miércoles, 18 de mayo de 2016

¿Quién es quién?

El actual papel de Del Bosque en la selección recuerda poco vagamente al de los alcaldes en funciones en las campañas electorales de ciertos pueblos de la España más profunda. El candidato a reelegir se encarama al remolque de un tractor para desgranar las propuestas a incumplir en los próximos cuatro años. Frente a él, una magra parte de su electorado, principalmente familia, intenta disimular los bostezos y espera a que la cosa se empantane con la eterna promesa de traer el tren a la localidad para escapar a la carrera al bar más próximo, sea o no de alterne. Al final le acabarán votando de nuevo, asumiendo que puestos a que les mientan, mejor alguien conocido, que la mentira si es cercana tiende a empequeñecerse. 

Cuando el señor marqués plantea una nueva convocatoria, sea para un amistoso en Lituania o para mayores empresas como una fase final, flota en el ambiente un aroma de arbitrariedad precaria. Diríase que el seleccionador confecciona las listas jugando al “¿Quién es quién?”, más por eliminación que por elección. El noble alineador se pregunta a sí mismo por cada jugador disponible y decide descartarlo o no en base a criterios que no podrían esgrimirse encaramado en el remolque de un tractor. Da la sensación de que pesan menos los estados de forma que las posibles voces discordantes que pudieran sonar, se atisba algún integrante del plantel convocado de oídas y se detecta que completan el elenco algunos jugadores que juegan en sus equipos solo partidos minúsculos.


A medida que el juego avanza y se ha desechado a los futbolistas con gafas, a los nacionalizados y a los rubios naturales de Fuenlabrada, Del Bosque aún encuentra hueco para hacerse trampas al solitario y expone que tras el juego de descartes le ha quedado en pie la cara de Lucas Vázquez, que es como prometer un palacio de congresos en un pueblo de menos de cien habitantes.

Una vez pasen estos próximos días de emociones por las finales de clubes, nos centraremos en la Eurocopa pese a saber que la selección incumple la mayoría de sus promesas en sus últimas comparecencias. Probablemente volveremos a votar al equipo del señor marqués, aunque con el ánimo de escapar a la carrera hacia el bar antes de que se ponga a explicar lo de Casillas. 

jueves, 12 de mayo de 2016

La liga muerta

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160511/Deportes/5951/Atletico-de-Madrid-Liga-perdida-Levante-penultima-jornada-La-Colchoner%C3%ADa-La-agon%C3%ADa-del-mediapunta.htm

Con la liga de cuerpo presente compareció Simeone en la sala de prensa del Ciudad de Valencia. Los asistentes esperaban su turno para dar el pésame con cara de circunstancias, que es la cara a ponerse para ir a los velatorios que no son el tuyo. Sentado frente a los deudos, Cholo no emitió ni un suspiro. No se atisbó un mínimo enrojecimiento en sus ojos ante la sorpresa general, todavía impactada por ver el cadáver de la competición de la regularidad tapado con una sábana a los pies de la mesa. El técnico volvió a convertirse en la brújula que marca el camino al hablar de orgullo y no de tristeza, sabiendo que la liga falleció en Munich y fue trasladada al campo del Levante ya fría y rígida.

El Cholo siempre deja alguna sentencia a la que agarrarse como tabla de salvación ante cualquier naufragio, sea en el fútbol como en la vida, sin diferenciar que ahogarse en la existencia suele ser menos frecuente. Esas referencias, esos valores, deberían ser revisitados diariamente por todos y cada uno de los que atléticos se consideran. Esfuerzo no negociable. A morir, los míos mueren. Si se cree y se trabaja, se puede. Comidos por el dolor de la pérdida, muchos se rasgaron las vestiduras tras la derrota e hicieron lo que no sirve de nada en estos casos: lamentarse. Aquello se pareció a cuando la mujer de Serapio, el del casino, se castigaba ante su féretro por no haber sido capaz de haberle hecho dejar de fumar sin tener en cuenta que había muerto en un accidente de coche. Yacía la liga inerte y hubo quien se acordó de Gijón o de un exceso de confianza de Giménez en Riazor. No llegaron a rememorar, por poner un ejemplo, el único gol del becario Vietto, marcado con la espinilla al mayor enemigo. Ignoraron que el partido a partido no tiene efectos retroactivos.


Sobrecoge aun hoy ver la silueta de la liga trazada con tiza sobre el suelo, pero eso no debe restar un ápice de mérito al hecho de haberla mantenido con vida hasta una jornada antes del final. Los que peinan canas o directamente no tienen nada que peinar habrán visto competiciones tiradas sin que el otoño se presente, visitas de cortesía a Neptuno y pases de Ibagaza al vacio. Quizás para ellos, para nosotros, sea más fácil aferrarnos a las palabras de Simeone y sentir orgullo muy por encima de cualquier pena. Es cierto que ver a una liga muerta impresiona pero la tristeza se agazapa en muchos otros lugares. En la celebración de un empate en los últimos minutos con el Racing de Ferrol, hace nada como quien dice. Tras haber superado ciertas pérdidas, hay duelos que son un pase de Ibagaza. 

viernes, 6 de mayo de 2016

Geografía caprichosa

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco:

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/geografia-caprichosa/

Aunque pudiera parecer lo contrario, la geografía es muy caprichosa. Cuando estudiábamos para convertirnos en los hombres y mujeres de provecho que no hemos llegado a ser, Europa contaba apenas con treinta países, isla arriba, isla abajo. Tras diversos apareamientos y divorcios de toda condición, el viejo continente actual cobija cuarenta y nueve países. Cuarenta y nueve territorios con sus nacionalidades, sus capitales y sus gobiernos, aunque sean en funciones. Lo de los caprichos de la geografía no lo decía tanto por la capacidad de multiplicación estatal, por muy asombrosa que sea, lo de la veleidad geográfica parte del hecho, también sorprendente, de la expatriación selectiva de grupos de individuos cuando conviene. Ayer por la noche, sin ir más lejos, pitido final mediante de un encuentro con la emoción de un tercer y cuarto puesto del trofeo Carranza, los aficionados del Atleti nos convertimos en ciudadanos de otro país europeo como por arte de magia. De uno muy lejano. Quizá de Azerbaiyán, que además es tierra de fuego, como decía nuestra camiseta en pasados episodios.



Los atléticos nos hemos levantado esta mañana con el pasaporte retirado y los ojos algo más rasgados. Frente a nosotros se perfilan veintitrés días hasta la final de Milán. Veintitrés días de invisibilidad y de extrañeza. De oír y leer atrocidades despojadas de cualquier asomo de imparcialidad. Tal vez los que las perpetren no alcancen a saber que el expatriado, por muy azerbaiyano que sea en estos días, no olvida el castellano y es capaz de hablarlo y entenderlo con cierta soltura. Personajes de renombre, opinadores e incluso intelectuales a tiempo parcial, ya glosan precipitadamente la gesta por venir y agotarán las existencias de adjetivos para referirse al rival del Atleti en la final. Eso sí, para no parecer xenófobos para con los azerbaiyanos del sur de Madrid, repartirán las migajas que sobren en sus banquetes de pleitesía a los necesitados extranjeros, que nunca se sabe.  

Lejos de antojarse complicados, los días por venir refuerzan la identidad rojiblanca y retratan a cada pájaro con claridad. Nunca estuvieron, no se les espera por tanto. Las jornadas venideras servirán para unir más las filas, para soñar más fuerte con la posibilidad de hacer historia pero también con la de acallar bocas. Más que nunca, debería recomendarse no consumir en estas próximas fechas. Aíslense del ensordecedor ruido mediático de la maquinaria puesta al servicio de la causa. No entren al trapo, no debatan sobre violencia, estética futbolística y límites del reglamento con quien no entiende, no intenten razonar. Métanse en una burbuja. Asuman su condición de refugiados en su propia casa. Siéntanse orgullosos de ser azerbaiyanos y salgan a la calle con la nueva nacionalidad y la camiseta rojiblanca a la vista. Conviertan Carabanchel, San Blas o Chamberí en barrios de Bakú. Transformen cada rincón del país en el que habita un colchonero en un trocito de esa Europa lejana y preasiática a la que nos condenan. Si esto fuera medianamente serio, Google maps se adaptaría a los caprichos de la geografía para afirmar que el Manzanares nace en una montaña del Caúcaso y la fuente de Neptuno se erige a su orilla dando de beber triunfos a sus nuevos ciudadanos.