas que dejan jugar, por ponerles un ejemplo. La historia está para respetarla y para escribirla. Para escribirla en noches en las que el Calderón se pone de un guapo que enamora y la afición luce su mejor sonrisa sabedora de que la imagen de ese día pasará a la posteridad. Estaba el Calderón esplendoroso y todos lo que allí se dieron cita estuvieron a la altura de la belleza del entorno. Estaba el Calderón tan bonito que daban muchas ganas de soñar despierto. Hemos llegado hasta aquí traídos por un sueño, a partir de aquí hay un sueño mucho más grande. Uno muy bello.  

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La herencia florista

Hace unos cuantos días tuvimos el dudoso placer de volver a tener noticias de nuestro antiguo entrenador. Con nocturnidad, alevosía y su desahogo usual, repasó la actualidad atlética e hizo balance de su travesía al frente de la nave rojiblanca en un nuevo episodio de discurso en el que abundan tanto las oraciones subordinadas como las medias verdades. Pasado ya un tiempo prudencial desde su sobreactuada despedida, el caballero de la ojera perpetua vuelve al inicio del curso como si de una colección por fascículos que nunca llegan a finalizarse se tratara, haciendo gala también de una coherencia que solo puede pagarse en moneda propia de estas épocas, el cortycole.

Diseccionaba el impar sobrino del creador de la rumba catalana su paso por el Atleti con esa capacidad tan suya de pontificar sobre lo que se tiene que hacer sin hacerlo. Reconoció que debió haberse marchado en dos ocasiones, coincidiendo con las salidas de Jurado y Simao, en un ataque de dignidad que bien pudo haber tenido en su momento. Explicó que tal vez el equipo se había creído mejor de lo que era sin argumentar cuán bueno se puede creer un equipo que cosecha un noveno y un séptimo puesto en sus dos años como técnico. Dijo que se quedaba con el Forlán de la primera temporada cuando él fue el que puso a los pies de los caballos al charrúa y volvió a mostrarse tibio al hablar del dúo prescrito y su relación con ellos.



Reconociendo de antemano el trabajo del tío segundo de Elena Furiase cuando arribó a un equipo desnortado y autogestionado y agradeciendo de igual manera títulos y finales vividas, uno piensa que su influencia sobre los resultados tiene menos peso que la tuvo Forlán, por alusiones al charrúa. Uno también piensa que, tácticamente, no ofreció ninguna innovación con respecto a la propuesta futbolística de Aguirre, por poner otro ejemplo, y que en contraposición, sí se puede atisbar la mano del nuevo técnico en los cuatro partidos vistos hasta ahora, por muy gris y muy poco dado a los aspavientos verbales que el jiennense sea.

Otra cosa por la que el primo de la intérprete de Sarandonga será recordado será por la herencia que ha dejado en varios de nuestros jugadores: el otrora idolatrado uruguayo, cubre ya sus trabajados abdominales con ropa diseñada en Milán; el tan denostado y castigado Domínguez es llamado a la selección tras un notable inicio de temporada en el que no parece evidenciar esa cabeza en otro sitio en la que se escudaba el estratega del verbo florido; Fran Mérida busca rehabilitación en Braga para salir de un ostracismo al que le condenó el señor de las perífrasis; varios otros jugadores han necesitado de terapia, grupal e individual, ante esa tendencia del anterior calentador del asiento Recaro de plantear los partidos y elaborar las alineaciones en base a señales atisbadas en los posos del café, aunque éste fuera soluble.  

Como pueden ver, deja un campo florido y sembrado de buenos recuerdos, aunque…, no debo ser injusto. No se merece eso. Hay algo que sí debemos recordar como una herencia perdurable. Toda una pléyade de seguidores que, influidos por su imagen, se lanzaron de igual manera a grandes superficies y comercios de barrio para adquirir la prenda que identifica y define al primo del arreglista de “No dudaría”. Un jersey de estrecheces. De estrecheces de mangas, de talle y de miras a partes iguales. Un jersey desaconsejado tras dispendios veraniegos o navideños para evitar comparaciones con morcillas de Burgos. Un jersey que esperemos haya quedado aparcado en armarios y cómodas hasta otra ocasión. No nos queda bien, la verdad. Pero no me negarán que a él, al muy “jodio”, el jersey le quedaba muy bien. Las cosas como son, oigan.