miércoles, 16 de mayo de 2012

De desguaces, coches y agarraderas


Una vez digerido el éxito del título de la Europa League e interiorizado el recurrente fracaso liguero, las huestes atléticas se dirigen a su taller de (des)confianza para realizar al vehículo la rutinaria revisión veraniega. Lo hacen precavidos y sin esperar demasiado, ya que es sabido que todos los años el coche que sale por el otro lado del túnel de lavado y mantenimiento canicular sufre mengua con respecto al que entró. Los clientes del taller recuerdan con nostalgia la berlina familiar tan espaciosa en la que cabían de manera holgada grandes jugadores e ilusiones desbordantes y cómo desde que los actuales dueños se hicieron cargo del negocio, nunca mejor dicho, cada año se nos entrega un coche plagado de evidentes mermas con respecto a versiones anteriores de la gama.

– Pues sí, mire le he revisado los niveles y las cláusulas de rescisión a la baja. Además le hemos tenido que extirpar los faros, porque ya se sabe que los faros alumbran donde quieren, pero no se preocupe porque le puedo poner unos faros que alumbran con opción a compra ventajosa, eso sí, todavía no puedo ponérselos, que estas cosas es mejor hacerlas justo antes de que se cierre el mercado de piezas de desguace –dice el encargado sin reprimir una sonrisilla de condescendencia muy celebrada por los aprendices que pululan por la nave pintada en rojo y blanco.

– ¿Y qué leches hago yo sin faros? –pregunta con desesperación el sufrido cliente colchonero.

– Conducir de día….

Somos conscientes de que quedarán en el camino piezas del coche actual como tantas otras quedaron tiradas en la sinuosa autovía de las comisiones. Sin airbag ni cinturones, elementos empeñados o malvendidos a fondos de inversión en anteriores revisiones, nos queda poco a lo que agarrarnos para volver a sentir ganas de sacar el coche de paseo. Bueno, no crean. Algo queda a lo que aferrarse: Simeone.



La llegada del Cholo a nuestras vidas supuso alivio porque cerraba el capítulo gris tirando a negro oscuro capitaneado por ese tuneador de patillas de gafas de pasta que es Gregorio Manzano. Dos cosas levantaban suspicacias con respecto a su aterrizaje: por una parte su bisoñez a la hora de conducir vehículos de la enjundia del nuestro, por otra, no saber qué parte de su fichaje respondía a su validez como conductor y qué parte a su condición de fornido escudo de gran ascendente en la grada para evitar hojas de reclamaciones de los clientes contra los ilegítimos dueños del taller y sus chanchullos. Finalizada la temporada y tras haber analizado el desempeño del argentino al volante, es de justicia reconocer que ha sorprendido gratamente. Cholo hizo arrancar a un coche desguazado tácticamente por su predecesor y lo ha hecho andar. Lo hizo sin aspavientos, sin tocar el claxon para llamar la atención sobre la cortedad de la plantilla y su mala distribución. Su esperada faceta de gran motivador se complementó con un conocimiento táctico que nos ganó con maniobras como la de poner a Arda en la derecha en aquella noche mágica del Calderón en la que la banda de Jordi Alba parecía una autopista de cinco carriles y arcén. Tal vez haya aspectos mejorables, sin duda, pero el técnico ha dotado al vehículo de una cierta dignidad, de una confianza en sus posibilidades que le hace creer que puede transgredir su previsible futuro de utilitario para ir a comprar el pan. Tras tantos cambios de pintura, la capa de color que Simeone propone nos gusta por ser reconocible y por no basarse en la queja como modo de reivindicación, modus operandi de aquel otro chófer de jersey estrecho y raíces folclóricas.

Dos grandes retos debe enfrentar el entrenador a partir de este momento: uno, el de confeccionar una plantilla a su modo y manera. Tras demostrar que tiene manos para conducir, ahora debe ajustar los espejos a su altura, poner ese respaldo de bolas que tanto éxito tiene en los asientos de los agremiados del taxi y tunear a su gusto la máquina. Les hablaba de dos retos, el segundo es no tragar con los accesorios horteras que le quieran poner los otros, los del taller, y luchar porque no se vendan las piezas que harán el coche mínimamente competitivo. Servidor de ustedes cree que este segundo reto será más complicado de afrontar pero tiene fe en Simeone. Las primeras señales así lo indican: “Falcao vino con el equipo séptimo”, dice Cholo con razón mientras los encargados ponen cara de poker por ver peligrar el negocio de desguace. Tendrá que mancharse las manos con la grasa pegajosa y maloliente que rezuma todo lo que tiene que ver con la manera de gestionar el garaje y, por su bien, no tragar. En ese no tragar depositamos todos nuestras esperanzas como si fueran esos asideros que tienen los coches encima de las ventanillas, esos a los que se aferran las tías solteronas cuando se acercan curvas. 

lunes, 14 de mayo de 2012

Demasiado tarde


Ecos de sociedad:

El pasado domingo, en la finca que los barones de Graham-Torreznos poseen en la sierra toledana, se produjo el enlace entre la hija menor de la familia, Macarena Graham-Torreznos y Gómez de Granizadas y el financiero Pipe Martínez de Alubias y Ostolaza. Tras una ceremonia íntima a la que asistieron setecientas cincuenta y tres personas y los dos pequeños yorkshires a los que tan unida se encuentra la novia, los invitados pasaron al pabellón de caza de la mansión principal donde el afamado restaurador Hervé Cacillos, poseedor de varios reconocimientos entre los que destaca una estrella en su jardín, sirvió una cena fría que en realidad era templada pero que se refrescó más de la cuenta debido a la tardanza de los invitados a la hora de encontrar su ubicación en las mesas, aspecto éste que debe achacarse a pequeños malentendidos derivados de la extensión del salón, de más de cien hectáreas. Amenizaron la velada un cuadro rociero, un trío de mariachis y el conjunto de música gótica Gangrena, lo que produjo simpáticas anécdotas a la hora de que los contrayentes abrieran el baile con un vals con toques de salve compuesta en un cementerio de Veracruz.

La novia, Macarena, vestía un diseño en tul y organza con escote de barco atunero que realzaba la esplendida madurez de sus ochenta y cinco años. Pipe lucía el uniforme de chambelán de la orden del Entrecejo que imprimía gallardía a la joroba que ha ido desarrollando en los últimos tiempos como consecuencia de sus problemas de artrosis reumatoide. Tras cortar la tarta por poderes, la encantadora pareja se despidió de sus invitados para poner rumbo a un hotel geriátrico de Benidorm, destino vacacional muy propio para los de su generación, con la ilusión dibujada en sus rostros por la cercanía del momento de la consumación del matrimonio. No en vano los contrayentes han hecho gala en anteriores entrevistas en exclusiva que han realizado para nuestra publicación su intención de mantener las formas y el misterio amatorio hasta el momento de verse como marido y mujer pese a reconocer que no ha sido nada fácil guardarse durante los cuarenta y siete años de noviazgo. “¿Hijos?”, responde tímidamente Macarena ante la curiosidad de este reportero. “Cuando Dios nos los mande. No vamos a tomar ningún tipo de medida, nos encantan los niños”, aclara Pipe con un toque de picardía en la mirada…



Como bien saben ustedes, mis queridos lectores, hay cosas que es conveniente no dejar pasar con la excusa del hay tiempo para ello. Esta máxima es aplicable a la hora de afrontar misiones tan dispares como la de confirmar el borrador de la declaración de la renta o como la de asegurarse un puesto entre los cuatro primeros de la clasificación de la Liga. No afrontarlo en su momento supone con casi total certeza el llegar tarde y con mal recado a los objetivos. Da un poco igual que se supla la tardanza con la ilusión juvenil que rezumaban los otoñales protagonistas de nuestra historia de hoy, la consecuencia final es la misma, llegar demasiado tarde.

Llegaba el Atleti a Villareal con muchas menos posibilidades de acceder a Champions que las que nosotros, los aficionados, veíamos. Probablemente con las euforias y las transaminasas por las nubes tras el título europeo, habíamos llegado a creer con certeza en la hombrada del Sporting en los dominios del jeque, ya ven, confiando en Clemente, qué cosas. Ajenos a la creencia generalizada pero con ánimo de hacer los deberes salió el equipo al Madrigal con casi toda artillería, faltaba solamente Arda por sanción, lo que hace a uno plantearse cómo está la justicia deportiva si se sanciona a Turan a pesar de la pinta de tío simpático y cachondo que tiene. Enfrente, un Villareal atenazado, un manojo de nervios frescos: “¿Tiene nervios del día?”, “Sí, recién traídos de Villareal. Mire que nervios, mire...”, “Póngame cuarto y mitad, entonces”.

Dominaba el Atleti los primeros compases del partido sin parecer querer hacer demasiada pupa a los amarillos. Dominaba y la principal baza ofensiva era Salvio, lo que normalmente es un mal síntoma. Desaparecidos Adrián y Falcao en la circulación del balón, quedaba el ataque a merced de los atropellados regates del cargado cervicalmente extremo argentino y a las pinturerías de Diego, siempre cercano a hacer algo brillante, pero haciéndolo menos veces de las que debería. Llegaba el Atleti pero poco, capeaba su ansiedad a bocanadas el Villareal, mantenía el empate el Gijón en la Rosaleda y Marchena impartía una clinic sobre cómo no saber retirarse del fútbol a tiempo. Entre todo este maremágnum de cosas, se nos fue la primera parte sin un tiro a puerta y con la sensación de que se estaba haciendo tarde para que pasara algo.

Salió el Atleti a afrontar la reanudación algo más enchufado, o tal vez fuera el Villareal el que se agazapó aún más. Curioso lo del equipo en las segundas partes, normalmente siempre más entonado. Uno imagina cómo deben de ser las charlas al descanso de Simeone y ciertamente pagaría por poder estar presente en alguna, la verdad. Poco duró la esperanza, los transistores trajeron la noticia de un gol del Málaga que pintó de baldío cualquier esfuerzo. Aún así, el equipo fue a por el partido como debiera haber hecho muchas otras veces, aunque fuera demasiado tarde. Salió Koke y el equipo mejoró como es costumbre, puso Cholo defensa de tres con Tiago de central, un invento al que se le pudiera sacar rendimiento en el futuro y finalmente Falcao, siempre Falcao, saltó más que nadie para certificar el dominio y las ocasiones en el marcador y desatar la tragedia azulejera. Demasiado tarde para casi todos.

Se nos va la Liga y nos hemos quedado en el quinto puesto. En un quinto puesto que es el máximo del equipo en esta competición barata y devaluada. Los árboles del título europeo no deberían ser suficientes para tapar un nuevo fiasco en una competición doméstica en la que se tiró casi una vuelta entera por haber tomado mal y tarde la decisión de dar un giro a un proyecto que salió malo, como casi todos. Nos hemos hartado de hablar de las plantillas cortas, del equipo descompensado, de los puntos que se escaparon de manera incomprensible o sonrojante y la sensación que queda es que incluso con eso, la tercera plaza debería haber sido una obligación accesible. A uno se le remueven todas esas cosas por dentro y se acaba preguntando si la gerencia tendrá el mismo sentimiento. Uno piensa que no, decididamente. Si el equipo hubiera entrado en Champions, hubiera perdido fuerza la coartada de la no sostenibilidad de una plantilla insostenible por no ser de nuestra propiedad. Ya sé que se hubieran encontrado otras, como siempre se hace: que si Hacienda, que si los jugadores son unos mercenarios de tomo y lomo o que si la abuela, a su edad, ha sido sorprendida encendiéndose un celtas sin filtro en el tendedero. Pasaremos un verano de entradas y salidas y volveremos en agosto a no reconocer casi a los que visten la rojiblanca. Seguirá en el ambiente esa sensación de que ya es demasiado tarde para casi todo. Probablemente lo sea…

Necrológicas:

Don Felipe Martínez de Alubias y Ostolaza falleció ayer en el complejo vacacional Amanecer Incontinente situado en la localidad alicantina de Benidorm. Las primeras informaciones hablan de una sobredosis de medicación favorecedora del tránsito circulatorio en zonas de poco riego. Al cierre de estas líneas, el juez de instrucción está a la espera del análisis toxicológico de las miríadas de pastillas azules encontradas en la cómoda aneja al tálamo nupcial que compartían Don Felipe y Doña Macarena, que enviuda a los tres días de ser desposada, para determinar la causa del óbito y para proceder al levantamiento del cadáver, aunque sea en parihuelas.

viernes, 11 de mayo de 2012

La belleza de llevar la contraria


A uno, como a muchos de los personajes que les presento en esta, su casa, a la hora de hacer las desmadejadas crónicas de los partidos de nuestro Atleti, le gusta ir por la vida jugando a la contra. Que me dicen ustedes que el último disco de esa cantante regordeta es el cenit de la música contemporánea y mestiza, pues servidor mirará para otro lado intentando revisitar una cassette con los grandes éxitos a capela de Manolo Escobar. Que en la cola de la pescadería ese señor con gorra de mayoral de ganadería brava reivindica al intérprete de “Mi carro” como alfa y omega del arreglismo rumbero cañí, allí estará este que suscribe para tildarle de retrógrado y de desahogado auditivo. Me gusta llevar la contraria. Es más, me encanta defender con sangre una postura y más tarde la contraria en otros foros. No crean que es por ser víctima de algún trauma infantil sobrevenido por creer que a un niño que vivía en un puerto italiano, al pie de las montañas, su madre le dejó con un mono como canguro sin que actuaran de oficio los servicios sociales, no. Pudiera ser cabezonería o simplemente ganas de tocar las narices al personal.  

Estas ganas de llevar la contraria me han llevado a intentar escribir sobre el partido del miércoles tomando distancia. Dejando reposar unas emociones demasiado alteradas en las últimas horas. Bien podría haberles obligado a tragar una crónica llena de signos de admiración y de epítetos inflados de superlatividad, pero no, casi prefiero fijarme en el poso que queda ahora que empezamos a recuperar la voz, ahora que nos duele menos el lomo por las vehementes palmadas en la espalda, ahora que se difuminan los abrazos recibidos y que la cabeza vuelve a estar en su sitio tras pasar por la correspondiente resaca eufórica. Justo ahora, en este momento, es cuando me da por contarles cosas, aunque sea para llevar la contraria.

Somos los aficionados del Atleti gente que por definición llevamos la contraria. No es fácil declararse seguidor de nuestro equipo en los tiempos que corren, pero aún así, tenemos la certeza de haber elegido el mejor y más bonito camino sin dejarnos llevar por la corriente de los que eligen caminos más fáciles. Solo así se entiende la fidelidad y el amor a unos colores maltratados sistemáticamente desde fuera y, lo que es más grave, desde dentro. Solo así se entiende el disfrutar el doble de lo que disfrutan otros. Solo así se entiende que la grada no se arranque con palmas de tango en las ocasiones en las que aparece un equipo manso y flojo de remos y que no se viva en un constante giro del cuello hacia la presidencia para mostrar la sentida división de opiniones, esto es, cagarse unos en sus madres y cagarse otros en sus padres, con el único ánimo de llevar la contraria, nada más.

Se presentó el Atleti en Bucarest con ganas de llevar la contraria. Con ganas de oponerse a una, a veces sutil y a veces descarada, corriente de simpatía hacia el rival. Hablaban los analistas a los que invitan casi siempre en mesones de la calle Infanta Mercedes de lo buenos que eran los muchachos de Bilbao, de lo que corren y de lo bien aleccionados que los tiene Bielsa, ese entrenador admirable pero con pinta de bibliotecaria. Casi no se glosaba nada sobre el Atleti, que se presentaba como víctima propiciatoria para casas de apuestas y videntes que leen los posos del café torrefacto. Salió el Atleti a morder, presionando arriba. Se ganó el primer balón por alto a un Llorente desesperado y se creó el primer peligro en una invención con caño incluido de esas que han hecho que Arda sea de nuestros favoritos. Así, como si fuera un partido cualquiera y no una final de desgaste como lo suelen ser casi todas, Falcao soltó un latigazo inesperado y genial que nos puso por delante para llevar la contraria, ¡ea!

Acusaron los vizcaínos tan temprano mazazo y andaba el Atleti por el campo sonriente, con ganas de tocar las narices. Seguía la presión, la sensación de peligro cuando los nuestros olían sangre y la seguridad en lo que se hacía aunque esto fuera poco poético: victoria en los choques, patadón cuando era necesario y oficio a raudales. No quería el Atleti la posesión, tal vez para llevar la contraria a los que opinan que el fútbol moderno siempre debe discurrir por esa vía. Se encontraba cómodamente agazapado como lo ha estado tantas veces nuestro equipo. Como lo estuvo con Luis, como lo estuvo con Ivic y García Traid. Como cuando Manolo se hinchaba a meter goles culminando contragolpes eléctricos. Sin despreciar el balón pero sin amasarlo. Llevando la contraria a los que miran más el dato del reparto de la posesión que a los que miramos una idea. Seguían mordiendo los nuestros, eso sí, y fruto de esa voracidad llegó un segundo gol que pudiera calificarse de colectivo en el esfuerzo y de brillante en la ejecución del colombiano, empeñado en la noche rumana en llevar la contraria a los alguna vez hablaron sobre su torpeza con el balón en los pies.



Con el rival sonado y el resultado encarrilado, la emoción que envolvía la cita nos dio una tregua para que pudiéramos fijarnos en otros aspectos. En el desempeño de algunos de los nuestros de los que más hemos dudado: en un Mario Suárez que dejó entrever una jerarquía ignota para nosotros: “¿Ese es Mario Suárez?”, “Pues parece Matthaus en alguna arrancada”, se oía con incredulidad en bares y casas de comidas; en unos centrales imperiales que no dejaron resquicio alguno para la reacción ni para el sueño enemigo; en un Courtois seguro y solvente en el juego aéreo, uno de los peligros que la noche traía bajo la capa; en un Gabi que no solo aplico pulmones, como de costumbre, sino también cabeza y empeine. Todos ellos lo bordaron con cenefa y hasta con punto de cruz, todos lo hicieron así probablemente para llevar la contraria a los que temían.

Discurría el partido sin demasiados sobresaltos, más cercano a una goleada que a una posible reacción, cuando la afición reparó en que también los peones más ofensivos de nuestra escuadra andaban con ganas de contradecir. Contenidos en la subida y firmes atrás Filipe y Juanfran, sacrificados y comprometidos Diego, Arda y Adrián, dando brillantez al sudor y hasta a la sangre con la que el turco regó el césped. Por encima de todos, Falcao. Los niños de ambos lados de la ría soñarán a partir del miércoles con el colombiano con más aprensión que con la que sueñan con el hombre del saco. También soñarán Iraizoz y Amorebieta, no crean. Dio Falcao un recital de desmarque, aguante y remate. Dio una clase magistral de la asignatura troncal “Cómo ser un delantero centro” y justificó esa preferencia nuestra por los tigres sobre los leones a la hora de ser campeones que arrastramos desde tiempos de Torrebruno.

Finalizó el partido con Diego brindando un gol en el que mezcló a partes iguales pinturería y potencia. Estallaron los gritos. Se fundieron los atléticos en abrazos. Saltaron lágrimas y hasta algunos se quedaron clavados en los asientos, vacíos y yermos tras la acumulación de sensaciones. Quedó Simeone, el artífice del milagro, casi de la misma manera. Quieto. En segundo plano. Tal vez para llevar la contraria a los que le acusan de excesiva vehemencia en la celebración y la arenga. Tal vez para contradecir a los que vaticinábamos esa pizca de tribunerismo que tuvo de jugador y que no ha mostrado en su irreprochable etapa como técnico. Gracias Cholo. Por tus contradicciones y por tus ganas de llevar la contraria. Gracias de corazón. 

Llegaron las fotos, las canciones recurrentes, las banderas ceñidas a la cintura y las bufandas interpretando el papel de cachirulo baturro. Llegaron los mensajes en manada. Llegaron los besos. Los guiños de ojo que anunciaban noche larga y cariñosa con ánimo de llevar la contraria a la planificación familiar. Llegó todo eso y nuestra razón se empeño en llevar la contraria a nuestro corazón y a nuestras emociones. Se empeñó en recordarnos que no debemos coger demasiado cariño a los actores de la función de ayer que no hacían más que contestar inoportunas pero comprensibles preguntas sobre si Fulanito se quedará o se irá. Nos llenamos de felicidad contradictoria y henchida de este sí pero no en el que vivimos. Neptuno se llenó de almas y de algún desalmado. El desalmado abandonó por la puerta falsa, como es su costumbre, el lugar de los hechos. Nos dimos cuenta de que no habíamos sufrido, para llevar la contraria a los que así piensan desconocedores de la historia del equipo. Nos empapamos de dulzura con esos pequeños toques agrios acostumbrados. Sumidos en la eterna contradicción. En llevar la contraria. En esa belleza que percibimos en hacerlo ¡Bendita manera de llevar la contraria la nuestra!