Llegó
Pantic al Madrileño (uno es mayor y gusta de seguir utilizando tradicionales
apelativos) alegrando caras y llenando de recuerdos las imaginaciones. Su llegada
se unía a otras de algunos más con pasado rojiblanco atando todas con el lacito de la atletización de lo
desatletizado. Como si fuera un trabalenguas fácil de desentrañar, ¡ea! Llegó y a pesar de su posible bisoñez consiguió convertir un inicio titubeante en una posibilidad de
soñar con el ascenso a través del cuidado de la estrategia. Se va ahora con premura, demasiado
pronto, sintiéndose tal vez como sus pupilos de este año, con pocas
posibilidades de coger el ascensor que lleva al ático de los mayores. Pudiera
ser comprensible que necesite probarse en empresas de mayor calado y con más perspectivas
de visibilidad, pero queda un regusto de interrupción, de fugacidad no
esperada. Que le vaya bien allá donde vaya y que vuelva más adelante. Hay un
ramo descansando en un corner del Calderón que no perdonaría que no lo hiciera.
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Da gusto
ver cómo el Atleti llega a un aeropuerto de allende los mares y es recibido
entre la algarabía de muchos. Da gusto ver estadios con muy buena entrada para
presenciar lo que no deja de ser un bolo con la misma trascendencia que la
carrera musical de Jesulín de Ubrique. Da gusto ver a niños de tez morena con
la camiseta del Atleti acercarse a sus ídolos con timidez. Da pena pensar que
si el equipo repitiera gira el año que viene, ni los del aeropuerto, ni los de
los estadios ni los púberes podrían reconocer a los que portan la zamarra
rojiblanca.
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Se marcha Perea
como llegó. De puntillas y dando las gracias, sin hacer ruido ni pegar portazo
al salir. Se marcha con un record de partidos para extranjeros ya adoptados y nos
deja con la sensación de que fueron muchos más sus aciertos que sus tan
cacareados fallos. Se marcha tras despedida pequeña pero por una puerta muy grande,
por un portón de dos hojas que hay que abrir en contadas ocasiones para
despedir agradecidos a profesionales como él o para introducir un elefante
africano en el patio de vecinos. Ojalá volvamos a encontrarnos. Ojalá que la
federación internacional de atletismo homologue alguno de los varios records
del mundo de velocidad que debe poseer sin aducir que en el Cerro del Espino
corre un viento que anula las marcas realizadas.
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Se marcha también Antonio López y su marcha parece más comprensible que la de Luis Amaranto. El cuerpo y, en igual medida, el alma, no han dejado a Antonio rendir como siempre ha hecho en los últimos tiempos. Se va un capitán con canas, lo que siempre imprime respeto, y nos deja huérfanos de jugadores con solera. Deja una empresa en constante rotación, una empresa de ERE afilado y una mayoría simple de candidatos a heredar el brazalete que sólo se afeitan un par de veces por semana. ¡Qué difícil es cumplir trienios en el Atleti!
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Finalmente Juanfran acudirá a la Eurocopa. Con justicia, sin debate alrededor. El extremo ansioso y acelerado que conocimos en los postreros (y oscuros) días del sanchezflorismo de vía estrecha, ha migrado a lateral templado en la defensa e incisivo en el ataque y obtiene de esta forma justo premio a su notable temporada. Ya solamente se le pide un cambio de estilismo capilar para ser considerado miembro de pleno derecho del imaginario atlético. La convocatoria deja la alegría de la llamada del alicantino, la indiscutible presencia de Torres como lo que es, un puntal y deja también un sabor algo amargo por la llamada interruptus de Adrián. De poco valió su debut con gol, penalty forzado y repertorio de fintas y caídas a banda siempre buscando hacer daño. No es el señor marques del dorado nabo amigo de dar demasiadas alegrías a los de rojo y blanco y finalmente tomó una decisión redundante, esperada. De la terna de Soldado, Negredo y Adrián se queda con el segundo. Uno, piensa que Adrián aporta diferencia y que los otros dos aportan principalmente lo mismo: su procedencia y más prensa que talento. Demasiado delantero centro ve uno en la convocatoria, máxime cuando solo ve a uno de ellos con la talla suficiente para según que batallas. Les doy una pista, el bueno es el de las pecas.
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Se marcha también Antonio López y su marcha parece más comprensible que la de Luis Amaranto. El cuerpo y, en igual medida, el alma, no han dejado a Antonio rendir como siempre ha hecho en los últimos tiempos. Se va un capitán con canas, lo que siempre imprime respeto, y nos deja huérfanos de jugadores con solera. Deja una empresa en constante rotación, una empresa de ERE afilado y una mayoría simple de candidatos a heredar el brazalete que sólo se afeitan un par de veces por semana. ¡Qué difícil es cumplir trienios en el Atleti!
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Finalmente Juanfran acudirá a la Eurocopa. Con justicia, sin debate alrededor. El extremo ansioso y acelerado que conocimos en los postreros (y oscuros) días del sanchezflorismo de vía estrecha, ha migrado a lateral templado en la defensa e incisivo en el ataque y obtiene de esta forma justo premio a su notable temporada. Ya solamente se le pide un cambio de estilismo capilar para ser considerado miembro de pleno derecho del imaginario atlético. La convocatoria deja la alegría de la llamada del alicantino, la indiscutible presencia de Torres como lo que es, un puntal y deja también un sabor algo amargo por la llamada interruptus de Adrián. De poco valió su debut con gol, penalty forzado y repertorio de fintas y caídas a banda siempre buscando hacer daño. No es el señor marques del dorado nabo amigo de dar demasiadas alegrías a los de rojo y blanco y finalmente tomó una decisión redundante, esperada. De la terna de Soldado, Negredo y Adrián se queda con el segundo. Uno, piensa que Adrián aporta diferencia y que los otros dos aportan principalmente lo mismo: su procedencia y más prensa que talento. Demasiado delantero centro ve uno en la convocatoria, máxime cuando solo ve a uno de ellos con la talla suficiente para según que batallas. Les doy una pista, el bueno es el de las pecas.
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A pesar del
calor que ya se ha instalado entre nosotros, el futuro da frío. Cada vez que
llegan los veranos, el gazpacho en el menú del día y las imágenes de familiares
en bañador que nos perseguirán como pesadillas recurrentes, se nos pone el
cuerpo raro. Hay veces que tiritamos incluso mientras faenamos bajo el
justiciero sol de la capital. Y todo por no saber qué quedará tras el
desmontaje acostumbrado. Tras la infinidad de rumores y los magros hechos. Nos
queda también mal cuerpo por no habernos podido despedir de casi todos los que
se irán y por no conocer ni de oídas a los que vendrán. La rueda sigue girando.
El carrusel del mercadeo se activa llenando de igual manera columnas semanales
y bolsillos. Capel, Emre, turcos de nombre impronunciable e incluso
innombrables mediapuntas de pelo fosco y supuesta excelencia en el penúltimo
pase con los que se pretende tropezar de nuevo, a pesar de que la comparación
con una piedra sea siempre excesiva dada la blandura de la criatura. No se
relajen, mañana podría aparecer a doble espacio y con negrita que vuelve Maniche
con ganas de ponerse a plan para rebajar carrillera. Que Dios nos coja
confesados.


