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jueves, 7 de junio de 2012

Lo de casa, lo de fuera y el jamón de recebo


Ciriaco es de esos que siempre minusvalora lo que tiene en casa. De esos que posa la mirada más tiempo del que el decoro aconseja en las mujeres de sus vecinos a pesar de que su señora muestra una belleza y lozanía apreciable. Ciriaco acostumbra a arrepentirse de su elección de los platos del menú del día justo en el mismo momento en el que el camarero sirve el primero a sus compañeros de mesa. Suele pensar que el destino le prueba poniendo en su camino carnes poco jugosas cuando el pescado que reposa en el plato de enfrente está fresco. Malgasta su vida mirando hacia un lado con envidia insana y acomplejada mientras se hunde en el convencimiento de que la suerte sonríe enseñando más dentadura a los demás. No caben objetividades, lo de otros siempre es mejor.

Cualquier día de estos, Ciriaco verá como su mujer, harta de desaires, se echará un novio jovencito con cuerpo cincelado en gimnasios de barrio y paseará muy atortolada por delante de la casa consistorial agarrada de un brazo del volumen de un jamón de recebo. Cualquier día de estos, el especialista del aparato digestivo al que consulta Ciriaco, expondrá a nuestro protagonista que tiene una úlcera del tamaño del túnel de Viella no por su dieta, sino por lo mal que le sienta todo lo que come mientras lo compara con las pretendidas viandas que degustan otros. Entonces se acabarán carnes y pescados, serán tiempos de calditos insípidos y desgrasados. Tal vez entonces, Ciriaco sea capaz de valorar lo que tuvo en casa, o tal vez no, vayan ustedes a saber.  



Recurrentemente, Caminero se da una vueltecita por las Ramblas antes de pedir audiencia a las altas instancias deportivas de ese club empeñado provincianamente en ser algo más que un club. Uno se imagina a Jose Luis llegando a las oficinas blaugranas con un ejemplar de La Farola al pecho, pidiendo limosna en forma de cesión graciosa, aumentando la reciente leyenda atlética de responsable nodriza para que jugadores de otras casas pasen la edad del pavo con nosotros. Más allá de planificaciones y métodos de trabajo, esos grandes desconocidos a orillas del Calderón, la clave del lustre de la cantera supramesetaria la dio el recién huido entrenador de la mediterránea casa, ese de sensual claridad capilar y contumaz estrechez de corbata: “La diferencia entre otras canteras y la nuestra es que aquí los ponemos”. Ahí se resume todo. Sencillo, ¿no?  

Nuestro director deportivo, y por ende la sociedad anónima deportiva, pone ojitos a los polluelos de otros nidos mientras reparte finiquitos entre los cachorros de nuestra camada. Ahora que Pantic se aleja del filial y ya casi no nos alcanza la vista para verle la espalda, el equipo de este año se desmonta con esas maneras tan poco elegantes que son norma de la casa. Noguera, Regalón, el fornido portero y muchos otros se despiden dejando un sabor a no se sabe qué. Evidentemente, hay que huir de una visión nacionalista de la cantera. Evidentemente, no todos valen para el primer equipo. Aún así, uno se pregunta si este Tello que provoca suspiros es mejor a su edad que un Keko harto de ganar en todas las categorías inferiores del fútbol patrio al que no se le dieron apenas oportunidades ¿Dicen ustedes que no había tercer delantero esta temporada? ¿Hubiera valido Borja o incluso Ibrahima para ese papel? ¿Compensa mandar a Joel a hacer recados mientras se vitamina al belga de la triste figura?

La noria sigue girando y parece que da menos vértigo mirar a los lados que hacia uno mismo. Cantera y cantera, se dijo alegremente hace no demasiado con la boquita de piñón. Recurrentemente, Caminero, ese Ciriaco con barba de tres días y chaqueta de sport de marca, seguirá paseando su verbo fluido por oficinas ajenas. Deseando con avaricia lo que tiene el de enfrente y ninguneando lo de casa. Cualquier día de estos, veremos a uno de los canteranos desechados paseando atortolado del brazo de un equipo con el brazo como un jamón de recebo. Tal vez provocará úlceras tan grandes como el túnel de Viella por no haber sido capaces de valorar lo que se tiene en casa, o tal vez no, vayan ustedes a saber.