La cuenta atrás del temporizador adosado a la maraña de cables del artefacto descontaba segundos inexorablemente al plazo que quedaba para que se produjera la explosión. Todos los que quedaban dentro de la zona acordonada se movían trabajosamente dentro de esos trajes de buzo en tierra que se suelen poner los del gremio. Bueno, no todos. Crescencio era el que más cerca estaba de la bomba y ni su atuendo ni sus actos mostraban el más mínimo nerviosismo. Él encontraba aparatoso eso de ponerse corazas para trabajar y por ello esperaba junto al paquete sospechoso con su mejor chándal de los domingos. Se permitió incluso liarse un cigarrillo sin boquilla y dejar que varias briznas de tabaco cayeran sobre el detonador. El resto de sus compañeros nadaban en sudores fríos mientras él demostraba el aplomo que tendríamos ustedes y yo al ir a comprar el pan y permitirnos el lujo de decir que ésa barra no es la que queremos, que nos gusta más ésa otra que está menos cocida. Cuando ya tan solo quedaban treinta segundos para la detonación y el resto de actores de la trama se habían distanciado del lugar de los hechos, Crescencio rebuscó en el bolsillo del pantalón y sacó el cortaúñas que siempre llevaba encima. Se agachó junto a la bomba y estudió con despreocupación las posibilidades ¿Qué cable cortar? ¿El rojo? Sí, el rojo siempre solía ser el que funcionaba en las películas. A lo mejor esta vez era el azul, el verde o el amarillo, vayan ustedes a saber. Justo cuando la pantalla indicaba que solo quedaban cinco segundos de margen, nuestro protagonista se acercó teatralmente a uno de los cables y cortó. No se crean que pensó demasiado en las consecuencias de un posible error. Era lo que tenía ser artificiero y daltónico….
Hay tipos que van por la vida sin mostrar el más mínimo síntoma de preocupación ante ciertos retos. Individuos que suturan una aorta con pulso firme mientras disertan en el quirófano sobre si la mejor manera de tomar los callos es con garbanzos o no. Hay tipos que provocan interjecciones de admiración en los que les ven actuar con tanta seguridad y con tanta sangre fría. A lo mejor alguno de ustedes caería en el error de pensar que más que fría su sangre es de horchata, pero no sería más que un mecanismo de defensa que los que nos atacamos en según qué circunstancias tenemos hacia esos tipos que se mueven por alambres suspendidos con la gracia del que va por la calle de las tiendas deteniéndose a casi cada paso para mirar los escaparates.
Hay tipos que con un primer toque de balón se quitan de en medio a un defensa pegajoso aunque algo torpe y ese detalle hace olvidar una primera parte imprecisa y anunciadora de sufrimientos futuros. Hay tipos que amagan con disparar donde casi todos lo hubieran hecho y continúan conduciendo con el balón cosido a la bota, lo que nos hace no acordarnos de la firmeza defensiva mostrada ante un equipo que no fue demasiado salvo en un rebote tras saque de banda. Hay tipos que recortan hacia fuera a porteros que salen algo alocadamente y parece que van a perder la oportunidad que se les presentan lo que eclipsa un mejor comienzo de segunda parte con dominio y llegadas. Hay tipos que vuelven sobre sus pasos y meten la punta de la bota una décima de segundo antes de que el cancerbero meta las manos en la ecuación de la jugada, lo que parece obviar el buen partido de algunos de sus compañeros como Courtois, Diego, Tiago, Perea o Mario. Hay tipos que, cuando todos estábamos chutando imaginariamente desde nuestros sillones, esperan un segundo para ver qué pasa y eso nos vale para casi no acordarnos de esos siete u ocho minutos en los que a punto estuvimos de ponernos la pastilla del corazón debajo de la lengua. Hay tipos que, en esa espera que les contaba, tienen tiempo todavía de dejar pasar a un defensa que se acerca a velocidad de embestida de toro cuatreño, lo que casi deja en anécdota la volea de Falcao que cerraba el pase a semifinales. Hay tipos que rematan justo en ese momento en el que lo tienen que hacer, ni antes ni después. Probablemente noventa y nueve de cada cien futbolistas profesionales, todos los amateurs y la gran mayoría de los empleados de Correos lo hubieran hecho en cualquiera de los episodios del lance que les intento narrar y no en el momento que lo hizo él. Hay tipos que provocan interjecciones de admiración en los que les ven actuar con tanta seguridad y con tanta sangre fría…y Adrián es uno de ellos.

