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viernes, 6 de marzo de 2015

Después de...

Después de todo lo que han visto nuestros ojos. Después de años y años de travesía por el desierto. Después de las temporadas que se escapaban por el sumidero cuando todavía el verano no se había marchado. Después de ver con qué ligereza se ponían la gloriosa camiseta tantos Patos Sosas, tantos Seitaridis y otras tantas medianías. Después de marcharse tantas veces para casa avergonzado. Después de comprender por qué Torres tuvo que irse aunque doliera. Después de echar de menos el sudor, la tensión y hasta a veces la dignidad. Después de que la exigencia se hubiera acogido a una excedencia que duró demasiado. Después de las intertotos y esas primera eliminatorias preveraniegas contra equipos con jugadores barrigones que son los carniceros del pueblo. Después de Ofis Cretas y Timisoaras. Después de preguntarnos a nosotros mismos si éramos un rival decente. Después de que cualquier equipo de medio pelo robase puntos en la tómbola que era nuestro estadio. Después de Manzanos, Ranieris y entrenadores que basaban sus planteamientos en las sensaciones. Después de equipos partidos. Después de esquemas incomprensibles. Después de fijar como objetivo quedar octavos. Después de infiernos y vueltas tardías. Después de pelucas, de narices torcidas; de negritos y saldos de Mendes. Después de todo eso, que no es poco, ¿de verdad cree alguien que el equipo actual puede sembrar alguna duda? ¿de verdad merece algún reproche aunque sea uno muy pequeño como el contenido del plato que le ponen a uno delante en un restaurante lleno de estrellas michelín?



Después de todo lo que han visto nuestros ojos. Después de estos últimos años de vino y rosas. Después de volver sentir el hormigueo en el estómago. Después de permitirnos volver a soñar. Después de pelear de igual a igual con los que tienen muchos más medios. Después de que los buenos jugadores quieran volver a venir. Después del gol de Miranda. Después de diecinueve años. Después del bendito cabezazo de Godín. Después de San Siro y Stamford Bridge. Después de aquel maldito descuento que se alargó en demasía. Después de que Torres vuelva sabiendo que era el momento de hacerlo. Después de no conocer la derrota en los partidos a los que antes íbamos derrotados. Después de los cuatro goles de hace tan pocas semanas. Después de que el Atleti gane muchas más veces de las que pierde. Después de la pizarra. Después del balón parado. Después de esa proverbial intensidad disfrazada de violencia por los que nos consideran una amenaza. Después de saber a qué se juega, se haga bien o mal. Después de que la Juventus celebre empatar con nosotros. Después de haber probado las delicias turcas. Después de pedir selección para Gabi aunque ahora muchos no se acuerden. Después de que al fin uno sepa que mirando al césped y al banquillo se siente representado. Después de que los niños vuelvan a ir al cole llenos de orgullo con sus camisetas. Después de saber que si se cree y se trabaja, se puede. Después de todo esto, que no es poco, ¿de verdad hay alguien que haya dejado de confiar en este grupo?, ¿de verdad hay alguien que se crea capacitado para criticar descarnadamente a Simeone aun cuando en ocasiones pudiera equivocarse?


Después de que hayan digerido lo evidenciado en los dos primeros párrafos de este artículo, permítanme recomendar a los que ladran desde otras aceras que se metan en sus asuntos, que para eso tienen las parrillas televisivas llenas de minutos y segundos dedicados a sus superpoderosos superequipos. Después de eso, permítanme calificar de desmemoriados y hasta de blasfemos a los que señalan desde nuestra orilla del río. Les aviso de que, después de todo lo dicho que no es poco, si alguno pretende apostar en contra de este equipo que no cuente con el que suscribe. Después de todo lo que han visto nuestros ojos, es lo mínimo.