jueves, 6 de junio de 2013

Animadas coplillas del fichaje y la comisión

Al estas fechas llegar,
brota, como la alcachofa,
no se lo tomen a mofa,
el recurrente cantar.
¿De qué viene a perorar?
¿Por qué leches filosofa?
No empiecen a preguntar
que solo llevo una estrofa...


Nada más caer el telón,
el telón de nuestra liga
no hace falta que les diga
que comienza esta canción.
El oyente, con fatiga,
danza un tanto, danza al son,
y se sumerge en la intriga:
Fichajes de relumbrón.


De fichajes les hablaba.
De altas, bajas y cesiones.
De echar fuera los balones.
De rumor con mala baba.
De intensas negociaciones.
Del sueldo que se adeudaba.
De Mendes y de Quilones.
De la abuela, que fumaba.


Otros buscan por el mundo,
peinan mercados a raya.
De ascendencia paraguaya
llega un mediapunta oriundo.
No nosotros, vaya, vaya,
me refiero a los demás.
Nuestra gerencia canalla,
pelucas peina, no más


La parroquia colchonera,
cuando el curso muerto queda,
conoce que abre la veda,
lo peor siempre se espera.
¿De comprar? Ya lo veremos.
Si hubiera quien nos lo ceda…
Insisten, por si creemos,
en la falta de moneda.



Vendiendo más que se adquiere
encima sale orgulloso
el de pelo más frondoso,
el de “juegan donde quieren”
Con su estilo campechano,
y con su tono chistoso,
justifica chabacano
su gestionar tan ruinoso.


¡Ofertas! ¡Liquidación!
Se destapa el mercadeo.
Adictos al regateo
para llenar su zurrón.
Se vende y si no se alquila,
si grande es la comisión,
y se escurre cual anguila
bajando la rescisión.


Antes fue el de Fuenlabrada,
ahora se va el colombiano,
se fue el Kun, el muy fulano,
pronto quedará la nada.
Eso sí, vaya monada
que será ir a La Peineta.
Iremos si terminada,
de momento, la maqueta.


Que si a fin de mes no llego.
Que si el fisco me persigue.
No hay dinero, resta y sigue,
ni un real hay para Diego.
Que si ya te llamo luego,
que ahora estoy muy ocupado
prendiendo de nuevo fuego
al patrimonio robado.


Pasaremos los calores,
con fichajes en cartera.
Pero la verdad, ramera,
dirá que a tantos amores,
¡ay, señoras y señores!,
no es tan fácil contentar
(Más si malos pagadores,
lo suyo es más apropiar).


Les digo a día de hoy,
sabiendo los precedentes,
que con estos delincuentes
a ilusionarme no voy.
Si conocen cómo soy,
el consejo me permitan:
Virgencita, Virgencita,
que me quede como estoy…

lunes, 3 de junio de 2013

Despedidas, transistores y no saber de relajaciones

Mientras la veía alejarse pensó en todo lo vivido a su lado. En las mañanas radiantes, las tardes de tregua y las noches demasiado cortas. Se sintió solo y muy chico sin el calor que notaba cuando ella estaba junto a él. Se sintió vacío, como si algo se le hubiera roto por dentro. Ella no se dio la vuelta ni tan siquiera una vez para mirarle. Siguió andando decididamente por el andén poniendo más distancia entre ellos con cada paso. Una distancia que dolía…


Jugaba el Atleti en Zaragoza pero era casi como si no jugara. Jugaban los nuestros pero con la tranquilidad del que tiene hace tiempo los deberes hechos y pasados a limpio y lo hacía contra el equipo local, un mal estudiante de esos que siempre saca los cursos en el último momento. De esos que se la juegan al cara o cruz final confiando en que su atropellada manera de llevar la asignatura tendrá siempre compensación. Jugaba el Atleti pero andábamos todos con los ojos y los oídos en otros campos. Campos de los que la temporada también se despedía enfilando un andén del que salen trenes para el infierno o para la gloria efímera. Era una noche de transistores, vamos.

Siempre son emocionantes las tardes o noches de transistores aunque a día de hoy hayan perdido ese halo que tenían antes, cuando éramos un poco más jóvenes de lo que somos ahora. Cuando estos días sabían a copita de Fundador o de Centenario y a por todas. Cuando dejaban el regusto de las boquillas Targard o la tranquilidad de los seguros Finisterre para no dejar cosas en el aire. Cuando con cada gol se hacía un repaso de quién bajaba y quién se mantenía, de quién compraba los billetes en el maldito tren y de quién se quedaba en la estación con el equipaje lleno de alivio. No siente uno lo mismo cuando puede ver en multipantalla cada gol en conexión con la ciudad interesada. No queda lo mismo ver un gráfico explicativo de las opciones de cada uno con una aplicación descargada en el smartphone ni escuchando los goles en un iPod shuffle con dolby surround. Llámenme carcamal, pero no es lo mismo.

Salió el Atleti a jugar en este escenario de héroes por un día y de villanos de última generación y salió serio, como es norma, pero sin querer hacer más daño del necesario. Salió con un equipo parcheado y gustó ver a Pulido, al que hemos visto demasiado poco para lo demasiado que hemos visto al Cata, al tímido Insúa y a varios de los no habituales. Salió Diego Costa, que no conoce de partidos relajados ni de trámites y todos se encontraron con un rival condenado y con los brazos caídos. Les decía que el Atleti no quería hacer sangre de manera gratuita y hasta cedió el balón y alguna oportunidad a los maños, pero Courtois tampoco sabe qué es eso de parar a medio gas, de parar con las manos blandas y de tirarse como un saco de patatas, que es algo que sí se vio en porteros que defendían arcos en otros campos.



Se hizo el Atleti con el control del partido casi sin querer. Con muy poquito. Con las caídas a banda de Diego Costa, con el exuberante estado de forma de Koke y con dos o tres cositas más, todas pequeñas. Pudieron marcar los nuestros en varias ocasiones pero parecían no querer. No era plan de arruinar esperanzas por mucho que ya no hubiera transistores en la grada y por mucho que los aficionados jubilados del Zaragoza se quejaran de que la poca cobertura 3G en La Romareda impedía seguir la jornada a través de las redes sociales. Discurría el partido con el Atleti avisando, como en el cuento del lobo, hasta que salieron al campo Arda y Óliver y ya no hubo manera de contenerse de la clase que derraman por el campo los dos. Marcó Turan tras eslalon pinturero y casi lo hace Torres en una jugada que hubiera obligado a los presentes a buscar en lo más hondo de los bolsillos un pañuelo que agitar, aunque fuera de celulosa y con aroma mentolado.

Empataron los locales casi sin querer ni merecerlo y fue entonces cuando de la mano de los artistas y de ese delantero brasileño que no sabe lo que es no poner toda la carne en el asador en todos los partidos, el Atleti selló el pasaporte de los maños para el viaje a ninguna parte con dos goles que, sabiendo que dolían, no se celebraron. Terminó el partido y uno reparaba en lo malo que debe ser para un equipo que se juega cosas como las que se jugaba el Zaragoza tener de rival a este Atleti de Simeone en la última jornada. Ya le pasó al Villarreal antes. No conoce éste Atleti de relajaciones, de partidos de trámite ni de situaciones que pudieran ser tomadas por alguien como deshonrosas. No sabe manchar la camiseta con dejadez o abulia, lo que se agradece en toda circunstancia.


Se nos va la temporada. Se marcha y la vemos alejarse por el andén con paso decidido mientras nos quedamos vacíos por dentro. Se marcha y sabemos que volverá con otra cara, con otro peinado y con un vestido estampado de estreno a finales de agosto pero nos deja igual de apenados. Se aleja deprisa a pesar de tener que tirar de una maleta repleta de con las ilusiones y recuerdos que todos hemos puesto en ella. Sigue andando y en cada paso abre una distancia que es un abismo. El abismo de estos meses sin el Atleti en el campo. El abismo de los fines de semana sin esa cita fija. El abismo de las tropelías que se perpetrarán en despachos o restaurantes de varios tenedores. Se marcha y no se da la vuelta para mirarnos ni tan siquiera una vez. Se aleja y ya la echamos de menos por lo mucho que nos ha dado. Se marcha y sentimos miedo por lo que el verano nos puede quitar, que viendo los precedentes puede ser mucho. Se va y derramamos alguna lagrimita, no como las de Falcao, no, que de esas lagrimitas ya hablaremos más adelante, una lagrimita pequeña, muy sentida. Se marcha y no acabamos de asumir que lo haga, quisiéramos que temporadas así estuvieran siempre a nuestro lado. Ella sigue andando presurosamente, poniendo entre ella y nosotros una cada vez mayor distancia. Una distancia que duele.

lunes, 27 de mayo de 2013

Epidemia


CIRCULAR MS/SSP 2013/05/23

De: Ministerio de Sanidad/Subsecretaría de Salud Pública

A: Responsables de Áreas Sanitarias, Directores de Centros hospitalarios adscritos


Como continuación de las anteriores comunicaciones referentes a la avalancha de casos diagnosticados del ya conocido como síndrome de mayo, ésta subsecretaría ha bajado a nivel 2 la alerta estatal de criticidad epidemiológica. Aun así, se considera todavía prematuro e irresponsable poner en conocimiento de los medios y la opinión pública en general el gran número de afectados por la patología, evitando de esta manera malas prácticas como las que se produjeron en alertas de epidemia anteriores como la de la gripe aviar, en la que se puso en cuarentena a los pacientes canarios por lo que pudiera pasar.

Dentro de la política de transparencia y fluidez en la comunicación que siempre caracterizó a este departamento, se adjunta ensayo clínico de campo realizado por el eminentísimo internista Ataulfo Solozábal Molina en el que se desvelan algunas claves sobre la enfermedad a la que nos enfrentamos.

Sin otro particular, queden saludados atentamente.


-------------------------------------------------------------------------------------

Anexo I: 23/5/2013 Apuntes del ensayo clínico con pacientes aquejados del conocido como Síndrome de Mayo dirigido por el Dr. Solozábal Molina adscrito al Servicio de Medicina Interna del Hospital Provincial Ignacio Urdangarín de Fuenteturbia de Abajo.


Desde la madrugada del pasado sábado 18 de mayo, el Servicio de Urgencias de éste centro recibe múltiples ingresos de pacientes que presentan cuadros de similares características: afonía que impide la emisión de ningún sonido, luxaciones de codo de diferentes grados, estado general de euforia con episodios de risa compulsiva y hematomas severos en parte interior de ambos brazos. Se deriva a los pacientes al traumatólogo de guardia que descarta causas endógenas en cuanto al tema del codo pero alerta de que los individuos, de todas las edades, sexos, clases sociales y color de ojos, deberían estar experimentando un dolor casi insufrible por el desplazamiento de la articulación y en cambio, se muestran eufóricos y no paran de sonreír. Ya por la mañana del día siguiente, se habilitan boxes de aislamiento para poner en cuarentena a los afectados y se pone en conocimiento del ministerio la sintomatología y el volumen de infectados, los cuales siguen en ese estado de permanente felicidad y hasta se funden unos con otros en sentidos abrazos que suelen terminar en sollozos y vertido de lagrimones de un tamaño que aconseja administrar suero en vena para evitar deshidratación. Poco a poco evoluciona favorablemente el tema de la afonía y los pacientes empiezan a articular palabras en voz muy queda, casi imperceptible. No obstante, la enfermera Ridruejo parece entender en varios de ellos fragmentos sueltos de conversación en los que se repite la frase: “¡Catorce años!”, lo que hace pensar a este equipo médico en un episodio regresivo preadolescente. A consecuencia de ello, se pide opinión a los servicios de Psiquiatría y Neurología, que descartan daño sobrevenido en el cortex cerebral y conductas esquizoides pero observan que, cuando algún auxiliar o celador que viste bata blanca se persona al lado de los infectados para vaciar la cuña, éstos estallan en carcajadas y señalan al interfecto con ánimo de guasa, no ocurriendo nada de esto cuando el profesional sanitario que los atiende viste bata de color verde, azul o berenjena tostada, que los hay muy procaces.

Pasadas las primeras horas la situación se estabiliza si bien siguen llegando pacientes con el mismo cuadro al servicio de urgencia. Al tercer día se firma el alta del paciente alfa, el primero que llegó a este centro, y mientras se abrazaba a modo de despedida con otros pacientes todavía en observación y saludaba a varios afectados que esperaban su turno para ser diagnosticados ocurre un hecho que pudiera ser relevante para la comprensión de la enfermedad que nos ocupa: el televisor de la sala de espera mostraba imágenes de la reciente final de Copa celebrada el fin de semana pasado y un paciente malencarado que se había desplazado como consecuencia de un ataque de acidez estomacal galopante comentó nosequé sobre el arbitraje, sobre la suerte y sobre los malditos postes. Justo entonces, todos los pacientes afectados por el síndrome de mayo presentes en la sala prorrumpieron en sonoros y continuos cortes de manga, algunos de ellos compulsivos, dedicados al paciente del ardor de estómago. Incluso los pacientes ya escayolados y a los que el hematoma se les estaba poniendo de color amarillo limón no dudan en brindar enérgicos y sentidos cortes de manga al interfecto que finalmente tiene que retirar sus afirmaciones tan cargadas de mal perder mientras todos los infectados por el síndrome carcajean a costa del susodicho, muy feo él, todo sea dicho.

Pasada una semana desde el estallido de la epidemia todos los pacientes en observación presentan evolución favorable. Muchos de ellos han solicitado al office de enfermería la posibilidad de obtener camisones a rayas rojas y blancas, atuendo éste que favorece la mejoría de los pacientes a ojos vista. Aún a día de hoy, éste equipo médico no encuentra más explicación a la epidemia que un origen vírico desconocido hasta ahora aunque existen artículos publicados en fecha similar del año 1992 en los que se describen síntomas parecidos a los de la enfermedad actual. Éste centro continúa haciendo seguimiento de los primeros pacientes a los que el mal se les presentó de manera ambulatoria, pero, a pesar de que la afonía inicial ha remitido en la mayoría de ellos, la emoción les impide explicar de manera racional el porqué de lo suyo. No obstante, a poco que uno les pinche, estos se levantan como resortes de la silla para alzar las manos al cielo y cantar a voz en grito, ¡Aleeeeeeeeti, Aleeeeeeeti, Atlético de Madriiiiiid!, lo que a ojos de este equipo médico pudiera tener relevancia a la hora de futuros desarrollos de fármacos. Todavía se observan episodios de cortes de manga furibundos y estallidos de risa dedicados a otros pacientes que andan con los hombros caídos y arrastrando los pies, pero parece que se puede dar por controlada la epidemia gracias al buen funcionamiento de los protocolos existentes para enfermedades de este pelaje.

Firmado: Dr. Ataulfo Solozábal Molina

Jefe de Medicina Interna del Hospital Provincial Ignacio Urdangarín



Saltó el Atleti al césped del Calderón y el Mallorca, como equipo buen educado que es, le estaba esperando formado para hacer pasillo a los gloriosos campeones de Copa. La grada, plagada de pacientes que durante los días anteriores al choque habían desarrollado y superado sin demasiadas consecuencias el síndrome de mayo, pedía con no poca guasa que tras el pasillo de los jugadores a los campeones, fuera Manzano el que le hiciera un pasillo al Cholo o incluso que los jugadores del Atleti le hicieran un pasillo a Manzano para coserle a collejas de manera conmemorativa por su buen hacer al frente de la nave rojiblanca. Manzano estuvo medio escondido todo el partido. Avergonzado, no podía ser de otra manera, al ver lo que es capaz de hacer un entrenador que sabe con una plantilla de calidad inferior a la que dispuso el jiennense de la patilla de gafa coloreada.

Empezó el Atleti el partido con los titulares de la final de Copa. Con los héroes cuyos nombres estarán hilvanados para la historia unos junto a los otros. Empezó con ellos y la afición se hartó de aplaudirles, a pesar de que muchos aficionados todavía andaban con los brazos en cabestrillo por lo de las luxaciones de codo. Salió el Atleti fluido, relajado pero sin ánimo de hacer daño a un equipo que bastante tiene con su situación y con lo que tiene en el banquillo. A pesar de que el partido tenía su punto de entretenido, el aficionado atlético dejaba discurrir los minutos comentando con el de al lado batallitas sanitarias, que es algo que siempre gusta contar a todo el mundo: cómo le habían tratado en los hospitales a los que habían acudido, cómo a pesar del reposo prescrito seguían repartiendo cortes de manga a aquellos que se hacían merecedores de los mismos y cómo todos se morían de la risa viendo la cara de estreñimiento que aquejaba desde una semana a vecinos y compañeros de trabajo de los que suelen ir por la vida con el pecho hinchado al más puro estilo de paloma torcaz.

Poco dio de sí el partido más allá del ambiente festivo e incluso festivalero. A lo mejor se pudiera hablar de la ansiedad de un Falcao que quería dejar como testamento un golito de esos suyos, a lo mejor se pudiera hablar de la manía que tienen los equipos con eso de tocarle las narices a Diego Costa. Tal vez pudiéramos hablar de los buenos minutos de Óliver y de que Arda parece otro con el pelo a lo marine. Pudiéramos hablar del insultante estado de forma de Courtois y hasta de lo aparatoso golpe que el pobre Filipe se llevó sin comerlo ni beberlo. Podríamos hablar del Cata, del que se acordó un sector de la grada de manera justa, afeándole la conducta y deseando su salida con deshonor tras ese encontronazo con una aficionada con la que se empleó con mucha más dureza que con los delanteros rivales con los que se cruzó por los caminos. No hubo manera, la afición estaba para otras cosas. Para recordar principalmente. Para fijar más si es posible las imágenes de lo vivido hace algo más de una semana en esos recovecos en los que el cerebro guarda las cosas inolvidables. Las cosas de las que uno tira en los momentos malos. La afición sigue enferma de felicidad, sigue con una euforia casi patológica ¡Bendito síndrome de mayo!