lunes, 21 de marzo de 2016

Carta abierta (en canal) al Sr. Tebas



Estimado Sr. Tebas,

Ante todo disculpe usted el atrevimiento de dirigirle estas líneas. Seguramente andará usted muy ocupado en las tareas propias de su cargo, pero le ruego sepa encontrar un hueco para leer esta inocente misiva entre la vorágine de promociones, de asignación de horarios a mala idea o de decisiones tan relevantes como la del punto de la carne del chuletón de buey que gusta usted de meterse entre pecho y espalda con bastante frecuencia.

Le escribo primero como aficionado al fútbol y, siempre, como seguidor del Atlético de Madrid. Sí, del Atleti, ese equipo tan molesto que de un tiempo a esta parte se ha creído con el derecho de autoinvitarse a la fiesta que usted y sus amiguetes preparan cada año para que se lo pasen bien los dos de siempre. Comprendo que debe ser un fastidio mayúsculo para usted, sobre todo por su condición, nunca ocultada, de seguidor del equipo de las mocitas, que al sur de la capital haya surgido un rival incómodo e inesperado. No debe ser fácil preparar el baile con el mimo que ustedes, ilustres próceres del balompié patrio, derrochan cada temporada. Diríase que la Liga es para usted como una hija a la que colma de atenciones y caprichos. A cambio de traerla en palmitas, usted y sus congéneres esperan de ella que otorgue sus amores a un pretendiente a la altura de las expectativas. Uno que haya estudiado al menos en un colegio tan bueno como en el que ella se ha formado. Imagino la desazón que le sobrevino cuando hace un par de temporadas la niña se presentó en casa del brazo de un novio vestido de rojo y blanco educado en la universidad de la lucha sobre el césped. Normal que no se haya recuperado aun. Casi le compadezco.

Haciéndome cargo de su situación, me gustaría, no obstante, recordarle que su condición de caudillo del asunto del balón se asienta sobre la soberanía de todos los equipos de primera y segunda división. Por ello, cuesta entender el criterio con el que vuesa merced reparte los horarios que se sufren cada semana. Sorprenden los descansos generosos que unos contendientes disfrutan cuando otros malviven teniéndose que bajar del avión vestidos de corto, como quien dice, para poder cumplir con la apretada agenda a la que sus ocurrencias les someten. Tampoco hay que desdeñar cómo usted, despreciando sistemáticamente a esa, a su juicio, molestia innecesaria llamada aficionado, programa encuentros los lunes o los viernes en horario casi de after hours, incluso en invierno. Cierto es que debe ser complicado: horarios Premium, horarios valle, horarios para contentar al mercado asiático o al mercado de abastos. Un dislate, vamos, y más con lo volátiles que andan los mercados últimamente.


Quisiera hacerle ver que las camisetas blancas con las que usted y sus churumbeles se fotografían sin pudor a la menor ocasión son abonadas proporcionalmente por todos los clubes que conforman la asociación con ánimo de lucro propio que usted dirige. El nuestro incluido, por más que a usted le disguste. Sería necesario hacerle entender que no queda muy ético fijar partidos futuros presuponiendo eliminaciones de nuestro equipo en competiciones internacionales. No confunda la realidad con sus deseos más fervientes, haga el favor. Debería saber que hay unos cuantos dispuestos a denunciar sus desmanes para con el Atleti. Humildes aficionados a los que a veces les da por juntar letras, como es el caso, decididos a defender lo que los dirigentes de nuestro club no defienden, quién sabe por qué. Sería deseable además, puestos a ser puntillosos, que usted no se permitiera el lujo de hacer bromas con respecto a las exiguas horas de plazo entre un partido y otro que acostumbradamente receta usted a los de la ribera del Manzanares. Si el Atleti sigue ganando es a pesar de usted. No hay nada que agradecerle. Ni en broma.

Sinceramente, no espero que esta carta le haga reflexionar sobre las despóticas formas con las que usted ejerce su ministerio. Despóticas y cobardes, debo añadir. Solo desde la cobardía puede entenderse que su alocado amor por el pálido conjunto no influya negativamente en las sesiones que usted programa para ese otro equipo al que usted adora sin amar. Ahí no se atreve, por si acaso los medios le acusan de centralismo o de poco fair play. Desgraciadamente, en este país la justicia o la injusticia en términos futbolísticos se miden tomando solamente dos únicas referencias. Al resto se les trata como lo que son para ustedes. Relleno. Figurantes de una película en la que el final se marca de antemano. Todo era armonía hasta que apareció el Atleti, dispuesto a saltarse el guion preestablecido. Imagino cómo se sofocó cuando ocurrió.

Me despido, señor Tebas. No quisiera que mi impertinencia hiciera que se le enfriara la carne, ni mucho menos. Dado que no espero rectificación por su parte, al menos le rogaría que se guardara usted esa sonrisita que exhibe cuando es preguntado sobre los retorcidos horarios a los que somete al equipo de nuestros amores. Le aconsejo que la esconda detrás de alguna de las fotos que inmortalizan sus continuadas presencias en el estadio de Concha Espina. Mejor mantenerla a buen recaudo, no vaya a ser que otro día de estos los jugadores del Atleti le vayan a dar otro disgusto pese a su maltrato hacia ellos. Si eso ocurre, la sonrisita se le va a quedar helada. Lo mismo que el chuletón.


Atentamente

jueves, 17 de marzo de 2016

En este lado de la vida

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160316/Deportes/4826/Atletico-de-Madrid-Champions-League-eliminatoria-PSV-penaltis-fe-Juanfran-La-Colchoner%C3%ADa.htm

En este lado de la vida se sabe que lo sencillo suele estar hermanado con la vulgaridad e incluso con la injusticia. Las guerras ganadas de antemano no alimentan recuerdos ni los favoritos contemplan los campos de batalla con la voz tomada y el corazón acelerado. El destino, del que se sospecha vestimenta rojiblanca, engalana los corazones con las muescas de noches como la de ayer a la ribera del Manzanares. Noches imperfectas, llenas de escaramuzas, sustos y momentos solo explicables desde las entrañas. Benditas noches.

No fue el mejor partido que se recuerda ni falta que hizo. Fueron ciento veinte minutos intensos con la propina de una tanda ya grabada en la memoria colectiva. En el libro de las grandes citas quedarán las emociones desbordadas, las imágenes de un Calderón que lucía dolorosamente guapo, los inicios titubeantes, los niños hechos hombres, las hombres que siguen siendo lo suficientemente niños para inyectar litros de ilusión, la estampa de un rival más fiero de lo que pintaron y la divina humanidad que se hizo carne en el pinchazo del muslo de un central uruguayo.



Los penaltis, suerte suprema ajena a estadísticas y predicciones, premia al que lleva la determinación prendida en la mirada. “Nunca dejes de creer”, rezaba el visionario mensaje que la grada remitió a sus jugadores. No flaqueó la fe. Incluso los lanzamientos con más suspense fueron empujados a la red por la fuerza de tantas almas creyendo al mismo compás. No puede calificarse de capricho que fuera Juanfran, el hombre que comprendió lo que otros no pueden entender, el último protagonista de la celebración.

En esta orilla de la existencia, se valoran de otra manera las hazañas y las decepciones. Victorias y derrotas se alían, confundiéndose, para dejar paso a lo fundamental. Un año más el Atleti se encuentra situado en la línea de salida de la maravillosa carrera hacia los sueños. Las más de las veces, alcanzar lo soñado pasa por noches en las que es imposible pegar ojo, como la de ayer. 

jueves, 10 de marzo de 2016

Disidentes

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160309/Deportes/4695/Simeone-Cholo-Atleti-La-Colchoner%C3%ADa.htm

Transitaba servidor de ustedes la otra tarde por las redes sociales, esas nuevas metrópolis en permanente huelga de recogida de basuras, cuando me topé con un lobby pretendidamente atlético que criticaba a Simeone descarnadamente. Le acusaban de defensivo, básicamente. Argumentaban que las alineaciones del técnico tendían a la superpoblación de mediocentros. Le imputaban el delito de maniatar la creatividad, de cortar las alas a la imaginación. Todo ello después del derby, del partido de Mestalla y del encuentro en casa con la Real, que no fue tampoco moco de pavo. Ahí queda eso.

Esta nueva liga de la justicia estética con la me cruce de manera casual defendía un dibujo menos encorsetado, un modelo en el que se amontonaran los delanteros y los mediapuntas  -¡oh, cielos!- desordenadamente. Consideraban los gurús del grupo disidente que el talento estaba siendo maltratado por el Cholo. Entre sus reivindicaciones, exigían la inmediata alineación, todos a la vez y por decreto, de Griezmann, Vietto, Correa, Carrasco y Óliver. No llegaban a pronunciarse sobre Torres, pero sospecho que le harían un hueco en su alienada formación, no fuera ésta a tildarse de reservona por algún purista epicúreo ante la ausencia de un nueve más cartesiano. Opinaban, además, que hacer trabajar en la presión y en la fase defensiva del juego a los anteriormente citados era de una vulgaridad infamante, algo cercano al delito artístico, como quien dice. Sostenían a una sola voz que los futbolistas de pellizco, agotados y sudorosos por dedicarse a tareas tan farragosas, perdían frescura a la hora de crear y eso les llevaba a aburrirse como ostras. Se entiende, claro.



Los dardos de estos revolucionarios seguidores se dirigían seguidamente hacia Saúl, Koke y Gabi, triunvirato de mediocentros carentes de inspiración que, siempre según ellos, hipotecaban la innovación balompédica y ejercían de saboteadores de la circulación del cuero. También recibían lo suyo Kranevitter y Augusto, aun siendo nuevos, y solo Tiago se libraba de sus invectivas, probablemente porque queda poco decoroso meterse con los que están malitos. Todavía pensando que los comentarios, a cuál más surrealista, que provenían de aquella célula de talibanes del buen gusto eran una burda broma, reparé en un ciudadano que con cierta sorna les pedía interpretación sobre el cambio de nuestro entrenador que definió la ambición del equipo en Valencia. El de Torres por Kranevitter cuando el choque discurría todavía por las sendas del empate. Lo calificaron de farsa. Defendían que eso no era más que la excepción que confirmaba la regla, una sustitución tramposa y tribunera.

Me marché a la cama desasosegado, lógicamente, y a la mañana siguiente quise volver a sumergirme en sus océanos de esquizofrenia, principalmente para constatar que lo del día anterior no había sido un sueño. Allí seguían. A esas horas, todavía sin desayunar, glosaban las bonanzas del Atleti de Aguirre y rememoraban lo mucho que se divertían con aquellos partidos rotos y descontrolados. Cualquier día de estos, su desfachatez llegará al punto de pedir la vuelta de Maniche. Ese sí que era un mediocentro creativo, aunque por cuestiones de volumen pareciera que eran dos.