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jueves, 23 de junio de 2016

Seleccionador automático

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160615/Deportes/6810/Del-Bosque-Eurocopa-Francia-2016-dejacion-inaccion.htm

Ninguna otra sentencia podría resumir mejor cómo gobierna en funciones Del Bosque el vestuario de la selección: “No soy el indicado para decidir quién tira los penaltis”. No hay más preguntas, señoría, no vaya a ser que las conteste otro. El que haya asumido el mando ante tamaña dejación de funciones, por ejemplo.

Más allá del fallo de una pena máxima que pedía a gritos una vaselina de lo adelantado que estaba el meta rival, subyace una sensación conocida: la autogestión por dejadez o inacción. Pareciera que, una vez superada la molestia de tener que justificar la convocatoria, el Sr. Marqués alcanza la velocidad de crucero y activa el seleccionador automático. Las diferentes características de los rivales no aconsejan cambios en la alineación, las sustituciones se hacen de rogar y ni tan siquiera declaraciones incendiarias brotando del vestuario hacen que en las ruedas de prensa el técnico tape el cartel de “No Molestar” con el que comparece.


Lo más curioso es constatar cómo la prensa del régimen se ha acomodado también a la circunstancia. A Luís, a Clemente o al rosario de la aurora les hubieran apedreado por menos. El síndrome de Estocolmo de combinados nacionales llega a tal punto que se ensalza hasta niveles de parodia supuestas demostraciones de poderío y mando en plaza de Vicente, como la de sentar a Casillas y taparlo con una mantita por si refresca. Llegan a echarse de menos otros tiempos más canallas. Hay ciertas competiciones que se viven más intensamente navaja en mano.

Ojalá dentro de un par de semanas los resultados nos obliguen a tragarnos nuestros cenizos análisis y veamos a Del Bosque, tras ser manteado, analizando vía plasma la victoria bañado en champán del bueno. Nunca se sabe pese a que el camino se antoje mucho más complicado tras lo de ayer. Tal vez solo haya que rogar por no tener que jugarnos cualquier clasificación a los penaltis. No lo digo por los nervios, que también, sino por no tener que descubrir que no hay quien carajo decida sobre estas cosas en La Roja. 

miércoles, 4 de julio de 2012

De electrodomésticos, Eurocopas y visiones de la vida


Si alguno de ustedes decide algún día adentrarse en el local de Electrodomésticos Telesforo Sumideros, hijos y alguna sobrina, lo primero que notarán será un ambiente pesado, un aire casi irrespirable. La tienda huele a solera, a polvo depositado sobre los muebles con la connivencia del tiempo pero sin que medie dejadez. Muchos de los que entraron alguna vez incluso dijeron que les pareció que durante su visita a la tienda, las manecillas del reloj avanzaban más despacio, como si nadaran a contracorriente en esa atmósfera densa que ahoga los pocos rayos de sol que osan traspasar el filtro del escaparate. Cuando vayan, seguro que verán a Telesforo hijo, Telesforín para los más cercanos, sumido en cavilaciones con su eterna cara de hastío. Siempre amargado, siempre maldiciendo por lo bajo el haber accedido a continuar con el negocio como prometió a su padre en el lecho de muerte. También observarán que un individuo con un guardapolvo de esos de un color azul desvaído por los años y los lavados no para de revolotear industriosamente entre el género repartiendo manotazos. Ese es Crisálido, único y más veterano empleado de la empresa y parte sustancial de la herencia que Don Telesforo padre legó a Telesforín.

– El negocio te lo dejo a ti, hijo mío, pero a Crisálido me lo respetas a pesar de sus cosas –dispuso el fundador de la compañía como condición innegociable.

Mil veces se había arrepentido Telesforín de rendir banderas en ese punto. Mil veces despidió fulminantemente a Crisálido tras una de las suyas para ver como al día siguiente se volvía a presentar como si nada a las nueve de la mañana. Daba igual que el motivo del despido fuera tan indiscutiblemente justo como cuando echó con cajas destempladas a los repartidores que venían a traer las primeras pantallas planas. “Muy señores míos, las televisiones, como las damiselas, deben gran parte de su encanto a las curvas. Y si son en la parte trasera, aún mucho mejor”, añadió mientras blandía un ventilador rotatorio de pie para espantar a los sorprendidos operarios. Nunca había traspasado el umbral del local una pantalla llena de estrecheces, como decía él. Nunca se puso a la venta tampoco una consola de nueva generación llena de gigas, ni un robot de cocina rápida…

– La cocina requiere tiempo, Señor Sumideros ¿Podemos ser tan irreverentes como para pretender acelerar los tiempos de un sofrito de cebolla y ajo, base de la pirámide alimenticia y gustativa patria? Usted verá lo que hace, pero si busca mi complicidad comercial ante esa blasfemia temporal y culinaria no puedo menos que declararme objetor de conciencia…




Si ustedes se acercan al negocio un día como el de hoy, repararán en que Telesforo hijo, es decir Telesforín, anda más preocupado que de costumbre. El motivo de su quebranto es nada más y nada menos la victoria en la Eurocopa de la selección. Su intuición y el viejo manual de marketing agresivo que guardaba de sus años como estudiante por correspondencia, le habían empujado a ofertar, lo mismo que hicieron en situaciones análogas otras cadenas del aparato enchufable, la devolución del importe de los televisores comprados durante el evento siempre que la Roja saliera vencedora en el envite. Nada de ello le había comunicado a su asalariado, convencido como estaba de que ese anuncio solo le reportaría quebraderos de cabeza y enconadas discusiones. Eso sí, las señales y las conversaciones furtivas oídas casi sin querer entre su particular empleado y los vecinos que se acercaban a echar la tarde a la trastienda parecieron atisbar un alineamiento, aunque fuera fortuito, entre su estrategia comercial y los criterios de Crisálido. No pocas veces lanzó éste el periódico por la ventana con ademán contrariado tras leer alineaciones y planteamientos con los que el combinado nacional abordaba los duelos. En varias ocasiones le oyó maldecir esa veleidosa moda de los falsos nueves e incluso desestimar invitaciones a un cocido en la taberna de al lado si el convidante no abjuraba por escrito de su opinión de que el doble pivote Busquets-Alonso otorgaba empaque al juego.

Comercialmente, la medida tomada por Telesforín había arrojado unos incontestables beneficios. Tres televisores, tres, se habían vendido en las últimas semanas. Nada menos que una subida del trescientos por cien en los gráficos empresariales, dato éste nada desdeñable cuando de un negocio que expende televisiones que llevan en stock desde el mundial de México 86 se trata. La victoria patria iba a dejar el balance en cueros. Los usuales números rojos, se tornarían más encarnados que de costumbre. Aún así, lo que más dolía al propietario es tener que reconocer ante Crisálido el fracaso contable de la idea. El no triunfo de la modernidad, como decía siempre aquel cuando pontificaba ante la audiencia compradora que no se podía confiar en un aparato eléctrico que no mejorara en sus prestaciones con un cachete, como pasaba con las radios antiguas.

No tuvo más remedio el patrón que coger al toro por los cuernos y plantear la cuestión a su contumaz empleado. Crisálido iba ensanchando la sonrisa a medida que Telesforín desgranaba el balance. Le dejó hacer saboreando el momento. Pareciendo alargar esos segundos que en el local son casi minutos…

– ¡No sé de qué te extrañas y qué te parece tan gracioso! –añadió el ideólogo de la campaña–. ¡Anda que no te he oído refunfuñar sobre el Marqués, sobre el estilo de juego y hasta sobre las desafortunadas medias de Casillas! ¡Ni tú mismo confiabas en repetir éxito!

– Mire señor Sumideros, lo que yo opine o no es cuestión muy mía, que para eso asumo que un esteta como yo no tiene cabida en este mundo de tiburones financieros y entrenadores resultadistas. Lo de la Roja no es tanto una cuestión de delanteros mentirosos u honrados ni de que haya cabida para laterales con carencias estructurales a la hora de realizar un control como Dios manda. La cuestión es que el talento emerge casi siempre por mucho que queramos acotarlo y ponerle puertas o cerrojos Fac con tres vueltas de llave. Servidor no ha dudado de las posibilidades de los nuestros a la hora de conseguir objetivos, sino del camino elegido para llegar a ellos. Hoy o mañana, algunos ventajistas pasarán por aquí para acusar recibo a toro pasado. Para hincarse de hinojos ante el fin y despreciar los medios. Aquí les recibiré gustoso…

La impotencia de no doblegar la voluntad de Crisálido reconcomía a Telesforín pero calló, en parte por atenuar las ganas de despedirlo de nuevo que le estaban entrando y en parte porque había entendido un muy pequeño porcentaje del discurso de ese filósofo de los tubos de imagen que compartía espacio vital con él. Siguieron cada uno a sus cosas, pocas la verdad. El uno inundado de aburrimiento y desazón y el otro repartiendo cachetadas de mantenimiento entre los aparatos de la tienda. Solo antes de echar el cierre metálico, Crisálido, como corolario, apuntó una frase que Telesforo hijo no acabó de comprender, una vez más…

– Además, puestos a apostar, no apueste usted nunca en contra de un equipo en el que juegue el nueve. El de las pecas y el pelo rubio. Ese, ese siempre suele ganar…

Si alguno de ustedes decide algún día adentrarse en el local de Electrodomésticos Telesforo Sumideros, hijos y alguna sobrina, probablemente el ambiente denso y la atmósfera cargada les aconseje dar media vuelta y salir de nuevo a la calle. No lo hagan. Quédense un rato y conversen con Crisálido…y ya puestos, le dicen de mi parte que aquí hay uno que comparte su visión de la vida, sobre todo en lo futbolístico. Y en ciertos puntos de lo tecnológico, también…