jueves, 22 de septiembre de 2011

Extracto del diario de sesiones

Acta de la tercera sesión ordinaria del periodo 2011-2012 celebrada por el Senado Atlético representativo y autóctono del Bar Casa Maxi.


18:00 horas: Se inicia la sesión del senado atlético dos horas antes del comienzo del partido a requerimiento de los horarios que tan bien reparte la Liga de Fútbol Profesional. Preside la misma el actual arrendatario del local, Don Maximiliano Autillos, y modera y administra Don Santos Tenderete por su condición de parroquiano más veterano al ocupar el mismo taburete en el local desde hace veintitrés años, sin importar que el local haya pasado por las denominaciones de El Rincón Alcarreño, Bar Asunfer y Sauna Delfos (hecho éste que provocó más de un malentendido con clientela puntual del establecimiento con respecto a la identidad sexual del señor Tenderete).

Asistentes:

Don Maximiliano Autillos
Don Santos Tenderete
Doña Adelaida Minucias
Don Epifanio López de Pantorrillas y Rocamora
Don Arístides Ventolera

Orden del día:

1) Estado del equipo prepartido:

Los asistentes no son capaces de llegar a un acuerdo total al respecto. Tras dura controversia se acepta utilizar como símil de la situación del equipo el de la botella medio vacía o medio llena según quien la mire. Consta en acta la enérgica protesta del presidente y gerente del bar ante la figura buscada para comparar, dadas las voces maledicentes que le acusan de rellenar las botellas de vino y agua mineral con agua del grifo sin hacer distinciones. Los próceres del senado atlético opinan que el equipo no anda mal, pero que es pronto para lanzar las campanas al vuelo y aportan como prueba duras caídas ocurridas en nuestra reciente historia. 

Unánimemente acuerdan calificar rotaciones de ciertos jugadores como peligrosas y se decide destinar un presupuesto de 100 euros, recaudados en base a las cuotas de consumo en el bar, a poner velas al santo que más milagroso se haya mostrado en el último trienio para que Falcao no se lesione.
Sin más asuntos que tratar, la sesión se levanta, como de costumbre, cuarto de hora antes del inicio del partido, estimándose un receso de dos horas menos cinco minutos, por los cambios, más que nada.




22:00 horas: Se vuelve a levantar la sesión alcanzado un quórum mínimo y disculpando al señor Ventolera, ya que, fruto de un avenate tan propio de él como acorde a su apellido, anunció que se iba para Neptuno con el objeto de ir guardando sitio ante futuras celebraciones que habrán de llegar.

2) Estado del equipo postpartido

Por primera vez desde que se constituyó ésta asamblea el acuerdo ha sido unánime, por lo que serán de inmediata vigencia las siguientes disposiciones:

·         La botella no es que esté medio llena, es que rebosa a ojos vista.

·         En cuanto a la defensa, se estudiará la posibilidad de incluir a Miranda y Domínguez en el listado de centrales míticos. Los laterales pasarán directamente a denominarse puñales hasta nuevo aviso. En futuras sesiones, y de continuar la dinámica existente, se postularán calificaciones análogas para otras líneas del campo.

·         El senado se pondrá en contacto con el departamento de prensa de Don Gregorio Manzano para hacerle llegar un escrito pidiendo disculpas por la falta de ilusión y hasta el fastidio con el que fue acogido su nombramiento como técnico. Se adopta también la decisión de declarar las rotaciones como "bien de interés colchonero".

·         Por aclamación, se ha aprobado el arriado del jamón que llevaba desde la apertura del negocio hostelero (y posiblemente más, según confirma un epatado Sr. Tenderete) colgado del ventilador. Se decide ponerlo a remojo y ver su evolución tras la imposibilidad de ser cortado aún con la sierra de calar que la Sra. Minucias guarda en el maletero de su utilitario para ocasiones señaladas.

·         Se propone la apertura de la peña Falcao con sede social en el local. Se emitirá petición de hermanamiento con el colmado colombiano de la acera de enfrente de cara a próximos acuerdos de colaboración. El Sr. López de Pantorrillas y Rocamora anuncia incluso que, de ser un varón el bebé que espera su hija la mediana, propondrá convencido el poner al niño de nombre Radamel, aunque ello rompa una tradición familiar que se remonta a varias generaciones.

Se levanta la sesión entre vivas varios a Colombia, a la madre que los parió y algún que otro recuerdo de menor calado sentimental a la familia del señor árbitro que dirigió el encuentro. Se acuerda también la instauración del estado de euforia algo menos comedida, al menos hasta el próximo fin de semana. 
  
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Damas y caballeros. Queridos todos, intentemos mantener los pies en el suelo pero, disfrutemos mientras podamos y atrevámonos a decir sin temor a equivocarnos que Falcao es un delantero de escándalo. 

lunes, 19 de septiembre de 2011

El fin del onanismo (balompédico, no sean malpensados)


– Mariano, por más que yo sea tan fan de Carmen Machi, vamos a tener que dejar de comprar Activia. Desde que el niño ha entrado en la adolescencia se le ha cambiado el metabolismo y, aún siendo de naturaleza estreñida como toda mi familia, ahora está casi siempre suelto y se encierra en el baño más que de costumbre –dijo la madre con esa preocupación desconocedora que gastan algunas madres con respecto a sus retoños.

– Será eso....Seguro que sí –añadió el padre sin quitar la vista del autodefinido del dominical.
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Pues parece que podemos dar por finalizada de manera oficial la etapa del onanismo futbolístico en nuestro Atleti. Sí, sí, de momento solo eso. Dejémonos de hablar de exhibiciones, de tiqui tacas y hasta de candidaturas precipitadas a nada. Separemos la paja (precisamente...) del grano y quedémonos con el pájaro que tenemos en la mano (¡vaya!….) que los ciento que vuelan ya llegarán si tienen que hacerlo. El camino que se ha tomado no parece malo, desde luego.

¿Que a qué viene lo del onanismo? Pues básicamente a que, desde tiempos recordados con añoranza, hemos pasado una travesía caracterizada por tácticas basadas en el principio futbolístico de Juan Palomo, eso sí con matices: Nadie lo guisa y yo me lo como. Lo sufrió principalmente Torres. Lo sufrieron Forlán y ese otro del que ya no queremos ni acordarnos, ese que tiene que llevar al psicólogo a un hijo traumatizado por la carencia afectiva que le ha dejado la separación de Indy, su amigo mapache de ropa raída con quien se fotografiaba un día sí y al otro también. Lo sufrimos todos al fin y al cabo. La estrategia era sencilla, patadón arriba y que el bueno haga lo que pueda rodeado de contrarios, muchas veces en clara inferioridad, hasta de cinco contra uno (¡ay, ay, ay!...). Amor propio en estado puro. Un torpe descubrimiento de los amores por más que señores tan graciosos como Woody Allen digan que la masturbación es hacer el amor a la persona a la que más quieres.

Pero las cosas han cambiado, damas y caballeros. El inicio de esta temporada nos ha traído un Atleti que se echa colonia y se pone su mejor camisa para salir a buscar al buen juego como pareja de baile. Por fin hemos comprendido que estas cosas cuando se hacen en compañía tienen más gracia. Quedó atrás ese tiempo de individualismo (recordemos a Banega y su afición por las webcams) y hemos pasado a tener un equipo ligón. Un equipo que pretende sentar sus bases sobre el cariño al balón. El conjunto ha crecido innegablemente, el pretérito acné y el pelo grasiento con el que el triunfo era una casualidad ha dejado paso a una circulación de pelota atractiva y de mirada interesante. Y es que este nuevo corte de pelo nos sienta bien, francamente bien. Parece descuidado pero está milimétricamente medido, con sus laterales profundos y sus centrocampistas participativos y dinámicos a la altura de las patillas.

No por ello, debemos omitir que, cuando de temas amatorios se trata, el equipo anda algo verde dentro de la buena intención general. En estos temas es necesario medir tiempos, dar importancia a los preliminares con los que se inicia cualquier jugada. Nada que la experiencia que traerá el paso de los partidos no pueda solucionar. Contamos con grandes ventajas de antemano. Un galán del área, el amante ideal del remate. Con ese toque que tienen los protagonistas de telenovela para llevarse del brazo al balón al huerto de las redes con sólo una caída de ojos. Tenemos a un brasileño que trata al cuero como se merece, siempre tiene un plan para él y le saca de paseo de banda a banda o por el interior para que éste no se aburra. Tenemos también a un turco, que sin ser una belleza, conquista a la pelota con sonrisa de pillín y contando chistes subidos de tono. Tenemos a un veterano como Perea al que las canas han atenuado los nervios que mostraba en sus anteriores escarceos para jugar el balón. Tenemos un centro del campo que acaricia la pelota en su medida justa y no pretende ir demasiado rápido con ella. Tenemos ganas de que llegue la siguiente cita. Tenemos ganas de más.

Nos faltan algunas cosas también, no crean, que porque andemos empezando la relación no por ello debemos dejar de ver la viga en el ojo propio ni la paja (¡anda que!...) en el ajeno. Algo de constancia a la hora de mantener la chispa a lo largo de todo el partido. Falta también que Reyes comprenda que no debe entorpecer el idilio interrumpiendo la conversación, como ese amigo que te viene a preguntar sobre la hora a la que os vais a marchar cuando ya andas acortando distancias con tu partenaire. Ya les digo, habrá que limar detalles y trabajar cada día para que estas mariposas en el estómago que se empiezan a sentir se instalen y cuajen en algo que podamos recordar con una media sonrisa ¡Qué cosas tiene el corazón! La primera vez que vimos al equipo nos pareció medio feucho y esmirriado, y a medida que pasan los días, nos empieza a hacer tilín.

¿Será que nos estamos enamorando?

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El sexo es hermoso entre dos personas. Entre cinco es fantástico

Woody Allen.

(…y entre once no les cuento…)

viernes, 16 de septiembre de 2011

Otros tiempos. Buenos tiempos

Olía a gran partido. Olía a partido histórico. Se aderezaba además con una cuenta pendiente abierta durante treinta y siete años. Desde que desarrollamos un discutible uso de razón, nuestros mayores nos han puesto al día hablando de ésta y otras mil batallas. Tal vez de ésta, más veces. Contiendas que las aficiones guardan en un código genético común que comparten varias generaciones. Los que en esa época andábamos más preocupados por inquietarnos si se retrasaba el batido de frutas, hemos asumido como nuestra la actitud heroica y la defensa numantina que ocho valientes tuvieron que hacer cuando tres de los suyos cayeron abatidos por las balas rojas y amarillas que disparaba un árbitro turco con nombre de gigante y leyenda negra de igual tamaño para nosotros. Algo más que un encuentro y que un resultado. Una contienda étnica entre los melenudos morenos y los pelirrojos desdentados. Historias de otros tiempos. Buenos tiempos.



Tiempos en los que se acudía al estadio de traje. Tiempos en los que podías acceder con banderas de mástil de madera, con bota de vino y hasta con tapones de refresco, ese elemento tan peligroso para la seguridad pública que se requisa sistemáticamente provocando escenas en las que aficionados se beben casi de un tirón dos litros de bebidas carbonatadas en la puerta con un guardia jurado de testigo mudo, como el barman de un club de entreguerras con sucursal al lado de un torno. Tiempos en los que las camisetas no eran ligeras, tiempos en los que el sudor se exhibía como una medalla en ellas. Tiempos de escudos hilvanados sobre las mismas. Eso sí era sentir el peso del escudo físicamente. Peso y roce. Costuras de un escudo que pellizcaban corazones con su roce. Tiempos de pantalones estrechos. Tiempos en los que los protagonistas no eran tan guapos ni tan ricos, pero no eran tan tontos ni tan arrogantes, ni mucho menos. Cosas de otros tiempos. Buenos tiempos.

Durante la semana, desde las islas se ha recordado la eliminatoria de hace ya años con ese respeto por las tradiciones que los británicos atesoran. Hablando de tradiciones, se dice incluso, posiblemente exagerando, que cualquier jugador que ficha por uno de los históricamente grandes equipos del lugar debe pasar una mañana con una vieja gloria que se sienta con él para explicarle qué significa esa camiseta, ese estadio, qué ha pasado allí y cómo debe comportarse. Decía yo lo de exagerando porque no parece fácil imaginarse a Reyes a su llegada a Highbury asimilando lecciones de historia gunner de la mano de un veterano y sacando nota en un control sorpresa. Como les decía la prensa británica, en su vertiente amarillo limón, desempolvó historias de otros tiempos en la previa del partido, aportando testimonios que tildaban de escoria a las huestes rojiblancas. Por su parte, la prensa española deportiva, siempre más pendiente de un nuevo tatuaje en la nalga izquierda de alguien que se cree envidiado que de aspectos técnicos, contraatacaba con estadísticas de esas que se han puesto de moda en las retransmisiones para hacer más accesible el entendimiento del juego: “Es normal que vayamos perdiendo cero a cuatro, porque se han sacado menor número de corners a pierna cambiada y de empeine exterior que el contrario”, dicen algunos analistas de barra de bar influidos por la tendencia de inundar con datos el juego. Y es que el fútbol ya no es lo que era. Algo se ha quedado en el camino. Aromas de otros tiempos. Buenos tiempos.

Muchos nos enfrentábamos al partido con una expectación conocida aunque pocas veces vivida. Un cosquilleo transmitido hace años y dormido normalmente. El caso es que no fue para tanto. Tal vez porque el contrario se presentara vestido de Borussia Dortmund en vez de con la camiseta compartida con el antigua Sporting de Lisboa, ahora Sporting de Portugal por obra y gracia de los tiempos modernos. Tal vez porque sea difícil que los contendientes lleven ese cosquilleo en sus entrañas habiendo nacido en Corea, en Colombia o en Constantinopla. Fue un partido más. No fue malo, no crean. Un partido en el que cada uno siguió el papel marcado a rajatabla: el goleador estrenó una cuenta que esperamos fructífera, el cerebro descerebrado se ofreció, creó y templó, el gambeteador gambeteó y conquistó líneas de fondo para regalar goles con lacito, el portero de flequillo parabólico se volvió a mostrar seguro para mayor gloria del magnate ruso del gas conducido y el equipo asumió las rotaciones con una solvencia inesperada. Pero faltó algo. No sé. No les podría decir qué. A lo mejor alguien acalambrado que sale medio cojo para rematar un gol. Puede que una venda de esas que se pone en la cabeza para tapar hemorragias con un toque baturro. Ya les digo, no lo tengo claro. Solo sé que me dejó una sensación de añoranza. Algo extraño para los que no hemos tenido la suerte de vivir tantas noches con ese cosquilleo alojado en las tripas. Habrá que acostumbrarse, porque esas parecen sensaciones de complicado rescate. Sensaciones de otros tiempos. Buenos tiempos.