martes, 23 de febrero de 2016

Inconscientes

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco: 

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/inconscientes/

Parece mentira. Andábamos tan tranquilos inmersos en la rutina y ya tenemos al equipo desmontado. Hecho unos zorros como quien dice. El Atleti se desintegra como un objeto sideral al entrar en contacto con la atmósfera mientras nosotros, que somos unos inconscientes, dedicamos la semana a cargar con nuestras diarias miserias. Menos mal que la industria del colorín en la que se ha convertido el periodismo deportivo cartesiano nos lo ha recordado. Gracias. No sé qué haríamos sin vosotros, queridos. Cada vez que el azaroso calendario decide juntar nuestro camino con el del equipo que con su avería en el fax propició una crisis profunda en la relación entre Edurne y su chico, ahí estáis, prestos a sacarnos del pozo de la ignorancia. Gracias de nuevo.

Sabíamos que ahora venían curvas. Que volvía la Champions en medio de unas jornadas de liga de horario traidor y rivales de renombre. Conocíamos de la dificultad de la empresa pero no podíamos llegar a sospechar lo maltrechos que lo afrontaríamos. Qué cabeza la nuestra. Simeone se nos marcha al Chelsea. Griezmann vive sin vivir en sí porque quiere mudarse al norte de la capital. Lo de Torres en los últimos partidos es una casualidad. La defensa ya no defiende lo que defendía, defienden los defendedores de trabalenguas y, para colmo, fuentes fidedignas aseguran que la resurrección capilar de Oblak no es tal, sino un exceso de cardado. No nieguen que el suicidio no ha pasado por sus cabezas ante este panorama ¿Sí? Normal, claro.



Visto lo visto –y lo que te rondaré morena a lo largo de la semana que viene–, no sería de extrañar que el Atleti se presentase a plantar cara en ese estadio que parece una penitenciaría sin entrenador, sin utilleros y con solo cuatro o cinco jugadores del primer equipo en disposición de saltar al campo. Por supuesto, los pocos que pudieran comparecer lo harían sin ganas, solo animados por el hecho de que en algún lance afortunado que protagonizaran les convirtiera en objeto de deseo del rival. Todo el mundo sabe que todos los futbolistas, técnicos y hasta mecánicos de lavadoras con exceso de cal, desde bien pequeños lo que ambicionan es jugar en el equipo de la camiseta descolorida. Como debe de ser.  

Tal vez no nos hayamos dado cuenta antes del avanzado estado de descomposición de nuestra escuadra por esa milonga del partido a partido o por otro camelo parecido. Nosotros siempre tan desenfocados, intentando colarnos en fiestas donde no somos bien recibidos y no teniendo visión. Será por eso que somos incapaces de detectar la campaña de acoso y derribo al que se ve sometido el constructor y ser superior a tiempo parcial que rige los destinos del club Emirates. Lo que decía antes, unos inconscientes.


En cualquier caso, llegados a este último párrafo y habiendo dejado toda la ironía y el sarcasmo de los anteriores aparcados en un paragüero de diseño, yo que ellos no estaría confiado. Por más que vaticinen apocalipsis colchoneros, por más que se llenen líneas anunciando el desguace de nuestro equipo, al césped del próximo derby saltarán once hombres vestidos con camiseta rojiblanca. Sean quien sean, yo que ellos, me andaría con cuidado. Por si acaso. El que avisa no es traidor. 

jueves, 18 de febrero de 2016

Fernando y la duda

Artículo publicado en ctxt.es: http://ctxt.es/es/20160217/Deportes/4294/Fernando-Torres-Atletico-de-Madrid-idolo-La-Colchoner%C3%ADa.htm


Dudar de Fernando Torres debería estar castigado por el código penal. Así, sin tibiezas. La duda, de manera inexplicable, siempre le ha acompañado a lo largo de su carrera. En su caso parece no importar el palmarés. Se soslayan, si hace falta, todos los títulos individuales y colectivos recolectados desde su eclosión, cuando acababa de guardar su infancia en un cajón lleno de sueños por venir. Sus cifras goleadoras se tildan de insuficientes, sus méritos se banalizan, formar parte de equipos que se recordarán se antoja casual cuando se analiza su participación. Vaya donde vaya, haga lo que haga, a su lado siempre parece emerger la duda, afeando un cuadro que a todas luces es bellísimo.

Si el aficionado al fútbol en este país tuviera que elegir dos momentos, dejando las competiciones de clubes a un lado, seguramente elegiría dos goles. Uno en Viena y otro en Johannesburgo. Los protagonistas principales de esos goles, el propio Fernando e Iniesta, son recibidos y despedidos de la mayoría de estadios patrios de manera muy distinta. Raro es el campo del que el manchego no sale ovacionado, más raro todavía es encontrar un recinto del que Torres se marche entre tímidos aplausos. Quizás el seguidor medio se muestra intimidado ante la presencia de esa duda, desdentada y contrahecha, que permanece al lado de nuestro nueve incluso cuando abandona el rectángulo de juego. Tal vez por ello, además de porque recordamos aquel pasado mucho más reciente de lo que parece en el que su presencia era el único motivo para no caer en los brazos de la desesperanza, cuando Fernando comparece en el Calderón el aire se carga de una electricidad especial. Solo con entrever su rubio cabello, sea dentro o fuera del campo, las emociones se disparan. Es nuestro y nosotros somos suyos. Sin fisuras. No hay sombra de esa duda paticorta y desfigurada que tan patente se hace lejos del Manzanares y, si la hubiera, viene de la mano de algún desmemoriado que merecería pagar su sacrilegio siendo galardonado con un pase anual ilimitado al tour de Concha Espina o tortura semejante.



La ausencia de la duda cerca de nuestro estadio tiene una explicación geográfica. La duda fue parida algún kilómetro más al norte. Castellana arriba, para ser más precisos. La duda nació de un rencor, del despecho ante la negativa de Fernando a mudarse de acera. La duda, que tuvo la suerte de estudiar en los mejores colegios –poderoso caballero es su progenitor–, fue creciendo alimentada por el resentimiento de quienes no acostumbran a recibir calabazas. Tanto pábulo se le ha dado, tanto se ha consentido a esa duda cejijunta y con orejas de soplillo que llegó a creerse merecedora del derecho de juntarse al Niño sin besar por donde pisara, que es lo que debería.


Decía León Felipe que en un mundo injusto el que clama por la justicia es tomado por loco. A estas alturas de la película, somos varios miles de locos a los que nos parecería cabal un tratamiento distinto para Fernando. Aun así, conscientes de las pocas posibilidades de la empresa, casi disfrutamos viendo a otros describir y pregonar las supuestas virtudes de esa duda indigna y corcovada. Ninguno de nosotros la ha visto nunca. Cuando miramos a Torres vemos al mejor delantero centro que el balompié de este país conoció. De eso no cabe ninguna duda. 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Los ídolos del Atleti

Artículo publicado en Ctxt.es: http://ctxt.es/es/20160210/Deportes/4141/Fernando-Torres-gol-cien-idolo-aficion-Atletico-de-Madrid-La-Colchonería.htm


Los ídolos, en el Atleti, no lo son porque hayan marcado cien, noventa y nueve o cinco goles a lo largo de sus carreras. Los ídolos del Atleti no cuentan los goles que han metido sino lo que significaron. Los ídolos, en el Atleti, no piensan en cómo van a celebrar esos goles de antemano, simplemente expresan su alegría como les sale de dentro, sea haciendo una especie de salto de la rana en blanco y negro o sea postrándose para besar el césped del Calderón, que es un césped con un aroma inigualable. Los ídolos, en el Atleti, tampoco son los más guapos, aunque a nosotros nos lo parezcan. Los ídolos del Atleti no necesitan señalarse el escudo a la mínima de cambio porque el escudo lo llevan por dentro, justo al lado del corazón, que es rojiblanco, por cierto. Los ídolos del Atleti no acaparan portadas, no marcan tendencia a la hora de elegir peinado y no tienen cuentas en las redes sociales desde las que elevar a suceso cualquier minucia de su rutina diaria. Los ídolos, en el Atleti, si se van no se van del todo y a la más mínima oportunidad lo demuestran. Los ídolos del Atleti no se quitan la camiseta por narcisismo y si lo hacen, siempre hay una buena razón que los justifique, porque a los ídolos, en el Atleti, les duele desprenderse de la camiseta. Los ídolos del Atleti no son cualquier cosa.



Los ídolos, en el Atleti, se cargan a un equipo en derribo sobre sus escuálidos hombros de adolescente. Los ídolos del Atleti le afean a un cuarto árbitro que pise el escudo del equipo de sus amores. Los ídolos, en el Atleti, guían a sus compañeros hacia una remontada con el menisco roto y se retiran en camilla doloridos, pero llenos de orgullo por el trabajo cumplido. Los ídolos del Atleti son humildes, restan importancia a las cosas que realmente no son importantes y se sonrojan cuando se les sienta enfrente alguien que glosa justamente sus hazañas. Los ídolos, en el Atleti, se paran pacientemente para firmar autógrafos a los niños que ahora están en la posición en la que antes estuvieron ellos. Los ídolos del Atleti, son pecosos o tienen bigote. Los ídolos, en el Atleti, no atienden a modas y se dejan las patillas más anchas, casi de hacha, y no cambian de montura de gafas a no ser que se rompan. Los ídolos del Atleti saben que el esfuerzo no se negocia y por ello, cuando les entrevistan tras un partido, están empapados en sudor, despeinados, con el rostro desencajado por el sacrificio. Los ídolos, en el Atleti, no se enfurruñan pese a no ser tratados por los medios como merecerían. Los ídolos del Atleti nunca se fueron. Los ídolos, en el Atleti, consiguen en cuarto de hora sobre el campo que una afición rejuvenezca quince años de golpe a base de encarar a los rivales y de exhibir, nunca perdida, esa potencia atisbada en aquella tarde de Albacete que nos sirvió de única tabla de salvación durante tanto tiempo. Los ídolos del Atleti se quitan la camiseta, con dolor, para acordarse del que les brindó su primera oportunidad. Los ídolos, en el Atleti, se eligen mejor que en cualquier otro sitio. A ser ídolo del Atleti no se llega de casualidad. Nunca un cualquiera pudiera ser ídolo en el Atleti. 


¡Qué gusto ser del Atleti y tener los ídolos que tenemos!