martes, 24 de mayo de 2016

Tres conclusiones

Artículo publicado en La Vida en Rojiblanco:

http://www.lavidaenrojiblanco.com/opinion/tres-conclusiones/

Parecía el Calderón cansado ejerciendo de anfitrión. Se notaba en un ligero encorvamiento de espalda por el sobrepeso a la altura del palco, lleno de receptores y alentadores de pitadas. Alrededor de ciertos partidos merodean como hienas unos, otros y sus respectivos cronistas oficiales, que viven de estirar el chicle hasta la obscenidad y de degradar al balón de protagonista a comparsa. Sin extirpar totalmente el tumor ambiental, los cronistas de cualquier condición anteriormente citados califican la final de emocionantísima. Habría que preguntarle a la mujer de rosa de detrás de Ada Colau, que roncaba con los vellos de punta.

Lejos de la intención de éste otro cronista queda enfocar el choque desde punto de vista alguno, pero quizás convendría señalar una inquietante falta de criterio homogéneo a la hora de relatar. Cuentan los analistas que el Barça estuvo épico y hasta heroico en su defensa y el Sevilla admirable en su planteamiento. Desde todas las trincheras se valora la intensidad del partido y se acentúa la entrega y lucha de los contendientes. Se destaca el compromiso lacrimógeno de Suárez y se ponderan al alza las estrategias del sobreactuado Emery y del soberbio Luis Enrique, vestido de Milikito para la ocasión.


Una vez superado el excepcional paréntesis de ayer y con la vista puesta en el próximo sábado, la épica y la heroica en defensa vuelven a ser de pobres, un planteamiento basado en esperar al rival será antifútbol, la intensidad de un partido no será más que violencia y la entrega y la lucha de un equipo deberían estar sancionadas por la ley mordaza, que es muy blanda para según qué cosas. La pizarra y la estrategia serán de nuevo anunciadoras del aburrimiento y hasta se sospecha si Simeone no estuviera detrás del lanzamiento de una botella de agua desde un banquillo que, como protesta, interrumpió el juego.

Tres conclusiones se extraen de la final de ayer, más allá de banderas con más o menos estrellas: Una, que lo más legítimo sería pedir la independencia de Fuentealbilla, visto lo visto. Dos, que no sorprende que Del Bosque ande enamorado de Bartra, pocas veces se vio un central que cometiera tan pocos fallos en partidos de campanillas. Y tres, que no extraña que el Calderón acabara agotado con tantas mamarrachadas. 

jueves, 19 de mayo de 2016

Haciendo la maleta

Artículo publicado en CTXT:

http://ctxt.es/es/20160518/Deportes/6112/Atletico-de-Madrid-final-Milan-Champions-League-Tiago-Fernando-Torres-La-Colchoner%C3%ADa-La-agon%C3%ADa-del-mediapunta.htm


Una entrada. Un par de paquetes de tabaco, aunque no debiéramos. Una muda limpia. Una bufanda rojiblanca que desafiará los calores que asomarán cuando Mayo expire. Algo de picar para comer cuando no se tenga hambre y solo se pretendan espantar los nervios que conquistarán el estómago. Un libro. La camiseta de las grandes ocasiones. Exactamente la misma que viajó a Zaragoza, Hamburgo y Bucarest. La misma camiseta de Lisboa, o tal vez otra. A lo mejor la del partido en casa contra el Albacete o la que paseamos por la calle horas antes del partido del Nou Camp hace un par de años. Un paquete de kleenex para enjuagarse el llanto de la victoria, que las derrotas en el Atleti no vierten lágrimas. El cargador del móvil, que para la ocasión deberá lucir hinchado de batería de cara a capturar todo lo que la memoria no sea capaz. Las pastilla de la tensión, por si el corazón se resiente. Un cepillo de dientes. Una botella de agua con la que capear la sequedad de boca. Un billete de autobús, tren o avión con destino a Milán, o lo que es lo mismo, con destino a un sueño.


Una vez preparada la maleta que nos acompañará en el viaje más hermoso, añadiremos a nuestro equipaje una imagen. Una reciente y luminosa. No ocupará demasiado espacio pese a ser una estampa que contiene todo lo que hasta este punto nos trajo. La guardaremos con mimo, pese a saber que no habrá travesía o resultado que pueda arrugarla. Seguramente tiraremos de ella en más de una ocasión durante el periplo que nos aguarda. En ella se ve a un renacido Fernando Torres abrazado a Tiago, su sustituto en el campo, instantes antes de que el portugués vuelva a sentirse futbolista tras haber superado la fractura que nos hizo temer por la temporada. Al fondo, se distingue a Simeone, supremo hacedor, en pie. El técnico se funde en una única ovación de reconocimiento y orgullo con todos los aficionados de corazón rojo y blanco. No hay mejor equipaje que esa imagen para afrontar todo lo que está por venir.

miércoles, 18 de mayo de 2016

¿Quién es quién?

El actual papel de Del Bosque en la selección recuerda poco vagamente al de los alcaldes en funciones en las campañas electorales de ciertos pueblos de la España más profunda. El candidato a reelegir se encarama al remolque de un tractor para desgranar las propuestas a incumplir en los próximos cuatro años. Frente a él, una magra parte de su electorado, principalmente familia, intenta disimular los bostezos y espera a que la cosa se empantane con la eterna promesa de traer el tren a la localidad para escapar a la carrera al bar más próximo, sea o no de alterne. Al final le acabarán votando de nuevo, asumiendo que puestos a que les mientan, mejor alguien conocido, que la mentira si es cercana tiende a empequeñecerse. 

Cuando el señor marqués plantea una nueva convocatoria, sea para un amistoso en Lituania o para mayores empresas como una fase final, flota en el ambiente un aroma de arbitrariedad precaria. Diríase que el seleccionador confecciona las listas jugando al “¿Quién es quién?”, más por eliminación que por elección. El noble alineador se pregunta a sí mismo por cada jugador disponible y decide descartarlo o no en base a criterios que no podrían esgrimirse encaramado en el remolque de un tractor. Da la sensación de que pesan menos los estados de forma que las posibles voces discordantes que pudieran sonar, se atisba algún integrante del plantel convocado de oídas y se detecta que completan el elenco algunos jugadores que juegan en sus equipos solo partidos minúsculos.


A medida que el juego avanza y se ha desechado a los futbolistas con gafas, a los nacionalizados y a los rubios naturales de Fuenlabrada, Del Bosque aún encuentra hueco para hacerse trampas al solitario y expone que tras el juego de descartes le ha quedado en pie la cara de Lucas Vázquez, que es como prometer un palacio de congresos en un pueblo de menos de cien habitantes.

Una vez pasen estos próximos días de emociones por las finales de clubes, nos centraremos en la Eurocopa pese a saber que la selección incumple la mayoría de sus promesas en sus últimas comparecencias. Probablemente volveremos a votar al equipo del señor marqués, aunque con el ánimo de escapar a la carrera hacia el bar antes de que se ponga a explicar lo de Casillas.