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miércoles, 27 de abril de 2016

Etiquetas

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco:

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/etiquetas/

Si hay algo que en este país gusta más que una caña de cerveza con su correspondiente tapa es etiquetar. Colgar sambenitos y echarse a descansar, que encasillar cansa una barbaridad. Detrás de las etiquetas se esconde principalmente la envidia, el ánimo de echar basura al que se atrevió a ser diferente. Al que decidió saltarse libretos e improvisar soñando con saltar las barreras. Con la silla apoyada en el quicio de la puerta, los etiquetadores pasan revista a los que transitan por la calle Mayor vomitando amargura: la guapa que se arregla es puta; el tipo de buena planta que cuida su apariencia es un chulo o, directamente, maricón; el Atleti es violento y juega al fútbol que da pena.  

Lo triste de las etiquetas no es que haya alguien con tanto tiempo libre y vileza para repartirlas, lo realmente desolador es comprobar cómo calan en la opinión de los demás. Despachadores de horarios, colegiados y analistas de ceño fruncido niegan verse influidos por ellas, pero las llevan cosidas en el refajo de su criterio. La gran mayoría asegurará, en ocasiones sin haberse llevado más de cuatro partidos de los de rojo y blanco a la boca, que la violencia desplegada por el Atleti es obscena y que habría que tomar medidas como calificar sus encuentros con dos rombos y sacarlos a empujones del horario infantil. Como ejemplo, valga el de un segundo entrenador con poco pasado y ningún presente que la otra tarde se quejaba amargamente de los cortes en el juego que los colchoneros propiciaban. Hace un tiempo fue capaz de glosar en alejandrinos las gestas de Xabi Alonso como paladín de la falta táctica. Se contrapone violencia versus conocimiento del juego mientras la grada se pone en pie para jalear una patada a toro pasado de Isco, el hombre llamado a acabar con el hambre en el mundo. El ojo hinchado de Godín y las agresiones sin balón a Juanfran, tres veces negadas a la manera de San Pedro, se soslayan o se explican donde la letra pequeña para no incomodar a las etiquetas, que son muy particulares.


Tampoco se libra el equipo colchonero de la letra escarlata del mal juego. Los repartidores de papeles se aburren, ¡qué desdicha!, sin saber el flaco favor que se hacen a sí mismos. El Atleti da a luz partidos en los que juega bien, muy bien y hasta regular tirando a mal, y en estos últimos es cuando más ternura inspira. Es en esos, y no en otros más pintureros, cuando se valora la dificultad de la empresa. Es en esos, y no en los de abultada diferencia, donde el sudor riega la ciega convicción de sus aficionados. Con la clasificación en un pañuelo a falta de un suspiro, cabría preguntarse bajo qué oscuro sortilegio camina la Liga para que los de Simeone se codeen con la élite ¿Cómo es posible que jugando de manera tan deficiente el Atleti mire de igual a igual a esos otros dos equipos que cada vez que saltan al campo hacen estallar la primavera? ¿Tanto dan de sí los límites del reglamento –otra etiqueta interesada– para poner al mismo nivel luces y sombras? Asegurar que en la Ribera del Manzanares habita el tedio señala a los que se están jugando los títulos con los rojiblancos. Mucho tendrían que reflexionar los guardianes de la belleza y los adalides del temperamento pretendidamente señorial sobre sus propias etiquetas antes de entretenerse analizando las del de enfrente.

A modo de conclusión, tal vez lo mejor sea perpetuar el disparate. Ha llegado la hora de reducir toda la temporada a un torpe balón lanzado desde los aledaños de un banquillo. Ahí se resume todo. Ahí, y en etiquetar a cualquiera que se salga del camino marcado como puta, como maricón o, aún peor, como del Atleti.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Sobre un Simeone recién aterrizado

Aterrizó el Cholo en Madrid, pregonan los titulares. O lo que es lo mismo, se hace carne el enésimo escudo humano que sirve de parapeto al dúo prescrito mientras ellos continúan con su interminable carrera para dejar el club en el chasis. Probablemente, ni él sepa muy bien donde se mete. Es todavía un melón por catar. Los expertos de la táctica aplicada no tienen muy claro si es un Johan Cruyff muy defensivo o un Maguregi de ataque a pecho descubierto. Lo que sí parece claro es que conoce la casa que pisa y que no permitirá las astenias multiestacionales que asolan a los jugadores principalmente en los partidos lejos del Manzanares.



Simeone tiene un factor diferente al de algunos de sus últimos antecesores: tiene ganada a la grada de antemano. Estaría bueno que el nuevo entrenador, reclutado como todos no en base a criterios deportivos sino como recurrente ataque puntual de tortícolis que impida girar el cuello a la afición hacia la zona innoble del estadio, se convirtiera en arma de doble filo. Me explico. Imaginen ustedes que Diego Pablo no da con la tecla y el enfermo va a peor, lo que es difícil ¿Otorgaría la grada el mismo trato al Cholo que anteriormente gastó con Manzano? ¿No creen ustedes que en ese hipotético caso, el pueblo miraría directamente a los verdaderos culpables? Pudiera ser que la nueva tirita de distracción agravara más la hemorragia institucional. O no. Vayan ustedes a saber.