Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco: http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/el-adios-del-delantero-borroso/
Ya desde la primera vez que se enfundó la rojiblanca, a Jackson me refiero, le vimos desenfocado, borroso incluso. Sirvieron entonces como excusas la adaptación a otro fútbol, que siempre es muy socorrida, y el Profe Ortega, ese sistemático despachador de agujetas. Ni mirando debajo de las alfombras del frente de ataque aparecía aquella agilidad felina ni ese romance con el gol que, a ritmo de bachata, se prometían. Algunos apuntaron también como atenuante la disputa de la Copa América, competición a la que se acusa de casquivana a las primeras de cambio por disputarse de madrugada. Puestos a exculpar, valía casi todo. Sabido es que en verano las preocupaciones quedan ocultas tras varias capas de crema solar de protección treinta.
Ya desde la primera vez que se enfundó la rojiblanca, a Jackson me refiero, le vimos desenfocado, borroso incluso. Sirvieron entonces como excusas la adaptación a otro fútbol, que siempre es muy socorrida, y el Profe Ortega, ese sistemático despachador de agujetas. Ni mirando debajo de las alfombras del frente de ataque aparecía aquella agilidad felina ni ese romance con el gol que, a ritmo de bachata, se prometían. Algunos apuntaron también como atenuante la disputa de la Copa América, competición a la que se acusa de casquivana a las primeras de cambio por disputarse de madrugada. Puestos a exculpar, valía casi todo. Sabido es que en verano las preocupaciones quedan ocultas tras varias capas de crema solar de protección treinta.
Tras una
pretemporada brumosa comenzó lo serio y, entre la más absoluta nadería, Jackson
dejó un gol esperanzador en el Pizjuán. Un gol de jugador caro. De asesino
preciso, de delantero totalmente alejado a la turbia imagen que el atacante
había dejado hasta la fecha. A pesar del margen que le otorgó aquel remate, la
afición seguía viéndole desdibujado en cada nueva oportunidad que Simeone
le daba. Cientos de aficionados rojiblancos pidieron cita en el oculista, acongojados,
para revisarse la vista. No era posible que al resto de sus compañeros, con sus
más y sus menos, se les distinguiera nítidamente tanto en el campo como en
retransmisiones televisivas y a Martínez se le percibiera como a través de una
nebulosa, un poco como a Sara Montiel en sus películas.
Los encuentros
se sucedían y Jackson agotaba su crédito y las paciencias ajenas a base de
indolencia. Ni un reproche recibió de colegas de vestuario ni de equipo técnico.
No existía atisbo de disidencia a la hora de mostrarse totalmente involucrados
en la cruzada de salvar al sudamericano de esa imagen turbia que uno distinguía
al posar la mirada en sus carnes morenas. Para el recuerdo quedará la
celebración que todos sus compañeros le regalaron tras lograr su primer y único
tanto en Europa. Dio igual que éste fuera desde el suelo, de rebote y a un
equipo asiático. Se festejó el gol como si hubiera valido un título, un billete
a una noche interminable con escala en Neptuno. El colombiano recibía los
abrazos, parecía que aliviado, y aún entonces los que se fijaron en él notaron
que su figura seguía estando difuminada.
Lo que
pareció el comienzo de una gran amistad, la de Jackson con el gol y la de la
afición con el punta, se tornó en una mayor decepción a medida que los partidos
discurrían. Al fijar los ojos en Martínez uno notaba un velo que impedía verle
de manera transparente. Sus propios compañeros, empecinados en otros momentos
en buscarle, repararon en que el nueve llamado a ser la referencia de este año
comenzaba incluso a perder color. El delantero cafetero, ya totalmente
descafeinado en esos momentos, se había convertido en alguien invisible.
Minutos y horas sin influir en el juego, sin pisar el área con algo de sentido,
sin hacer algo de provecho para el equipo lo atestiguaban. La grada, con el aguante ya a la altura de la entrepierna, empezó a acompañar cada una de sus
intervenciones con el típico runrún que los jugadores de los que poco se puede
esperar siempre llevan como sombra. El atacante, para aquel entonces, respondía
en cada comparecencia con otro esperpento y había conseguido transmutar la
agilidad felina del envoltorio con el que se compró en impotencia de gatito
doméstico al que le han quitado las uñas. Al dolor se encomendó el punta, al
provocado, más concretamente, por un golpe en el tobillo que tardó en sanar lo
que un fractura. No hubo nadie que echara de menos su difusa apariencia
mientras convalecía. Pobre Jackson.
En los
últimos días de Jackson entre nosotros, daba casi un poco de pena mirarlo. Su
cara estaba totalmente pixelada, como la de los menores que salen en las
revistas del corazón y otras vísceras. Por ese motivo, tal vez no tocó un balón
en los minutos que Simeone le regaló como último salvavidas en el partido
contra el Sevilla o no apareció cuando las cosas se pusieron feas en la
eliminatoria del Celta. Se entiende su ostracismo sin embargo, no debe ser fácil tomar la
decisión de sacar al campo a alguien sin tener claro si es un rematador o la
hija pequeña de Fran Rivera toreando al natural. Su historia finaliza sin
previo aviso. Estaba asumido que para distinguir al atacante tendríamos que achinar los ojos de aquí al final de temporada
cuando Martínez se nos marcha. En su nuevo destino le verán mejor, los ojos
vienen rasgados de fábrica. Pese a todo, miro y remiro la foto de su
anunciación al lejano oriente y le sigo viendo borroso. Distingo sin dificultad
al chino que está a su lado, eso sí, pero la cara de Jackson sigue estando difusa.
Lo mismo es que le fichamos como delantero goleador y resulta que era un hijo
secreto de la Pantoja. Todo se verá, pero lejos de aquí, por caridad.
Por una vez, nos hemos equivocado totalmente de nueve. Solo su indolencia, de la que ha ido sobrado, le ha salvado de pasar totalmente inadvertido.
ResponderEliminarComo no se le desea el mal a (casi) nadie, que le vaya bonito en China, que se infle a meter goles y que gane mucha pasta.
Un abrazo.
Mire que llevábamos buena racha con los atacantes. Hasta Mandzukic, con toda su tosquedad, se antojaba un fino estilista del área al lado de éste. No podrá quejarse de falta de oportunidades, desde luego. Dicen las malas lenguas, y era algo que yo desconocía y se ha destapado ahora, con su salida, que al ser preguntado por el Atleti a punto de fraguarse su fichaje, dijo que Simeone era un entrenador que trabajaba demasiado. Lo mismo nos hubiéramos ahorrado el sofoco si se hubiesen analizado esas declaraciones.
ResponderEliminarMucha pasta ya va a ganar, pero la elección de su salida dice también mucho de sus ambiciones deportivas. Debe ser algo común en delanteros colombianos...
Un abrazo