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miércoles, 12 de febrero de 2014

De creencias y dolores

No nos engañemos, nadie creía. Usted y yo no creíamos y aquel matrimonio de mediana edad que ayer por la tarde anunciaba a bombo y platillo que sí, que creían, lo hacían de puertas afuera, pero en su interior no creían o si creían un poquito lo mismo era por los gintonics que se habían colocado con mimo entre pecho y espalda, que eso es algo que siempre ayuda a la hora de fortalecer la fe. Tampoco creía El Cholo aunque su discurso fuera el totalmente opuesto y así lo demostró con lo que puso en liza, y uno comprende al técnico a la hora de no pretender abusar, de no querer dar más de sí el milagro que estamos viviendo esta temporada aunque esa comprensión se lleve mal con lo que dictan los corazones, los de ustedes y el mío, pero uno encuentra lógica y conveniencia en lo que Simeone planeó. Como les decía antes, él no creía tampoco, pero cree en otras cosas, sueña con otras metas más ambiciosas aún y no puede permitirse que los de su alrededor flaqueen en su creencia.

De lo de ayer solo se podía recolectar miseria: miseria física, como la que nos heló el alma con la traidora caída de Manquillo, pero sobre todo miseria espiritual. Cierto es que nuestro técnico podría haber alineado a los mejores disponibles, forzado a los tocados que llegaban justos al choque y lanzado consignas de esas que inflaman el ánimo de la tropa para morir en la orilla con la moral quebrada y rota, con dudas revoloteando sobre las cabezas y con lo que resta de temporada bajo amenaza. Simeone prefirió no poner demasiada carne en el asador para no comprometerse. Si hubiera salido bien, el golpe en la mesa, el espaldarazo al fondo de armario hubiera inyectado adrenalina en las venas de los nuestros con una final bajo el brazo, un farol que arruina la partida del adversario. Saliendo como salió no queda comprometido el camino ni torpedeado el buque y uno lo entiende, aunque le duela, pero lo entiende.




Poco se puede comentar de un partido que ingresó moribundo y al que los familiares/laterales se empeñaron en desenchufar de los respiradores a los pocos minutos de presentarse en urgencias. El contador de penaltis en contra crece a ritmo sostenido para acallar a los que miraban las estadísticas sin ver más allá. Demasiado impulsivo estuvo Manquillo en el primero, trastabillando a la plañidera del balón dorado para que ésta cayera como caen las señoras que se rompen las caderas al caer al suelo o que caen al suelo tras romperse la cadera, que no es lo mismo ni mucho menos y es algo sobre lo que se discute encarnizadamente en las salas de espera de las consultas de traumatología sin que se llegue a consenso posible. Torpe estuvo Insúa en el segundo, torpe sin atenuantes.


Lo intentó el Atleti pero pareció por momentos que lo intentó poco aunque tal vez fuera justo lo que se debía haber intentado con el paisaje que tenía el asunto. Lo intentó poco y se entiende aunque duela. También entiende uno a los que ayer hablaban de exponer algo más, de morir o matar sin pensar en el mañana aunque desde la frialdad de las horas que han transcurrido no lo llegue a compartir. Incluso esos, los que se fueron algo más descontentos a casa porque querían exigir más al equipo no creían. Tampoco creía Simeone ni los jugadores. Nunca creímos ustedes y yo ni aquel matrimonio de mediana edad, por mucho que dijeran lo contrario. 

lunes, 27 de enero de 2014

Arte, facilidades y otro penaltito...

Quedó la tarde agradable aunque algo ventosa y el aficionado aprovechó la tregua meteorológica para acercarse al fútbol, que si bien este era un partido fuera de casa es un fuera de casa pero como si habláramos del rellano, que no está en casa pero casi. Notó el aficionado que muchos otros como él se acercaban a Vallecas y reparó que tanto hinchas locales como visitantes mostraban un carácter alegre y optimista. Todo el mundo sonreía y dejaba salir antes de entrar en los bares y hasta se minimizaron las típicas discusiones prepartido sobre si esta ronda debe ser pagada por el que suscribe o por usted, que pagó la anterior con gran éxito de crítica y público. La razón de este ambiente jovial y armonioso debe buscarse en la penúltima medida del gobierno, que por fin le ofrece al pueblo llano algo de esperanza que echarse al zurrón tras tanto recorte. Se notaba en el ambiente el alborozo que provoca en la ciudadanía la bajada del IVA para las obras de arte, algo sobre lo que el españolito medio o incluso el españolito pegado a banda andaba seriamente preocupado. Escuchaba el aficionado las conversaciones que tenían lugar en los aledaños del estadio situado en la calle Payaso Fofó y no se hablaba más que de la escultura que mañana le traían a casa al mediodía o de si sería mejor adquirir oleo o acuarela dada la sequedad del clima madrileño y el común abuso de la calefacción en comunidades de vecinos de cierta edad. Con una sonrisa se dirigieron todos los espectadores a sus asientos en el coliseo franjirrojo y casi todos pensaban en que tras pasar tanto tiempo contritos y con el culo apretado pensando en menudencias como llegar a fin de mes o pagar un recibo de la luz que bate el record del mundo de altura de recibos en pista cubierta cada vez que llega, ya era hora de que se diera una buena noticia, ya era hora….


Salió el Atleti con Sosa en un lado y Koke en el mediocentro a pesar de que a Resurrección le tenía preparado Simeone un día de descanso. Tiago se resintió de lo que se resintiera en el calentamiento y el todocampista que últimamente ha mostrado síntomas de fatiga tuvo que ser de la partida. Salió también Manquillo sustituyendo a Juanfran y cumplió como suele hacerlo aunque le pitaran un penaltito tan tonto y minúsculo como el de la semana pasada, esperemos que no sea una moda dictada a implantarse. Salió el Atleti dispuesto a resolver el partido rápido, a matar sin hacer sufrir, a pintar el cuadro del partido a la carrera. Arte conceptual. Presión y compromiso en tonos pastel. El Rayo, equipo que apuesta por un arte kamikaze e inconsciente, regaló, como suele hacer normalmente, un balón a Villa y Diego Costa nada más comenzar el encuentro. Cedió el de Lagarto el balón al asturiano para que definiera arriba en lo que iba a ser el inicio de la tónica de la noche: variaciones en el arte de la asistencia generosa. Pudo el Rayo empatar enseguida por obra y gracia del penaltito del que les hablaba antes pero allí estaba ese nuevo valor del arte belga, ese que pinta estiradas imposibles, ese al que habría que inmortalizar en busto o incluso en escultura de cuerpo entero destinada a decorar algún rincón coquetón de la casa rojiblanca.



Acusó el Rayo los dos golpes de cincel a su maltrecha moral y fue entonces cuando el Atleti empezó a gustarse. Fabricaba el Atleti peligro principalmente por banda izquierda y mezclaba con gusto gamas de colores en los que pisaba Arda, centraba con intención Filipe para que Villa dejara despacito a Costa y Sosa de cara a rematar pudiendo sentenciar. En otra de esas obras de arte en las que nuestro equipo mezcla lo mundano y lo celestial llegó el segundo. Balón al espacio a Costa que utiliza el cuerpo como nadie, pase generoso a Sosa que, presa de una mayor generosidad si cabe, deja balón franco para que Arda trace empujando el balón la última pincelada de tan brillante combinación.


Notaba el Atleti que la empresa iba a ser fácil y se relajó un tanto en defensa, cosa rara. Se vio en Vallecas a una retaguardia más despistada, menos segura de sí misma y así llegó el 1-2, con rebote artístico y burlón incluido. Tuvo tiempo el primer tiempo de dejarnos un segundo gol de Arda lleno de pillería y un susto apreciable al ver a Diego Costa en el suelo echándose mano un poquito más arriba de la rodilla. Hubo aficionados que, a pesar del comprensible alborozo que la medida gubernamental provocó en ellos, pasaron un susto morrocotudo al ver caer al delantero centro e incluso vieron pasar ante sus ojos su vida y la temporada entera en diapositivas.

Poco se puede decir de la segunda parte. Quedó casi todo el arte concentrado en el primer acto y este segundo envite perdió fuelle entre las facilidades con las que el equipo vallecano agasaja a sus rivales y la suficiencia del deber cumplido de los nuestros. Dos goles más hubo, sí. Uno de Costa y de Saúl al alimón tras otra obra cumbre de la asistencia de Filipe y uno para los locales de Larrivey, jugador con nombre de coñac peleón y pelos desgreñados, tras defensa flojita de los nuestros.

Vuelta a la senda de la victoria tras dos empates que dejaron muy diferentes sabores. Al cierre de estas líneas, el que suscribe no tiene claro si tomar el partido de ayer como vara de medir de nada debido a la inocencia del rival, un rival que huele e incluso apesta a lo mismito a lo que huele el Betis, para entendernos. Cierto es que se vio mejor juego y no pareció acusarse esa fatiga que asomaba en segundas partes y sprints exigentes pero ni ahora ni antes deberían sacarse demasiadas conclusiones. La tan cacareada rotación en Copa pareció sentar bien a Villa, otro buen partido del asturiano, y al goleador Arda y menos bien a Miranda, por ejemplo, pero la no rotación entre semana pareció no afectar a Diego Costa ni tampoco a Filipe y Godín. Parece que Sosa empieza a meterse en la dinámica y parece que el hombro de Óliver nos va a privar de verle por un tiempo. Courtois es un seguro de vida y habría que cuidar a Koke, pero no sería de recibo ponerse a buscar brotes verdes donde siempre los hubo, en este pasto de césped bien cuidado que está siendo la temporada de los nuestros, pero tampoco perder el espíritu crítico ni no apreciar el cansancio que a veces aparece. Mientras tanto seguiremos disfrutando de este Atleti con alma de artista encaramado a la cima de la clasificación y nos iremos a una galería de las que están en el centro de la ciudad con las gafas de pasta y patilla gruesa puestas. Allí, nos gastaremos de manera gustosa lo que no tenemos en un orinal deconstruido con brochazos color lila en los bordes tras haberlo observado desde todos los ángulos posibles durante un buen rato sin poder asegurar si eso es arte o una mamarrachada pero nos iremos para casa felices y contentos porque ya era hora de que se diera una buena noticia, ya era hora…

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cinco minutos

Ignacia no confiaba demasiado en estas modernidades, la verdad, pero allí estaba ella con el mejor de sus vestidos. Y todo por hacerle caso a su nieto el pequeño, el de su hija la que vive en la capital. Speed dating. Citas rápidas. La idea era sentarse delante de un desconocido y charlar durante cinco minutos para ver si merece la pena plantearse con él amistad o lo que surja. Ella, que todavía lucía hermosa a pesar de sus años, tenía claro que muchos de los que ocuparan la silla de enfrente buscarían más un lo que surja que una amistad o algo más serio, pero ella se había decidido a acudir allí sin pensar demasiado. Ya habían pasado muchos años desde que a su Basilio se lo llevara una peritonitis galopante sobrevenida por la coz de una mula traidora en el bajo vientre y ella se sentía sola. Decía su nieto que así era como los de la ciudad encontraban a alguien con quien espantar esas soledades llenas de recuerdos que dolían. No es que no hubiera tenido proposiciones a lo largo de estos años, nada de eso, las hubo hasta aderezadas por los pretendientes con varias hectáreas de tierras de labor, cabezas de ganado y hasta un puesto vitalicio de panadera consorte en una tahona del pueblo de al lado. A todos dijo que no con agradecimiento porque no se sentía preparada. Tal vez hoy las cosas fueran a ser diferentes. Ojalá fuera así.

Uno, que lleva ya algunos años viendo caso todos los partidos del Atleti, había llegado a perfeccionar una técnica casi infalible de predicción sobre el desempeño de los nuestros en el partido a jugar. Bastaban con cinco minutos, solo cinco, lo que dura una cita rápida, para saber si el Atleti que ese día saltaba al césped iba a dejar buen sabor de boca o un cabreo de mil demonios. No me pregunten por los indicadores que uno consultaba para llegar a tal conclusión, no se trataba de hechos aislados si no de un conjunto de detalles y gestos que conformaban el mapa colchonero para ese día. Unas veces era una carrerita desganada de Forlán la que se sumaba a las medias descolocadas de Agüero para presagiar un petardazo de partido, otras veces un primer control orientado de Caminero y un guiño de Kiko para vaticinar que a continuación seríamos testigos de noventa minutos que quedarían en el recuerdo. A veces Schuster se plantaba en el mismísimo centro geométrico del campo y desde allí hacía volar a lo largo de treinta metros un balón que aterrizaba mansamente a los pies de un portugués de nombre Paulo que había avisado con anterioridad de que ese día estaba por la labor con una sacudida de su melena. Otras, bastaba casi con consultar la alineación, ver que salía de inicio Richard Nuñez o Ibagaza y prepararse para lo peor. Ya les digo, solo cinco minutos o incluso menos para hacerse una idea general que raramente fallaba.

De un tiempo a esta parte, uno, a pesar de que con la edad empieza a tener cada día más manías, ha dejado de preocuparse por esos pequeños hechos significativos, por esos cinco primeros minutos de los partidos y el aroma que desprenden. Para ser exactos, cuando les digo de un tiempo a esta parte debería decir desde que Simeone está en el banquillo. Desde su llegada uno sabe lo que se va a encontrar y, por ello, da casi hasta un poco igual el resultado y hasta si se juega mejor o peor, si para llegar al objetivo marcado el camino es de rosas o de espinas. Hace un tiempo, viendo el inicio del partido de Valladolid o el de ayer mismo, uno se temería algo malo, un partido de esos que duelen y que se instalan en el compartimento de los recuerdos a olvidar sin poder hacerlo nunca, pero eso ya no pasa. Uno sabe que, ante cualquier síntoma de decaimiento en cualquiera de los que salen al campo, allí estará él. Aplaudiendo o echando una bronca como se deben echar las broncas, como las echaríamos ustedes y yo, invocando a la camiseta que portan y a la gente que se ha reunido para acompañar al equipo dejando sus vidas aparcadas por noventa minutos. Uno espera que Simeone esté muchos años con nosotros porque él ha sabido espantar esas soledades que muchos sentíamos a pesar de estar rodeados de nuestros iguales. Ojalá sea así.



Puso El Cholo en liza a un equipo en el que tenían cabida las rotaciones pero lo hizo con medida, mesuradamente como suele hacer él las cosas. Un toquecito allí y otro allá: Villa y Gabi para dotar al banquillo de veteranía, Filipe también para que se pudiera ver a Insúa, ese jugador con el que durante bastante tiempo teníamos dudas de si era real y salieron del equipo Raúl y Manquillo, volviendo al plantel Arda y Juanfran. Simeone rota pero sin volverse loco, dando a cada partido la importancia que tiene, que ya se sabe que las rotaciones pueden traer más de un disgusto y si no que le pregunten a Galileo. Ya a los cinco minutos, lo que dura una cita rápida, quedaron dos cosas claras: una, que los fabricantes de camisetas o los responsables de marketing e imagen de los equipos no tienen vergüenza por vestir al Osasuna como si fuera el Borussia de Dortmund en versión low cost y dos, que iba a costar sacar adelante el partido.

También en cinco minutos, cinco solo, lo que dura una cita rápida, Diego Costa le puso al partido el sello de casi finiquitado tras dos centros que llegaron de la derecha. Uno de Juanfran que remató con oportunismo y otro de Koke, otra vez Koke, que el de Lagarto cabeceó con maestría. Comentan en los mentideros federativos que el Sr. Marqués se está pensando convocar a Diego Costa para que juegue con la selección y uno, que no quiere malpensar, no puede creer que no le haya llamado ya sin poner en duda un criterio futbolístico más dado a llamar a canteranos de otro equipo de Madrid o poner a Koke de lateral derecho desaprovechando su capacidad como asistente. No se había llegado al ecuador de la primera parte y se volvía a mostrar ese Atleti que hemos visto crecer en los últimos tiempos. Rocoso y casi inaccesible, puede que poco brillante en ocasiones pero letal y con las ideas claras en muchas otras. Dos lunares tuvo el partido, dos, y los dos se concentraron en cinco minutos, lo que dura una cita rápida: el golpe en la rodilla que obligó a retirarse a Mario Suárez, del que en los últimos partidos se ha visto la versión buena, y el gol del rival tras centro al  área que al cierre de estas líneas no sabría definir si como bien sacado o como mal defendido.


Fue la segunda parte rara. Una segunda parte de esas que se tienen que jugar cuando casi ninguno quiere hacerlo. Pensaba el Atleti en citas futuras, citas del fin de semana, citas que no deberían ser rápidas y pensaba el Osasuna que no podría meter mano a los rojiblancos ni aunque el segundo tiempo durara una eternidad. A pesar del corto margen, no recorrían el estadio ni runrunes ni temores infundados, hasta eso han sido capaces de conseguir Simeone y los suyos. Si acaso, flotaba en el ambiente algo de preocupación por lo tarde que se estaba haciendo y lo tirano que es el despertador cada mañana, pero no quedaba resquicio para esos miedos, algunos autoimpuestos y otros institucionalizados de tanto repetidos: el sufrimiento, la leyenda del Pupas, los goles de jugadores con flequillo rebelde en el tiempo de descuento. Murió el partido y se dieron la mano los contendientes comentando que el próximo partido lo deberían disputar en dos tiempos de cinco minutos con un descanso de un minuto para beber agua o bebidas carbonatadas, que muchas veces cinco minutos bastan para muchas cosas en la vida y se marchó Simeone para el túnel de vestuarios a buen paso para poder reflexionar durante cinco minutos, lo que dura una cita rápida, en lo que iba a decir a los suyos…

viernes, 22 de febrero de 2013

Contradicciones


A carniceros vegetarianos. A fiesteros que reniegan de la última copa. A madres que no quieren que comas bien y a padres y muy señores míos. A putas de comunión diaria. A okupas con hipotecas a treinta años. A guardas jurados que miran para otro lado cuando un abuelo se mete bajo el abrigo un paquete de salchichas Frankfurt. A contables con inclinación por las letras puras. A señoras que siguen encargando butano a pesar de tener gas ciudad. A románticos aferrados al realismo y a suicidas enamorados de la vida. A cazadores de ovejas lanares. A acomodadores para faquires. A comunistas a sueldo del capital y a conservadores de palestino al cuello. A generales pacifistas. A inventores carentes de imaginación. A marquesas que comen menú del día y a mendigos que desechan langostas criadas en cautividad. A gigolós que se hacen los estrechos. A cantautores con suerte en el amor. A defensas que trabajan el remate acrobático y a delanteros a los que satisface más una buena presión en banda. A separatistas por la unidad. A perros ladradores con pasión por morder pantorrillas. A soñadoras con los pies en el suelo y a pragmáticos que juegan a la primitiva. A cirujanos con temblor de manos. A periodistas que pierden objetividad a base de abrazos y canapés. A picadores anoréxicos y a matadores de toros que votan a los Verdes. A jugadores de fútbol aficionados que calientan más tiempo del que juegan. A notarios que han perdido la fe para poder darla. A mediadoras sociales que solucionan sus problemas a hostia limpia. A directivos que cogen el autobús. A filósofos con respuesta a todas las preguntas. A catedráticas que cometen faltas de ortografía y a analfabetos que leen a Proust antes de dormirse. A tenedores que no pinchan. A cuchillos que no cortan. A corsarios de centro comercial y a gente para la que vestir chándal es una actividad anaeróbica. A charlatanes de pocas palabras. A estoicos aficionados al lujo. A concejalas de urbanismo que no saben conjugar el verbo recalificar y a ligones de playa de meseta interior. A directores de cine español con ánimo de entretener. A forzudos de lágrima fácil. A escanciadores de agua del grifo y a banqueros sin ningún tipo de interés. A tímidas con tendencia al narcisismo. A mascotas que entrenan a sus amos. A abstemios con grandes cogorzas y a republicanos que se inclinan ante las coronas. A strippers pudorosas. A monjas impúdicas… A todos ellos, y también a nosotros, gente que arrastramos nuestras contradicciones por la vida de la mejor manera que se nos ocurre se nos ha quedado el cuerpo raro tras la eliminación del Atleti en la Europa League.



Vaya por delante que uno veía la eliminatoria perdida tras el partido de ida. Vaya también que la convocatoria para jugar en Rusia ofrecía la lectura de que el equipo técnico pensaba lo mismo. Vaya incluso que es cierto que la cortedad de la plantilla pudiera aconsejar centrar el tiro dado el riesgo de dispersarse. Vaya además, si me apuran, que con el frío que hacía en Moscú y lo desangelado que estaba el estadio dieran ganas de volverse para casa lo más rápidamente posible. Vaya por delante todo eso, sí, pero también no. Se nos ha quedado el cuerpo destemplado tras la eliminación. Pudieran pensar ustedes que se nos ha quedado el cuerpo lleno de contradicciones y tendrían razón. Mucha.

Andamos tristes por haber caído pero alegres por ver cómo Manquillo ha llegado para quedarse y cómo Saúl llegará en breve. Tenemos la esperanza de que las tres arrancadas, sí solo tres, seguramente pocas a juicio de muchos, de Adrián nos devuelvan a ese jugador de tanta clase pero tan frío como la nieve que se acumulaba en las periferias del terreno de juego de ayer. No podemos echar nada en cara a Asenjo, ese portero con alma de ariete que nos produce enfado y ternura a partes iguales. Tampoco al Cata, aunque este nos produzca miedo y pavor a la vez. No podemos reprochar nada al equipo o tal vez sí, por no haber sido capaz de meter más que un gol a un equipo aseado y ordenadito con nombre de multiusos del hogar. No es posible no esbozar una sonrisa al mirar el banquillo atlético y ver a todos esos chavales tan ilusionados y tan congelados dentro de sus mantas. No debiera haber nadie que mire al Cholo y no vea el futuro del Atleti en sus ojos, pese a ciertas elecciones que algunos puedan no compartir.

El fin de la participación del equipo en la Europa League nos deja nadando en contradicciones. Algunos pensamos que mejor centrarse en Liga y Copa mientras desfilan por nuestros recuerdos las imágenes en Neptuno no hace tanto celebrando el título ahora perdido (o tal vez tirado). Tenemos calor pero sufrimos escalofríos de manera regular. Da rabia que un equipo vulgar te apee de este viaje aunque el viaje no vaya a conducir demasiado lejos. Nos inunda la nostalgia pero a la vez miramos al futuro. Nos deja un sí, pero no. Un vuelva usted mañana y me pregunta cómo me encuentro porque ahora no sabría qué decirle. Pena y alivio. Alegría por no volver a tener que sufrir los comentarios de Manu Carreño y Juanma Castaño, ese humorista a pie de banda. Vacío por desbloquear la agenda los jueves por la tarde de aquí al verano. Todos lo decíamos pero era con la boca chica. Permítanme no insistir más, no tengo claro si reír o llorar desconsoladamente….

lunes, 21 de enero de 2013

Enamoradas reflexiones del Atleti-Levante


Seguramente ustedes, gente de orden y con notables facultades para la observación, se habrán preguntado el por qué del parón de las crónicas agónicas de un tiempo a esta parte. Los habrá que habrán pensado en una huelga salvaje y silenciosa por parte del que suscribe, sin duda reivindicando alguna causa eminentemente justa, como la de que los mediapuntas sean ajusticiados sumarísimamente, a ser posible antes del amanecer, sin derecho a defensa legal ni recursos posteriores. Los habrá que se habrán planteado si servidor no estará pidiendo a gritos un despido indemnizado por parte de los patronos del blog, algo muy de moda, pese a la crisis y los problemas de empleo, entre profesionales tan dispares como blogueros y entrenadores lusitanos de carácter agrio ¿Qué será? ¿Qué no será? Se pregunta la fiel e irresponsable feligresía agónica ante el absentismo del que perpetra estas tonterías coleccionables. El motivo es mucho menos terrenal que todos esos que ustedes barajan. Es, simple y llanamente, que servidor se ha enamorado.

Sí, sí, lo que yo les diga, me he enamorado. Pero hasta las trancas, oigan. Como un colegial, aunque dé algo de vergüenza reconocerlo a estas y otras edades ¿Que cómo sé que ando enamoriscado? Pues miren, uno tiene todos los síntomas: come poco y a deshoras, duerme de manera liviana y atribulada y suspira cansinamente a la menor ocasión que el día le brinda. Uno, que siempre ha tenido un sentido más bien prosaico de estas cosas, se ve ahora vagando como alma en pena, arrastrando los pies de tan enamorado como está y leería poemas de escritores románticos con los que comparte gusto por las ojeras si dispusiera de tiempo. No crean ustedes que este estado transitorio que me inunda ha impedido que este juntaletras haya dejado de ver los partidos de nuestro Atleti, que una cosa es estar colado por los huesos de alguien y otra coger los principios de uno y tirarlos a la papelera tras haberlos arrugado como una factura de Gas Natural, no. Servidor ha presenciado la insufrible vuelta de Copa en Getafe, la injustísima igualada en Mallorca, la académica victoria ante el Zaragoza y el ilusionante primer capítulo de los cuartos de la eliminatoria ante el Betis. Lo ha visto todo, vamos. Pero lo ha visto de otra manera. Es diferente esto de ver las cosas totalmente enamorado. Será porque ahora las ve junto al objeto de su amor, claro. Los ve con él al lado o en brazos, los ve mientras le da de comer o le saca los gases, actividad sorprendente por la extrañeza que produce alegrarse tanto de que te eructen en la cara. Será un poco por todo ello. Será porque ahora veo los partidos con un nuevo atlético de casi cuatro kilos que acaba de llegar en el mercado de invierno a mi casa. Seguro que es por eso…

Se presentaba el Levante a jugar en el Calderón y lo hacía según las señas de identidad del equipo valenciano: no jugar demasiado y no dejar jugar aún más, lo que tiene su mérito por encima de criterios estéticos. Salió el Atleti a por el partido desde el minuto uno y salió de esa manera que nos ha enamorado más o menos a todos: con la intensidad por bandera, con la presión desbocada como aliada e intentando avasallar al rival, aunque este sea tan incómodo como una silla de diseño finlandesa. Se volcaba el Atleti por la izquierda enganchado a la profundidad de Filipe y a la verticalidad de un Cebolla que merecía titularidad. Poco a poco fue nivelándose la llegada por la otra banda gracias a la mejor noticia de la noche: Manquillo. Manquillo suplió ayer a Juanfran de manera soñada para un canterano. Javi estuvo intenso, entonado, comprometido, disciplinado cuando debía y sobre todo atrevido. Por encima de todo estuvo brillante y enamoró a todos, incluso a los de corazón más duro y ceño más fruncido. Manquillo ayer se adueñó de la banda derecha y, lo que es más importante, del futuro de esa banda en el equipo. Fue capaz de tirar un desmarque profundísimo y asistir de primeras a Adrián para que éste aseara un partido que era reválida para él ante el terreno que Diego Costa le ha ganado. Aprobó solo el asturiano, al que se le debe medir en más citas, aunque tal vez su partido, como el de los demás, se empequeñeció ante la irrupción del lateral derecho del filial por el que desde ayer bebemos los vientos.



Seguía el Atleti intentándolo. Presionando y achuchando siempre con Gabi y su generosidad en el esfuerzo a la cabeza. Con Koke mandando y con las bandas acompañando. Se encontraba el Levante, especialista en desactivar rivales, totalmente desactivado y en una de estas Falcao se rompió...

– ¡Ah!, ¿pero Falcao estuvo ayer sobre el campo? –se pregunta de manera impertinente.

Hombre, estar, lo que se dice estar, estuvo. Estuvo desconectado, sobre todo. No queda claro si echó de menos el trabajo que le hace Diego Costa, los balones de los que le surte Arda o si físicamente no estaba al cien por cien, pero el hecho es que estuvo pero poco, aunque se le espera. Con la lesión del Tigre todavía fresca, llegó un balón medio sueltecito, medio libre y mediopensionista a Koke. Resurrección vio por el rabillo del ojo al portero algo adelantado y clavó en la escuadra un balón que finiquitó el partido y terminó de enamorar a todo aquel que no acababa de caer rendido al canterano y su enorme temporada.

Ha comenzado una segunda vuelta a la que pedimos con ilusión y fe que sea tan buena como la primera. Éste Atleti ha enamorado durante la primera parte de la temporada, y aunque pudiera ser opinable si también ha enamorado su juego en todas las citas, lo que es indiscutible es que lo ha hecho por compromiso y seriedad, algo que muchos creíamos perdido en el abismo de la sociedad anónima deportiva. Incluso en los momentos de menor inspiración, este equipo deja unas mariposas en el estómago que hace muchos años uno no sentía. Más allá de connotaciones sentimentales y de aspectos subjetivos, uno cree justo el lugar que ocupa el equipo en la clasificación y aún piensa que probablemente haya merecido más en algunas plazas donde se dejó puntos. Además de todo eso, que no es poco, sobre el campo surgen como setas noticias buenas e incluso estupendas, como por ejemplo la recuperación de Costa, la irrupción de Manquillo, la confirmación de Koke o la jerarquía de Miranda. Será cuestión del amor, pero uno ve a los nuestros más altos, más listos y hasta más guapos. No apetece que el romance termine y para eso está el Cholo, el Cupido que disparó la flecha que ha acertado en todos los corazones rojiblancos, esos que antes se desangraban no reconociendo lo que tenían delante. Probablemente quede ñoño y demasiado meloso, pero no me digan ustedes que no es bonito sentirse así.

Permítanme terminar de manera tan tonta, que me toca ir a preparar un biberón. Es lo que tiene el amor...

viernes, 9 de diciembre de 2011

Recuerdos de Albacete

Desde tiempos inmemoriales ha sido Albacete estación de paso camino de otros menesteres y travesías. Un paréntesis obligado por ubicación y hospitalidad que se aliña con bocadillos kilométricos y vinos de la tierra. La localidad manchega ha sido también muy socorrida a la hora de adquirir esos recuerdos vacacionales que se olvidaron en el fragor del chiringuito playero:

 – ¡Uy!....y además del de lomo con queso y el de jamón, mira a ver si encuentras unos cuchillos para mi madre, que no le llevamos nada. O unos Miguelitos, que siempre se agradecen…

Amén de por sus megalómanas ventas de carretera, tan propicias para la adquisición del recuerdo fugaz, Albacete se posicionó en el mapa futbolístico hace ya algunos años. De esa añorada época atesoramos los aficionados al fútbol recuerdos de Coco y de Conejo, de corners sacados por Catali que enganchaba Zalazar en singular volea al borde del área, de un billete a la gloria comprado por Molina y Santi, de psicólogos de borceguí y de entrenadores con gafitas de relojero precursores de la presión sobre saque de banda y el palabrerío fútil.

Si además ustedes se tildan de atléticos, esos recuerdos quedan presentes pero empequeñecidos por otro. El de un mozalbete rubiejo y pecoso que nos regaló su primer gol y una victoria cuando andábamos liados en infiernos e intervenciones judiciales. Albacete. Tierra de paso. Tierra de recuerdos. Tierra donde Fernando Torres metió su primer gol con la rojiblanca.


El Atleti volvió a Albacete con la coartada de la Copa, competición a la que, desde el inicio de temporada, se ha marcado como piedra angular del enésimo proyecto junto a la Europa League. Uno, que es muy desconfiado y lleva ya demasiados años oyendo mensajes corporativos, piensa que eso quiere decir que no esperemos demasiado de la Liga, pero ya saben, será que uno es un amargado. Los prebostes del fútbol español condenan a la Copa a un sistema cobarde de doble partido que anega calendarios y desmoraliza al modesto, pero ya sabemos que en el fútbol español, en vez de igualdad y emoción, se busca resumir las temporadas en dos o tres partidos con los mismos contendientes, con circos de tres pistas en las ruedas de prensa y con tertulianos al borde del ictus casi todas las noches.

Éste cobarde sistema copero favoreció anoche a los nuestros inmerecidamente. Y conste que digo favoreció porque esperamos reacción en la vuelta, que a lo mejor ni eso. La existencia de esa injusta segunda oportunidad aconsejó a Manzano dejar en Madrid a varios de sus más destacados peones y a no ponerse traje para el partido, considerando que era partido a ganar en chándal. Salió condescendiente el Atleti, sin querer mancharse la camiseta con contrarios de tan baja alcurnia.

–Fíjate qué pintoresco…El lateral izquierdo se llama Zurdo… ¿cómo va a sorprender desdoblando a su interior si pregona su facultad en la camiseta con semejante redundancia posicional? –murmuraban en los primeros compases del encuentro algunos de los miembros de la pléyade de mediapuntas (..con perdón) que pueblan nuestra plantilla.



Goyo, ese técnico que tan bien nada en los mares embravecidos de la valentía, dispuso solo un punta ante la entidad del adversario y tres mediapuntas (de nuevo perdonen…) por detrás. Los tres mosqueteros del último pase se desplegaban como sigue: Juanfran, jugador de banda derecha jugaba por la izquierda, Pizzi, al que hemos visto detallitos desbordando por la siniestra, en el centro y Salvio, crack de youtube e ídolo de masas en Lusitania, por la derecha. Ante tamaña declaración de intenciones, algunos, de nuevo llevados por la desconfianza, conjeturamos sobre una posible posesión de un espíritu de entrenador con gafitas y verbo fácil sufrida por el señor Manzano, porque en otro caso, no se entiende. Sacó también una defensa de canteranos, lo que gustó más a la parroquia, en donde se revelaron las dos mejores noticias de la noche: Manquillo y Pulido. Ambos cumplieron. Ambos, junto a un Domínguez ayer no muy afortunado y un Koke al que se le vieron cositas en la posición que algunos pedimos para él, dejaron claro que puestos a buscar según qué soluciones, mejor mirar al Cerro del Espino que hacia Sao Paulo o Lisboa.

Poco más les contaré del partido porque no lo merece. Encuentro perfectamente olvidable, uno de tantos que hemos sufrido en este camino hacia ninguna parte. Ningún nuevo recuerdo a añadirse a los que traíamos en la maleta. Una nueva muestra del crecimiento innegable de la sociedad, menor que la presentación de la maqueta de la Peineta, que eso sí que es crecer desmesuradamente, pero crecimiento al fin y al cabo. Un nuevo episodio en el que se escenifica que los resultados y la historia son minucias, que lo importante son los accesos y las zonas comerciales que tendrá el nuevo estadio. Y si a ustedes no les gusta, ¡ajo y agua! Que son ustedes unos amargados que solo viven de sus recuerdos. Aunque los hayan comprado en un bar de carretera. En un bar de Albacete, estación de paso…