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viernes, 24 de febrero de 2012

¡Ay, los viernes!

–….¿y de verdad que no me puede llamar Timoteo? Mire que a mí, los nombres con personalidad y musicalidad aparente siempre me han parecido los más apropiados –dijo el individuo de tez morena mientras contemplaba cómo las olas rompían con fuerza contra el arrecife que protegía la isla.

– ¡Que no, hombre! ¡Que no me parece bien! La aventura que estamos viviendo exige un apelativo más conceptual, una gracia de más calado que Timoteo –rebatió de nuevo el barbudo personaje que empezaba a echar de menos la soledad de los primeros años.

– Pues dirá usted lo que quiera, pero yo tenía un primo segundo, fruto del mestizaje y la fusión íntima de una prima carnal de mi señora madre con un jesuita de Mérida que quiso convertirla a la fe con métodos cercanos y procaces, al que pusieron de nombre Timoteo, lo que no fue obstáculo ni cortapisa para que llegase a hombre lluvia de su tribu –volvió a la carga el aborigen.

– No, si me vas a estar tocando los mismísimos hasta que te lo cambie. ¡Ea!, pues venga. A partir de ahora te llamaré Viernes Timoteo.

– ¿Nombre compuesto? ¿No quedará pretencioso?

– Seguro. Seguro que cuando vayas al registro civil de la isla, el funcionario encargado te va a mirar como a una víctima del esnobismo tribal.

– De verdad, Señor Crusoe, que cuando se pone usted intenso, más le  valdría estar a uno solo que mal acompañado. Se me hace la isla muy pequeña para los dos….




¡Ay, los viernes! Esos días a los que últimamente tememos. Nada que ver con esos viernes de toda la vida en los que te escapas de la oficina en cuanto el reloj da las dos. Poco queda de esos días que son preludio de fines de semana de chándal y riñonera en un centro comercial. Ya casi no se ven jefes a los que el vaquero queda raro aferrándose a normas no escritas en el vestir para dejar el traje aparcado en la zona azul o verde de un armario de tres cuerpos. No quedan ni ganas de planear el asalto del sábado a la resistencia amatoria de ella o de él tras una semana de cansancio y rutinas. Y es que los viernes, queridos amigos, últimamente nos traen subidas de IRPFs, recortes y ajustes de cinturón o de tirantes elásticos. El pueblo llano mira de reojo las nuevas medidas aprobadas y suspira con alivio cuando no ha salido su bolita en el sorteo del recorte. “Este viernes han recortado en un 25% las ayudas para la compra de bisoñé a los calvos de larga duración”, se oye decir en los bares al mediodía mientras varios melenudos se regocijan por no ser alcanzados por la tijera de los ajustes ¡Ay, los viernes!

En cambio, la parroquia rojiblanca afronta los viernes de otra manera. Ya nos pueden bajar el sueldo, subir el agua o ponernos el gas a precio de noble, gas noble, se entiende. Nosotros andamos por la vida con despreocupación, mirando la botella casi rebosante más que medio llena y sonriendo a los vecinos de escalera, incluso al que pone el cassette de La antología de la copla demasiado alto a la hora de la siesta del viernes. Fíjense incluso que, hoy viernes, casi ni hablamos de fútbol. Lo consideramos baladí: “¿Pero ayer no jugó el Atleti?”, nos pregunta Martínez. “¡Bah!, estaba resuelto”, respondemos quitando importancia. Nos acostumbramos a lo bueno enseguida, como si fuera sencillo resolver en partidos de ida ¡Ay, los viernes!

Para representar el último acto de la resuelta eliminatoria de ayer, Simeone rotó. Rotó a los laterales, rotó algún mediocentro y rotó a Falcao, que ya empezaba a poner cara de necesitar unos días de libre disposición. Sacó una alineación algo contrahecha: dos centrales, de laterales; un lateral reconvertido, de interior y un mediapunta cargado de hombros, de delantero. En resumen una alineación de esas que, hace tres meses, hubiera obligado a intervenir a la autoridad y tal vez a los cascos azules. Ahora no, ahora las cosas han cambiado. Incluso en partidos como ayer con alineaciones de arte y ensayo, hemos dejado de ver las carencias para ver las cosas buenas. Servidor piensa que el partido de ayer era el partido de Koke. La lesión de Diego parece que le va a dotar de unos galones que parece haberse ganado pero que debe confirmar con algo más en cada partido. Koke tiene talento, da unos pases en profundidad por encima de la defensa que quitan el hipo, pero a veces se muestra algo acelerado. No ayudó ayer que no estuviera muy acompañado en la labor de creación porque ya se sabe que los jugadores como él son como los cabos de la guardia civil, funcionan mejor en pareja e incluso en batallón. Salió luego Arda y la cosa mejoró. Tenía un compañero con el que entenderse de esa manera en la que se entienden los que ven el fútbol a cámara lenta en sus cabezas. A pesar de que se le mira con cariño por ser de los nuestros, a Koke se le debe exigir más porque puede hacerlo. Esperemos que en el próximo partido lo ofrezca.  



Reaparecieron Arda y Silvio, nuestro niño burbuja. A este último no se le vio demasiado más allá de la prevención que provoca sacarle a la calle con estos fríos, no se vaya a constipar. Al primero se le vieron varios detalles de esos que él deja y una largura de pelo de líder de grupo británico de garage-rock, lo que no es poco. Juanfran estuvo raro de extremo o de interior o de lo que jugara, y, cómo son las cosas, se le echó de menos como lateral. Los centrales volvieron a estar firmes. Los laterales, cumplidores sin más, los mediocentros aseados y los rivales del Lazio al nivel de un equipo de madres ursulinas. Pero hoy nos vamos a fijar en los de delante. Primero vamos con lo bueno, con Adrián. Adrián demuestra en cada partido que es un jugador diferente. Hace cosas que los demás no llegan a imaginar pero cuando tiene que mirar a la portería siempre busca a algún compañero que finalice por él. Los hay que dicen en un alarde de maledicencia que casi mejor que no tenga tanto gol porque, en ese caso, nuestra rumbosa directiva ya le habría vendido al peor postor, cosa que no se descarta vaya a producirse aún sin tener el remate en las venas. Ahora vamos con Salvio. El que suscribe empieza a tener con Salvio la sensación de que está siendo injusto. Por más que intento buscar las virtudes que tanto glosan los comentaristas de Cuatro o Canal Plus, no las encuentro. Por más que intento comprender el por qué de la salida de Elías primero y de Diego Costa después como competidores por una plaza de expatriado, no consigo hacerlo. Si tuviera que destacar algo de su partido de ayer empezaría por un buen disparo al palo y algún que otro regatito que termina con la firma de la casa, resbalón o tropezón. Ya les digo, empiezo a plantearme seriamente si no estaré mirándole con manía de profesor de filosofía.

Partido de trámite, en definitiva. Partido que sirve para dosificar esfuerzos y minutos. Para hacer probaturas y ensayos casi generales. Que pase el siguiente, que será el Besitkas de Simao al que esperemos se reciba como merece. Está quedando resultona esta Europa League en la que ojalá podamos ilusionarnos a medida que pasan las rondas. Es bueno eso de tener los jueves ocupados en estos menesteres. Así, los viernes serán más viernes, para nosotros ¡Ay, los viernes!

domingo, 30 de enero de 2011

Nuevas señales del estado de alarma

Pepiño no podía creérselo. Acababa de salir de Málaga y se metía en Malagón, y además en domingo, con lo que le fastidiaba a él perderse la paella de su suegro. El mensaje del subsecretario no dejaba lugar a dudas: “Se recomienda de nuevo cerrar el espacio aéreo de Madrid”. Justo ahora que se acababa de desactivar el estado de alarma, cáspita (en realidad aquí se vertió otro epíteto más contundente y malsonante, pero ha sido suprimido en aras de hacer la historia más accesible a los Agonistas más jóvenes). Aún así quiso llamar a Barajas para que el viceadjunto a la presidencia de Aena le ratificara el diagnóstico:
- La alerta se localiza entre las 17:00 y las 19:00 horas, señor ministro. Estamos desviando los vuelos a Valladolid y Ciudad Real, que no sabe usted qué aeropuerto tenemos montado allí, aunque tal vez esté algo infrautilizado siendo optimista –le explicó Honorato, el secretario del viceadjunto, lo que hizo asumir a Pepiño la gravedad del asunto porque cuando alguien que se llama Honorato te confirma algo, no caben reticencias ni reservas.
No contento del todo, pidió al administrativo que resolvía crucigramas en cuatro idiomas (como se pedía en la convocatoria de empleo público emitida) que le pusiera con el responsable de la torre de control. Después de siete tonos de marcado por fin alguien tuvo a bien descolgar el teléfono.
- Hola, ¿con quién tengo el gusto de hablar? Soy el ministro del ramo. Necesitaría saber si la alerta está justificada antes de tomar medidas drásticas –dijo con educación Pepiño, no fuera a contribuir al enrarecimiento de las cuestiones sindicales.
- Hola señor Blanco. Al habla Tomasa, la gestora de mantenimiento y control de superficies sanitarias comunes, también llamada señora de la limpieza. Se lo confirmo, lo sé de buena tinta. Y mire que aquí solo está de guardia el pobre de Jose Julio (véase la entrada Hoy no me puedo levantar) que desde lo del ejército está de lo más sumiso y comprometido, ha experimentado un gran cambio. Cambio.
- Muy amable Tomasa, ¿y podría darme más detalles? ¿Se trata de una amenaza terrorista? ¿Ha entrado en erupción algún volcán dormido durante largos años? Reporte, Tomasa, reporte. Ejem…, esto…cambio.
-¡Uy! Pepe, porque puedo llamarte Pepe, ¿no? La alerta se ha disparado a la hora del partido del Atleti en la zona del Calderón. Todo ha venido por un informe psicosocioantropológicofutbolero de los de inteligencia en el que se prevenía de la tendencia de los dos contendientes de esta tarde a despreciar el juego de tiralíneas, a ese juego amanerado de rasear el balón que hacen los bajitos de otros equipos. Estos dos equipos son de buenos mozos, gente de fuerza y derroche. Es por ello, por ese trato esmerado que al esférico dispensan los dos equipos, que se recomienda restringir los vuelos, porque según las previsiones el cuero estará al menos tres cuartas partes del juego sin tocar el suelo, con el peligro que conlleva para la navegación aérea. Si me permites Pepe, yo creo que sí deberías instaurar otra vez el estado de alarma. Cambio.
- …Gracias Tomasa, muy amable. Cambio –se despidió el desanimado responsable de Fomento.
- ¿Será corto, no? –dijo Tomasa molesta ante el desinterés que por lo general los profanos ponían en el fin de las comunicaciones, tema que podía acarrear bastantes malentendidos.
- Sí perdón Tomasa, corto. Corto –admitió empequeñecido.
- Yo también corto Pepe. Pero no dos veces sino una. ¡Qué paciencia tiene que tener una!

Triste, ¿no? Pero desgraciadamente real. Aún así no me pide el cuerpo hablar de sistemas, ni de tácticas, ni de laterales que se desdoblan, ni de delanteros que buscan desmarques al hueco. Tampoco hablaremos de la jugada más veces repetida (y suponemos que ensayada y trabajada), la del pelotazo de De Gea a la cabeza de Reyes para prolongar a no se sabe muy bien dónde. Vaya por delante que puestos a hacer esa jugada, la elección de Reyes es acertada de cara a minimizar daños colaterales si se confirman los estudios de prestigiosas universidades que previenen del daño neurálgico que puede acarrear golpear repetidamente el balón con la cabeza. Tampoco hablaremos del árbitro, ese sospechoso habitual que se suele atrever a hacer cosas que no osaría hacer con otros contendientes cuando pita a nuestro equipo.  No me acordaré del entrenador, de momento, porque me da igual que sea Quique, Abel, Aguirre o cualquier nombre que ustedes quieran poner en la línea de puntos.
No. Hoy, coincidiendo con el enésimo episodio de descomposición del Atleti, nos vamos a acordar de esos, de los que todos sabemos. Los que se apropiaron indebidamente del club. Los que no muestran la menor vergüenza en pisotear sistemáticamente nuestra historia. Los que confeccionan plantillas a base de comisiones en vez de a base de necesidades. Los que prefieren fichar a jugadores desconocidos a precio de crack (permítanme un inciso para apuntar que Elías, el penúltimo llegado, ya está totalmente integrado, su estatua en el primer gol del Bilbao así lo atestigua). Los que bajan cláusulas de rescisión buscando descapitalizar el patrimonio, el del club, no el suyo propio, que la crisis es muy mala y ahora hay que guardar. Los que prometen estadios y ciudades deportivas que no se materializan. Los que filtran interesadamente rumores y noticias a la prensa cómplice. En fin, esos que ustedes saben. El productor de la Daga de Rasputín,  el becario veterinario de tabique nasal asintótico metido a brillante gestor y el viajero compulsivo y cliente preferente de resorts brasileños. Esos son únicos responsables de esto. Y lo único bueno es que la gente lo sabe. Todos. Y cada vez se oyen más voces que lo pregonan. Y el veinticuatro de abril se deben oír todas.
Por cierto, la lluvia de hoy no nos ha permitido confirmar si nuestro entrenador volvía a vestir un jersey excesivamente corto. Corto y cierro.