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lunes, 28 de mayo de 2012

Breves bocados de actualidad atlética



Llegó Pantic al Madrileño (uno es mayor y gusta de seguir utilizando tradicionales apelativos) alegrando caras y llenando de recuerdos las imaginaciones. Su llegada se unía a otras de algunos más con pasado rojiblanco atando todas con el lacito de la atletización de lo desatletizado. Como si fuera un trabalenguas fácil de desentrañar, ¡ea! Llegó y a pesar de su posible bisoñez consiguió convertir un inicio titubeante en una posibilidad de soñar con el ascenso a través del cuidado de la estrategia. Se va ahora con premura, demasiado pronto, sintiéndose tal vez como sus pupilos de este año, con pocas posibilidades de coger el ascensor que lleva al ático de los mayores. Pudiera ser comprensible que necesite probarse en empresas de mayor calado y con más perspectivas de visibilidad, pero queda un regusto de interrupción, de fugacidad no esperada. Que le vaya bien allá donde vaya y que vuelva más adelante. Hay un ramo descansando en un corner del Calderón que no perdonaría que no lo hiciera.

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Da gusto ver cómo el Atleti llega a un aeropuerto de allende los mares y es recibido entre la algarabía de muchos. Da gusto ver estadios con muy buena entrada para presenciar lo que no deja de ser un bolo con la misma trascendencia que la carrera musical de Jesulín de Ubrique. Da gusto ver a niños de tez morena con la camiseta del Atleti acercarse a sus ídolos con timidez. Da pena pensar que si el equipo repitiera gira el año que viene, ni los del aeropuerto, ni los de los estadios ni los púberes podrían reconocer a los que portan la zamarra rojiblanca.



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Se marcha Perea como llegó. De puntillas y dando las gracias, sin hacer ruido ni pegar portazo al salir. Se marcha con un record de partidos para extranjeros ya adoptados y nos deja con la sensación de que fueron muchos más sus aciertos que sus tan cacareados fallos. Se marcha tras despedida pequeña pero por una puerta muy grande, por un portón de dos hojas que hay que abrir en contadas ocasiones para despedir agradecidos a profesionales como él o para introducir un elefante africano en el patio de vecinos. Ojalá volvamos a encontrarnos. Ojalá que la federación internacional de atletismo homologue alguno de los varios records del mundo de velocidad que debe poseer sin aducir que en el Cerro del Espino corre un viento que anula las marcas realizadas.

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Se marcha también Antonio López y su marcha parece más comprensible que la de Luis Amaranto. El cuerpo y, en igual medida, el alma, no han dejado a Antonio rendir como siempre ha hecho en los últimos tiempos. Se va un capitán con canas, lo que siempre imprime respeto, y nos deja huérfanos de jugadores con solera. Deja una empresa en constante rotación, una empresa de ERE afilado y una mayoría simple de candidatos a heredar el brazalete que sólo se afeitan un par de veces por semana. ¡Qué difícil es cumplir trienios en el Atleti!


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Finalmente Juanfran acudirá a la Eurocopa. Con justicia, sin debate alrededor. El extremo ansioso y acelerado que conocimos en los postreros (y oscuros) días del sanchezflorismo de vía estrecha, ha migrado a lateral templado en la defensa e incisivo en el ataque y obtiene de esta forma justo premio a su notable temporada. Ya solamente se le pide un cambio de estilismo capilar para ser considerado miembro de pleno derecho del imaginario atlético. La convocatoria deja la alegría de la llamada del alicantino, la indiscutible presencia de Torres como lo que es, un puntal y deja también un sabor algo amargo por la llamada interruptus de Adrián. De poco valió su debut con gol, penalty forzado y repertorio de fintas y caídas a banda siempre buscando hacer daño. No es el señor marques del dorado nabo amigo de dar demasiadas alegrías a los de rojo y blanco y finalmente tomó una decisión redundante, esperada. De la terna de Soldado, Negredo y Adrián se queda con el segundo. Uno, piensa que Adrián aporta diferencia y que los otros dos aportan principalmente lo mismo: su procedencia y más prensa que talento. Demasiado delantero centro ve uno en la convocatoria, máxime cuando solo ve a uno de ellos con la talla suficiente para según que batallas. Les doy una pista, el bueno es el de las pecas.


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A pesar del calor que ya se ha instalado entre nosotros, el futuro da frío. Cada vez que llegan los veranos, el gazpacho en el menú del día y las imágenes de familiares en bañador que nos perseguirán como pesadillas recurrentes, se nos pone el cuerpo raro. Hay veces que tiritamos incluso mientras faenamos bajo el justiciero sol de la capital. Y todo por no saber qué quedará tras el desmontaje acostumbrado. Tras la infinidad de rumores y los magros hechos. Nos queda también mal cuerpo por no habernos podido despedir de casi todos los que se irán y por no conocer ni de oídas a los que vendrán. La rueda sigue girando. El carrusel del mercadeo se activa llenando de igual manera columnas semanales y bolsillos. Capel, Emre, turcos de nombre impronunciable e incluso innombrables mediapuntas de pelo fosco y supuesta excelencia en el penúltimo pase con los que se pretende tropezar de nuevo, a pesar de que la comparación con una piedra sea siempre excesiva dada la blandura de la criatura. No se relajen, mañana podría aparecer a doble espacio y con negrita que vuelve Maniche con ganas de ponerse a plan para rebajar carrillera. Que Dios nos coja confesados.

lunes, 7 de mayo de 2012

Ultima sesión del ciclo ordinario


Nueva entrega actualizada del acta del diario de sesiones del representativo senado atlético que se nos presentó en las entradas Extracto del diario de sesiones y Diario de sesiones

Acta de la última sesión ordinaria de la temporada 2011-2012 celebrada por el Senado Atlético representativo y autóctono del Bar Casa Maxi.

19:02 horas: Se inicia la sesión del senado atlético dos horas antes del comienzo del partido como rezan las buenas costumbres, sin detenerse a analizar si en días lluviosos como el que ocupa se debiera mostrar más relajamiento en los horarios. Preside la misma el actual arrendatario del local, Don Maximiliano Autillos, y modera y pontifica Don Santos Tenderete en su condición de parroquiano más veterano al ocupar el mismo taburete en el local desde hace veintitrés años sin importar las diferentes denominaciones que ha atesorado el mismo.

Asistentes:

Don Maximiliano Autillos
Don Santos Tenderete
Doña Adelaida Minucias
Don Epifanio López de Pantorrillas y Rocamora
Don Arístides Ventolera 

Asiste como invitada Doña Georghina Lucalescu, empleada doméstica en la señorial mansión de Don Epifanio López de Pantorrillas y Rocamora, no por su condición de encomiable creadora de un cocido madrileño que firmaría una vecina de la calle Mesón de Paredes, sino por su naturaleza de nacida en Bucarest, destino éste muy en boga en cuanto al turismo atlético se refiere.

Orden del día:


  • Doña Georghina Lucalescu abre la sesión haciendo una presentación titulada “Tesoros de Bucarest” en formato diapositiva panorámica. En ella desgrana las bellezas de la capital rumana haciendo especial hincapié en dónde comer, dónde pacer y dónde comprar souvenires conmemorativos. Al llegar al apartado de ruegos y preguntas, la concurrencia decide obviar las cuestiones de Don Santos Tenderete sobre boites recomendables donde mover el esqueleto si se tercia. Consta en acta la protesta de susodicho senador ante la no respuesta de la ponente y ante la imposibilidad de constatar si en Bucarest podrá asistir a algún tipo de espectáculo arrevistado de esos que tanto le gustan.


  • Los miembros del senado entregan un comunicado conjunto de repulsa por los recortes que se están produciendo en su sede social como consecuencia de la crisis hostelera. El presidente acusa recibo del escrito sin entrar a dirimir si las tapas que acompañan las consumiciones de los parroquianos han sufrido tanta merma como aseguran sus señorías. Queda pendiente de revisión un informe pericial presentado por la señora Minucias en el que expone sus dudas sobre la procedencia de los tropezones de carne que se encuentran diseminados en la masa de croquetas, habida cuenta del empeoramiento sistemático que se produce en su alergia a los gatos cada vez que consume una de ellas. Asimismo, los asistentes juran y perjuran que el otrora glorioso clarete de tierras de Aranda de Duero que se servía por copas, ha pasado de ser clarete a ser transparente. Se acuerda crear una comisión de investigación para ahondar en la problemática del posible bautizo al que Don Maximiliano Autillos somete a los caldos de la uva de manera poco sacramental.


  • En lo tocante a la situación del equipo y dados los últimos resultados obtenidos, sus señorías abogan por la rotación salvaje en el encuentro a celebrarse en breves instantes de cara a sembrar frescura en tierras de la Sra. Lucalescu, no sin antes lamentarse de que se tenga que recurrir a estas economías de fondo físico por tener ya poco en juego más que la acostumbrada pedrea liguera. Se acuerda por mayoría la definición del partido de hoy como encuentro de transición contando con el único voto en contra del Sr. López de Pantorrillas y Rocamora al que los partidos contra el malacitano y ahora califal equipo emocionan bastante al recordar sus veraneos en Estepona cuando era mozo.


Sin más particulares que tratar, la sesión se levanta, como de costumbre, un cuarto de hora antes del inicio del partido pero, de manera sorprendente, se vuelve a acostar la muy perezosaal ver la concurrencia de qué manera jarrea en la vía pública. Los integrantes del senado deciden seguir el encuentro a través de la pequeña pantalla sin moverse del hemiciclo aduciendo problemas reumáticos, catarros mal curados y hasta la no desdeñable posibilidad de que se les rice el pelo tras varias sesiones de alisado japonés, todo por la que está cayendo. En el último momento Don Arístides Ventolera abandona el local con destino al estadio saliendo a la intemperie casi a pecho descubierto tras asegurar que prefiere una pulmonía a tener que aguantar los comentarios de las cadenas que ofrecen partidos en abierto lo que se secunda por todos los asistentes de palabra pero no de obra, que llueve mucho.

Animada por los presentes, con la venia del Sr. López de Pantorrillas y Rocamora y con la reticencia del Sr. Autillos, la Sra. Lucalescu obtiene permiso para invadir la cocina del local de cara ejecutar uno de sus tan glosados platos, las manitas de cerdo al estilo de los Cárpatos, sobre las que se dictará sentencia al final de esta sesión.



Disposiciones finales:


  • Este senado valora muy positivamente la reacción del equipo tras el descanso pero lamenta profundamente haberse tenido que chupar una primera parte de esas que son marca de la casa, ésas más vulgarmente conocidas como “para mear y no echar gota”, a pesar de que la comparación no le parece afortunada al Sr. Ventolera, que a la vuelta del campo se ha instalado con ánimo de mitigar la tiritera al lado de la estufa del local arrebujado en una manta zamorana plagada de ácaros que el Sr. Autillos ha tenido a bien rescatar del almacén de stock alimentario.


  • Sus señorías acuerdan unánimemente hacer mención especial en el partido de hoy el desempeño de Koke, responsable de que escampara el temporal en lo futbolístico y hasta en lo climatológico, pero sin cebarse en analizar que la recuperación del equipo se pudiera atribuir a la no presencia sobre el tapete de Mario Suárez, jugador que es incluso comparado en su blandura con la consistencia del pan envuelto en papel de aluminio un par de días.


  • La cámara decide también otorgar sonora ovación con saludos y cariñoso agradecimiento por los servicios prestados a Don Luis Amaranto Perea y Don Antonio López, no sin antes reflexionar sobre lo fácilmente que la gerencia se desprende de los jugadores veteranos sin atender a cuestiones emotivas y sobre lo efímeras que son las capitanías en nuestro equipo, aspectos que deberían ser cuidados de cara a taponar la hemorragia de identidad que asola la entidad desde que la inefable familia se hiciera con sus riendas al despiste y sin soltar un duro. 


  • A petición de la Sra. Minucias, consta en acta que la cámara conviene en que es mejor afrontar la cita de Bucarest tras victoria por cosas modernas como las dinámicas de grupo y la reafirmación de la psique colectiva, pero que por muchas modernidades con las que se adorne, no hay manera mejor de describir la manera de encarar ciertos eventos que con la frase de Don Luis Aragonés, Sabio de Hortaleza y merecedor de al menos un ducado o señorío a juicio de los asistentes: “Ganar, ganar y ganar”.


  • Dado el carácter supersticioso de los miembros de este senado, nadie querría calificar la temporada antes de la celebración del partido en la ciudad natal de la Sra. Lucalescu, más Don Santos Tenderete, con ese gracejo que le caracteriza, la resume como desastrosa independientemente de lo que acaezca. Desastrosa, pero contenta en caso de victoria y desastrosa, pero jodida en caso de lo que no se quiere ni mencionar.


  • Como último tema del día, y de cara a no dejar que el verano adobe rencores que se enconen para la próxima temporada, los miembros del senado deciden retirar el comunicado de repulsa sobre la merma en las calidades de las viandas ofertadas por el Sr. Autillos, lo que sirve para que éste desfrunza un poco el ceño con el que ha presidido los actos durante toda la noche y se anime a invitar a una ronda de clarete sin cristianar. Asimismo, las señoras y señores senadores con la excepción del Sr. Ventoleras, al que todavía castañetean los dientes profusamente para dedicarse a otros menesteres, degustan las manitas preparadas por la Sra. Lucalescu con emoción y hasta se escapa alguna que otra lagrimita atribuible a textura y ligazón de la salsa con base de tomate que las acompaña.


Sin más temas que tratar, con el paladar rememorando los matices del milagro culinario presenciado y con el alma en paz por haber limado las asperezas con el señor presidente y anfitrión de las sesiones, se levanta la sesión hasta que la próxima temporada asome la patita.


Como siempre suele pasar cuando el último partido de temporada en el Calderón yace de cuerpo presente, los miembros del senado se reúnen en la puerta del bar sin demasiadas ganas de marcharse. No quieren separarse de los suyos sabiendo que por delante se desplegará un verano largo sin fútbol de los de rojo y blanco. Sí, hay Eurocopa y hasta olimpiadas, pero no es lo mismo. No, no lo es  ni de lejos. Esas otras citas te ocupan y te emocionan  en su justa medida, sí, pero hay un algo que tienen los partidos de los nuestros que no tienen otros sucedáneos. Hablan de naderías para demorar la despedida: que si qué callado tenía Epifanio lo de cómo cocinaba la rumana, que si el clarete de la última ronda parecía que tampoco iba a ir al limbo, ya saben ustedes, de sus cosas. En otras circunstancias, se despedirían hasta el próximo Villa de Madrid, pero hasta esa posibilidad de emplazamiento temporal nos han arrebatado. Finalmente, la fría y húmeda noche aconseja una retirada digna y cada cual se dirige a donde pertenece. Bueno, cada cual no. Santos Tenderete no enfila el camino del Puente de Toledo para ir a casa, se acerca a un Calderón apagado y silencioso y da una vuelta alrededor del coliseo rojiblanco pasando la mano de vez en cuando por sus paredes como intentando buscar consuelo a la distancia que el fin de la temporada va a abrir entre ellos. Queda triste, como cada año, pero esta vez tiene dos cosas que le reconfortan algo, una final a tres días vista y el sabor que perdura de una salsa para manitas hecha con una base de tomate…

jueves, 21 de julio de 2011

Souvenirs

De vuelta ya. Anda uno intentando superar la depresión postvacacional, otra enfermedad de nuevo cuño a la altura de plagas modernas como el jet lag por el paso del horario de verano al de invierno o la ansiedad por el exceso de oferta de ocio en centros comerciales del extrarradio. Y es que uno se tiene que reciclar, debe mudar paulatinamente de piel para volver a ponerse el traje de diario, cosa nada fácil tras haber circulado durante casi una quincena con el disfraz de turista.

Un turista debe siempre anteponer comodidad a elegancia, es por ello que aquel representante de ventas para la zona centro y noroeste que de normal gusta hacerse el nudo de la corbata bien gordo y que un pañuelo a juego asome su punta en el bolsillo de la americana, se pone sus bermudas  llenas de compartimentos y no duda en proteger sus pies con calcetines tobilleros de esos que abandonan el talón a las primeras de cambio para ir a reunirse con los dedos. El turista completa su puesta en escena con la cámara de fotos en lugar visible y una sonrisa, digamos tonta. Algunos piensan que esa sonrisa medio tonta es el reflejo inconsciente de una psique que advierte de la indignidad de ser inmortalizado en pantalones cortos y es que esas frases del estilo: “Benito, no tienes tú ya las piernas para enseñarlas”, acaban minando la psique, la autoestima y hasta las ganas de tomar gazpacho bien fresquito.

Así caracterizado el turista se lanza a cazar momentos. Para cazarlos mejor se ayuda de la cámara no vaya a ser que la memoria le traicione cuando tenga que explicar a su vecino el del quinto que esa catedral a la que ha tirado dieciséis fotos aúna elementos del románico y del gótico en proporción casi exacta. Aún así, no contento con aprehender el paisaje de dieciséis maneras diferentes, refuerza su cacería con la compra de merchandising típico: “Lo que te decía, estas almendras garrapiñadas representan las piedras con las que se construyó el templo. Y fíjate, fíjate, hay almendras con forma claramente románica y almendras que no pueden ocultar su condición gótica, ¿qué cosas, eh?” El turista regatea, el turista se enzarza con el vendedor aborigen haciendo mímica o hablando muy alto para que se le entienda mejor. El turista paga caro lo barato, bebe agua embotellada y se estriñe por culpa de la distinta condimentación de las comidas. Eso sí, nunca le abandona esa sonrisa medio tonta.

Pero a veces, solo a veces, el turista se encuentra con un souvenir que le llega, que le hace pensar. Algo que le hace mudar la sonrisa tonta por una sonrisa que sale de más adentro, tal vez del bazo. Para fijar el precio de la transacción, el turista eleva la voz y se intenta entender en lenguas no romances con el vendedor de cara afilada. Aunque sepa que seguramente le esté engañando. Aunque el vendedor le recuerde a Dobrovolsky, otro mediapunta que nos dejó profunda huella. 



Finalmente, pasan los días y el souvenir llega a la que será su casa tras haber estado descansando plácidamente en el equipaje de mano. El turista busca un sitio ideal para colocar la pieza cobrada y no acaba de encontrarlo. En el preciso momento en el que lo deposita donde sea, ya está pasado de moda. Entonces, el turista se para. Vuelve a observar el souvenir y se pregunta si fue una buena compra. Analiza los cinco elementos del recuerdo y comprende que los souvenirs de esta clase tienen una vigencia muy limitada. Ya sea porque a uno de los elementos no se le acaba de querer, ya sea porque otro no nos quiere a nosotros, ya sea porque a ese se le dejó marchar, ya sea porque a aquel no se le quería y ahora sí, ya sea porque al pequeño se le quiere pero también se le discute.

Entonces, el turista recuerda las palabras que decía el vendedor: “Con este tipo de souvenirs nunca se sabe. Siempre están cambiando”. Tendrá razón. Será que solemos comprar caros los souvenirs y que no les encontramos el sitio adecuado. Será que llevamos mucho tiempo sin tener claro incluso nuestro sitio. Será que esa sonrisa medio tonta nos acompaña también en nuestra vida diaria aunque no la combinemos con esos pantalones cortos que tan poco nos favorecen.

martes, 31 de mayo de 2011

La maldición del brazalete.

No, no se vayan todavía. Esperen. Sigan leyendo, se lo ruego. Puede ser que el título les pueda sonar a novela victoriana trufada de asesinatos cometidos por amas de llaves, con la biblioteca como escenario y con el candelabro como arma homicida. Puede ser que crean que ésta es una historia para leer a las cinco, con el té y un sándwich de pepino en la mano, aunque las cosas no estén como para abusar de esa hortaliza. ¡Cuánto daño se ha hecho a la agricultura española durante los últimos días! Dentro de un tiempo, un alto comisario de traje rozado presentará un estudio lleno de gráficos para evaluar el impacto económico de la crisis del pepino español. Pero, ¿qué me dicen del daño moral? ¿cuántos pepinos españoles han dejado de ser comidos? Estremecedor, lo sé. Sigo, que ya saben ustedes mi tendencia a la dispersión. Puede ser que incluso esperen ustedes encontrar por algún lado la palabra frisar, que como ustedes sabrán es un término que solo aparece en ese tipo de libros, pero no, nada de eso. La historia vuelve a ir sobre nuestro Atleti, ¿cómo no?

Hoy les voy a proponer un ejercicio de memoria. Les invito a recordar quiénes han sido los últimos capitanes del Atleti. Eso, eso, intenten acordarse y saquen a Antonio López del grupo por cuestiones de mercado ¿Cuántos quedan en nuestro equipo? En nuestro equipo el brazalete se ha convertido en un cartel de se vende. Un anuncio por palabras. Un distintivo que anuncia gangas en la sección de oportunidades. Antes no, no crean. Antes era una garantía. Un certificado de fidelidad a la causa. Una medalla otorgada por veteranía en la empresa.

Antiguamente, los capitanes colchoneros eran aquellos señores con bigote o con patillas de hacha que mandaban dentro y fuera del campo. Eran sobre los que se posaban las miradas cuando una decisión injusta nos perjudicaba o cuando algún central rival pisaba al habilidoso del equipo. Entonces, el capitán se cruzaba el campo a paso ligero si hacía falta, ponía su cara muy cerca de la del árbitro pidiendo explicaciones o chocaba pecho y cabeza contra el capitán contrario en una suerte de duelo de machos dominantes. Ahora no, ahora aunque cosan a patadas a un compañero, el capitán sólo se acerca trotando a la zona con la intención de lanzar la falta cobrada, posiblemente al palo del portero. Ahora, algunos se atreven a hacer bicicletas o a hacer pases con la chepa cuando juegan con nosotros sin que nadie le eche el aliento en la cara mientras le agarra por la pechera.

Hace unos años, el capitán atlético se hubiera ido a por ese compañero que a su entender no lo está dando todo y le hubiera dicho cuatro cosas o dieciséis. Las que fueran necesarias. Eran otros tiempos, tiempos en los que el brazalete parecía tatuado. Tiempos en los que los capitanes fallaban un despeje y se echaban la bronca a sí mismos con el tono de voz que le imaginamos a otro capitán, aquel Achab que perseguía a Moby Dick a través de las tormentas.




En nuestros días el brazalete pesa mucho, demasiado. Cansa llevarlo. Un capitán es elegido como tal por su asertividad, por haber desarrollado una gran empatía y por haber entrenado de igual manera la inteligencia emocional y los saques de banda en propio campo. Ya ninguno pega un puñetazo en la puerta de contrachapado de un vestuario con olor a linimento. Ahora se comunican a través de twitter y se rebajan las cejas. Acuden a inauguraciones y emiten comunicados dictados por representantes. Antes, vender a un capitán conllevaría una pañolada y un lanzamiento de almohadillas que obligaría a intervenir a los grises o a los marrones. Hoy en día, nadie sacaría un mal kleenex, aunque esté arrugado y aromatizado con mentol. Un capitán no se vende, oiga. Un capitán no se va nunca. Se retira cuando él quiere, cuando él mismo se da cuenta de que ya no puede exigirse lo que exige a los demás. Ahora el capitán pide comprensión hacia sus decisiones y no se para a pensar en lo que su figura significa.

No crean que no hay ninguna esperanza, no. Hace poco hubo un capitán de los de antes. De los que tenía el brazalete marcado a fuego. Le empujaron a irse en una suerte de Fuenteovejuna cuyo nexo de unión eran las comisiones. Aún así, desde donde esté ejerce como capitán, como el mejor representante atlético. Aunque vaya de rojo o de azul. Esta semana se ha recordado su nombre poniéndolo en el mismo saco con el último que se ha puesto el brazalete de marras. No es lo mismo. Ni de lejos.

Los capitanes ya no son intrépidos. Los capitanes no llegan a sargentos y no son de hierro. Puede que se deba a que los capitanes frisan los veinte años y no permanecen suficiente tiempo en el club. Cada uno tendrá su punto de vista, unos dirán que es culpa de los de siempre y su razón tienen, otros dirán que será cuestión de principios y de mercenarios. No les falta razón tampoco. Algunos solo sabemos, que desde que aquel del que les he hablado antes se fue, echamos de menos a los capitanes de antaño. A aquellos por los que nos subiríamos a una mesa en medio de la clase de literatura para gritar: “Oh Capitán, Mi Capitán”.

lunes, 4 de abril de 2011

Volvió el fútbol

Los parones futbolísticos por partidos internacionales producen un efecto muy positivo en el turismo interior. Los aficionados marcan esos fines de semana en el calendario con rotulador rojo de punta gorda como candidatos ideales para irse con sus amigos de casa rural o para irse al pueblo a ver cómo van secando los chorizos de la matanza pasada. El hincha español ha sido siempre primero de su equipo y, a pesar del auge de la Roja tras las últimas hazañas, luego de la selección. Si a eso sumamos los innumerables y apasionantes partidos contra selecciones bálticas, balcánicas y otras repúblicas de nuevo cuño que sólo algunos elegidos podrían situar en un mapa político, comprenderán ustedes el por qué de ese afán de coger carretera y manta. Además, en esta ocasión, la vuelta de la competición ha sido más celebrada tras la incertidumbre por la amenaza de huelga por parte de la patronal del balompié.
Nuestros dirigentes, siempre velando por lo mejor para la sociedad anónima deportiva, querían ir a la huelga pero poco. Votaron a favor de la misma pero en sus declaraciones anunciaban que querían que no se suspendiese la jornada. Ya sabrán ustedes que nuestro presidente es hombre de firmes convicciones y de celebradas intervenciones en la prensa. También conocerán que las declaraciones de Cerezo hay que dejarlas reposar, como a la sopa castellana para que la clara del huevo cuaje. Que no admiten lectura rápida y que tomadas en frío pueden provocar empacho y meteorismo. Durante esta semana se ha prodigado en pregonar, incluso durante una premonitoria visita a la cárcel, que sí pero no, que blanco y también negro y que alto aunque de baja estatura, no quedando muy claro de qué lado de la pancarta está, ni si hay que llamarle esquirol o descontarle un día de empleo y sueldo. Si le preguntan ustedes a algún analista de verbo fácil como nuestro perifrástico entrenador, les dirá que la postura del club destaca por su ambivalencia, por su pluralidad y por incorporar a la vez el ying y el yang. Otros, unos descreídos entre los que me incluyo, describimos su postura con la sentencia que mi señora madre utiliza en estos casos: “¡A ver, que ni se muere padre, ni cenamos!”. Será que no somos tan sesudos y que pensamos que la horquilla en su gestión se mueve entre hacer lo peor para el equipo y lo más malo.
Volvió el fútbol para el Atleti en Pamplona, en ese estadio anteriormente conocido como el Sadar o el Sádar, que no está muy claro dónde habita la sílaba tónica. Volvió después de haber pasado mucho tiempo desde el anterior choque, por lo que no teníamos muy claro si estábamos inmersos en una buena racha, en una mala o en una racha ni fu ni fa de esas que sufrimos con más asiduidad de la deseable. Volvió tarde además, a pesar de que el pasado cambio de hora haga que parezca mucho más pronto. Muchos de los nuestros dejaron prácticamente la comida en la mesa para iniciar la operación regreso con tiempo de sobra para ver el partido en casa o en el bar, renunciando con ello a una larga sobremesa dominguera pero seguros de que un camión volcado en Tarancón o unas retenciones en El Espinar no les iba a impedir ver el encuentro.
Volvió el fútbol, y nos acomodamos delante de la tele con el pálpito de que en campos así, nuestro equipo se suele mostrar arrugado y timorato contradiciendo una historia que nos otorga un papel principal, de equipo grande. Los más avispados habrán caído en que en el Atleti ha mutado genéticamente en los últimos tiempos para nuestra desesperación. Podría decirse más, en el último año se ha convertido en un equipo de sensaciones y de costumbres por obra y gracia de nuestro técnico. Ése que, en vez de abroncar al equipo cuando pega un petardazo en campos de obligada victoria, saca al equipo a corretear por el monte cercano al Cerro del Espino en una suerte de castigo excursionista cuyo objetivo es aprehender las máximas sensaciones posibles.
Volvió el fútbol y se presentó el Atleti con esa camiseta que parece la del Capitán América tras pasar por una serigrafiadora estropeada. Para la ocasión, ese rapsoda metido a estratega que es el tío segundo de Elena Furiase sorprendió a todos, como no podía ser de otra manera, incluyendo como novedades en el equipo titular a tres exosasunistas, por lo de las costumbres, y a Diego Costa, tal vez por su pinta de aficionado a la chistorra, por lo de las sensaciones. ¿Y Domínguez? Pues, como de costumbre tenemos la sensación de que algo pasa con él. Salió también Reyes en la posición esa que saben ustedes que no gusta al que suscribe y a los fieles del sitio. Salió Osasuna dispuesto a demostrar que no es equipo de correteo, sino de carrera continua y presión agobiante desde tiempos de Iriguibel. Equipo de pañuelo rojo al cuello y periódico en la mano derecha que tiene impreso en su adn el vértigo de los encierros, ya desde que jugaba Dioni. Se encontraron los navarros con un gol tras varios avisos sobrevenidos por fallos de un elemento también muy típico de las fiestas pamplonicas, la charanga o banda. Pero no de música, no, la banda izquierda, en la que dos de los antiguos jugadores de la casa parecían toros de esos que salen sin ganas a los encierros, de esos que no cogen a nadie por muy fácil que se lo ponga un turista neozelandés empapado en vino de la tierra. Salvó también De Gea los muebles en un par de ocasiones, a pesar de esa pinta suya de ciudadano de Wisconsin despistado al que la policía foral mira con reticencia para ver si tiene que sacarlo del encierro por no tener la edad. Andaba peligroso el encierro cuando otro de los de pasado rojillo dio un gran pase a Costa que empató tal vez inmerecidamente.
Volvió el fútbol en la segunda parte y la cosa cambió. Ya se nos había pasado la resaca del comienzo, se empezó a ver a Reyes algo más participativo, se hicieron con los mandos Mario y Tiago y, sobre todo, se vio a Diego Costa. Diego Costa fue una de las apuestas de este verano tras ganarle la partida en la pretemporada a Salvio, ese jugador al que tan mal quedan las camisetas. Lo bueno de Diego Costa es que ofrece una alternativa diferente a los delanteros que tenemos, más partidarios del gambeteo, de la caída a banda y del disparo desde donde me apetece que de aguantar y jugar de nueve de toda la vida. Hasta ayer, muchos pensábamos si no habría sido una equivocación su elección tras solo ver detalles en los primeros partidos de la temporada. Pero ayer no, oigan. Ayer, ese delantero con pinta de secuaz de película de narcotraficantes, se destapó con un partido excepcional. Dio una lección de desmarque, aguantó el balón, sacó de quicio a los defensas y marcó dos goles más, tres en total que podrían haber sido cuatro si el pensador de Utrera le hubiese dejado tirar un penalti a él, cosa que en casos así parece adecuada y hasta elegante. De ahí al final, un penalti en contra de esos raritos, algún nervio, algún cambio incomprensible pero seguramente plagado de sensaciones, un árbitro muy malo y más de un cigarro de los debidos para aplacar la tensión.Tres puntos que acercan objetivos miserables. Esto es lo que hay.
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– Enrique, ¿cómo quieres el café?
Pues un poco con leche y un poco solo. Y para mojar no sé si quiero algo o no, tal vez una magdalena. Mira, mejor tráeme los cereales que hoy me apetecen galletas.