sábado, 25 de diciembre de 2010

Regalo navideño para fans de la Agonía del Mediapunta

Tomen esta historia como un regalo navideño sin ánimo de crear polémica o debate. Se trata de una vuelta a la esencia de la Agonía. Una manera de entretener y homenajear a los fieles que me acompañan desde el principio o los que se acaban de incorporar a esta, su casa. Va dedicado especialmente a aquellos que se siguen sentando en las cenas propias de estas fechas al lado de ese cuñado que les cae tan gordo. Para los que prefieren comprar en el colmado en vez de en las grandes superficies. Para los que se resisten a dar al trapero sus viejos casettes de música esperando un nuevo esplendor para el soporte. Para los que consideran que el cuarto y mitad sigue siendo una unidad de medida indispensable a la hora de adquirir fiambre. Para los “mediapuntistas” o para “los agónicos” y también para Doña Eufemia, a la que seguro gustarían mucho las tontadas que se le ocurren a su nieto.
Va por ustedes con mis mejores deseos…
-Muy buenas ¿Qué tal se presenta la noche? –dijo a modo de saludo Ordóñez, el más veterano de la Secretaría de Deportes del Ministerio de Asuntos Vampíricos, aparentando un interés por el trabajo que todos sabían perdido desde hace mucho tiempo.
-Como siempre Don Aurelio, muy liada –respondió Carlitos, el becario-. Hoy nos toca censar y catalogar varios expedientes.
-¡Ay Carlitos, qué duro es el trabajo! Cuando yo me saqué la oposición, no se echaban tantas horas y podíamos escaparnos a tomar un pinchito de morcilla o de sangre encebollada a medianoche. No te envidio Carlitos, no te envidio–respondió mientras el becario le miraba con esa admiración que provocan los caraduras.
Aurelio Ordoñez llevaba en la Secretaría desde su creación, a la que llegó trasladado de otro Ministerio, de un puesto importante decía él. Acumulaba 237 trienios y poseía una habilidad casi sobrenatural para manipular los fichajes e interpretar siempre a su favor las normas sobre cómo coger las vacaciones. Se acercó al tablón de anuncios después de sacarse de la máquina un café bien calentito y anunció en voz alta que él hoy iría a censar a un equipo femenino de baloncesto.
-Lo de la carrera ciclista se lo vamos a dejar a Sánchez, que a mi esa sangre me repite mucho, yo no sé qué le echarán. Carlitos, ¿cuánto tiempo llevas tú convertido? –inquirió.
-Casi catorce años Don Aurelio, trece de ellos aquí, ya estoy a punto de que me hagan interino.
-Claro, cosas de los que habéis entrado con el convenio nuevo. ¿Y por qué te quisiste presentar?
-Por la seguridad, porque siempre me ha parecido elegante llevar una capa como Ramón García y por lo que se liga como vampiro.
-¡Vaya picarón, qué bien os ha venido a los de tu edad esas gilipolleces como Crepúsculo!
-Se hace lo que se puede Don Aurelio, como todo el mundo.
-¿Y a ti que toca hoy Carlitos?
-¡Mi primer partido de primera división! –respondió ansioso el joven-. Voy al Calderón, a censar a los jugadores del Atleti.
-¡Uy, los jugadores del Atleti! Pues no he censado yo de esos desde que entré aquí: Luís, Gárate, Pereira, Leal, Futre, Caminero, Pantic y hasta una noche censé a Arteche.
-¿Y cómo fue Don Aurelio? ¿A qué sabían?-preguntó Carlitos con los ojos como platos.
-Sabían mejor que ninguna de las que hayas probado en el mundo, te lo digo yo he catado sangres de practicantes de todos los deportes. Como la sangre de un auténtico Atlético no hay ninguna.
-Pues que suerte tengo, ¿no? –dijo sonriendo el funcionario de nuevo cuño casi relamiéndose.
-No Carlitos, no. ¿Por qué te crees que hace tiempo que ya no voy a censarlos? Ahora saben de otra manera. Ya no es esa sangre rojiblanca que te dejaba regusto a fruta en la boca, la sangre que se ponía en las bodas de alto copete. Las últimas añadas han salido malas, aunque el año pasado salió una buena cepa, pero fue de chiripa.
-¡Ah!-respondió con decepción Carlitos, retrayendo con bisoñez los colmillos.
-¿Y sabes lo peor? ¿Sabes por qué lo dejé? Pues porque hace un par de años censé a un jugador del Atleti que no es que no supiera bien o que tuviese la sangre mal conservada como consecuencia de la interrupción de la cadena del frío, no. Era que no tenía sangre directamente –dijo Aurelio con el énfasis que da la veteranía.
-No me asuste Don Aurelio, que si me encuentro algo así soy capaz de desmayarme –exclamó azorado.
-No te preocupes Carlitos, no te lo vas a encontrar. Ahora su expediente lo lleva la sucursal del ministerio en Alemania.


Feliz navidad a todos....

jueves, 23 de diciembre de 2010

La Copa Navideña

Supongo que a nadie de ustedes le habrá tocado la lotería, ¿no?
-No Don Emilio, sepa usted que a mí me ha tocado lo que jugaba en una participación de cinco euros que llevaba a medias con mi cuñado. Aunque bueno realmente solo jugábamos cuatro euros, el resto era donativo para el viaje de paso del Ecuador de mi sobrino, que estudia para higienista dental.
-Bueno, siempre los hay con suerte en la vida. Que usted lo gaste con juicio.
Pues dándo de antemano la enhorabuena a los premiados, vamos con la historia de hoy, evidentemente de tintes navideños:
El Sr. Guzmán, director de la empresa, accedía sólo una vez al año a mezclarse con el vulgo con motivo de la copa navideña. Le gustaba constatar que tradiciones como el “efecto paloma” seguían vigentes en el imperio que fundó su padre. La teoría del “efecto paloma” sentaba sus bases en el axioma de que si apareces con comida y bebida por la oficina, los empleados se arremolinan alrededor zureando, pero si por el contrario te acercas sigiloso con ánimo de que se tramite un pagaré o una nota de abono a 90 días se dispersan lo más rápido que pueden.
-López, póngame al tanto del estado de daños- exigió el director al pelota oficial antes de iniciar la ronda de brindis golpeando con su tenedor de plástico la copa de cava (de plástico también, claro).
-Señor Guzmán, con los datos recogidos hasta esta hora y teniendo en cuenta que no encontramos a nadie de Seguros en un estado de consciencia mínimamente presentable para reportar, la participación en el sarao ronda el 75 por ciento. Solo se han producido incidentes reseñables entre las mesas de los de Riesgos por una polémica sobre en cuál de ellas se había servido más queso curado. Por otra parte, se ha sorprendido en los lavabos y con claros síntomas de ajetreo al jefe de Ventas con su secretaria, la de usted vamos, dicen que repasando el balance de fin de ejercicio.
-Total, lo de siempre –respondió con hastío el jefe máximo–. Hable con los del catering, que no reparen en servir bebidas espirituosas.
El Sr. Guzmán tenía especial interés en que sus asalariados bebieran más de la cuenta en esta copa navideña porque tenía previsto comunicar la ejecución del ERE total que le habían autorizado los del ministerio. Aún así, como buen experto en comunicación y presentaciones efectivas había preparado un par de sorpresas adicionales: un grupo de bailarines y bailarinas de calendario (por llevar poca ropa, no por santos) y una cesta para cada empleado que incluía una paleta ibérica de cebo con muy buena pinta, que lo cortés no quita lo valiente.
Ya en el cenit de la fiesta, con corbatas anudadas a la cabeza y constantes vivas al señor director, a su difunto padre y fundador y a la madre que los parió, el Sr. Guzmán se levantó para dar la terrible noticia…
-Coño López, tantos años peloteando y a ti también te han echado –comentó alguien de Impagados con bastante sorna.
-Hombre, echarme sí, pero mira que lata de espárragos de Navarra viene en la cesta, esto no lo he catado yo en la vida. Y fíjate, he conseguido el teléfono de dos de las strippers ¡Vaya detalle el del señor Guzmán!
-López, estás tonto, ¿no te das cuenta que estamos en la puta calle?
-Lo que tú quieras, pero siempre nos quedará el recuerdo de esta copa.
¿Les suena a algo mis queridos lectores? Venta de titulares con nocturnidad, alevosía y casi fuera de plazo, cortinas de humo con forma de fichajes de baratillo que intentan taparlas, caramelos envenenados para que los niños no reflexionen sobre si esa gestión está destinada a distraer las vergüenzas. Copas navideñas que ocultan segundas o terceras intenciones. Muchos López que asistimos a lo que nos echen contentos e impávidos. Pero vayamos a la actualidad, al fútbol. Vayamos a la Copa, a lo que nos queda. Vayamos a la competición a la que debemos agarrarnos como a la fruta escarchada de la cesta.
La función navideña empezó sin que muchos padres hubieran llegado al campo por el tráfico o por el cierre de los comercios (que es una variable que como saben afecta al fútbol una barbaridad). De entrada Osvaldo empezó bordando su papel de Herodes, metiendo miedo a los pastorcillos de la defensa y en especial a Perea, que daba claros síntomas de no saberse bien el papel. Pero poco a poco la cosa se fue entonando, cada vez los nuestros actuaban mejor, no con brillantez, no crean, que a fin de cuentas esto es una función escolar, pero serios y sin tartamudeos ni dudas. También el árbitro cumplió con su doble papel, por un lado Rey Mago concediendo un penalti que tal vez fuera falta y por otro lado caganet con diarrea de criterio.
Hay que destacar también el papel en la representación de varios protagonistas más: el Niño del Portal, De Gea, que a pesar de estar dolorido por culpa de Herodes hizo un milagro en forma de parada a remate de cabeza a bocajarro. El figurante que cruza el río de papel Albal y que casi no tiene frase, o sea Assunçao, cuya presencia siempre da equilibrio entre las dos orillas del puente, defensa y delantera. Luego estuvo Reyes, que hizo el papel de pavo, sí, sí, de ese pavo que se compra en octubre con ánimo de cebarlo para luego ser sacrificado. Por un lado, al pavo se le coge cariño por el roce, se le mira como a una mascota que levanta la patita cuando le tiras un altramuz pero por otro lado te das cuenta que al final será un pavo siempre y que su fin es acabar rodeado de patatas y lombarda. Muy bien Kun, que ayer ayudó en la puerta cortando entradas y dando los programas, se encargó de las luces, echó una mano como atrezzista y responsable de vestuario y acabó extenuado por el bien de la función.
Pero si alguien lució ayer en la representación fue Simao. El público no paró de grabar la actuación del luso con sus cámaras traídas de antiguos viajes a Andorra porque se sabía que iba a ser su última función en el colegio. Los más malpensados insinuaban que Simao seguro que no forzaría la garganta al declamar su texto por eso de que se va, pero se equivocaban. Incluso protagonizó el momento cumbre de la función, lo que le hizo tener que salir a saludar tras la bajada de telón ante la aclamación popular. Se va un profesional de la actuación, sí señor, ojalá que le vaya muy bien.  
Una vez todo el público se había ido, entre bambalinas se comentaba que no había tocado ni una maldita pedrea de esos décimos comprados en la Puerta del Sol. Valera, siempre oportuno, adujo que lo importante era la salud mientras Forlán con la pierna en alto por un golpe que se había dado al bajar de la escalera a la que se había subido para una mejor ambientación de su papel de Ángel Anunciador, maldecía entre dientes fulminándolo con la mirada.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Hay días...

Hay días en los que al levantarte no consigues encontrar las zapatillas de estar en casa. Entonces recuerdas que te quedaste dormido en el sillón (¡por eso te duele el cuello tanto!) y te encaminas al salón descalzo, andando sobre los talones para no sentir el frío.
Hay días en los que el coche no te arranca. Llamas a tu cuñado para que traiga las pinzas y aparece con unas de depilar. Ante tu extrañeza argumenta que pensaba que las querías para recolectar esos antiestéticos pelos que han arraigado en tus orejas.
Hay días en los que tu hija la pequeña aparece por casa con un jovenzuelo de botas con lengüeta por fuera que intenta mostrar ante ti sus mejores modales de colegio subvencionado. Pero tú le miras sabiendo qué es lo que busca, cuál es su fin último. Podrá intentar causarte buena impresión poniendo la mejor de sus sonrisas o intentando domar el pelo de cherokee que a tu niña le parece tan “in”, pero a ti no te ha engañado a pesar de que les dejarás el coche para ir a las fiestas del pueblo de al lado.
Hay días en los que tu suegra emite un comunicado quejándose de la informalidad de los que tienen que acuchillarle (¡uy, casi!…) el parquet, lo que obliga a acogerla en tu casa durante un tiempo indefinido. Ya por la tarde cuando te sientas ante la tele para ver el fútbol, ella pregunta inocentemente a su hija si no ha visto el programa de Maria Teresa Campos porque está muy bien y te tienes que ir a la salita para ponerte la radio muy pegada a la oreja mientras dura el partido lo que hace que andes todo lo que resta de la tarde haciendo publicidad de Sanyo en la sien.
Resumiendo, hay días en los que no debieras haberte levantado, días en los que comprendes cómo debe sentirse la familia de Steven Seagal, que mucho zen y mucho maestro en artes marciales pero cuando se ausenta de casa sus allegados suelen sufrir secuestros, violaciones y mutilaciones varias; que ya sabemos que luego se venga con éxito a pesar de enfrentarse en solitario a una organización que cumple todas la best practices del crimen, pero es que estas cosas es mejor prevenirlas.
Hay días en los que el Atleti visita campos como la Rosaleda, campos que no se le dan bien, campos de equipos de esos de la zona media baja en los que estamos acostumbrados a pegar el petardazo.
Hay días en los que nuestro equipo se juega algo más de tres puntos, se juega volver a alimentar la ilusión de muchos de los suyos después del fracaso de la eliminación de la competición que ganó el año pasado. Ya sé que a nuestro entrenador no le parece un fracaso, pero lo es. Ya se que al sobrino de la interprete más famosa de “la Zarzamora” le parecerá sólo una decepción, pero hay muchos de los nuestros a los que estas cosas le hacen ir al trabajo al día siguiente más cargados de hombros, tristes y hasta inapetentes:
        -Ruiz, ¿te vienes a desayunar?
-No gracias, voy a terminar el informe para el encargado, no vaya a pedirlo como hizo hace seis meses por sorpresa.
Hay días en los que juegas con un rival muy débil, días en los que te das cuenta que hay equipos que defienden aún peor que tú las acciones a balón parado. Habrá algunos a los que el cuerpo les pida sacar pecho, pero no está la situación para eso, ni mucho menos. ¿Se ganó sin pasar apuros? De acuerdo. ¿Fuimos superiores? Desacuerdo, sólo se tuvo más puntería y se aprovecharon los regalos prenavideños.
Hay días en los que te preguntas por qué si el equipo sigue sin jugar a nada, se cambian constantemente las mismas piezas y no se da entrada a otras. También te preguntas si sirven para algo los castigos que el cuerpo técnico reparte entre los jugadores (ahora léase Godín) como lo haría un profesor de filosofía gruñón.
Hay días en los que piensas que finalmente sí iras a desayunar mañana. Seguro que nadie ha visto el partido porque les parece aburrido y puedes exagerar el juego de tu equipo diciendo que pudo ser una goleada de escándalo pero es que no se quiso hacer sangre.
Hay días en los que te vas a la cama después de poner cuidadosamente alineadas las zapatillas de estar en casa al borde de la mesilla. Hay días en los que no paras de dar vueltas y ves desfilar las horas ante ti nervioso porque mañana tienes que madrugar, las dos, las tres…, días en los que tu mujer pregunta que qué te pasa hoy, que por qué no paras de dar vueltas. Cuando pierde porque pierde y cuando gana tampoco duermes. Y tú piensas que se ha ganado, sí, pero dejándote la misma sensación que cuando no se hace.
Hay días en los que, ya casi amaneciendo, oyes entrar un coche al garaje, un taconeo en las escaleras y una llave en la puerta de la calle. Y entonces empieza a darte el sopor, y ya casi dormido piensas que el día no ha estado tan mal, que la niña ya está en su habitación. Y te planteas que hace tiempo que no es el Atleti lo que te quita el sueño, y que puede que haya muchos como tú, y que alguien debería preocuparse por ello.